Felicity- El viaje de mi Vida Seguir historia

sadinthemoon Mariam Abdulhay

Felicity forjará su propio destino. Con su mejor amiga, Mey, empieza un largo viaje alrededor de todo el país en busca de algo de emoción para sus tristes vidas. Y lo esperado no tarda en llegar... Tohr llega a su vida como un tornado en modo automático dispuesto a darle un extraño orden a ese desorden que llama vida. "-Todo lo arruinas, maldición! Por que no desapareces de una buena vez? Las cosas eran mejor cuando no estabas cerca de mí!!! -Tú di lo que quieras con esa sexy boca tuya, yo solo seguiré pensando en que me estas dando un oral, gatita..."


Romance Chick-lit Sólo para mayores de 18.

#desconocido #viajes #amores-de-carretera #+18 #sexo #amigas-por-siempre #amistad #amor #love-and-sex
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La amistad es el tesoro más valioso

-¿Estas segura de esto, Felicity?

-Que sí, Mey! Estas en esto conmigo o no?- Estaba fastidiada ya con su indecisión, si no fuera por el hecho de que era mi única y mejor amiga, la hubiese dejado ahí sola

-Pues claro, no te atrevas a dejarme- dijo con seguridad en la voz, pero conocía bien esos ojos celestes y sabía que estaba aterrada-Ve, corre.

Crucé la calle confiada de que mi amiga estaba alerta de todo, estábamos en la misma gasolinera en medio de la nada desde hace más de doce horas. Un gordo camionero nos dio un aventón desde Louisville hasta la entrada a Tennessee, ahí pudimos colarnos en un autobús sin pagar y terminamos llegando a Nashville, así que aquí estábamos, en esta bella ciudad llena de música, vaqueros y caballos. Y sin un solo centavo.

El plan era subir a un auto de algún distraído que haya dejado las lleves puestas para ir a pagar la gasolina, robarlo e irnos. Sonaba sencillo y estúpido pero realmente tantas horas sin comer, durmiendo en techos y sin tomar gota de agua nos había dejado ese resultado.

Vi el Lexus color vino con la puerta del piloto abierta, de el se había bajado una mujer con los senos muy grandes y la boca muy roja. La llave estaba puesta en el contacto y la adrenalina me hacía correr más rápido. Di otro vistazo a mi alrededor y nadie estaba cerca, así que subí al auto y acelere mientras abría la puerta del copiloto y me acercaba a donde Mey se encontraba escondida. Ella saltaba mientras me apuraba y escuchamos un grito de mujer venir de la tienda de la gasolinera. Nos habían descubierto, era hora de huir.

-Lo hiciste, Felicity!- Ella sonreía y aplaudía mientras miraba al retrovisor cada cierto tiempo, la verdad dudaba que nos denunciaran de inmediato, pero solo utilizaríamos el auto lo suficiente para salir de la ciudad, no nos interesaba apropiarnos de cosas ajenas, solo utilizarlas para una meta: ir de estado en estado.

Yo sonreí hacía ella mientras manejaba concentrada, vi unos lentes de sol en la guantera cuando ella la abría buscando algo de comer, justo cuando ella sacó unas papas fritas, agarré los lentes oscuros y me los puse, mi cabello oscuro debía de estar enredado pero no me importaba realmente, en algún momento solucionaríamos eso también.

Mey no era la típica rubia tonta, era muy inteligente y sabía utilizar a la gente para su beneficio. Claro que esa no era una habilidad aprendida por gusto sino por necesidad. Cuando tenía 8 años convenció al de Servicios Sociales de instalarnos en la misma casa de cuidados, y cuando teníamos 9 me convenció a mi de huir de ahí. Aunque no hizo mucha falta, ya que esa cárcel era demasiado para cualquier niño, ese día 15 huimos. Solo nosotras seguimos juntas.

