El intercambio (inmigración espacial) Seguir historia

lihuen Paola Stessens

Un mundo plagado de insecto-alien mutantes, un joven que lo ha perdido todo y una misión espacial que promete ponerle freno a las bajas que sufren los continentes día a día. La pregunta es: ,¿están todos los lideres humanos interesados en el exterminio de los alien-mutantes o hay otros intereses ocultos? Para resolver este enigma, Ian deberá debelar su pasado enigmático, y luchar con una posible tiranía por seres que resultan mas poderosos de lo que esperaba. Afortunadamente no esta solo ...


Ciencia ficción Todo público.

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Capitulo 1 "La esperanza"

El despertador hizo un chirrido poco placentero haciendo que a Ian le volviera el alma al cuerpo dormido. Un aroma a pan recién hecho lo hizo suspirar de placer. Seguramente era su hermana haciendo el desayuno para todo el grupo; admiraba su energía infinita y su voluntad inquebrantable, siempre la primera en despertar y la primera en poner en movimiento la rueda de la rutina de trabajo, a pesar del caos en el que vivían. De pronto, las voces que le llegaban en oleadas se fueron unificando; lo estaban llamando.

─Ian despierta, vamos muchacho, ¡despierta!

─Déjenme un poco más.─ Suspira somnoliento─. Diganle a Nadia que en un rato voy.

─Vamos que nos esperan los oficiales─ la voz sonó autoritaria, pero no era la voz de los muchachos.

Ian abrió los ojos de golpe y miró a su alrededor. El hombre que estaba a su lado le sonrió con simpatía. Se trataba del oficial Dante, el hombre con el que había compartido el cuarto durante la última semana después de su pérdida. Le tomó unos segundos poner en orden sus pensamientos que continuaban empapados de los recuerdos del pasado, tan frescos como el aroma a pan que provenía de la cocina, a lo que se le sumaba:

El coro desafinado de los despertadores malditos, ella golpeándole la puerta, sus amigos haciéndole bromas cuando entraba dormido.

¿Era posible que ya no estuvieran? La angustia pugnaba en sus ojos y le atravesaba el pecho.

Cuando el oficial tomó una toalla, su peine y la afeitadora, Ian supuso que se preparaba para ir al baño.

─¿Otra pesadilla?─ le preguntó Dante antes de marcharse─ Estas muy pálido.

─Ese aroma a pan recién hecho me recuerda a las mañanas de la casa. Nadia era una excelente panadera.

Ian se sentó en la cama y comenzó a buscar su ropa que se encontraba revuelta sobre la cama.

─Ella era tu hermana ¿verdad? -Una joven sonreía desde un porta retratos digital- ¿Puedo?─preguntó tomándolo.

Ian asintió siguiéndolo con la vista mientras el hombre pasaba las fotos.

- Se ven muy felices, dime cuantos eran en la casa.

-Éramos unos diez, Samuel el de azul era mi mejor amigo, teníamos la misma edad, y Nadia, mi hermana, era la única mujer.

Ian hablaba cabizbajo y el oficial notó que estaba haciendo un esfuerzo por hablar.

- Desde el día que murieron no puedo dejar de recordarlos. ¿Es normal que pase eso?

─ No lo sé, hijo. Nada es normal en estos días- contestó mientras dejaba adhería el aparato a la pared-. Además piensa, siete días es muy poco tiempo.

Ian asintió en silencio, una sensación de caída al vacío se arremolinaba en sus entrañas.

─ Ya debo irme que se hace tarde, te espero en la cocina. Recuerda que nos reuniremos con el resto del equipo para arreglar detalles. No te tardes.

Cuando el oficial cerró la puerta, Ian hundió el rostro en la almohada ocultando las lágrimas pugnantes. Allí, enterrado en la suavidad mullida de su cama repitió para sus adentros que debía levantarse y ser valiente, como lo habían sido ellos, como lo había sido su hermana, en suma sus compañeros de vida que de algún modo continuaban cuidándolo y amonestándolo desde otras dimensiones, o al menos eso creía.

Al mirar hacia la pantalla la imágenes reabrían, una vez más, la ventana del pasado.

─Vamos Ian levántate ya si quieres desayunar antes de salir─ farfulló Nadia desde la puerta.

