El Gato Seguir historia

oriche Brian Fernández

''¿Nunca han sentido la curiosidad de probar algo que oyeron, vieron o leyeron recientemente por ahí, en algún lugar sólo por curiosidad?, ¿sí? Bueno, la siguiente historia te hará dudar si hacerlo o no, lo sé, es mi historia.'' Así comienza la historia de los extraños acontecimientos que ocurren en el pueblo de Buena vista.


Horror Literatura de monstruos No para niños menores de 13.

#chicos #terror-psicológico #terror #criaturas #gatos
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Gabriel inventa muchas cosas... ¿verdad?

¿Nunca han sentido la curiosidad de probar algo que oyeron, vieron o leyeron recientemente por ahí, en algún lugar sólo por curiosidad?, ¿sí? Bueno, la siguiente historia te hará dudar si hacerlo o no, lo sé, es mi historia.

Todo comenzó aquel jueves en la mañana, bajé de mi habitación al comedor, me senté a devorar mi desayuno, tenía mucha hambre, nuestro comedor era circular y sólo nos hallábamos sentados mi padre, mi hermano menor, Gabriel y yo. Mi madre se encontraba de pie frente a la televisión.

—¡Amanda, ven!, tú comida se enfría— le dijo mi padre a mamá que minutos después de esto apagó el televisor.

—Cálmate, hombre, ¿no ves que estaba informándome del último secuestro?— dice mientras toma asiento y empieza a probar bocado.

—¿Otro niño secuestrado?— pregunta papá.

—Sí, ocurrió anoche, mientras la niña paseaba a su perro- respondió mamá de manera como si nos quisiera asustar a mi hermano y a mí —Robert, no creo que sea prudente dejar a los niños ir solos a clases hoy. ¡Llevémoslos!

Mi hermano y yo dejamos de tragar como puercos y nos miramos fijamente, sabíamos que si nuestros padres nos acompañaban sería el fin de nuestra vida social en la escuela.

—¡¿Qué?!, ¡mamá!, ya estoy muy grande para que me lleves a clases, además, vivimos a 5 cuadras de la escuela— dijo Gabriel con un tono de fastidio.

—Nada de nada, jovencito, apenas tienes 10 años, aun te puedo cuidar como yo quiera— le sermonea mamá mientras yo devoro mi cereal.

—¿Cuándo me darás más libertad?— le pregunta Gabriel.

—Cuando te coma un gato gigante- responde nuestra madre con sarcasmo —a ver, contéstame tú, ¿por qué ayudas a Miguel en ocultar a su novia?

—¡Mamá!, no digas tonterías, no tengo nada —termino de contestar ante mi vergüenza. Al voltearme y ver a mi hermano este tiene la mirada perdida en la ventana, como si estuviera incomodo por lo que le dijo mamá.

—¿Por qué no?, eres al chico de 12 años más guapo de todo el mundo— comentó mamá.

—Sí, mamá, como digas —contesto yo y me voy a buscar mi morral, Gabo no cambia de expresión y eso me preocupa.

Más tarde en esa mañana, luego de que papá y mamá nos escoltaran hasta la escuela, me acerco a Gabo y le pregunto: oye, Gabo, ¿qué te pasa?, ¿qué tienes?

—Hermano... —contestó Gabo débilmente, como si el sólo hablar le costara —Hermano, no aguanto más, día y noche, esté donde esté, me siento observado, perseguido, hasta siento su presencia tan cerca. Me alcanzará, lo sé, sé que lo hará —en ese momento la mirada de mi hermano estaba ida, como si no fuese a mí a quien estuviera contestando, como si estuviese hablando consigo mismo. Luego de esto, volteó y me miró —Sólo tienes que verlo, siempre está ahí, siempre.