-Toma, una para ti y una para tu amiga

En la placa que la mujer regordeta y de rostro amigable llevaba sobre el pecho se leía el nombre de Brenda. Estábamos dentro de un restaurant de paso donde no habían mas de 3 o 4 clientes. Mey puso sus ojos de cordero herido, como hacía siempre, y la mujer se apiadó de las dos adolescentes hambrientas y sucias que se habían acercado al local. Dejamos el auto donde no se viera, no queríamos levantar sospechas.

La hamburguesa delante de mi se veía grosera, grasienta y deliciosa. Las dos murmuramos un "gracias" y empezamos a comer con violencia. Teníamos muchísima hambre y Brenda debió de darse cuenta ya que se acerco de nuevo con una bandeja de nachos con queso derretido y dos malteadas de fresas en copas altas

-Coman tranquilas, chicas. El dueño no esta y yo soy la encargada, así que no hay problema.

-Muchas gracias, Brenda. No sabes cuanto te agradecemos esto- Dije con sinceridad mientras tomaba un largo trago de la bebida rosa. Ella me sonrió y acarició mi cabello, sentí vergüenza de inmediato por mi aspecto, si estaba tan solo la cuarta parte de horrorosa que Mey, era grave.

-Tranquila, nena. Coman y luego se darán una ducha en la parte trasera, esta bien?- Asentimos con emoción ambas, sabía que ella debía vernos como unas niñas desamparadas y descuidadas, y realmente eso éramos.

Luego de los nachos, Brenda se acerco con unas porciones de pastel de chocolate y casi lloro de la felicidad. Yo era la ruda, la que siempre ponía la cara a los problemas, y seguramente la más rebelde. Mey era más dramática y lloraba por todo así que no quería parecerme a ella.

Salimos de la cafetería de Brenda casi a las 3 de la tarde, con el cabello y la piel limpios, las uñas cortadas, y ropas que, aunque viejas y usadas por alguna camarera que dejo sus cosas ahí una vez, estaban limpias y olían a perfume. Mey me miró sonriente cuando caminábamos al Lexus y yo abracé sus hombros con una mano. Ella llevaba una bolsa llena de hamburguesas y galletas que Brenda nos había regalado antes de irnos. Dios bendiga a esa mujer.

-Así que, a donde vamos?- Desde que empezamos este loco viaje hace casi 2 meses desde Ohio, siempre que estamos en carretera ya sea en autos robados, aventones, o autobuses, Mey tiene la costumbre de preguntarme lo mismo, como si fuese una niña pequeña y como si yo supiera a donde vamos a parar ahora. La mire con fastidio, ya ella conocía mi respuesta, así que en silencio colocó la vieja radio en On y Dolly Parton empezó a cantar con su melodiosa voz.

Las calles eran largas, oscuras y daban cierta paz. Me daban libertad y me sentía feliz siendo libre. Nunca fui una persona feliz ni vibrante, esa era la tarea de Mey, lo mío siempre fue ser fuerte, segura. Los chicos de las casas de acogida no me veían como la chica con la que querían estar, sino la amiga con la que estaba bien jugar a luchas y ensuciarse con barro. No tengo baja autoestima realmente, soy una morena ardiente, como dice mi fiel amiga. Tengo buen trasero, buenos pechos y un rostro lindo cuando de verdad deseo borrar mi entrecejo fruncido, pero no lo veo como algo esencial.

Tener 18 años y sentirse de 60 es duro. La vida no ha sido amable ni me ha premiado por ser inteligente y astuta. Pero no por eso me tiraré a morirme, después de todo, tengo a Mey. Quien ahora esta dormida profundamente a mi lado. Son las 2 am y ya perdí la cuenta de las horas que llevo manejando. El Lexus pronto pedirá gasolina así que era hora de parar y descansar un poco.

