Dark Past Seguir historia

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Una conversación despertó la curiosidad de Emily Sanders. ¿Qué escondía el chico nuevo? ¿Por qué su mejor amiga no quería que se acercara a él? Emily no sabía nada, pero no iba a detenerse hasta averiguarlo. Un asesinato sucedido en el pasado pareció unir al chico nuevo, llamado Adam Tilman, con la joven e inocente Emily. Emily no conocía a Adam, no sabía nada de él, pero no parecía suceder lo mismo con Adam. Él había llegado a Hoboken conociendo cada detalle de la vida de Emily, y ella sabía que no podía ser mera casualidad. Si la vida de Emily ya era un completo desastre antes de la llegada de Adam, después de ella sería una auténtica catástrofe. La morena quiso y estaba dispuesta a entrar en la oscuridad que había dentro de Adam, y él la dejó. Lo que ella no sabía era que, una vez entrabas en la fría y dolorosa oscuridad, ella te arrastraba y no había forma de volver a salir por mucho que quisieras. ¿O sí?


Ficción adolescente Sólo para mayores de 18.

#asesinato #misterio #drama #desamor #amor #juvenil #pasado-oscuro #past #dark
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Prólogo

23 de noviembre de 1992

00:44 p.m.

Las gotas de lluvia y los truenos me acompañaban esa fría noche de noviembre. El frío traspasaba mi ropa y rompía mis huesos. Unos huesos jóvenes pero hechos polvo. La vida que había estado llevando esos años no había hecho que mi salud fuese la mejor. Aún y así, no me estaba muriendo.

Años atrás, jamás hubiera pensado que estaría haciendo esto. Nunca se me habría pasado por la cabeza. Pero las personas cambian, los sentimientos cambian, y las acciones también lo hacen.

Subí al coche y encendí la calefacción. Estábamos a punto de entrar en diciembre y si no querías morir congelada ni coger una hipotermia, debías de ir bien abrigada, cosa que yo no hacía.

En el asiento trasero estaba Ryan Tilman dormido. Eran más de las doce de la noche y el pequeño no aguantaba ni hasta las diez despierto. Había pasado casi un año con él, aguantando sus lloriqueos por querer volver con su madre, aguantando sus pataletas y acabándole haciendo creer que conmigo estaba mejor. Él lo creyó. Acabó aceptando que su bien estaba conmigo, aunque no fuese del todo cierto.

Esa noche haría sufrir a una madre, tanto como sufría yo al no poder tener un hijo conmigo. Llevaba muchos y muchos años intentando quedarme embarazada, pero no podía. Era imposible. Yo quería ser madre y ella lo era. Yo sufría, tenía celos, y ella no. Unos meses atrás nuestros papeles cambiaron. Yo pasé a ser la madre y ella no. Yo empecé a disfrutar de Ryan y ella lloraba su ausencia, pensando que su hijo estaría muerto. Pero realmente empiezas a sufrir cuando tienes la realidad en las narices.

Anastasia no vio a su hijo muerto, solo sabía que lo habían secuestrado. Que yo lo había secuestrado, pero jamás vio su cadáver. Esta noche, todo sería diferente.

Llegué al estacionamiento de un parking abandonado a las afueras de Hoboken. Dentro de mí existía un sentimiento de culpabilidad, pero no iba a dejar que me ganara la batalla. Una vez aparqué el coche, me dirigí al asiento trasero donde Ryan estaba tranquilamente dormido. Pocas veces se le veía tan sereno y pacífico, por no decir casi nunca a excepción de cuando dormía.

—Ryan cariño, hemos llegado —intenté despertarle, zarandeándole con cuidado para no hacerle daño. Aunque en realidad, ya no importaba si le hacía daño o no—. Ryan, despierta.

Ryan se despertó, frotándose los ojos con sus diminutas manos y bostezando, negándose a mantener los ojos abiertos durante mucho tiempo. No quería despertarse, quería dormir. Pero no sabía que pronto podría dormir para siempre.

—Ven, vamos a un sitio muy chulo.

Ryan asintió, alzando los brazos y pidiendo que lo alzara en brazos. Me acerqué a él y enrolló sus diminutos y frágiles brazos alrededor de mi cuello. Lo abracé con todas mis fuerzas, sabiendo que sería el último abrazo que le daría al pequeño que se había negando a quedarse conmigo durante mucho tiempo, que quería volver con Anastasia, su madre.

—No me has dejado otra opción, Ryan. Yo no quería hacer esto.

Lo dejé al otro lado del parking, alejándome de él, volviendo al coche. Ryan se quedó allí de pie. Al principio, cuando me vio alejarme, quiso volver conmigo, siguiéndome, pero le dije que no. Se debía quedar allí quieto. Cuando llegué al coche, me di la vuelta, asegurándome de que seguía allí y no se había ido a ninguna parte. Me incliné hacia dentro, cogiendo lo que había dejado en el asiento del copiloto. Desenrollé la pistola del trapo y comprobé que había, por lo menos, tres balas en su interior. Y así era, tres balas que pronto utilizaría.

Una vez con la pistola en mano, me di la vuelta, mirando a Ryan. El miedo lo inundaba. Pero era muy pequeño para saber lo que quería e iba a hacer.

—Te quiero muchísimo Ryan —grité lo suficiente como para que me escuchara—. Pero tú has querido esto. Me lo estabas pidiendo a gritos.

Estiré mi brazo derecho todo lo que pude, alejándolo de mi cuerpo. Ryan me miraba con los ojos bien abiertos. A la distancia, era una bolita pequeña debido al abrigo que llevaba puesto. Pero eso no impediría que las balas lo atravesaran.

—Cuenta conmigo —dije—. Uno…

Me repetía, contando con los dedos a la vez.

—Dos… —volvió a decirlo conmigo, alzando dos dedos de su diminuta mano.

—Y… —tenía el dedo colocado en el gatillo, ejerciendo un poco de fuerza en él, preparada para disparar—. Tres.

No escuché como Ryan contaba conmigo. Solo escuché el sonido de la pistola dispararse y el sonido que hacía la bala saliendo de su escondite. No vi como alzaba un dedito más en su mano, formando un trío de dedos. Pero sí vi su pequeño cuerpo caer hacia atrás en el suelo.

Ya estaba. Lo había hecho. No había vuelta atrás.

Con paso decidido, me acerqué al cuerpo que había tendido en el suelo. El abrigo que le cubría, se tintó de un color oscuro. Era sangre.

13 de Abril de 2019 a las 12:31 0 Reporte Insertar 0
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