Los celos de una hija Seguir historia

alfareradehistorias M. C. Cucharero

Una joven teme por la estabilidad de su familia y no duda en poner en marcha un plan para evitarlo. Sin embargo, los celos se cruzarán en su camino haciendo que la situación se le vaya de las manos hasta límites insospechados.


Drama Sólo para mayores de 18.

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Brenda Estévez

Me llamo Brenda Estévez, tengo veintitrés años y me gusta coleccionar monedas de otros países, ir de compras y leer novelas históricas.

Mis padres, Mina y Rodrigo, sólo me tuvieron a mí. Pienso que porque han estado tan ocupados en sus vidas laborales que no tuvieron tiempo para tener más hijos. De hecho, muchas veces me he preguntado si me tuvieron por error. Estoy convencida de que soy fruto de la luna de miel, la única ocasión que yo sepa en la que dejaron a un lado sus agendas.

Mi padre, hijo único como yo, heredó el negocio de sus padres: “Muebles Estévez” y se entregó por completo a su legado. No contento con mantener el negocio familiar, se empeñó en convertirlo en una gran empresa a nivel nacional e internacional con el sueño de abrir tiendas Estévez por todo el mundo. No quiero juzgarlo, pero esta idea le hizo olvidarse en numerosas ocasiones de que también tenía una familia que lo necesitaba.

Tampoco es que su empresa nos permitiera vivir como reyes todo el tiempo. Fueron años de altibajos económicos y en ocasiones un tanto extremos dada su costumbre de arriesgar demasiado o de abrir tiendas que luego tendrían más pérdidas que ganancias y terminarían por cerrar. Este era el eterno tema de discusión con mi madre.

Al principio perdía más dinero del que ganaba y recuerdo temporadas durante mi infancia en las que no había grandes regalos en mi cumpleaños ni podíamos irnos de vacaciones. Luego parece que su negocio se estabilizó y nos mudamos a una bonita casa, amplia, de dos plantas, con jardín y en un barrio a las afueras de la ciudad. Aún vivimos en esta casa, a pesar de que, en contra de los deseos de mi madre, mi padre siguió invirtiendo para ampliar su negocio y no siempre obtuvo buenos resultados.

Una de sus malas inversiones me afectó directamente, fue durante el último año de instituto. Mis padres habían guardado dinero para costearme la universidad. Iba a estudiar arquitectura al igual que mi madre, pero aquel año mi padre perdió mucho dinero y para no vernos en la ruina, sacrificaron mis ahorros.

Esto causó la peor discusión que yo había visto entre mis padres. Mi madre me animó a pedir una beca, pero no me la concedieron, así que pensé que podría ir a la universidad el próximo curso o al siguiente si la situación se recuperaba y decidí ponerme a trabajar para ayudar a la economía familiar.

Encontré un trabajo a tiempo parcial en un estudio de arquitectura, así me iría habituando al ambiente y aprendiendo algo, aunque me utilizaran mayoritariamente como chica de los recados.

Aquel trabajo me demostró que la arquitectura no era mi camino y aunque conseguí ahorrar algo de dinero, al final decidí no ir a la universidad y entrar en un partido político local. Mis cualidades pronto me hicieron ganar apoyos tanto de algunos compañeros como de los ciudadanos.

Respecto a mi madre, como ya he comentado, era arquitecta y tenía un estudio propio. Afortunadamente, su sueldo nos salvó varias veces. No siempre estaba cargada de trabajo porque los proyectos le llegaban en ocasiones con cuentagotas. No obstante, los malos negocios de mi padre la obligaron a veces a trabajar el doble para llegar a fin de mes por lo que había días que no aparecía por casa hasta muy tarde o tenía que aceptar trabajos fuera de la ciudad y ausentarse.

De cualquier manera, aunque no tenía una familia perfecta, recuerdo muchas ocasiones en las que los tres fuimos felices juntos. Por eso, cuando temí que la estabilidad familiar estaba en peligro, no dudé en intervenir… pero se me fue de las manos.

3 de Abril de 2019 a las 11:42 0 Reporte Insertar 0
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