-Señorita?- Un insistente toque a la ventana de mi lado del auto me hizo poner alerta. El sol acababa de salir, eso no me daba la hora exacta pero solo me decía que ya había dormido lo suficiente, enderecé mi asiento y mire al hombre mayor de pelo canoso y camisa de cuadros que miraba con preocupación hacía adentro. Suspire y bajé el vidrio. El me miró con sorpresa

-Gracias a Dios! Casi llamo a la policía, están ustedes bien?- no podía permitir que llamara a alguien, seguramente a los policías no les agradaría saber que estábamos en un auto robado.

-Oh sí, muchas gracias- sacudí a Mey para que el viera que estaba viva y respirando y se calmara un poco más. Ella puso gesto de molestia pero cuando notó que había alguien más, se levantó de inmediato- Mi hermana y yo solo tomábamos una siesta, estamos de camino a casa de nuestra abuela y estábamos un poco cansadas.

-Bueno chicas, es entendible. Pero esta zona es un poco peligrosa, por eso siempre estamos alertas los vecinos, para ayudar cuando sea necesario-dijo el anciano con orgullo- si necesitan orientaciones para llegar donde su abuela las podría ayudar

-No, gracias, no se preocupe- me apresuré a hablar sin que notara mi angustia- Nos sabemos el camino. Que tenga un lindo día- sonreí y aceleré, dejándolo en mitad de la calle solo.

-Que paso?

-Oh, por fin reaccionas?- hablé con molestia- Te dormiste como si estuvieras en un hotel cinco estrellas. En serio, Mey, que te pasa?

-Pues discúlpame!- dijo en alto con voz chillona, lo último que quería era escucharla llorar. Era muy temprano y no había nada de comida en mi sistema y no confiaba en mi misma para no lanzarla del auto. La señalé con el dedo indice sin quitar la mirada del camino

-Ni pienses en empezar a llorar, no quiero oírte. Tengo hambre.

Ella ahogó un sollozo, sabía como me ponía.

-Ahí están las hamburguesas de Brenda- dijo con voz estrangulada. Lo había olvidado completamente, estaba acostumbrada a no tener nada para comer.

Me detuve en una cafetería alejada de todo, donde habían dos camionetas familiares estacionadas. Revisé un poco dentro del Lexus y me encontré con unos cuantos dolares, servirían para algo.

Bajamos del auto luego de apagarlo, nos tomamos unos segundos para estirarnos y vi mi reflejo en el vidrio de la puerta. Me veía linda con el corto vestido floreado que me regaló aquella señora, mi cabello oscuro estaba llegando a mis caderas y los rizos se desparramaban por todos lados. Si Dios me hubiese dado otra vida, o una familia al menos...

-Entramos?- Mey me sacó de la nube de depresión en la que me estaba hundiendo sola. La mire y asentí. Tenía shorts de jeans cortos y ajustados, una blusa suelta de color turquesa que hacía ver sus ojos más celestes de lo normal y no se en qué momento hizo dos trenzas en su largo cabello cenizo. El suyo estaba casi tan largo como el mío.

-Hola, en qué puedo ayudarlas?- la camarera se acercó con el termo de café y casi me babeo al momento. Mey tenía la bolsa de hamburguesas frente a ella en la mesa.

-Solo agua y café por favor- dije con voz dulce, puse los 3 dolares que encontré en el auto frente de mi y sentí teñir mis mejillas, ella miró el dinero y de nuevo a nosotras.

-No se preocupen queridas, eso es gratis aquí. Si quieren puedo calentarles esa comida que traen y traerles algo para llevar con ese dinero que tienen, les parece?

-Si, por favor, y gracias- Mey respondió cortés.

La mujer se fue dejando una jarra de agua con dos vasos frente a nosotras, además del termo de café y dos jarras con un envase lleno de azúcar y cucharillas. No dude en prepararme una taza, la rubia no toma así que ella se sirvió agua. El líquido oscuro y caliente cayó por mi garganta y se sintió delicioso. Cerré los ojos para disfrutar mi bebida pero mi amiga me distrajo con un quejido extraño

-Estas bien?- la vi sostener su estomago como si le doliera mucho y poner una cara de dolor- Mey? Que pasa?