Recordó como había tenido que aguantarse para no responderle una guarangada, quizá porque le había parecido absurdo empezar una pelea tan temprano. Algo tan típico de hermanos que hasta parecía un ritual necesario. Luego, en el desayuno se presentó otro desafío.

─Hoy salimos a la cosecha─ le anunciaron al sentarse a la mesa.

─ ¿Con quién me toca?─ había preguntado él con el estómago encogido, la sola idea de salir le tensaba los nervios.

─ Irás con Samuel─ le respondió su hermana con calma. Desde el otro extremo de la mesa Samuel le guiñó el ojo.

Ian se sintió abrumado por tanta inercia. "Qué les pasaba a todos?", se preguntó al ver que nadie reaccionaba, ni se quejaba; ¿Acaso sus vidas no valían nada que estaban dispuestos a salir sin resistencia? Apretó una taza con fuerza, deseando que el objeto inerte le traspasara un poco de su pasividad al volcán que bullía en su cuerpo.

─ ¿Como saben que los trajes nos protegerán?─ Ian lanzó la pregunta con mirada fija el contenido negro y caliente de la taza esperando que alguien reaccionara, y hasta recordara lo que había pasado la última vez que habían confiado en ellos.

─ Ten un poco de fe en los inventores, amigo─ le respondido Roberto─. Estamos en el 2050, y gracias a ellos tenemos la tecnología que tenemos. Hasta viajamos a otros planetas…

─ Valla avance, gracias a esos viajes estamos como estamos-- rspondió Ian con sarcasmo.

─ ¿Y a quién culpas?, ¿a los científicos o a los astronautas? Te recuerdo que cuando viajaron todos deseábamos que se encontrara vida en otros planetas. Incluido tú - le rebatió uno del grupo, ya no recordaba quien habia sido.

Ian se metió en la ducha. El vapor y fue relajando su cuerpo pero su mente continuaba atormentada por las memorias. No sabía por que le complacia tanto repasar los dialogos de aqula mañana, como si se trtatara de una lección, una leccion de doble filo, deliciosa e hiriente a la vez; todo lo dicho volvia a su cabeza como bumerans endiablados, las palabras dichas y las discusiones se repetian acompañadas del el tono y los gestos de cada particpante, nada se le escapaba, como si reteniendolos pudiera de alguna forma recuperar su precencia y retardar su partida.

─Tienes razón, también lo deseé y soy consciente que hoy lo estamos pagando con creces. Pero ahora estaba hablando específicamente de los atuendos. Las últimas personas que los llevaron puestos murieron perforados por el ácido.─ El corazón le palpitaba más fuerte mientras recordaba las imágenes de los que habían sido atacados por los engendros alados, como él los llamaba─. ¿Y ahora se supone que debo tener confianza? Pues no lo creo.

─ Los sabemos Ian, todos somos conscientes de aquella catástrofe. ¿Pero qué quieres que hagamos? ¿Quieres que nos quedemos aquí y nos muéranos de hambre? ─Roberto lo miró con impaciencia─. Al menos los científicos e investigadores trabajan duro para darnos una esperanza, con sus limitaciones claro, como cualquiera de nosotros; pero estas criaturas, en cambio, vienen de otro mundo, de lo desconocido y solo dios sabe de qué son capaces, estamos enfrentando a algo que nadie sabe cómo evoluciona, pero debemos luchar amigo, debemos luchar o nos exterminarán.

El silencio se impuso en la sala por un minuto que duró una eternidad, las expresiones sombrías expresaban ansiedad y preocupación. Samuel, sin embargo, nunca perdía la compostura, su naturaleza alegre y despreocupada los descolocaba siempre.

─¡Vamos chicos! ─exclamó rompiendo el hielo─. Piensen en todas las uvas y duraznos dulces como caramelo que vamos a recolectar hoy, cuando los saboreemos se les van a ir todos los miedos.─ Sus ojos pardos chispeaban con emoción ─. Imagínense las tartas, mermeladas y vinos que vamos a poder hacer. ¿No creen que vale la pena salir y probar suerte a quedarnos aquí llorando y comiendo pan duro? Al menos yo estoy harto del moho y el olor a rancio.

Todos aplaudieron ante este comentario, algo que Samuel siempre lograba, pensó Ian, y esa afabilidad era justo lo que su lado pesimista y antisocial necesitaba, un líder capaz de infundirle ánimo en cualquier situación, sin importar lo desmoralizadora que fuera, un compañero con un espíritu batiéndose en lo alto como bandera de victoria.

