lihuen Lihuen

Cada protagonista tendrá que tomar una decisión: luchar o sucumbir a su destino. Estarán los que (quizá por pura suerte) logren torcer el rumbo impuesto y estarán los que queden atrapados, hasta condenados a padecer lo que su fortuna tortuosa les obligue a transitar.


Cuento Todo público.

#apocaliptico #mundos-fantasticos-y-futuristas
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El elegido (Entre el mar y la tierra)

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Desperté entumecido de frío con la cara contra la áspera arena en una playa desconocida. Al voltearme lentamente, me encontré de frente a un cielo violáceo del que colgaba una luna roja granate. Por un instante, me sentí eclipsado por aquel ojo rojizo hasta que intenté moverme y, entonces, una terrible punzada me hizo retorcer de dolor. Me arrollé sobre mí mismo maldiciendo hasta que logré descubrir, horrorizado, que estaba herido gravemente, con tajos que iban desde la punta del pie, hasta el nacimiento de cada pierna. ¿Qué diablos me había pasado?, pensé aterrorizado. Al instante, un mal presentimiento aleteó por mi cabeza como un pájaro de mal agüero: ¿estaría acaso paralitico? Quise corroborarlo moviéndolas un poco pero desafortunadamente no pude hacerlo.

La desesperación comenzó a invadirme; intenté recordar donde estaba y porque estaba allí pero nada venía a mi mente. Solo tenía mucho frío y ganas de vomitar, además del presentimiento de que iba a morir allí mismo solo sin saber siquiera quien era o donde estaba; aunque de algún modo tenía la certeza de que siempre había anhelado ver el mar de cerca y aparentemente lo había logrado.

— ¿Este es el precio que he pagado por estar aquí? —le pregunté a la lengua babosa que se estiraba hacia mí con deseos de devorarme.

Mi cara se contrajo nuevamente en una mueca de sufrimiento. No quería ni mirarme, aunque era consciente que la pérdida de sangre me estaba debilitando cada vez más.

—¡Hola, necesito ayuda!— grité a todo pulmón. Pero mi voz se perdió en la nada, haciéndome sentir un huérfano miserable.

Volví a gritar con todas mis fuerzas y entonces oí un sonido melodioso que emergía desde el agua. Al principio, apenas si podía percibirlo y hasta pensé que era producto de mi imaginación, pero luego se fue intensificando cada vez más y más, haciéndose más nítido y más placentero a mis oídos.

Deseé, de pronto, sumergirme en el mar, no sabía la razón pero no importaba, pues el sentimiento que me invadía en ese momento derrumba toda deducción o reflexión lógica, como si me hallara embrujado por un hechizo de amor, ¡si amor!, yo me sentía enamorado…¿pero de quién?

Cerré los ojos saboreando la melodía angelical soprano que me hablaba de un mundo lejano, un paraíso desconocido donde yo amaría y seria amado, donde habitaría en completa libertad y armonía, sin ataduras, sin reglas, sin prohibiciones.

—Ven con nosotras, ven─ me llamaban las voces a coro y yo no podía dejar de oírlas con el corazón acelerado, hasta mi respiración parecía depender de aquella sinfonía.

Comencé, entonces, a arrastrarme en la arena hacia el mar que alzaba sus múltiples brazos deformes con la intensión de aplastarme.

Di unas cuantas brazadas a pesar del mi agonía y me alegré de que faltaran tan solo unos metros para legar a mi objetivo. Y entonces las vi. Eran unas extrañas inscripciones que se recortaban la arena con un mensaje gravado con fuego.

No en entres al mar, decía, y su fuerza succionaba mis energías del mismo modo que lo hacia el mar.

«¿Quién había escrito esto y porque tenía ese efecto en mí?»

Miré hacia atrás pero el horizonte era un manto nebuloso. Me volví a impulsar hacia adelante para toparme con el oleaje salvaje, cuyo golpeteo impetuoso, sofocaba el coro que agonizaba en un triste lamento.

Entonces, ya no me detuve, ni aun cuando una ola se estrelló contra mí llenando mi boca de agua y sal, o el dolor de mis pernas me paralizaba.

« ¿Por qué no conocía el mar si me agradaba tanto?», la pregunta surgió en mí repentinamente. Y entonces recordé que me lo habían prohibido innumerables veces. ¿Pero quién o quiénes?

La respuesta me llegó cuando una voz ronca detuvo mi avance.

—¡Luca, por dios, ¿qué haces?!

