El hábitat neón Seguir historia

rubbersoul Enrique Guerra Maya

La vida nocturna se llena de estrellas de diferentes colores: rojas, azules, moradas, rosas... Están ahí para cegar a los que son curiosos o se encuentran aburridos. Ya que detrás de los bares, los casinos o los clubs; opera la traición, la venganza, y todo lo que haga fluir sangre; ya sea enemiga o hermana.


Crimen Sólo para mayores de 18.

#synthwave
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En las aceras de la ciudad, mis gritos son sólo un susurro...

Era casi media noche. Las alcantarillas presumían sus facultades como fuentes para escupir el agua que se estancaba. La tormenta había sido de temer, pero para ese punto muerto del reloj, el cielo ya no tenía más nubes que exprimir. Lo único que sobrevivió del diluvio fueron los vientos congelados y las calles encharcadas; por las que seguían fluyendo considerables ríos.

Las vías principales seguían atestadas de vehículos, tanto públicos como privados, que recorrían diez metros por hora. Por órdenes de la madre naturaleza, nadie dormiría temprano. Los transeúntes eran cada vez más; y se repartían gradualmente por las calles en donde explotaban flashes de azul, rosa o morado.

«Con el ascenso denegado en el trabajo, y completamente húmeda de los pies a las rodillas. ¡Qué miserable he de lucir! ¿Hay algo más que pueda joderme antes de meterme a la cama?», pensó Emma... Y si, lo había.

Con paso apresurado, y siendo consciente de que las esquinas nocturnas no tardaban en engendrar sus ruidos escalofriantes, Emma se aproximaba a su hogar.

El soplido frío que se posaba en su rostro la hacía parpadear cuando alcanzó a observar como tres sombras furtivas se desprendían de una pared para ir a su encuentro. De un momento a otro, se encontraba acorralada.

—¡Pero qué criatura! —le gritó prácticamente en la cara una de las sombras. Ella pudo saborear el aroma a putrefacción que emanaba de su aliento.

Emma, poseída por el instinto más que por la valentía, se propuso a esquivarlas y avanzar; pero estas, agiles y animadas, le cerraron el paso.

—¿Por qué la prisa? ¿Es que llegas tarde del baile?

—No llevara puestas zapatillas de cristal, pero ¡sin duda parece una princesa! ¡esos ojos claros, esa piel tersa!

—Bueno, nosotros tenemos un castillo digno de su realeza. Princesa, ¿le gustaría acompañarnos? Estoy seguro de que le encantara.

Las tres sombras escupían, ladraban y disfrutaban mientras hacían de Emma el objeto de sus burlas y miradas lascivas.

Su mente ya no estaba ahí; sino leyendo el encabezado del diario de la mañana siguiente: ¨Mujer de veintiocho años es encontrada sin vida en una zanja¨, y debajo en letras más pequeñas: ¨La policía informa que había sido cruelmente torturada y violada¨. Pero luego volvió en sí, y se dio cuenta de que dicha noticia no resultaba tan atractiva como para ocupar un encabezado. Al menos no es los tiempos en los que vivía.

—¿A que sabrá la carne de una princesa? ¿Su jugo será dulce?

—Yo creo que ha de saber a lo mismo que una rebanada de pastel.

—Pero, ¿de qué sabor?

Una de las sombras se acerco a Emma y olisqueo su cuello. Esta deseaba apartarlo de un empujón, pero hasta sus dedos meñiques estaban paralizados.

—Mmm... De tres leches. —dijo después de pensarlo unos segundos.

—¿Seguro? —dijo otro. Y sin la menor delicadeza se balanceó contra Emma y le dio un lengüetazo en la mejilla izquierda. Ella retiró el rostro de inmediato y se paso la manga del abrigo para limpiarse la saliva que había quedado en su rostro. —Amigo, tu paladar está muy bien educado. —Fue la respuesta que dio después de degustar un rato el sabor de la mujer.

—Bueno, basta de charla. Mientras más estamos aquí..., más se nos enfría la cena.

Emma aun trataba de convencerse de que solo se trataba de una pesadilla. Que aquellos rostros plagados de amarillo por donde quiera que se les viese; la piel, los ojos, los dientes, eran producto de su imaginación. Se repetía para sus adentros que ni su falla más grande merecía un castigo de proporciones tan bestiales. Y por un momento lo creyó. Creyó que en cuestión de segundos abriría los ojos y despertaría en su habitación. Pero entonces, las tres sombras se fusionaron para formar una gran cortina negra que calló sobre la mujer indefensa.

Emma se convirtió en una muñeca de trapo que solo sirve para darle tirones. Un tirón de la mano, un tirón del abrigo, un tirón del resorte del pantalón.

«Definitivamente, no es una pesadilla», se aseguro mientras sollozaba.

La resistencia que oponía fue débil hasta el momento en el que vio como una hoja brillante y afilada le rasgaba el regazo del pantalón.

—¡Ayuda! —El grito fue desgarrador; pero murió medio segundo después de ser emitido y el silencio volvió a tomar el control.

Sus esfuerzos por liberarse eran inútiles y solo la debilitaban. Sentía que se le adormecía el cuerpo. Sabía que no tardaría mucho en caer para tal vez nunca volver a levantarse. Cerró los ojos y suspiró profundamente antes de abandonarse a sí misma a la suerte que la noche le había deparado...

Pero de la misma oscuridad de la que era presa, surgió una cuarta mano que la sujetó del brazo derecho y, mezclando una porción de fuerza con una de delicadeza, la separó de aquellas garras negras.

—¿Y tu quien mierda te crees? —Emma, sin abrir aun los ojos, noto que la voz que antes la había atormentado, ahora sonaba trémula.

—Espera... tú eres... —El mismo caso.

—El... El malo.

La llegada de una quinta persona redirecciono el flujo de la tensión.






28 de Marzo de 2019 a las 17:41 1 Reporte Insertar 5
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Reprán H. Reprán H.
Escalofriante inicio.
~

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