Amelia Seguir historia

sacha176941291555133754 Zacha Ackerman

¿Amor?... ¿o simple locura?


Crimen No para niños menores de 13.

#258 #376
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Amelia

Como cualquier noche he llegado a mi departamento después de un largo y tedioso día y me dispongo a cenar; cualquier en la alacena basta para satisfacer mi falto apetito. ¡Estoy tan cansado!. Con gran esfuerzo me propongo subir las escaleras y llevar mi pesado cuerpo a la habitación. Una vez ahí me dejo caer sobre la cama.

12:30 a.m.: Es tan tarde y aunque mi cuerpo parece desfallecer no puedo dormir. La habitación es tan oscura. Apenas se puede distinguir silueta alguna gracias a la tenue luz de luna que deja entrar mi ventana. Es extraño ¿sabes?, suelo tener el sueño pesado.

Normalmente quedó dormido tan solo tocar cama pero estas ultimas noches no he podido dormir. Algo no me deja dormir. Algo... Trato de recordar hablando conmigo mismo... Pero... No recuerdo... ¿qué será?.

12:40 a.m.: La habitación está tan fría, tan sola. Estoy tan cansado y aún no puedo dormir.

Algo inquieta mi mente, mi cuerpo siente escalofríos. Es como sentirse observado por alguien que no está ahí...

12:50 a.m.: El tiempo parece pasar tan lento. Esto es tan aburrido, tan agobiante y escalofriante. No puedo ver nada pero desde hace algunos minutos aquella presencia invisible se ha hecho penetrante en la habitación.

El frío es más intenso y a ratos, pisadas, murmullos y algún ruido extraño interrumpe el silencio de la habitación.

12:55 a.m.: Mi cuerpo se siente tieso y frío, apenas puedo moverme. Al parecer el temor empieza apoderarse de mí. He empezado a ver la figura de alguien recorriendo de vez en cuando la habitación. Se escucha el cerrar y abrir de la puerta en mi habitación, los pasos en el pasillo y de vez en cuando se burla de mí. Será que me estoy volviendo loco...

1:00 a.m.: Aquél ser ha empezado a susurrarme cosas indescifrables al oído. Soy incapaz de moverme. Mi cuerpo ha dejado de responderme. La frustración empieza a ser intolerable; sin duda, me estoy volviendo loco. Ese ser se burla de mí: mi cuerpo tiembla, un sudor frío recorre mi cuerpo. Siento que fuera a morir.

1:02 a.m.: ¿Miedo, frustración, desesperación?, ¿qué será?, ¿quién será?. Mi cuerpo está tan helado y él espera, ¿qué espera?, ¿qué muera?, ¿qué corra?...¿quién espera?.

Mis ojos quieren cerrarse pero esta vez no quiero hacerlo, esta vez no quiero soñar, dormir, morir...


Es una mañana preciosa. La luz de día entra por mi venta, radiante, cálida. Fin de semana y el día luce excelente para ir a pasear con Amelia. Después de llamarla y agendar la cita empiezo a arreglarme como de costumbre. Antes de salir me acerco al espejo que está colgado en la pared de mi habitación: me aseguro de estar bien arreglado. Conforme con mi aspecto salgo entusiasmado al encuentro de Amelia.

Un lindo día debo admitir, hace mucho que Amelia y yo no nos divirtamos tanto: pasear por el parque, ir al cine, hablar por horas y reírnos de nada. Momentos como este me hacen recordar porque la amo tanto. Alegra mi corazón el verla sonreír; cuando me grita y se queja por prestarle más atención a mi trabajo que a ella a veces me hace querer ahorcarla, pero, no la culpo, tiene razón. Hace mucho que no la veía por culpa de obsesión al trabajo.

Llegada la noche Amelia y yo fuimos a su casa: preparó una cena exquisita. Mientras degustábamos la comida, la tenue luz de las velas, la brillante luna y la sutil música que sonaba en la radio hacían que la atmósfera se tornará algo romántica. Casi al terminar la cena empezó a sonar un dulce vals. La sala estaba vacía; solamente la música y nuestras almas estaban presentes. Con ternura tomó mi mano levantándome del comedor y colocando mis manos sobre su delicada cintura empezamos la dulce danza. La luna, picara y romántica, con su hermoso resplandor iluminaba nuestras siluetas amorosas en aquella pequeña y cálida sala.

El corazón de Amelia palpitaba fuerte contra mi pecho, podía oler el delicioso aroma de sus rojos cabellos, mis manos temblaban al tomar su cálido cuerpo, sus oscuros ojos resplandecían cual estrellas y mi corazón aceleraba de a poco sus latidos.