-No lo sé...-susurró luego de un segundo, mientras exhalaba lentamente- debe ser el hambre, supongo

No sonaba ilógico y la camarera llegó al instante con la comida caliente y los pastelillos en otro plato, junto con dolos gaseosas de naranja cortesía de la casa y una bolsa con comida para llevar, cuando recibíamos gestos así empezaba a creer un poco más en la bondad de las personas, de vez en cuando nos topábamos con groseros e intratables seres que borraban de inmediato todas esas esperanzas en mi.

Brenda nos había empacado dos hamburguesas de carne como las que habíamos comido, además dos sándwiches de jamón y vegetales y otro par de queso. Guardamos los pastelillos de vainilla con chocolate y las galletas de chispas para después.

Vi a mi amiga comer junto a mi el sándwich de jamón y pensé de nuevo en el dolor que le dio. No podía enfermarse, no podíamos acercarnos a un hospital sin papeles ni nada que diga quienes somos, ademas, conduciendo un auto robado, era imposible. No estábamos teniendo la mejor alimentación, pero al menos comíamos. Tampoco tomábamos suficiente agua pero era lo que había, y me preocupe por ella. Vi unas leves ojeras debajo de sus largas pestañas y fue todo lo que necesite para tener que tragar forzado pues mi garganta se secó de inmediato.

-Mey...

-Si?- Preguntó ella con curiosidad, tomaba un trago de gaseosa

-Te sientes mejor?-

-Claro que sí, estamos comiendo- dijo ella como si fuera algo obvio y yo reí por su estupidez

Nos despedíamos con la mano de Raquel, la camarera, mientras nos adentrábamos de nuevo en la carretera, eran la 9 am ya y estábamos cerca de Arkansas. Pronto tendríamos que dejar el auto, pero eso sería dentro de unas horas. Mey se ofreció a manejar para que pudiera descansar un poco y lo agradecí, cerré los ojos y caí en un sueño profundo, confiando en que mi pequeña hermana podría cuidarme por un instante.

Cuando abrí los ojos estaba el cielo naranja. Me tomó por sorpresa y me incorporé con susto. Mey tenía el cabello amarrado en una coleta y cantaba suavemente una canción vieja que no reconocí

-Que hora es?- mi voz sonaba ronca y mi garganta estaba seca. Busque a mis pies una botella de agua y encontré una por la mitad que me tomé de un solo trago.

-Casi las 7 de la noche, cariño- Me respondió como si nada, mi boca se abrió formando un circulo perfecto, ella volteo los ojos en blanco y se burló- Oh sí, la indestructible Felicity durmió 10 horas seguidas! El mundo se acabará por eso!

-Eres una tonta- fue mi simple respuesta acomodándome en la silla. No recuerdo la última vez que dormí tanto, desde que recuerdo dormía cuatro horas diarias haciendo turnos con Mey para cuidar una a la otra. Nunca se sabía quién podría hacerte algo aprovechando que estabas dormida inocentemente.

Aparcamos en el estacionamiento de un motel de paso que había en el camino, aprovechamos para estirar las piernas y tomar un poco de líquido gratis, ya que no teníamos para pagar una habitación dormiríamos dentro del coche.

-Están a 120 kilómetros del paso del río Missisipi, luego de eso, tienen la frontera con Arkansas- le decía el recepcionista del hotel a Mey, quién se había acercado a preguntarle y a pedirle unos vasos de agua fría.

-Genial, muchas gracias- le sonrió ella y se volteó coqueta trayendo los vasos hacía donde estaba yo, justo en la puerta. Incliné mi sonrisa de lado para que no fuera tan obvia, este truco me lo sabía de memoria, ella giraba y meneaba el culo y los hombres babeándose por su gran trasero la llamaban de vuelta con cualquier excusa

-Oye!

Mey sonrió en mi dirección y picó el ojo, se volteó con cara de inocencia absoluta hacía el joven

-Si?

