El alma de un humano Seguir historia

ryan-f230555 Ryan Reszo

Sólo hay que leer esto para conocer los más profundos rincones de la mente de un humano.


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El alma de un humano

En la mente del humano cosas infinitas hay, más de lo que el universo parece mostrar.


Encendí mi pipa y me dispuse a caminar por los largos senderos de mi mente, oscuros y con muchos lagos de pensamientos; me hundí en uno de ellos por descuido de mi dolor.

El amor, la sagita de cupido penetrándote el corazón, al mismo tiempo en que las dos esferas blancas han de avizorar a esa bella doncella.

La soledad me escoltó por 50 años quitándome la ilusión de su contrariedad. Desde que mis plantas tenían el tamaño de una manzana hasta tener el tamaño de una sandía, siempre hemos sido ella y yo.


Se inmiscuye en mis lagos y los bebe por completo, dejando confundida a mi mente, cambiando los caminos y perdiéndome en ellos.

Mi boca sacaba más y más humo, el frío palidecía mis manos y cara pero mi pipa aun ardía.

Ella simplemente apareció; mi corazón mandaba sobre mi mente y eso no me gustaba; mi fiel compañera siempre me decía que no valía la pena su enemiga. Quería tomarla y continuar, pero, mi pecho golpeaba y golpeaba, quería que la conquistara.


De mis sueños ella se apoderaba, y al día siguiente la soledad me amenazaba. Me ha de dejar si la llegase a conquistar, al igual que la mente que ella misma me hizo forjar.

De la felicidad ella se burlaba, mis recuerdos eran árboles con espinas entre los senderos, me herían pero su savia me cicatrizaba. De ella aprendí que la felicidad no me hacía sangrar.



En un montículo de mármol me acomodé, grandes bocanadas de humo inspiré y muchas, muchas situaciones medité. El amor es como lo que inhalo, te hace sentir muy bien, lamentablemente tu alma después se obsesiona por más y más dando al final algo que te consume en dolor hasta el punto de morir.


La dama blanca ya se asomaba en un vestido negro con piedras brillantes. Mis blancas manos apenas se veían, tomé un cerillo, lo prendí y lo acerqué a una lampara de aceite. La llama tan pequeña, sólo con traspasarse a algo más, se agrandó y pudo mostrarme con más claridad el exterior.

El alma del mortal es idéntica a la llama del cerillo, arde e ilumina poco en la carne, pero, al morir ha de ser traspasada a otro lugar donde ésta arderá más.


Una hora en el césped quedé, el reloj de mi bolsillo se asomó y me lo aseguró. Tantas cosas que pensar pero que mi corazón molesto, golpeándome cada segundo más fuerte, no me ha de dejar.


Paso a paso entre las calles oscuras, sin sonido alguno mas que el de mi corazón palpitando, iba mi ser buscando la enemiga de mi compañera eterna.


Fuera de la morada de ella estaba yo, frío y con miedo de la verdad. Toqué la puerta y detrás salió ella confundida, cuando le hube de explicar todo, ella me besó.


Volviendo al lugar de mis recuerdos primordiales, caminando en los senderos terrenales y mentales; discutía con mi fiel compañera, la soledad, y en mi mente las espinas de los árboles caían y me dañaban provocándome heridas sin el poder de sanar.

La soledad no quería que la cambiara, pero el hijo de venus encadenado me tenía a aquella bella alma que mi corazón quería.

Mi alma indecisa fuerzas tomó, y de mi cuerpo de nuevo se apoderó.

Mi pipa volvió a encenderse y en un viejo puente me posé, pensando lo que en realidad debía hacer. Mi vieja pipa contemplé y en ese instante se apagó, saqué otro cerillo y lo prendí, al mismo tiempo pasó en mi mente algo así.

¡Por fin! Decidí. Al igual que la llama del cerillo se hace grande y con más luz al traspasarse a otro lugar mi alma debía hacerlo también. Diferente al cerillo que su llama esta fuera de su cuerpo, mi llama estaba dentro.


Coloqué la pipa en mi boca, inhale muy profundamente, saqué de mi bolsillo un revolver y a mi frente lo apunté.






15 de Abril de 2019 a las 16:20 0 Reporte Insertar 0
Fin

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