Rainmind | LGBT+ Seguir historia

miintt Mint Zarabi

28 de junio de 1965. -Indira Kappor, 17 años. El Gobierno de la Unión aplica su ejecución por ser homosexual. Su madre, que estaba entre la multitud, lloraba sin cesar. No podía creer que finalmente le iban a arrebatar lo que más quería en el mundo: a su hija. -¡Alzad las armas! Los verdugos las levantaron al unísono, y la víctima alzó la cabeza. -¿Lo habéis visto? Me han atado, siempre nos están atando. Mi muerte no será en vano, mi muerte marcará el antes y después de los derechos humanos. Porque eso es lo que somos: humanos. Y todos tenemos el derecho a amar a quien nos plazca, independientemente del género que sea. Ha empezado la lucha por nuestra felicidad, ha empezado la revolución. ¡Viva la visibilidad, joder! Y eso fue la última vez que el mundo escuchó su voz, aquella que les animó a formar el club Rainmind. Un club donde se puede ser uno mismo, un club donde se es persona. Rainmind será el futuro, porque solo tienes dos opciones: estar en contra o formar parte de la revolución.


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#libertad #amor #romance
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CAPÍTULO 0 - Mi libertad empieza con mi muerte.

28 de junio de 1965. Día de la ejecución de Indira Kapoor.

Indira lo tenía todo planeado: retrasó su muerte para morir el 28 de junio, el que 4 años más tarde sería el día internacional del orgullo LGBT.


Era una tarde en Nueva Delhi, y, como de costumbre, ella y sus amigos estaban estirados en el césped más verde de la zona. Eran un grupo de 6 personas, pero parecían uno de diez debido a la personalidad de los integrantes.


Todos tenían algo en común: su esclavitud. Ninguno era libre, ninguno podía expresar su sexualidad. Ninguno era feliz, excepto uno: Indira

.

Indira era el alma del grupo, el pegamento que unía a todos el sábado por la tarde para comer barfi.
Nunca se escondió, nunca tuvo miedo. Siempre gritaba a los cuatro vientos lo que sentía, y eso le costó la vida.


-¿Recordáis aquella promesa? Amigos por una causa, separados por otra: la muerte.


Denali era la mejor amiga de Kapoor, y era la que mejor la conocía. Así que no tuvo que preguntar nada para darse cuenta de lo que estaba queriendo decir la pelinegra.


-Indira…


Eso alarmó a los 4 integrantes restantes del grupo, que se enderezaron de inmediato.


-Estoy bien, lo único es que dentro de una hora seré ceniza.


Denali se puso de pie mientras se llevaba las manos a la cabeza. No podía entender como su hermana podía estar tan tranquila ante semejante problema

.

Kiran fue quien formuló la ansiada pregunta con la esperanza de que ambos pudieran comprender la serenidad de su compañera.


-¿Por qué no se te ve preocupada? ¿Acaso no lo estás?


La interrogada se limitó a reír al mismo tiempo que se encendía un cigarro.


-¿No lo entendéis?


Kiran y Denali intercambiaron miradas de preocupación. Parecía que eran los únicos que se daban cuenta de la gravedad del asunto, pues eran los que tenían la cabeza más centrada.


-Me convertiré en cenizas y volaré. ¡Volaré, chicos! Por fin seré libre, no estaré encerrada en ninguna urna ni en ninguna sociedad. Es irónico ¿verdad? La muerte me causa más felicidad que la vida, y eso debería significar algo.


-Significa que estás como una puta cabra, Kapoor. ¿Cómo vas a ser más feliz durmiendo toda la eternidad?


-Tenemos diferentes visiones de la felicidad. La mía comienza con la libertad, pero la tuya empieza sin ella.


De repente se empezaron a oír unos tiros, aquellos que indicaban que había llegado el momento que llevaba tanto tiempo esperando: su final no tan feliz le haría más feliz que toda su historia.


La policía metropolitana se dirigía hacia ellos con grandes pasos, y cuando los alcanzaron, se la llevaron a Agra. Una vez allí, le ataron los pies y las muñecas.


-Indira Kappor, 17 años. El Gobierno de la Unión aplica su ejecución por ser homosexual.


Su madre, que estaba entre la multitud, lloraba sin cesar. No podía creer que finalmente le iban a arrebatar lo que más quería en el mundo: a su hija.


-¡Alzad las armas!


Los verdugos las levantaron al unísono, y la víctima alzó la cabeza.


-¿Lo habéis visto? Me han atado, siempre nos están atando. Mi muerte no será en vano, mi muerte marcará el antes y después de los derechos humanos. Porque eso es lo que somos: humanos. Y todos tenemos el derecho a amar a quien nos plazca, independientemente del género que sea. Ha empezado la lucha por nuestra felicidad, ha empezado la revolución. ¡Viva la visibilidad, joder!


Y esa fue la última vez que el mundo escuchó su voz, aquella que les animó a formar el club Rainmind. Un club donde se puede ser uno mismo, un club donde se es persona. Rainmind será el futuro, porque solo tienes dos opciones: estar en contra o formar parte de la revolución.

14 de Abril de 2019 a las 14:12 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Todos los sábados.

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