-Pero, ya se esta haciendo tarde para que continúen ese tramo, si quieren pueden quedarse aquí esta noche...- No tenía mal ver el chico, era alto, atlético y el cabello corto de un castaño parecido al chocolate con leche. Sabía que a Mey le había llamado la atención, después de todo, teníamos un rato largo sin ver a un chico guapo. Yo suspire y salí, el trabajo estaba hecho: la perra había conseguido donde pasar la noche!

El agua me supo deliciosa después de aquel descanso que me lancé, ahora no tenia nada de sueño pero gastaría mis horas en algo. La noche estaba hermosa, el cielo lleno de estrellas iluminaba todo, la gente en grupos familiares me recordaba a mis amigos de infancia que sí lograron salir y tener una familia propia. Aquello que con nosotras no ocurrió.

Nuestros padres eran amigos de infancia, crecieron en la misma escuela y se casaron el mismo día y juntos. Los cuatro se juntaban todos los fines de semana y cada vez que podían, incluso planearon los embarazos para que fueran en el mismo mes, ahí nacimos nosotras. Fuimos felices, los tiempos en brazos de mis tíos Albert y Cayl y mis padres Hope y Tomas fueron los mejores de mi vida, ahí me transportaba cuando tenía un mal día, cuando me sentía mal o me tocaba alguna inyección pensaba en ellos y el dolor pasaba de inmediato, cuando tenía alguna pelea pensaba en ellos muriendo y mi fuerza se triplicaba. En mi última pelea casi muere la chica, hasta ese día pensé en ellos.

Hasta hoy. Teníamos 8 años cuando nuestros padres planearon una escapada a la playa. Debíamos salir de madrugada para aprovechar el día, nosotras aún dormíamos y nos subieron al auto con nuestros peluches y cobijas.

En el camino, un camión con carga y un conductor bebido nos embistieron.

Por alguna razón, nosotras resultamos ilesas. Nada nos pasó, pero nuestros padres murieron. Y desde ese día, somos nosotras dos contra el mundo.

Eran las once y cuarto de la noche y solo podía escuchar las risas de mi rubia y Jack, el recepcionista del hotel, desde el cuarto pequeño que el chico nos había "prestado". No juzgaba a Mey, no era promiscua realmente pero sí se daba sus gustos de vez en cuando. No soy virgen, tampoco una chica de mente cerrada, la verdad he estado con dos chicos en mi vida y aunque eso no me hace una experta, por el momento no deseo agregar más nombres a mi lista. Estaba acostada en una de las camas individuales de la habitación mientras mordisqueaba un sándwich de los que nos empacó Raquel, acababa de ducharme y encontré una camiseta vieja de hombre en el armario, no era algo higiénico de mi parte pero al menos pude guardar el vestido floreado para ponérmelo al salir el sol. Debíamos abandonar pronto Tennessee, dejar el Lexus en algún lugar y seguir nuestro camino. Debíamos descansar, tener fuerzas para pasar unas cuantas horas de pie esperando que alguien nos permitiera al menos montarnos en la parte trasera de su camioneta y cruzar hasta Arkansas para luego llegar a Texas. Ese era mi plan: no sé realmente qué hay en Texas esperando por nosotras, pero algo me dice que ahí es donde encontraremos la paz que tanto hemos estado buscando.

Mis padres siempre me contaban una anécdota junto con mis tíos Albert y Cayl. Me contaban sobre un viaje que tuvieron al parque Big Bend donde podías ver el Río Bravo de México, y acampar. Decían que ahí las estrellas se veían más brillantes de lo usual y que el sonido de la naturaleza les llenaba el alma. Necesitaba eso. Ese era mi único pensamiento mientras caía en un suave sueño, decidí dejarme llevar y cuando Mey entrara a la habitación me despertaría.

-Fey? Oye, Fey, estas despierta?- A lo lejos escuchaba la voz de Mey llamándome por el viejo apodo con el que nuestros padres me llamaban para mantener más unida la relación de ambas. Fey y Mey.