A pesar de esto, Ian no estaba dispuesto a rendirse fácilmente, necesitaba respuestas antes de convertirse en carne de cañón. A esa altura pasar a ser mártir, así como así, no le parecía justo.

─ ¿Y por qué nosotros?─la pregunta cruzó como un misil y más de uno de los que estaban en la sala habian fruncido el ceño o reboleado los ojos de fastidio.

─A todos nos toca alguna vez Ian y lo sabes- había dicho Samuel mientras jugaba con una pelota de tenis─. La última vez le tocó el turno al grupo de la sección V mientras nosotros nos quedábamos puertas adentro. En esa ocasión ellos dieron su vida por el bien de todos, ¿no crees que sea hora de devolver el favor?-le había preguntado parando el juego para mirarlo fijamente- Muchas bocas esperan ser alimentadas.

─Si lo sé - había admitido él de mala gana─, pero yo me pregunto si no habría otro sistema más seguro; robots por ejemplo, ellos podrían salir a recolectar; como lo hacen en Europa...

─Pues para tu información aquí no hay demasiados recursos ─ lo había interrumpido Nadia con voz cortante mientras repartía las ultimas tortillas─. Así que debemos lidiar con lo que tenemos, te guste o no. Además hay que ver si los androides funcionan, hace muy poco los han implementaron como para tener un veredicto.

“Al menos murieron en su ley” pensó Ian con nostalgia. Acercó su mano al espejo y empezó a desempañarlo con movimientos circulares. La palidez de su rostro y las ojeras le daban un aspecto de vampiro deprimido, y así se sentía, como alguien que seguía respirando por error.

“No debí haber sobrevivido, debió haber sido Samuel, se reprochó en silencio, su vida era más valiosa que la mía, su ingenio más útil”

La conferencia con el equipo de oficiales y otros profesionales especializados se le vino a la mente, si no se apresuraba a llegar no alcanzaría a escuchar los detalles del nuevo plan de ataque.

En la sala ─ oscura y maloliente ─ un grupo amplio de personas buscaban un lugar donde acomodarse. El general y líder de la base ya había tomado la palabra. Era un hombre de estatura mediana, con una calvicie avanzada y facciones surcadas por haber pasado casi una vida entera batallando contra el mal y asumiendo responsabilidades de vida o muerte. Y cuando habló, su voz grave lleno la sala a la vez que sus ojos adquirían un brillo penetrante.

─ Como le he dicho en estos días ─ dijo el general activando el potenciador de voz ─ necesitamos una nueva estrategia de ataque. Esta nueva especie se está fortaleciendo cada vez más y, si bien el descubrimiento de Ian nos ayudará por un tiempo, nos será por mucho. Debemos buscar más alternativas─. Paseó la mirada por la audiencia como buscando a alguien y luego, cuando pareció encontrarlo, añadió─ allí está el hombre que les dará más detalles sobre el nuevo plan que tomará curso en los próximos días ─. Todos miraron en la dirección que señalaba pero estaba demasiado oscuro para identificar la personan que se acercaba.

Poco a poco fue revelándose su identidad de uno de los científicos más renombrados del año: el doctor Smith. A Ian, que era la primera vez que lo veía en persona, le dio gracia sus ojos de miope y su nariz aguileña; cuando se fue acercando más, abriéndose paso por entre los espectadores, algunas de las personas se aproximaron para estrecharle la mano. Poco después, se le sumó la doctora Rina y su asistente Paula Lozana que comenzaron a ayudarlo a encender las pantallas que lo conectarían con la base de Mercurio.

En ese momento, Ian miró sin ver como se encendían los conectores y se enviaban las señales. Su mente retornaba a aquellos viñedos maduros atestado de criaturas aladas bajo un amanecer soleado. Samuel─ con la gracia y porte de los guerreros de su juego virtual favorito ─caminaba delante como queriendo protegerlo del ataque de las primeras avispas mutantes que comenzaban a estrellarse contra su cobertor; detrás de ellas venían otras y tras ellas muchas más. Al ver sus ataques inútiles, Samuel se había girado hacia él con una sonrisa divertida mientras señalaba el salpicado del el ácido verdoso que resbalaba por sus mangas blancas.