No necesité voltear para saber de quien se trataba; aquella voz rocosa hizo un giro inesperado en mi mente haciendo que algunas de mis memorias regresaran a mí.

«Yo soy el elegido», razoné; toda la vida lo había sabido, me lo había revelado el inconsciente como un secreto del lado oscuro, y yo que siempre lo había considerado un sueño, una simple fantasía.

—Ya no seremos más, solo seremos agua y sal — continuaron las voces al unísono, y alzar mis ojos al eclipse lunar, entendí que si no me apresuraba ellas se desvanecerían y yo, probablemente, moriría también.

Puse más empeño en avanzar ayudándome con los brazos. A consecuencia la voz que provenía desde atrás volvió a doblegarme.

—¡Luca!, ¡no lo hagas!

Pero me sobrepuse a la advertencia y dando un último empujón conseguí que parte de mi cuerpo se sumergiera en las aguas; entonces, estiré mis brazos desesperado pues sabía que se acababa el tiempo; lamentablemente, no encontré más que agua, arena y algas que se me enredaban en todas partes; « Debo ir más adentro» determiné sin rendirme pero aun así no lograba nada. «¿Dónde están, dónde están?» repetí como un loco aleteando como un pájaro ciego, « ¿Lo he imaginado todo?, sollocé, ¡y si nada de esto es real?». Volví a sumergir mi cabeza deseando acallar los boicoteos de mi mente, no fuera que la razón me devolviera a la tierra;

Dicen que los encuentros son más placenteros cuando son de vida o muerte. Y pude corroborarlo que es así pues cuando aquellas manos energéticas tomaron las mías, una adrenalina eléctrica me devolvió las ganas de vivir; «Entonces no estoy loco» me dije eufórico y de haber podido lo hubiera gritado a los cuatro vientos. Desee, en ese instante, que aquel lazo vivo continuara para siempre, pero me esperaba otro obstáculo; y cuando otras manos me tomaron por los pies supe, de inmediato, que la batalla entre los dos mundos no había terminado..

Fue un forcejo violento; por momentos mi cuerpo era atraído hacia adelante y luego, con la misma fuerza, arrastrado hacia atrás; aguanté apretando los dientes para no gritar, hasta que los seres acuáticos fueron los vencedores.

Ya en lo profundo, no podía creer lo que veían mis ojos. Ellas eran más sublimes y enigmáticas de lo que habría imaginado jamás; tenían quizá rasgos humanos, pero su expresión irradiaba una mezcla de dulzura y perversión según les diera la luz o las sombras y ese fenómeno, debo admitir, me marearía por mucho tiempo en mi futuro hogar, pues siempre que las observaba, se me ocurría, que más un ser emergía de un mismo rostro.

Aun así, yo intuía que las conocía a estos seres desde hacía mucho tiempo, quizá desde que tuviera conciencia. Ellas eran las guardianas de mis sueños, las compañeras de mis desvelos, las musas de mi dotes artísticos que decoraban mi cuarto, pero yo jamás habría pensado que eran ¡increíblemente reales!

—Bienvenido— me dijeron a coro rodeándome, y yo me sorprendí cuando sus voces se prolongaron en ondas sonoras de increíble potencia.

Entonces aquellos seres, mitad humanos y mitad pez, sincronizaron sus movimientos al igual que lo hacen los cardúmenes dirigiéndose, en un solo cuerpo, a las profundidades del océano.

—Apresúrense, que se cierra el portal—anunció de pronto la guía del grupo y la velocidad del nado aumentó acelerando mi corazón. Las emociones se adueñaron mí, era tanta la expectativa, la ansiedad, el temor y las dudas. «¿Adónde me llevaban?»

Buceamos bastante hasta que una corriente nos chupó con fuerza hacia el interior del abismo oscuro.

Durante aquel lapso cerré los ojos y comencé a recitar una larga despedida silenciosa.

«Adiós padre, adiós familia, adiós tierra». Sabía que no volvería verlos.

—Ya llegamos—me anunció, de pronto, la que me llevaba, soltándome.

Yo intenté abrir los ojos pero un resplandor azul me encegueció. Parpadeé varias veces más la intensidad de la luz, me quemaba.

—No te preocupes, ya te acostumbrarás—me dijo una dulce y conocida voz.

Volví a parpadear esforzándome por verla aunque en realidad no necesitaba hacerlo porque, en el fondo, sabía de quien se trataba.

Ella era mi madre

14 de Abril de 2019 a las 01:12 0 Reporte Insertar 1
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