Me desperté de golpe cuando los recuerdos de las últimas horas en las que estuve despierta llegaron a mi, la rubia estaba en la orilla de mi cama moviéndome para que me despertara, tenía el cabello revuelto y no llevaba la blusa puesta así que su brasier rosa estaba al aire.

-Que hora es?- pregunté entrecerrando los ojos por la luz

-6:30 de la mañana. Te iba a dejar dormir un poco más, la verdad tengo sueño, Jack y yo no dormimos nada anoche...- ella parloteaba y yo me levanté de golpe sorprendiéndola y haciendo que soltara un grito agudo

-Que mierda te pasa, Mey? No debes dejarme dormir tanto tiempo, en serio

-Oh vamos, eres la única persona en el mundo a la que le molesta dormir- dijo ella poniendo los ojos en blanco y tomándose el corazón con ambas manos- Casi me matas del susto, vístete y ya deja de discutir tanto mujer que es muy temprano- Se levanto de la cama y fue bostezando hasta donde estaban los sándwiches que sobraron para el desayuno.

Decidí no discutir más con ella, era ridículo pedirle que me mantuviera despierta cuando ella solo estaba de cachonda con el chico guapo. Entre al baño y tomé una rápida ducha, me imaginé que ya ella había hecho lo mismo pues entró a cepillarse los dientes cuando yo me disponía a hacer lo mismo. Me vestí con mi lindo vestido usado y peine mi cabello con los dedos mientras mordisqueaba el último bocado de comida que quedaba.

Luego de una rápida despedida de Jack y unas cuantas falsas promesas de llamarlo cuando estuviéramos en algún lugar seguro, arrancamos para acabar con esos 120 kilómetros que nos separaban de Arkansas.

Estábamos a unas 6 horas de llegar a nuestro destino, gracias a que Mey fue astuta y le pidió el favor al chico recepcionista de llenar nuestro tanque, la gasolina no sería un problema, así que disfrutamos del viento entrando por las ventanas y unas cuantas canciones en la radio que nos hicieron tararear más de una vez.

-Haz pensado alguna vez en como sería tener una familia, Fey?- Miré a la rubia a mi lado como si le hubiese salido otra cabeza, era obvio que siempre habíamos jugado a como sería tener familia, así que no entendía su pregunta- No seas estúpida, no hablo de pertenecer a una familia sino de tener una. Encontrar un buen hombre, enamorarte, tener un hogar e hijos, hasta una mascota...

-Estas empezando a alucinar? Toma agua- dije restando importancia a lo que ella me decía y sacandole un suspiro de exasperación

-No estoy alucinando. Me encantaría eso, Felicity- dijo con seriedad mientras evitaba mi mirada y veía el camino en la ventana del auto- Sentar cabeza, dejar de estar de un lado para otro. Enamorarme...

-Mey, sabes que todo esto lo estamos haciendo por nosotras. Para eso, ok? Sabes que nada de esto es a la fuerza? Me puedes pedir que me detenga y me detendré- Me ponía mal saber que ella estaba triste. No estábamos pasando por un buen momento, es verdad, pero el camino es duro cuando la meta es dulce y nuestro camino ya estaba cerca de terminar- Mira, llegaremos a Arkansas y--

-Y después qué?- Me detuvo con agresividad- Después tenemos que viajar por toda la puta Arkansas de auto en auto, con chóferes sádicos y viejos morbosos, luego de eso vendrá viajar por toda Texas para llegar a tu dichoso parque, y luego qué, Felicity?

Silencio inundó el auto. Me dolía que me hablara así pero sé bien que eso solo ocurre cuando esta harta de algo. Aunque esta mal de su parte tomarme a mi como punto de enfoque de su rabia, no podía más que entenderla. Yo también me culparía.