─Mira campeón ─ le dijo por el trasmisor─ esta vez le dieron en la tecla. Fíjate, ni un rasguño, estamos a salvo.

Y estaba en lo cierto, pensó Ian, mirando fijamente como el ácido pegajoso permanecía en la superficie sin quemar el material. En eso los chirridos de enojo por parte de los bichos no se hizo esperar y Ian ya no pudo soportarlo; sus rodillas comenzaron a aflojarse y su cabeza le punzaba de dolor, era como si los infiernos se hubieran desataran debajo de sus pies y clamaran por su vida hasta hacerlo estallar; por suerte Samuel advirtió su repentino malestar.

─Ian, ¿trajiste el iPOD como te pedí?─ le preguntó por el trasmisor.

─Si aquí lo tengo─ señaló hacia dos minúsculo piercing de metal que se encontraba adherido al interior de su oído.

─Muy bien, enciéndelo y verás cómo te calma los nervios.

─Si lo hago no podré escuchar el trasmisor

─Ponlo en vibrador, cuando sientas las vibraciones apagas la música y automáticamente te conectarás con el trasmisor.

─Nadia se enojará si sabe de esto.

─ Pues no le diremos nada, es nuestro secreto, y además fue idea mía. Yo estaré alerta, eso bastará. Vamos pon la música y verifica si te ayuda a relajarte, no quiero que te agarre el ataque de pánico de la última vez.

Ian asintió con la cabeza. De verdad que él tampoco quería repetir el papelón de última salida; no, pensó, este día debía buscar la manera de controlar sus miedos, aunque fuera tapándolos con música.

"Milky way, pure metal” comenzó a sonar tragándose los zumbidos infernales, a su vez las punzadas de la cabeza desaparecieron y su respiración se fue regularizando. Se sentía él mismo otra vez, lo cual era una buena señal. Gracias a la benevolencia de música, la energía fluía en su cuerpo y lo hacía sentir invencible, inmune, hasta poderoso, capaz de aportar algo, por primera vez, a su comunidad, a sus amigos y él mismo.

“We’re looking for the ancient lost of world, we’re after you gods and godesses of the abysm in the dark hole” tarareó con emoción y se dejó llevar por la batería que resonaba soberbia dándole ritmo a sus manos recolectoras que volaban cual dos palomas en busca de los racimos más cargados y maduros, listos para llenar las bodegas de la ciudadela fortificada.

Un sonido agudo llamó de pronto su atención hacia una pantalla holográfica en la que aparecía un hombre de cabellos castaños y barba que los saludó con la mano antes de comenzar a hablar.

─¡Buenos días! Qué bueno volver a verlos reunidos después de tanto tiempo.─ La voz sonaba entre cortada─ Mi nombre es Gisu y estoy en cargado del mantenimiento de la nave Criptona Aspe II. Supongo que Gary ya les habrá contado de esta bella obra de arte-dijo enfocando hacia una nave espacial.

─Pues aun no, Gisu, sería bueno que tú les contaras de qué se trata.

─ De acuerdo.─ El hombre comenzó a caminar manteniendo el foco en la nave. ─En estos últimos dos años, cuando el surgimiento de esta nueva especie terra-alien puso a los habitantes del mundo en jaque, el gobierno nos dio una nueva orden: concentrar todos los esfuerzos de la comunidad científica del planeta en crear una nave espacial que supere en todos los aspectos a las que anteriores, incluso a la nave Criptona Aspe I.

Al escuchar aquel nombre, Ian sintió un impulso de maldecir, sino hubiera sido por aquella misión hace dos años atrás ahora no estarían siendo eliminados por los pequeños trofeo que los viajeros habían traído del planeta Kapler 9i.

─¿Y en que nos ayudaría esa nave?, señor.─ preguntó el capitán del comando con tono exasperado.─ ¿No cree que las consecuencias de la última vez que viajamos fuera de este sistema solar fueron más que suficientes?

La imagen de Gisu comenzó a congelarse pero afortunadamente su voz continuaba sonando.