Se hizo el silencio, sus ojos estaban fijos en mí, indagando, desesperados, como si esperaran de mí una aprobación, tan si quiera un gesto de entendimiento. El silencio que nos rodeaba era inquietante, de un momento a otro no escuchaba a la gente hablar a nuestro alrededor, los autos dejaron de sonar, el reino del sonido se va, y tras él queda aquella oscuridad asfixiante que me engulle. Tengo que hablar, dar mi respuesta para poder librarme de esas manos silenciosas que me aprietan el cuello. ¡No!, no puede ser, mis labios no responden, no logro hacer que mi boca emita mi veredicto. Mi hermano no deja de verme de manera tan fija, de vivir en la edad media lo hubiese acusado de echarme mal de ojo.

El sentimiento de asfixia llegó a un punto insoportable hasta que, de la nada, se detuvo, y ahí lo sentí por primera vez, una presencia muy pesada, tanto así, que su proximidad se podía determinar por el nivel de escalofríos en la nuca, claro, en ese momento no lo sabía, sólo lo intuía como se iba acercando, paso a paso, temblor tras temblor, de haber podido moverme hubiese corrido, necesitaba hacerlo, ¡sí!, rápido o moriré ahí mismo. En ese mismo instante, sentí como mis labios se liberaban y, sin perder más tiempo, me dispuse a responder.

—Lo siento, Gabo. Pero no creo lograr entender de qué hablas —le contesto de manera muy fría y tajante —Me sorprende ver que tú, mi hermano burlón y pícaro con las chicas, el escéptico, se encuentre en ese estado, de macho alfa que ahora mismo divaga y tiembla como un conejito asustado.

La inquisitiva mirada que Gabo tenía sobre mí se cayó en pedazos, dejando tras de sí la cara de alguien que ha perdido sus esperanzas. Dando vuelta a su marcha, Gabriel se dirige muy seguramente a clases, el aura de penumbra que le rodea me tiene sin cuidado, más que nada porque no me creo todo lo que le dije, mejor dicho, todo lo que le dije en realidad era para mí, para aquél que por un momento dudó de su escepticismo, por un momento pensó en olvidar a Sherlock, pensó en rezar y en llorar por mami. Lo curioso es que no me fijé en que momento regresó a la vida el mundo de los sonidos, por el contrario, lo que sí recuerdo es en qué momento esa espeluznante presencia se desvaneció, de ser una fiera africana creo que ya me hubiese devorado. Jamás olvidé esa sensación.

El día pasó rápido, después de lo ocurrido temprano no sé cómo logré distraerme, mi amigo Carlos me ayudó en eso, incluso cuando hoy me intentaron hacer bullying. Sólo vi a mi hermano una vez más ese día, estaba sentado al fondo en el patio durante el receso, su mirada estaba fija en mí y como no quise perturbarme de nuevo le ignoré del todo.

Más tarde esa noche, luego de una acalorada charla con mi padre sobre por qué el Varqua es peor equipo esta temporada que el Gran Martid y de que mi madre sospechara de que Gabriel había consumido droga, me quedé dormido pensando un poco en el balonazo que recibí frente a una chica bien guapa, el rubor de sus mejillas era hipnotizante, sus ojos oscuros y su cabello castaño combinados con una bella sonrisa la hacían irradiar, era única. De la nada todos dan media vuelta y empiezan a marcharse, dejándome solo, confundido y desesperado. Luego de que todos se marchasen sin si quiera dar entender por qué o despedirse, pronto el mismísimo suelo, los árboles, las rocas, los edificios, el cielo, el Sol, todo se aleja de mi dejándome irremediablemente solo en una profunda y eterna oscuridad.

Luego, cuando me arrodillo a llorar mis penas, oigo pasos que se acercan desde atrás, pasos pesados y misteriosos, de pronto siento una mano helada sobre mi hombro, mi dolor se convierte en pavor al imaginarme lo peor, tanto así que me niego rotundamente a girar mi cabeza y me pongo a llorar de nuevo.

—Miguel —es la voz de esa cosa llamándome, pero su tono de voz es diferente, conocida, familiar.

Era la voz de Gabriel, de mi hermano Gabriel, de pronto me avergüenzo de estar llorando en frente de él. Me estrujo los ojos y me giro a saludarle, pero al instante me paralizo al fijarme que a quien tenía en frente era una sombra monstruosa que no tiene cabeza, pero de tenerla, sé que me miraría.

