Impaciente Seguir historia

nattysuketchi Natalia Rodríguez

Ella había esperado mucho tiempo para este momento. Ahora ni ella ni nadie tendrá que esperar un segundo más.


Cuento Todo público.

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Impaciente

Después de caminar por el pasillo durante a lo que a ella le pareció una eternidad, logró llegar a la sala de espera. Se sentó junto a un hombre quien había estado mirando fijamente el reloj en la pared desde antes que ella llegara. Ella lo imitó y se dio cuenta de que las manecillas no se movían en absoluto.


– El tiempo no existe aquí. ¿Para qué diablos ponen un reloj en la pared? – exclamó furiosa

Todos voltearon a mirarla excepto él. La secretaria le pidió que hiciera silencio. Una señora que estaba a su lado comenzó a llorar.

– ¿Qué sabe usted? – contestó el hombre sin apartar la vista del reloj – En cualquier momento podría llegar nuestro turno.

– Nos están castigando

– Lo sé. Pero no va a ser eterno ¿o sí? Sólo tenemos que esperar


La mujer analizó al hombre con detenimiento. Era joven y parecía en buen estado de salud, no apartaba la vista del reloj ni un solo instante. Se preguntó cómo habría llegado él a ese sitio. Al final la curiosidad le ganó.


– ¿Puedo preguntar qué fue lo que usted no esperó?

– Si yo hubiera esperado... habría sabido que mi esposa no me estaba engañando. Conclusiones apresuradas llevaron a decisiones apresuradas ¿Qué hay de usted?

– Yo... - dudó por un momento – pues yo sólo quería llegar a tiempo. Cuando me di cuenta del accidente ya era demasiado tarde.

– Ah, ¿conductora imprudente?

– Ah, ¿celópata paranoico?

– ¡¿Disculpe?!

– ¿Hay algún problema? – preguntó la secretaria


Ambos se quedaron en silencio. La mujer observó fijamente a la secretaria. Era bastante joven, ¿cometería ella también errores imperdonables? La mujer decidió que sí. Consideró que había llegado el momento de actuar.


– Lo lamento – dijo el hombre de repente. – Mi hermana fue atropellada por un imbécil como yo, como todos nosotros, que no supo esperar. Algún día, cuando él muera, aparecerá aquí en este horrible lugar. Cuando suceda, yo lo mataré de nuevo.


"Aquí no se hace justicia" pensó la mujer, pero prefirió no decirlo. ¿Para qué? Podía meterse en problemas, además toda esa gente ya había sufrido demasiado.


– Debió haber sido horrible darse cuenta de que se quitó la vida sin razón y ahora no puede recuperarla.


Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas.


– Mi hija... Tengo una hija. ¿Por qué? Dígame, ¿por qué tenía que enterarme después de muerto? ¿por qué tenía que saber que las dejé solas a las dos? En este momento, ella ya debe tener...


Por primera vez el hombre volteó a mirar a los ojos a la mujer sentada a su lado. Entonces abrió la boca como si fuera a gritar de terror.


– Oh, ¡Dios mío! No tengo idea. Ya no sé cuánto tiempo llevo en este lugar. – se tapó la cara con las manos – Fui un estúpido, lo sé. Pero no sólo no he podido descansar en paz, sino que he tenido que recibir comentarios – dijo señalando a la señora que antes estaba llorando – denigrantes, hipócritas de personas que han llegado por la misma razón, pero han hecho cosas mucho peores. La convivencia es parte del castigo. Mírelos señorita, todos están callados, no durará. No durará. No. Dios. ¡Dios, sólo quiero descansar en paz!


La mujer se levantó y se dirigió directamente hacia la secretaria. Fue tan repentino que nadie alcanzó a advertirle que no podía hacerlo. La mujer atravesó la barrera invisible entre ellos y el escritorio, y antes de que esta pudiera reaccionar, puso la mano alrededor del cuello de la secretaria y comenzó a apretar diciendo:


– Hace un rato me preguntó si tenía algún problema. Tengo varios. Me molesta su actitud y no me refiero solo a su mala actuación. La primera regla en las salas de castigo para todos los nuevos vigilantes es portar sus elementos de protección, una simple pantallita nunca será suficiente. Me molestan todos ustedes y sus reglas ridículas, juegos sádicos y sentencias injustas. Todo este sistema se fue al carajo hace 500 años y no pienso dejar que pase otro más. Ya he sido demasiado paciente.


Mientras decía esto salía de la boca de la secretaria un líquido naranja seguido de vapor. La mujer le levantó la lengua y extrajo una llave plateada. Algunos observaban la escena con miedo, otros con curiosidad., pero nadie se atrevía aún a moverse de su puesto. De repente la secretaria se recuperó y se lanzó sobre la mujer mordiéndole el brazo. La señora en la habitación gritó y todos se pusieron de pie sin saber a dónde huir. La mujer cayó al suelo y las alarmas empezaron a sonar, se dio cuenta que la secretaria las había activado un segundo antes de lanzarse. Sin tiempo que perder, mientras intentaba quitársela de encima, la mujer lanzó la llave y fue a parar debajo del asiento del hombre.


– ¡La puerta hacia el fondo! ¡Corran, corran, corran!

El hombre tomó la llave rápido y corrió a abrir la puerta. Todos salieron menos él, quien se quedó mirándola.

– ¿Ahora se va a sacrificar?

– No me conoce, pero yo a usted sí. Vaya, su esposa lo está esperando.

– ¿Hi... ¿Hija? – titubeó

– Lo siento, no soy humana. Trabajo aquí... o más bien trabajaba – agregó con una sonrisa amarga – Por favor váyase ya.


El hombre salió cerrando la puerta tras de sí. Pensando en lo que le esperaba ahora se le llenaron los ojos de lágrimas por primera vez en 60 años de espera. "Mi esposa..." Antes de irse sólo alcanzó a decir:


– Gracias.

21 de Marzo de 2019 a las 18:00 0 Reporte Insertar 0
Fin

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