─Como es de público conocimiento las alterativas de defensa se nos han agotado. Hemos probado con ácidos, químicos, gases, y armas de fuego. Pero nada mata a estos seres; suponemos entonces, que la genética alienígena les da inmunidad, al menos en la tierra, lo cual nos pone en desventaja. Además hemos hecho estudios en los laboratorio con estos organismos alienígenas exponiéndolos a distintas temperaturas y químicos, y han sobrevivido a todo. La única manera de matarlos ha sido negarles el oxígeno de su planeta, pero, como todos sabemos, esa condición no se da en los insectos mutantes.

─ ¿Y que se pretende con esta expedición? ¿Cuál sería su finalidad?─preguntó uno de los astronautas del plantel que había viajado en la expedición de la CPA I ─. Además, - añadió - ¿por qué no nos han notificado de este proyecto?

─Porque no queríamos crear expectativas falsas ─ respondió la doctora Rina, cuando la comunicación con Gisu se vio interrumpida del todo. Ian enfocó toda su atención en esta mujer reconocida por sus grandes descubrimientos y aportes a la ciencia. El último de ellos los había salvado del ácido despedido por los mutantes.

─ Los gobiernos ─prosiguió Rina─ nos pidieron que nos embarquemos en esta empresa con la idea de retornar al hogar de estas criaturas; estamos seguros que allí encontraremos algo que las elimine o algunos. Sabemos que cada criatura, al menos en la tierra, tiene un depredador o sustancia que los mata. Y suponemos que esta ley se repite en todo el universo.

─ ¿Entonces la alternativa A es regresar al planeta Kapler?─preguntó el ex capitán de misión anterior.

─Pue sí. Y lo haremos en breve.

─ ¡Es una locura!─gritaron algunos.

─ ¿Y quién garantiza que en el planeta no habrá otros peligros? ─ La dudas imperaban en la mayoría. Un murmullo de desaprobación empezaba a generarse en la sala.

La doctora retomó la palabra.

─No hay garantías de nada, señores y señoras─ dijo con firmeza─. Tampoco hay presiones. Esta es una estrategia más de entre otras. Las bases espaciales que tenemos en nuestro sistema solar también están buscando soluciones. Sabemos que tenemos los días contados; Además ¿hace cuánto que no hemos podido salir al aire libre sin estar cubiertos?, ¿hace cuánto que venimos pasando hambre? y ¿cuantos de nosotros han muerto? Millones. Nuestras ciudades han quedado arruinadas, hemos perdido nuestros hogares y seres queridos y no nos olvidemos de la vida de los animales, ellos también están siendo avasallando. Por otro lado esta su constante evolución, hasta un tiempo atrás usaba los ácidos como forma de ataque, y ahora que no les sirve han probado con enloquecernos con sus zumbidos. Hasta diría que han elaborado un lenguaje para inducirnos a suicidio.─ Allí se detuvo para encender un aparato que emitió unos chirridos aterradores. La doctora dejó que la grabación siguiera su curso; de pronto se escuchó un dialogo en el que Ian era protagonista. Las voces se escuchaban claramente como si la escena estuviera ocurriendo allí mismo.

“─Ian dinos que ocurre ─preguntó la operadora”

─Me siento sofocado, necesito aire, el traje me asfixia”

─Cálmate Ian, es solo una sensación, no es real.”

Se escuchaba los sonidos de una respiración asmática a la vez que de fondo un coro de chirridos espeluznantes comenzaron a penetrar los oídos de todos los oyentes; algunos se vieron forzados a taparse los oídos para no entrar en pánico. Ian, sin embargo, se sorprendió al sentirse extrañamente calmo.

“─Dime cómo podemos ayudarte, como te mantuviste con vida hasta aquí

─M-musica, con música”

La música comenzó a sonar y mágicamente los zumbidos desaparecieron también.

─Esto ocurrió hace una semana─ dijo la doctora pausando la trasmisión.─ Para los que no lo saben, el joven de la grabación es Ian, un joven de 17 años que confió en la música para desafiar sus temores y lo logró. Gracias a él, ahora sabemos que las melodías las ahuyentan. Sin embargo aún no sabemos en qué podrían transformarse, hay una probabilidad que hayan llegado a su límite de desarrollo pero no estamos seguros ─Hizo una pausa mientras alguien le alcanzaba un vaso de agua. Ian observó cómo le brillaban los ojos, ya no tenía el aspecto científica invencible, ahora parecía una mujer emocional, sufrida y, porque no, también asustada. No obstante no tardo en recobrar la compostura y continuar con su presentación

─Sólo me resta decirles que ya hay un equipo de entre nosotros dispuesto a viajar a donde sea con tal de encontrar algún antídoto que nos permita recuperar nuestro planeta, y por esa razón los hemos convocado aquí para ver si algunos de ustedes se nos une, ya hay voluntarios especializados de otras fortificaciones que han sido elegidos; solo nos quedan seis vacantes, así que la pregunta es: ¿Quién de ustedes están dispuestos a ser parte de esta misión?