—¿Por qué me dejaste?, ¿Por qué? —Comienza a repetir hasta que llega a un punto en que se calla en seco para luego agarrarme de los hombros y, ensartando sus garras en mi piel para que no me logre mover, me obliga a estar frente a él. En ese momento me percato de que muy lentamente empieza a surgir desde la base del cuello una masa de carne y hueso que crecía y se hinchaba, los sonidos que emitían también eran bastante viscerales y grotescos. En el terror absoluto que me encontraba sólo logré distinguir cómo se terminaba de formar un ojo enorme, este era rasgado, como el de las criaturas reptiliana y no dejaba de clavar su maligna mirada en mí.

—Ya es hora, Miguel —sentencia una voz de ultratumba antes de que pueda gritar y despierto.

Me quedo sentado en cama como por 3 minutos intentando normalizar mi respiración. La hermosa luz de la luna llena se colaba en el cuarto por la ventana y daba justamente en el espejo causando un curioso efecto de luz tenue y difuminada. Este paisaje contrastaba con el sueño tan macabro que me dejó pensando que significa exactamente.

Un ruido interrumpió mi divagación, un ruido que se prolongó de manera errática por varios segundos. Me levanto y salgo al pasillo cautelosamente para averiguar el origen del ruido. El sudor aún no se seca de mi rostro cuando mi nerviosismo vuelve al salir al pasillo y darme cuenta de que los ruidos, que reaparecieron junto con murmullos, provenían del cuarto de mi hermano. Avancé con cautela hacia él, estaba aterrado más no pensé en cosas obvias como el por qué mis padres no se despertaron primero si su dormitorio se encuentra entre los nuestros o que quizá mi hermano estaba en una de esas aventuras con su cuerpo. Pero eso no importa ahora, el miedo no me dejaba razonar, a medida que me aproximaba a la puerta de la habitación, los sonidos se hacen cada vez más claro y detallados, mi corazón se acelera y, luego posar la mano sobre el picaporte oigo un grito ahogado que reconocí inmediatamente como mi hermano.

Mi pavor era fuerte, pero no tanto como mi preocupación por saber qué le ocurre a mi hermano. Abro la puerta de golpe y tambaleándome del miedo observo dentro de aquella habitación. La luna llena entraba en el cuarto de manera tan majestuosa como aterradora, la luz mortecina de la luna llegaba hasta el lecho de Gabriel, pero este no estaba, es más, no había nadie en toda la habitación, tal era la quietud en aquella recamara que lograba distinguir el polvo flotando errático en el ambiente. Me sentía confundido y agobiado ¿mis sentidos me estarían jugando una mala pasada?, de ser así ¿lo de esta mañana fue real?, ¿esa presencia?

—No... —Susurro ante mi pavor, ante el terror absoluto de, como si lo hubiese invocado con algún cantico antiguo, saber que aquella presencia, pesada y voluminosa, estaba allí, en alguna parte.

Mis escalofríos aumentaron y se manifestaban casi al latir de mi corazón, y no era de extrañar, las criaturas cuando son cazadas se agitan más al poder ver a su verdugo; y así era, miraba a todos lados, sin saber de dónde vendría el ataque y, puedo jurar que fue en ese momento de tanta exaltación en que, finalmente, lo vi. Veía a la ventana, como de manera instintiva, como esperando a que algo saltase desde la oscuridad eterna, de cierta manera eso fue lo que pasó. Vi una luz de un farol, el farol tiki de mis vecinos hawaiianos, la luz de esta, que me sería como punto referencial en la ventana, empezó a moverse y no me hubiese parecido extraño, digo claro, pues la brisa puede moverla con facilidad, pero la manera en la que se movió fue, no sé, creo que la expresión exacta sería ''a través de'' algo.

Lo vi, luego de detallarlo, de que mi mente hiciera el trabajo básico de reconocer formas, lo vi, y desearía nunca haberlo hecho. La figura vagamente detallada es la de un ser invisible pero de contornos vagamente distinguibles, un tamaño grotesco, una piel asquerosamente aceitosa y un cuerpo deforme.