Sentí unas gotas saladas en mis labios, no había notado que estaba llorando, no sabía en qué momento empezaron a salir de mis ojos pero no fue hasta que un sollozo involuntario hizo que Mey me mirara con los ojos redondos.

-Fel, yo...- su tono de voz era de arrepentimiento- Perdóname, hermana- puso su mano sobre la mía en el volante, mis nudillos estaban blancos por la fuerza con la que lo sostenía y eso tampoco lo había notado- No es tu culpa todo esto, por favor perdóname, no quería hacerte llorar, Fey, perdón.

Solo asentí con la cabeza, no quería hablar, no sabía que decir. El auto se llenó de un silencio incomodo por el resto del viaje y aún quedaban 4 horas de carretera.

Me concentré en el asfalto por el resto del camino, no quería pensar ni mirar siquiera a Mey, sabía que todo lo que había dicho era producto del estrés pero eso no le quitaba realidad al asunto. Puse el radio en un volumen moderado y cambie de emisora hasta que escuché la suave voz de Avril Lavigne cantando Goodbye, ahí canté aunque bajo, con toda la emoción que pude, y libremente deje correr las lágrimas que mantenía prisionera confiándome en que Mey se había dormido en algún momento. Cuando leí un cartel con la palabra Arkansas diciendo que faltaban 20 kilómetros decidí despertarla, estiré el brazo derecho aún sin mirarla y brinqué en mi asiento cuando ella habló como si nunca se hubiese dormido

-Estoy aquí, ya leí

-Ok- fue lo único que dije

-Felicity, para el auto- dijo con tono serio, yo no quería detenerme faltando tan poco pero recordé mis propias palabras, así que me orillé y apagué el auto mientras tomaba un largo suspiro y la miraba, mi espalda dolía y ya mi estomago me estaba recordando que el necesitaba atención. Mey se colocó de lado de forma en que quedamos mirándonos frente a frente- Fel, discúlpame en serio, no dije esas cosas literalmente, lo sabes, no?

-Si, Fey, tranquila- Asentí, ella volteó los ojos en blanco

-Odio que me digas que me quede tranquila cuando pasaste todo el camino cantando y llorando. Es obvio que no estas bien y es obvio que es por mi culpa

-Me viste?- Pregunte apenada

-Por supuesto que sí, creías que me iba a dormir luego de ver que te herí? Además, cantas muy hermoso y muy poco como para perdérmelo

-Ay ya, no empieces- voltee los ojos pero sentí el rubor llegar a mis mejillas. De niñas Mey bailaba y yo cantaba, era algo que nos apasionaba y que inflaba de orgullo a nuestros padres, pero luego de su muerte abandonamos nuestros sueños. Cantar era la forma en la que me liberaba de los problemas desde que tengo memoria y pasar mis horas haciéndolo me recordó lo bien que se sentía.

-Pues bien, sigamos. Próxima parada: Arkansas, nena!

Chocamos puños como dos niños y arranqué el auto. Agradecía la poca congestión de autos porque tampoco habían muchas patrullas de camino, sino este viaje ya estuviera acabado pues al pedir papeles terminaríamos en camino a una celda.

-Sal ya de ahí!

-Ya va, dejame orinar

-Por dios, Mey, que tanto te tardas?

-Que te esperes! Cristo!!

Venía subiendo el cierre del short y yo voltee los ojos en blanco, el coche lo escondimos detrás de unos arbustos justo cuando a ella le dieron ganas de ir al baño, desde donde nos encontrábamos se veía el cruce de estados con no más de 3 o 5 autos y unos cuantos policías. Usando nuestros encantos femeninos, debía de ser pan comido.

-Buenas tardes, chicos!- Dijo Mey saludándolos con voz suave entrando en el juego de la seducción. 3 policías de unos 40 años aproximadamente le dieron el visto bueno y la saludaron, pasándome por alto a mi hasta que hablé

-Alguno de ustedes podría darnos un aventón hasta Little Rock?

