El informe Seguir historia

J
J. Vázquez


¿Quién no ha sentido ganas de vengarse de su jefe alguna vez? Promesas incumplidas e interminables horas extra impagadas pueden llevar a cualquiera al límite, más aún, cuando le niegas su dosis de cafeína matutina tras una larga noche de trabajo por un informe de última hora.


Crimen Todo público.

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I

Acaba de empezar la semana y ya presiento que será dura. Estaba soñando con llegar a casa y descansar en el jardín de mi recién estrenado hogar, cuando ha venido el jefe con un informe muy urgente a cinco minutos de terminar mi jornada laboral. Es un cliente, Raúl, mi compañero, no está contento con él y quiere romper el contrato con la empresa, así que ahora soy yo el que tiene que arreglar la situación. Odio estar rodeado de incompetentes que solo saben hacer la pelota al jefe.


Todo es siempre urgente y lo peor de ser el nuevo, es que siempre tengo que pringar con los marrones. Si esto sigue así, lo dejaré, en realidad después de tres años sigo siendo un recién llegado y puedo decir que este trabajo nunca me ha llenado. Muchas promesas incumplidas e interminables horas extras impagadas terminan por hacer perderte la ilusión.


Son ya las nueve de la noche, todavía me quedan muchos datos por repasar y el informe por escribir. A este paso no podré ni ir a casa a dormir. Mi visión del jardín, la tumbona y la cerveza está tan lejos que solo puedo pensar en que es lunes y todavía quedan cuatro días más como este, encima ¡ni las gracias me darán mañana!


Son las once de la noche, cada vez me cuesta más concentrarme, los ojos me pican y el café no me hace efecto. Demasiadas horas trabajando y mi cuerpo empieza a resentirse. Creo que me dormiré encima del teclado. Que vida más triste, trabajar tanto para nada mientras otros se lleven la gloria. Por la mañana, exigiré quedarme la comisión de este cliente, se ponga como se ponga Raúl.

Son las doce de la noche, tengo hambre. No he comido nada desde el mísero bocadillo del mediodía y a esta hora poca cosa podré encontrar. Atacaré la máquina de refrescos, espero que tenga algo más que chucherías y bebidas.


Mí día mejora por momentos, la máquina se ha quedado el dinero y no me ha dado el sándwich de pavo ¡Se acabó! me vuelvo a mi mesa. Espero poder avanzar un poco o se me echará la noche encima. Ya no sé ni lo que escribo, hasta mi ordenador necesita un descanso.

Son las dos de la madrugada, el ruido de la dichosa máquina de refrescos me desconcentra. No consigo escribir ni un solo párrafo y tengo mucho sueño. Dormiré cinco minutitos y continuaré con el informe, seguro que me sentará bien.


¡Son las nueve de la mañana! al final me he quedado dormido y no he terminado el dichoso informe, el jefe me va a matar. Estoy hecho un desastre, tengo grandes bolsas bajo mis ojos y mi traje ha tenido mejores días. Me acaban de llamar al despacho. Es el final…


Son las nueve y diez, como era de esperar el imbécil de mi jefe me está pegando la bronca. He decidido poner cara de arrepentimiento y desconectar pensando en mi jardín y una cerveza bien fresquita, mientras me cae la contienda del siglo, siempre funciona. No recuerdo porqué acepté este maldito trabajo.


Ha pasado media hora y aquí seguimos. Se ha puesto todo rojo y no para de gritar. Se ha dado cuenta que lo estoy ignorando. Me exige el informe para dentro de una hora o me despide, encima ha tenido la desfachatez de insinuar que pierdo un tiempo precioso tomando café. Ya no recuerdo cuando fue mi última comida, pero ahora que lo comenta tengo hambre, una hamburguesa bien grasienta estaría bien, uhhmm… solo de pensarlo se me hace la boca agua.


Son las nueve y cuarenta y cinco. Aquí seguimos. ¿Cuánto tiempo puede estar alguien recreándose en una discusión? Ahora me ha visto mirar el reloj y dice que solo pienso en salir del trabajo incumpliendo la jornada laboral ¿Qué jornada? Llevo más de veinticuatro horas seguidas encerrado entre estas malditas cuatro paredes. Estoy cansado de tanta falta de respeto y de esta injusta bronca, además los compañeros están pendientes, los veo a través del cristal chismorrear y reír. Se alegran de no estar en mis huesos.


Me gusta su pluma Montblanc con punta de oro, cada vez me llama más la atención. Creo que es su favorita, siempre la tiene entre las manos. ¿Cuántos despidos habrá firmado con ella?Hoy me siento como ella, desangrándome encima de una indefensa hoja de papel.


Ya son las diez de la mañana, hora del café, aunque a este paso será imposible. ¡Quiero un café! ¡No puedo más! Al levantarme bruscamente me ha mirado con cara de asombro. Le he mirado a los ojos y le he clavado su preciada pluma Montblanc en la yugular. Se está desangrado como el cerdo que es, gritos incluidos. Fuera del despacho los compañeros corren y gritan, creo que piensan que saldré con ganas de matar a todo el mundo. No estaría mal la verdad, no tengo nada que perder, así que ya puestos…


Por fin me puedo hacer un café. Este suele ser uno de los mejores momentos del día, pero hoy lo estoy disfrutando mucho más mientras me gotea sangre de la mano que sujeta el vaso. ¿Cómo se limpian las manchas de sangre? Me he puesto perdido, como sangraba el muy cerdo. Solo de recordar el momento una sensación de paz me invade, nunca me había sentido así, tendría que haber terminado con él mucho antes, demasiado aguante he tenido. ¡Qué bien huele el café por la mañana! creo que me podría dormir aquí mismo. Estoy tan cansado, necesito dormir, zolo zinco minutoz y eztaré biezzz zzz…


Suena un teléfono y me despierto. Son las tres de la madrugada y estoy en mi mesa con el informe sin terminar. Me he dormido y he tenido un sueño ¡tan real! ¿Quién hace llamadas de teléfono a estas horas? Es igual, lo he decidido, voy a escribir mi último informe en este maldito trabajo y se lo dedicaré con todo mi amor al capullo de mi jefe.


Entro en su despacho y le dejo una carpeta con el nombre del cliente. Que sorpresa se llevará cuando, al abrirlo, se encuentre una bonita carita sonriente. Cómo me gustaría verle por la mañana cuando no tenga el informe y pierda un cliente que genera más de diez mil euros mensuales a la empresa. Rodaran cabezas y espero que una de ellas sea la suya.


Son las tres y diez de la madrugada cuando llamo el ascensor. La campanita de llegada me suena a gloria. Es el momento de dar carpetazo a esto. Doy el primer paso pensado que, en realidad, es el primero de mi nueva vida.


26 de Abril de 2019 a las 12:47 0 Reporte Insertar 1
Fin

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