Sentía que no debía estar ahí, con eso y sin mi hermano... ¡Mi hermano!, es cierto, sigo sin saber su paradero, al menos hasta que veo cerca de esa criatura un brazo pequeño en el suelo, no hay duda, es el brazo de mi hermano, mi hermano fue asesinado por esa cosa, no, no lo creo, no quiero creer eso, el sigue vivo, eso era lo único que evitaba que yo cayese en la locura absoluta. Mi determinación vio menguar fuerzas cuando esa criatura se movió.

Fue sutil y sin tropiezo, el monstruo se movió y empezó a trasladarse hacia la ventana arrastrando a mi hermano consigo, el cual logro detallar más y cuando lo vi a la cara no pude evitar que se me saliera una lagrima: Mi hermano con el rostro petrificado de terror y con una expresión tan grotesca que parece irreal. Gabriel no dejaba de mirar a esa cosa, pero de un instante a otro voltea a verme a mí y su pavorosa expresión se llena de lágrimas.

—Hermano... ¿viste?, nunca te mentí —me susurra Gabo entre sollozos, verlo en ese estado sólo aviva mi llanto y mi impotencia.

Si ese monstruo me vio o no lo hizo no lo recuerdo, lo que si recuerdo sospechar que, aquella criatura era lista, quizá no tanto como nosotros, pero lo suficiente como para sentir su cinismo al ni si quiera voltearse a verme, sabía que estaba allí, quería que yo estuviese ahí y lo presenciara todo.

Levantó el cuerpo petrificado de mi hermano, como si se lo echara al hombro y, acto seguido, se lanzó por la ventana a la oscuridad de la calle.

—¡Ayúdame, hermano!— gritó Gabriel al caer por el ventanal.

Mi nerviosismo se desvanece y me muevo a la ventana, al asomarme me doy cuenta que ya ni son distinguibles, el cielo se nubló así que la oscuridad era total.

Amaneció y no conseguí calmar mi mente. Mis padres estaban angustiados en la otra habitación, no se sabe del paradero de mi hermano desde que fue raptado anoche en la madrugada y yo, el único testigo presencial del acto se encuentra en tal estado de ''shock'' que balbuceo puras ''incoherencias''. Esas son las tonterías que oirán decir en las noticias por parte de las autoridades locales, yo declaré todo lo que vi, todo, desde la entrada al cuarto hasta la salida por la ventana por aquel adefesio de la naturaleza. Mis padres estaban molestos conmigo, creían que estaba jugando, creían que todo lo que decía eran inventos para hacerme la victima de todo, pero yo sé, sé que fue todo lo que pasó.

Me encuentro sentado al borde de mi cama, melancólico, arrepentido, recordando a mi hermano y el poco caso que le hice a sus últimas advertencias, no paré de pensar en lo mucho que lo quería y en cuanto lo extrañaba. Frente a mí se encontraba mi repisa, tenía hileras de libros, tanto de literatura como de ciencias, todos me fascinaban, pero la sección que más me encantaba era la de los tomos de Sherlock Holmes, en ellos siempre me entretenía y con ellos aprendí que todo tiene una respuesta lógica. ¡Eso!, ¡eso era!, necesitaba encontrar a mi hermano, tenía la corazonada de que él seguía vivo, tenía que estarlo.

Me senté frente al ordenador y luego me dirigí a la biblioteca más cercana buscando información sobre animales extraños que poseyeran el poder de reflectar los rayos de luz, de arma biológica con estas mismas especificaciones, ninguna de estas búsquedas daban resultados. Me metí en portales de ocultismo, buscando demonios o criaturas que entraran dentro de esas especificaciones, esta fue la búsqueda más fructífera, conseguía muchos resultados interesantes, pero no eran la cosa que yo vi. Seguí buscando y mientras más lo hacía, dos palabra se repetían: ''Suspiro'' y ''Lázaro'', en ese momento a mi mente vino la idea de que tenía que tener alguna relación con La Villa de Lázaro, el pueblo abandonado de que se encuentra a las afueras del creciente pueblo de Buena Vista, si algo ha pasado con mi hermano tiene que ser en ese lugar, estoy seguro. Pienso seriamente en comentarles a mis padres para que me acompañen y ayuden a investigar al respecto, pero esa idea la descarté al momento, sabía que aún estaban muy molestos para hablarme o ayudarme, incluso dudo que me crean, nadie me cree, creen que yo estoy mal, que por eso soy tan callado, les demostraré lo contrario.