Los aplausos no tardaron en llegar. Muchos se levantaron de sus asientos vivando, otros permanecían sentados abrumados por la emoción y expectativa.

Cuando el bullicio fue desapareciendo alguien más pidió la palabra.

─ Quería preguntar qué ocurrió con los experimentos de los insectos amigables como las abejas-alien, no han podido lograr que ataquen a los mutantes carnívoros?

─Lo hemos puesto en práctica pero sin resultado─ contestó uno de los biólogos. ─ Las abejas, abejorros y mariposas entre otros insectos pacíficos no atacan a sus rivales a no ser que se sientan amenazadas. Hemos probado lanzarles avispas clonadas para lograr que identifiquen a esta especie como enemiga, pero no ha dado resultados, se defienden al momento de ataque pero luego continúan sus rutinas de trabajo.

─ Que pena, de haber enfrentamientos en estas colonias podrían reducir la población de las carnívoras.

─Así es, la única esperanza que nos quedaba después de que fracasaran las fumigaciones. Por esa razón creemos que es primordial regresar al planeta de origen, es allí donde encontraremos algo que las extermine.

─Y pensar que su hábitat natural eran criaturas tan inofensivas─ opinó una de las astronautas con tristeza─ Puedo afirmar que en su planeta son absolutamente amigables.

─ Así es, ─le respondió el biólogo─ los experimentos que hemos hecho, nos revelaron que la composición alienígena se adaptó a la naturaleza de la genética de los insectos terrenales, por esa razón los insectos carnívoros o que se alimentan succionando la sangre continúan haciéndolo pero un nivel mayor, mientras que las mariposas, abejas y los abejorros siguen manteniendo su naturaleza polinizadora.

Ian sintió náuseas y se fue en dirección al baño. Al no haber tomado desayuno ni bebido nada le había bajado la presión.

Mientras se mojaba la cara y chupaba un caramelo pensó en la misión al planeta Kappler 9i. Días atrás, cuando la doctora lo había citado para hacerle algunas preguntas sobre el día en el que sus amigos murieron atacados mientras él había sobrevivido. Recordaba su rostro impasible mientras él le contaba los destrozos que los bichos habían hecho con sus cuerpos.

─ Retomemos por el principio, Ian, ─le había dicho interrumpiendo sus descripciones para ayudarle a organizar sus ideas dispersas ─por ejemplo ¿quién estaba contigo en el viñedo?

─ Samuel, él era uno de mis compañeros de casa.

─ Me contaste que tú estaba escuchando música mientras cosechabas.

─Así es. Había sido sugerencia de Samuel, era una estrategia para evitar que me espante de los zumbidos.

─ Y ¿funcionó?

─ Si, pude concentrarme y los IM dejaron de molestarme

─¿IM?

─Usábamos las siglas para …

─ Si, insecto-mutante, una buena abreviación. Y que ocurrió después

─ Cuando llené ambos recipientes, fui en busca de Samuel. Lo hallé tendido en el suelo con el traje abierto y un millón de avispas M sobre él.

─ Qué hiciste entonces.

─Me comuniqué con la central, ellos me dijeron que estaban recibiendo más llamadas de otros recolectores que estaban siendo atacados, incluyendo mi hermana. Entonces corrí hacia donde Nadia estaba, pero llegué tarde, todos estaban muertos.

─ Dijeron que tenían los trajes abiertos ¿no?

─ Si, eso me extrañó, era como si ellos mismos se los hubieran sacado.

─Y luego, ¿qué ocurrió?.

─ Mi iPOD comenzó a fallar. En eso, los de la central me dijeron que una nave venia en camino pero cuando escuché los chirridos quedé paralizado.

