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Encuentro fortuito

Iba demasiado apurada, casi que corría, como si estuviera huyendo de algo ¿pero de qué?, tal vez corría hacia alguien, ya no lo recuerdo pero conociéndome es muy probable que se debiera a que siempre llego tarde, en mi prisa me choque con ella, fue un choque refrescante, por un instante se detuvo el tiempo, era tan hermosa, su pelo como el fuego era rojizo, en sus ojos llevaba la primavera, tenia un vestido negro con lunares y sus pecas, ¡ay! Que maravillosas eran, como si estuviera salpicada por la alegría y no se diera cuenta en mi torpeza lo único que pude decir fue ¡llego tarde!, aunque me moría de ganas no le pregunte su nombre, ni siquiera me disculpe solo dije dos inútiles palabras, las cuales no respondió, es entendible que se puede responder, además iba tan apurada como yo, tal vez también llegaba tarde, pero hacia donde iba o de donde venia, tenia una mirada dulce pero triste, indudablemente despertó mi curiosidad.

La idea de volvérmela a cruzar estuvo en mi cabeza durante semanas, no podía dejar de pensar en esa chica, que idiota solo fue un simple choque, seguramente ni siquiera se percató de mi existencia, pero se me hacia casi imposible no pensarla, supongo que la quería atraer con la fuerza del pensamiento o que algo místico ocurriera para volvernos a topar, al menos un segundo para darme cuenta de que simplemente fue mi imaginación, que era una simple mortal igual a mí y no una diosa que decidió bajar a dar un rápido paseo, maldita imaginación que me aleja de la realidad, pero… y si, ¿no era solo mi imaginación?

Era miércoles cinco, en la hora del almuerzo fui al café que se encuentra a la vuelta del edificio donde trabajo, generalmente almuerzo en la oficina con mis compañeras, pero ese día decidí no hacerlo, quizás porque mi jefe estaba con los pelos de punta, sinceramente no quería estar en un diez por diez rodeado de mala onda, nunca me gusto estar encerrada, y ahí estaba todos los días, en el quinto piso frente a un monitor, sin ventanas y una mala paga, lo único que me distraía era la música que solía venir desde el pasillo, claro que los mates no faltaban, pero ese día no había mate que calmara las aguas, como si todos se hubiesen despertado con el pie izquierdo y yo estaba en plena guerra como espectadora. Decidí comer tarta, una rica tarta de zapallo como la que solía hacer madre puede regresar el alma al cuerpo, y aunque sabía que en quince minutos como mucho tenía que volver a la oficina tome un poco de vino, a quien le podría hacer mal, bueno, se ve que a mi sí, termine ebria; el chico del café, el mismo que todas las mañanas le traía el desayuno a Gerardo, mi jefe, mi irritable jefe, una medialuna y un café negro con mucha azúcar que no se le ocurra compartir el mate con sus empleadas, debe ser una locura en su persona legalmente autorizada para defender en juicio los derechos o intereses de los litigantes, como el mismo se define, sí es abogado; la cuestión es que Pablo, el chico del café se me acerco para ver si me encontraba bien, rara vez bajaba a almorzar y nunca tomaba vino, menos en horas de trabajo, por las mañanas solemos conversar cosas triviales, sin ningún tipo de importancia para ambos, bueno en realidad para mi sí, me da un poco de energía para empezar el día en un ambiente tan pesado, de el solo sabía que tenía veinticinco años uno mas que yo, unos ojos azules realmente hermosos, alguna que otra historia de sus tatuajes, que vivía solo y que tenía un gato gordo llamado bomba; que vergüenza estaba ebria a las doce del mediodía, tenia que volver al trabajo pero no quería, que le iba a decir al vinagreta de mi jefe, dijera lo que dijera era muy probable que me despidiera, esta vez con una muy buena razón, mire fijamente los hermosos ojos azules de Pablo y por alguna razón me dieron tranquilidad, no le respondí, solo lo miraba el hecho de que me sentía un poco mareada no me ayudaba mucho, así que el me volvió a preguntar:

-Lucia, ¿estas bien? Tomaste mucho vino, ¿queres que te acompañe a la oficina? ¿hoy trabajas?

Escuchar la palabra oficina me devolvió a la realidad, que mierda estaba haciendo, no podía perder el trabajo tenia que pagar el alquiler, ahorrar para poder estudiar, aunque no me gustaba realmente necesitaba ese trabajo de porquería. Entre balbuceos le respondí:

- ¡Llego tarde!, ¿Qué hora es?, mi jefe me va a matar no puedo volver así.

Supongo que vio el terror en mis ojos porque con un tono suave y tranquilizador me dijo:

-Tranquila, ahora subo y le digo a tu jefe que te sentís mal, que te descompusiste, algo se me va a ocurrir, anda al baño lávate la cara, cundo vuelvo te acompaño a tu casa.

Cuando se estaba yendo a mentirle a Gerardo por mí, lo agarré del brazo y con una actitud infantil le dije:

-A mi casa no, es fría y no quiero estar sola, hoy no.

Largo una carcajada, y me invito a ir a la suya, solo tenia que esperar diez o veinte minutos a que terminar su turno, volvió de hablar con Gerardo y como era de esperar no estaba muy contento con mi ausencia, se quejo bastante, pero Pablo tiene magia en sus palabras y así lo endulzo, mañana a primera hora tenia que estar de punta en blanco lamiéndole sus zapatos caros para que no me despidiera por el inoportuno suceso, el del cual solo sabría una parte, tal vez si iba con cara de cachorro mojado se le despertara algún sentimiento, tenía la esperanza de moverle alguna vibra de su corazón.

Camino a la casa de Pablo me puse a pensar que era un buen muchacho, estaba llevando a una desconocida a su casa, mejor dicho una ebria desconocida a su casa, me sentía agradecida, y aunque realmente no tenia ganas de volver a casa menos en el estado que estaba no había pensado el hecho de que el también era un desconocido para mí, pero me generaba tanta tranquilidad que no me importaron las consecuencias, era el tipo de persona que causa una confianza instantánea y a su vez mucha intriga, es dulce y a la vez sombrío, pero mucho más dulce. Llegamos a su casa, vive en un edificio a cuatro cuadras del café, aunque estábamos cerca tardamos un poco por mi torpeza, normalmente soy torpe pero ebria se potencia, el edificio era antiguo tal vez uno de los menos cuidados de la cuadra, su departamento estaba en el octavo b, a penas entramos su gato Bomba nos recibió, realmente era gordo, gordo y gigante, se refregó por nuestras piernas, maulló casi imprescindible y corrió a echarse en una especie de cama gatuna, sinceramente nunca me llamaron la atención tampoco es que me disgusten, claramente no tendría uno en mi casa pero Bomba era especial con apenas unos segundos ya me había hipnotizado, no lo podía dejar de mirar aunque el gato arrogante pasara de mí, Pablo me invito a sentarme en un sillón verde esmeralda envejecido, me ofreció un café, se lo acepte y me tumbe sobre ese cómodo sillón, todavía no podía creer lo que estaba pasando, estaba en la casa del chico del café, observe a mi alrededor, todo estaba en tonos sobrios lo que hacía que el sillón resaltara en el lugar, el espacio era relativamente chico pero tenía muchísima luz, las paredes eran claras, todo era muy cálido y acogedor, como si el otoño naciera desde su pequeño hogar, quise descansar los ojos por unos instantes, me dormí profundamente.

4 de Abril de 2019 a las 01:38 0 Reporte Insertar 0
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