Luego de una hora de recorrido en bicicleta, llegué a la intercepción El Último donde, luego de un camino gravoso, llegué a La Villa de Lázaro, en la escuela nos explicaban que este pueblo era minero y fue abandonado por la gran cantidad de gases tóxicos que emanaban de la mina. Caminé a través de las calle rumbo a la enorme fábrica refinadora que estaba en el centro, vi las casas y los establecimientos vacíos, como si algo horrible hubiese pasado justo ahí, mientras buscaba entre las casas, husmeando, indagando, encontré diferentes objetos que a mi parecer eran para ritos extraños. El pueblo emanaba una esencia extraña, no había brisa, no había nada, sólo silencio, las cosas no se movían, las nubes no pasaban, el sol sólo estaba oculto, parecía como si el mundo estuviera callado, a la expectativa.

Entré a la fábrica cruzando un enrejado que estaba tan oxidado que de un golpe se desplomó, entré en esta y el olor que emanaba era tal que tuve que salir en varias ocasiones a tomar bocanadas, busqué en mi morral la linterna y me adentré hasta un ala de la fábrica que no tenía tales olores, llegué hasta un cuarto que no tiene las cadenas en su entrada, tenía que estar ahí, me preparo para entrar y empujo la puerta sutilmente.

Esa gran sala, para mí, era la sucursal al infierno, la locura tocaba a mi puerta cuando observé lo que allí había: Mi hermano, con la misma expresión que poseía la noche anterior se encontraba desparramado por toda la habitación, el corazón por un lado, un pulmón por el otro, los riñones por ahí, sólo tenía cabeza. Si todo eso no fuese suficiente para romperme a llorar, si el ver a mi hermano del alma regado por toda la habitación, quedaba un detalle que me terminó de perturbar: Gabriel estaba vivo.

En ese estado, con sus órganos regados, seguía vivo, su corazón latía fuerte, sus pulmones se hinchaban, su cara no cambiaba de expresión, todo él estaba ahí, desecho, estirado, desmoronado ¡Oh, Dios, ayúdame!

—Ashudamee —susurró mi hermano con todas sus fuerzas, sus ojos ni si quiera me veían, estaban idos, llorando a cantaros.

—¡NO!— Grité de pavor, no quise verlo, no quise tenerlo así, colapso de temor y me repetí a mí mismo: no quiero, quiero irme, quiero marcharme, no quiero, no quiero, no quiero. En ese momento vi a mi hermano y me estrujo los ojos al notar que algo raro pasaba. Sus órganos habían dejado de latir, su cara se había quedado estática, ¿murió?, no, realmente creí que hasta eso hubiese sido mejor, como ya muchas veces antes, aquella presencia llegó de la nada e invadió todo a mi alrededor. Vi a mi hermano y note como, poco a poco algo inmenso empezó a ser visible frente a mis ojos, una masa negra de carne y musculo, un cuerpo con tanta musculatura que es deforme y, encima de esta, aparece una cabeza desfigurada que tiene la irónica cara de un gato, un gato negro; en ese momento me di cuenta de algo que no pensé jamás: eso ha estado entre nosotros dos todo este tiempo.

Su asquerosa piel aceitada se encontraba chorreando de manera constante y sus ojos rasgados tan reptilianos como felinos estaban fijos en mí, sentía como me traspasaba y llegaban a tocar mi ser con sólo verme. Me estaba volviendo loco, esa cosa lo sabía y por eso esbozó aquella espeluznante sonrisa, esa sonrisa que me hizo recordar algo que leí, un artículo que hablaba sobre esa criatura, lo estaba empezando a entender todo, mi hermano estaba siendo cosechado.