En un cerrar de ojos todo lo que me rodeaba se volvió indiferente: lo único que importaba era ella. Mi mente solo podía ver su pálido y bello rostro, mi cuerpo solo sentía la calidez del suyo. Me bastaba con cerrar los ojos y tenerla entre mis brazos para sentir; aunque fuese por un momento, que verdaderamente estaba vivo. Seguimos balanceándonos de un lado a otro sin parar. Quería detenerme pero al tenerla en mis manos no podía... No quería hacerlo, por un momento, ella era totalmente mía. Pensaba en el deseo de tenerla así para mí; para siempre.


Cada vez danzábamos más y más rápido al compás apasionante de la melodía; el corazón de Amelia latía tan fuerte que parecía iba a estallar, de pronto, paramos al igual que la música. Amelia respiraba con dificultad. Se mantuvo abrazada a mí por algunos minutos mientras yo rodeaba su delicado cuerpo con mis brazos y sentía como su respiración se apaciguaba lentamente. Poco a poco la respiración de Amelia se fue calmando y con un hondo suspiro; sin aviso alguno, pareció haber quedado dormida. Sus brazos me soltaron como si hubieran perdido su fuerza.

Al separarla de mí casi se desploma cual marioneta al suelo: alcance a sostenerla antes de que cayera completamente. La recosté sobre el sofá de la sala. Su cuerpo poco a poco se volvió frío y al soltarla mis manos se cubrían de sangre. Un inmenso escalofrío recorrió mi cuerpo. No podía moverme ni gritar., Volví a mirarla con expresión de horror. Su pecho agujereado y en mis manos... en mis manos... latía su cálido corazón...


Desperté sobresaltado por tan terrible pesadilla- es verdad, Amelia había muerto hace días. Desde entonces no había podido dormir-. Necesitaba olvidar el dolor, la nostalgia y la agonía que te deja el haber perdido a un ser amado. Para aliviar el dolor y olvidar la espantosa pesadilla Adam y yo fuimos al bar la noche siguiente: nos embriagamos hasta más no poder. Después de unos buenos tragos y una buena charla pedimos un taxi- bebimos tanto que apenas podíamos ponernos en pie- y nos dirigimos a mi departamento.

Al llegar, Adam se tumbó en el sofá de la sala y yo me dirigí al baño: tenía tanto calor que debía refrescarme la cara. Abrí el agua fría y me enjuague la cara con abundante agua; apenas podía ver bien y mantenerme de pie. Me mire al espejo: me veía fatal. Mientras inspeccionaba mi rostro comencé a notar que de a poco se empezaba a desfigurar; una figura deforme se apoderó de mi rostro. Esa voz... sonaba en mi cabeza. No me deja en paz... esa voz... era él... era... aquel ser que perturbaba mi sueño. Tropezando; casi cayendo, salí como pude despavorido. Atemorizado corrí a la sala: estaba oscura, la oscuridad me causaba temor.

No podía pensar. Estaba alucinando, enloqueciendo. Quise llegar a donde estaba Adam. Tropezando con los muebles, temblando, apenas manteniendo el equilibrio logré llegar a donde se encontraba. Lo golpeé en la cara, lo sacudí, grité pero él no reaccionaba. Como cascada un líquido rojo empezó a brotar del sofá al suelo. Inspeccione su cuerpo, su pecho había sido herido y mis manos temblorosas se habían vuelto a manchar de ese cálido y rojizo líquido...


1:45 a.m.: Un sonido intenso e insoportable me despertó de otra horrible pesadilla. Parecía el sonido de una sirena, ¿la policía?, ¿ambulancia?, quizá ¿ambas?.

No recuerdo el momento en que cerré los ojos. Miré el reloj en mi muñeca que parecía haberse detenido. Mi sudor era demasiado frío y apenas podía respirar. Intente levantarme pero mi cuerpo no obedeció. ¿La sala?, estaba en la habitación pero no recuerdo cómo llegué a aquí o al sofá, lo único que sé es que desperté aquí, recostado. Mis manos están manchadas de ese rojo y cálido líquido, parece que esta vez proviene de mi pecho.

Aquella figura que me atormentaba me veía a lo lejos.Poco a poco y lentamente comenzó a acercarse a mí mientras mi corazón -posado en mi mano derecha -dejaba lentamente de latir. Antes de que mis ojos se cerraran por completo pude ver el rostro compasivo de Amelia junto al mío.

Con esfuerzo extendí mi mano y ofrecími arrepentido corazón a ella. Sentí el calor de sus manos sobre mi pecho mientras se llevaba en un beso mi último aliento...


1:50 a.m: El cuerpo de Adam yacía inerte sobre el sofá de la sala.

13 de Abril de 2019 a las 19:10 0 Reporte Insertar 1
Fin

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