No pases la página Seguir historia

nattysuketchi Natalia Rodríguez

¿Qué pasa cuando en un romance literario se rompen todas las reglas? A Amelia y Héctor no les importan las consecuencias. Estar juntos es todo lo que desean.


Cuento Todo público.

#258 #347 #personajes #libros
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No pases la página

María no se imaginaba lo que sucedía en su librero mientras estaba ocupada en la oficina, en la cama o en la casa de Manuel.


Amelia era una doctora muy talentosa y de corazón noble, pero menospreciada por su familia y sus colegas quienes envidiaban la pulcritud de su trabajo y su belleza sin igual. Héctor era un profesor de historia, apasionado y cariñoso, mas sus sueños de construir un país lleno de paz y educación se verían ensombrecidos por el clima tenso previo a la guerra que estaba a punto de estallar. Amelia y Héctor nunca debieron haberse conocido pero lo hicieron, todo por el descuido de María quien los dejó juntos por muy largo tiempo.


Resulta que una vez durante una reunión, un compañero de María quiso demostrar un experimento de física entrelazando las páginas de dos libros. Estos eran el de Amelia "Latidos incontrolables" y el de Héctor "Armas de papel". Hizo que los demás asistentes trataran de separarlos haciendo uso de su fuerza y uno a uno se fueron rindiendo al no conseguirlo. Sorprendidos le pidieron una explicación y el experimentador les habló de la fuerza de fricción sin preocuparse jamás de dejarlos como estaban. Tampoco lo hizo María a quien poco le importaban los libros de su librero, solo los dejó sobre una butaca y no los volvió a tocar. Todos los libros que pasaban por sus manos sufrían el mismo destino: las cinco primeras páginas eran leídas y después quedaban en abandono, su historia estancada en un presente perpetuo y monótono. En esa quinta página Amelia y Héctor se vieron por primera vez. Comprendieron que las circunstancias de su encuentro no eran normales, pero se sentían entusiasmados ante la posibilidad de poder vivir algo diferente. Comenzaron a hablar y se enamoraron en cuestión de párrafos, ambos estaban decididos a dejar sus historias hasta el momento desafortunadas y comenzar una nueva juntos.


Eran felices saltando de una página a otra. Les tomó un tiempo acostumbrarse a las grandes diferencias: él vivía en Europa a comienzos del siglo XX, ella en Suramérica en 2010. Mientras estuvieran así no envejecían, nada cambiaba a su alrededor.


María llevaba unas semanas saliendo con Manuel y pasaba mucho más tiempo fuera de casa. Estaba deleitada por su compañía y planeaba preservarla como fuera. Se enteró que él era un gran amante de la literatura. Por la noche llegó con libros nuevos a su casa y comenzó a desempolvar el librero. Se esforzó por que la decoración de su sala emanara un aire intelectual y la de su dormitorio un aire provocativo. Encontró los libros en la butaca y los jaló con fuerza. "Ah, qué tonta soy" pensó, recordando a su compañero. Separó las páginas con cuidado y los puso junto a los demás. Observó los lomos de los libros uno por uno y le llamó la atención el título "Latidos incontrolables". Decidió comenzar por ese y se sentó a leer llevando a la pobre Amelia por un viaje de emociones, conflictos y desventuras que ya no quería tener. Tras un rato María se sintió soñolienta, dejó el libro y se fue a dormir.


El pobre Héctor estaba en un estado constante de desesperación al volver a la monotonía y la soledad. Decidió buscar a Amelia como fuera y arrancó la hoja anterior a él, olvidando toda su "semana pasada" incluyendo los nombres de sus alumnos. Con ella hizo un avión de papel y salió del libro sin saber bien dónde buscar. Aterrizó en un par de títulos equivocados provocando disrupciones irreversibles y en una ocasión casi pierde la vida en medio de una batalla contra un ejército de patos robots gigantes. Finalmente llegó donde Amelia y la encontró casada y un año mayor. Se sintió traicionado, adolorido, pero ella le confesó que no tuvo otra opción y además era profundamente desdichada. "No quiero este futuro que me espera, no me importa qué tan bueno resulte, no amo a este hombre sin alma ni carácter y nada me apetece más que ser libre y decidir". Héctor se conmovió y entonces se le ocurrió una idea: le sugirió arrancar las hojas frente a ella, como él había perdido parte de sus recuerdos, imaginó que ella podía desechar todo su futuro preestablecido y quedarse en con él en el presente. Amelia le preguntó que si al arrancar todo su futuro no correría el riesgo de morir y esto los inquietó a ambos. Héctor le dijo entonces que arrancara sólo una hoja y con ella construirían otro avión para irse a vivir a otro libro. Cada uno agarró un extremo y tiraron del papel hacia abajo. Al hacerlo todas las hojas siguientes cayeron al suelo haciendo un ruido que habría alertado a María de no ser porque en las noches se transforma mágicamente en un tronco. Amelia se agarró el pecho temiendo desaparecer. Pero nada sucedió. Exhalaron un largo suspiro de alivio. Con el papel Amelia hizo una grulla de origami que resultó mejor para viajar, ya que el avión necesitaba mucho impulso y terminaba siempre cayendo, mientras que la grulla podía volar y llevarlos a donde quisieran.


Tras varios intentos se dieron cuenta de que no lograrían encontrar la historia perfecta para recomenzar sus vidas. Debía haber alguna forma en la que ellos mismos pudieran escribirla. Entonces intentaron tocar la tinta y quedaron atónitos al descubrir que las letras se movían al contacto. Empezaron a robarse las letras, palabras y signos de puntuación, desmantelando poco a poco las demás historias, tan locos de amor estaban que no les importó ni sintieron el más mínimo remordimiento. Organizaban lo que iban encontrando en una agenda en blanco, donde se suponía que María iba a escribir sus proyectos para el futuro.


María despertó hasta las once de la mañana del día siguiente, y eso porque el timbre había empezado a sonar con insistencia. "¿Será Manuel?" se preguntó y de inmediato corrió a lavarse la cara y ponerse presentable en tiempo récord. En el momento en que llegó a la sala no podía creer lo que estaba observando: Todos los libros estaban desparramados por el suelo y lo más increíble era que las páginas habían quedado parcial o completamente en blanco. Únicamente quedaba una historia para leer, escrita en su agenda personal. Podría decir que esa resultó ser la mejor historia de amor jamás escrita, pero eso sería mentirles. En realidad, la calidad literaria de sus fantasías dejaba mucho que desear. Pero para sus protagonistas, Amelia y Héctor, no tenía nada que envidiar a los grandes clásicos escritos por los caprichosos creadores de carne y hueso.

21 de Marzo de 2019 a las 02:12 0 Reporte Insertar 0
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