—Tú eres el próximo —respondió una voz en mi cabeza, una voz de ultratumba, una voz que no necesitaba presentación ya que era obvio que provenía de esa cosa, eso o la locura me estaba afectando.

Corrí, sin mirar atrás, sin dejar de llorar, sin importarme mi hermano, corrí aun con los pantalones fríos, empapados en orine desde que vi a aquel ser, corrí saliendo de la fábrica y luego por las calles del pueblo. Me fijé que todo estaba envuelto en la luz mortecina de la luna, había estado dentro de ese lugar horas. Corrí sin mirar atrás, a pesar de que oía su acostumbrado paso pesado seguirme tan de cerca, sabía que si volteaba, que si en algún momento me arrepentía por mi hermano, todo estaría perdido, todo. Avancé a toda velocidad hasta llegar a mi bici, la había dejado fuera del pueblo, en ese momento oigo un estruendo que hace temblar el suelo, tropecé y me golpeo en la cabeza. Al levantarme, luego de uno o dos minuto, no sé, me di cuenta de que ese ser ya no estaba, estaba al lado de la intercepción y mi bici estaba a mi lado, sin pensarlo mucho me subo en esta y me fui de aquél lugar maldito.

Actualmente han pasado 3 meses desde aquel incidente, mi vida no ha vuelto a ser la de antes, por más que lo intente no lo logro, mis padres luego de lo que ocurrió con mi hermano se han vuelto más cariñosos conmigo, pero yo logro notar la hipocresía en sus rostros, obviamente a nadie dije lo que vi, ya tengo suficiente con ser el raro del salón como para también ser el loco. He perdido a mi mejor amigo en el acontecimiento más irónico de mi vida ya que le explico el cómo me siento, observado, vigilado, cazado, le cuento como ya casi ni duermo y como pesadillas me persiguen y él, de una manera muy fría me contesta: ''No creo lograr entender de qué hablas, me sorprende ver que alguien como tú, un escéptico, se encuentre en ese estado, ahora mismo tiembla y chilla como un gatito asustado'', cuando lo oí sólo me retiré con la poca dignidad que me quedaba a llorar en el baño.

Hoy, en la noche, cómo muchas otras no debía soñar, mi paranoia aumentada no me dejaba perderme mucho de la vigilia, pero caí en los brazos de Morfeo en un sueño que rápidamente se transformó en una pesadilla donde caminaba en un sitio oscuro y oxidado hasta el final de un túnel luminoso, al llegar a este y entrar, encontré a mi hermano y a sus órganos en frente de mí.

-¿Por qué me abandonaste?, ¿por qué no me salvaste?- mi hermano me atormentaba durante todo el sueño con esa frase, no la podía aguantar, tapaba mis oídos, en ese momento me fijo que una sombra con una cabeza inmensa se aparece frente a mí me doy cuenta de que es aquella cosa, viéndome fijamente a mi mientras se saborea los labios y termina diciéndome telepáticamente: te toca.

Despierto de golpe, estoy bañado en sudor, no había tenido una pesadilla en meses, está en serio me dejó aterrorizado, dejo de pensar en esto y me fijo que, frente a mí, estaba, a poco centímetros de mi cara, esa cosa, suspiro, con todo su repulsivo cuerpo sobre mi cama, su cara estaba frente a mi sin si quiera tensar algún musculo. No logro decir nada, y antes de que pudiese gritar noto como esa horrible cara de felino empieza a abrirse de par en par, como si de una máscara de carne se tratase, y desde dentro de esta emerge la cara de Gabriel, que me observa como siempre. Ahora no sólo quiero gritar, también quiero llorar, él lo sabe y esboza una macabra sonrisa, se lleva uno de sus huesudos dedos a la cara y se lo coloca frente a los labios mientras sopla por estos.

—¡Shhhhhh! Ay, hermanito, ¿sabes?, yo siempre te lo dije —termina sermoneándome Gabo.

En el cielo se observa la luna menguante que simula una sonrisa.

20 de Marzo de 2019 a las 01:53 0 Reporte Insertar 0
Fin

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