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carlavgonzalez Carla González

Las historias de mi paso por Venezuela


Historias de vida No para niños menores de 13.

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Donde las vírgenes abrazan las botellas de ron

Hay un lugar en Caracas donde una virgen abraza una botella. Dentro de un local muy estrecho, al pie de la calle, la muy religiosa se esconde sobre un mueble viejo de madera que sirve de barra, caja y mesón. Solo entra una mesa junto al mueble, y al fondo entran dos más, separadas por la entrada a un baño.

Un cartel sobre la caja advierte: “El que tenga ojo que vea. El país está en crisis y mi bolsillo también. Por lo tanto no se fía, menos se presta y mucho menos se regala. Este mensaje es para mis panas, amigos, conocidos y clientes también. Es decir para el público en general.”

Tres negras, heladas. Tarjeta de débito. Número. Corriente. Pin, pin, pin, pin. Pasó.

Carlos se toma la cerveza apenas la siente fría en sus manos negras y peludas, la agarra del cuello, porque sabe que así no se calienta tan rápido. Fernanda con sus uñas amarillas recién hechas en un local de Bellas Artes, se la toma despacio. No deja que sus labios maquillados de rosa pálido pasen mucho tiempo en esa botella café con letras azules y blancas. En otras circunstancias jamás se hubieran conocido, y esa sería la última vez que saldrían juntos.

“Esa es Santa Barbara,” dice Carlos. La que abraza la botella de un ron sin etiqueta, esa, la patrona protectora.

“Es una borracha la santa,” le digo. “Y que anda protegiendo borrachos.”

El lugar lo vimos al bajar del Calvario. Una imagen desteñida de Simón Bolívar está impresa en un menú gigante, colgado sobre la barra. Un letrero de neón que no sirve, asumo que desde hace meses, anuncia lo obvio: BAR.

El lugar tiene en una de sus paredes unos billetes gigantes de Bolívares Soberanos. Llegamos en un momento extraño para el país, una reconversión monetaria que tenía a todos los caraqueños contando en voz alta y preguntado cuántos ceros debía quitarle al valor de las cosas.

Junto al baño hay una mesa blanca de plástico pequeña, bajo un computador sucio, conectado a un parlante que parece estar a punto de caerse. El dueño me dice que pase y escoja la canción que quiera. Si me conociera supiera que no pongo buenas canciones en las reuniones. Suena una salsa y le digo que deje esa. Sobre el monitor, en neón se lee “Rocola Digital” y pienso que no habría mejor definición.

10 de Abril de 2019 a las 20:49 0 Reporte Insertar 30
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