─ Puedes describirlos

─ Sí, eran sonidos extraños, al principio molestos pero luego se volvieron parte de mis pensamientos, y sentí que me trasmitían algo pero no con palabras, si no como si fueran impulsos o corrientes eléctricas. De pronto, sentí que me ahogaba, como si estuviera en un estado de sofocación. Me sentía atrapado y algo me decía que me liberara del traje. Por suerte los de la central continuaban trasmitiendo y cuando uno de ellos me pregunto cómo podría ayudarme, atiné a decir “música, necesito música”.

─ Pero te habías abierto el traje…

─ Sí, un poco, aunque no recuerdo haberlo hecho. Al parecer me detuve cuando los de la central pusieron a “Milky way” mi banda favorita. El efecto relajante fue instantáneo, pero ya era tarde pues lograron picarme.

─ Que sentiste…

─Un dolor punzante, luego náuseas. Recuerdo que alcancé a cerrar el traje y me concentré en la música para aliviar el malestar.

─ Te hallaron poco después desmayado en el suelo.

─ Debería haber muerto.

─Así es. Pero por alguna razón sobreviviste. Suponemos que cuando escuchaste la música entraste en un trance que detuvo el veneno, pero no sabemos con certeza como procesó tu cuerpo la sustancia alienígena.─ La doctora se detuvo y le escrutó los ojos por unos segundos, luego prosiguió con las preguntas─. ¿Te has sentido diferente desde ese incidente?

─ Tengo pesadillas. Siempre sueño con mis compañeros de la casa y luego todo cambia, en ocasiones veo sus rostros adquirir la forma de los mutantes, los ojos rojos como dos bolas saltonas, sus cuerpos de colores eléctricos, sus bocas escupiendo un líquido verde y lo peor de todo, sus zumbidos taladrando mi mente.

─ Y a nivel físico, ¿sientes alguna diferencia?

─ Pues no, no siento nada

─ Nadie ha sobrevivido a una picadura, Ian, por lo que no sabemos si tu cuerpo sufrirá cambios o no. No quiero asustarte con esto pero quisiera que nos mantengas al tanto, si percibes algún tipo alteración por mínimo que sea, repórtalo inmediatamente.

─Lo haré.

Ian se tocó el rostro y se examinó los ojos en el espejo. No había cambios, el color de sus ojos seguía siendo oscuro y su piel blanca. Solo tenía ojeras, nada más. Esbozó una sonrisa que se asemejaba más una mueca de dolor que a una expresión de felicidad. “Eres el único que ha sobrevivido a una picadura”, le habían dicho con asombro y se suponía que debía sentirse especial, pero solo había sentido un vacío en su alma, un vacío negro que succionaba sus fuerzas, su hálito de vida, su mera existencia.

Sin embargo, ahora que existía la posibilidad de ser parte de esta expedición algo se estaba agitando en su interior. Definitivamente se sentía vivo otra vez, si conseguía un puesto en el equipo tendría la posibilidad de vengar a sus compañeros y eso era lo que más deseaba.

─ Muy bien tenemos los nombres de los voluntarios especializados─ dijo la doctora mostrando una lista de nombres en la pantalla─. Estos hombres y mujeres serán sometidos a distintos desafíos, si pasan serán parte del plantel selecto.

Los aplausos resonaron en el recinto. Ian sintió como una corriente de adrenalina le recorría su cuerpo. Las preguntas revoloteaban en su mente dejándolo expectante ¿sería él uno de los elegidos?, ¿lograría pasar las pruebas? Pronto lo sabría.

8 de Abril de 2019 a las 01:03 4 Reporte Insertar 7
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Alex Amancio Alex Amancio
Buen capítulo, aunque creo que algo largo para empezar.
30 de Mayo de 2019 a las 06:51

  • Paola Stessens Paola Stessens
    Si el formato de novela está planteada con capítulos largos. 30 de Mayo de 2019 a las 10:00
Kai Proyects Kai Proyects
Me encanta. Si tuviera que decir algo sobre el contenido del capitulo sería: ¿A quien se le ocurre traer un bicho de un planeta alejado de dios a la tierra? ¡denle un premio a ese tipo! Genial primer capitulo, vamos a continuar.
27 de Abril de 2019 a las 02:05

  • Paola Stessens Paola Stessens
    jajaja si la verdad son esas ocurrencias inexplicables las que dañan el planeta 27 de Abril de 2019 a las 14:45
~

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