-Que van a hacer tan lejos dos bellezas como ustedes?- dijo uno creyéndose coqueto cuando en realidad tenía restos de Cheetos en su uniforme

-Mi hermana y yo vamos a visitar a nuestra tía que vive allá

-De verás? Sin maletas ni auto?- dijo otro en tono de sabelotodo. Sabía que querían enredarnos y que Mey se estaba quedando corta así que me tocó improvisar

-De hecho, por eso nos acercamos a ustedes. Nuestro Wolksvagen empezó a humear y nos bajamos junto con nuestras mochilas a ver que pasaba, pero unos chicos en un Lexus color vino se acercaron muy rápido y nos arrebataron los bolsos así que empezamos a correr y como leímos que estábamos cerca, pensamos en que aquí encontraríamos al menos a un caballeroso hombre que nos pudiera ayudar.

-Todos se quedaron absortos viéndome por un instante, incluso mi rubia amiga, hasta que uno de ellos asintió hacía mi

-Tenemos un Lexus de ese color denunciado por robo. Vaya, pero no desean ir por su auto, mejor? Little Rock queda algo lejos y así podrán viajar más cómodas.

-No lo creo- Por fin Mey reaccionó- Es de un viejo ex-novio que es un poco agresivo, mejor que se entretenga un poco buscándolo, no lo creen?

Los hombres empezaron a reír como si aquello fuese lo más gracioso que habían oído en la vida y yo solté un suspiro bajo.

-Bien chicas, de aquel lado hay autobuses, aquel rojo pequeño va hasta el pueblo antes de Little Rock, pregúntenle a Rick el chófer si puede ayudarlas. Estoy seguro que lo dirá que sí, es un buen hombre.

-Muchísimas gracias señor, que tenga buen día- dijimos a coro como un par de mellizas pequeñas y luego de sonreír corrimos hasta el autobús de Rick

-Hola? Rick?- Imaginaba un viejo canoso y con los ojos achinados para ver el camino, en cambio Rick parecía no mayor de 30 años, con los brazos de un leñador y una gran sonrisa que no combinaba con su rudo rostro pero que hacía juego con sus ojos de un brillante verde, su cabello era corto, casi al ras, era de buen ver y nos miraba con curiosidad, no morbosamente como todos los demás, y, como si fuera poco, miraba a Mey como si estuviese embelesado, tanto que aún después de un minuto de silencio no le había contestado la pregunta

-Perdona- reaccionó- Sí, soy Rick. En que puedo ayudarlas chicas?- Por primera vez en mi vida vi a mi mejor amiga quedar muda, un color rosa muy fuerte cubrió sus mejillas y esos brillantes celestes que tenía brillaban escandalosamente

-Eh...

-Puedes darnos un aventón?- Intervine. Me estaba costando mucho no romper a reír al ver sus caras, era obvio que se gustaron al momento. Curiosamente nunca he visto a Mey con un hombre mayor pero al parecer Rick era la excepción- El policía de allá nos dijo que eras un buen hombre y no te negaríamos, necesitamos acercarnos a Little Rock.

El apenas me determinó, pero supe que escuchó todas mis palabras porque reaccionó al instante.

-Por supuesto que sí, suban, rápido!

Apreté la mano de mi amiga y ambas corrimos al gran monstruo rojo que realmente no era tan grande como sus demás colegas, pero sí llevaba a unas 10 personas a bordo. Me acomodaría en una butaca y trataría de relajarme, tal vez leer un poco. Accidentalmente metí en mi mochila pequeña un diminuto libro que había en el auto de la Sra. Fan de Dolly. "Cómo ser feliz" era el título.

-Esta bien si te dejo sola?- Voltee a ver la cara de mi amiga, estaba como un tomate y estaba transpirando, era la primera vez que la veía así. Sabia que lo que sus palabras querían decir era "Puedo abandonarte para ir a sentarme con Rick el chófer y conquistarlo y tal vez, solo tal vez, darle una mamada en el camino?" Pero, como era una buena amiga, solo le alcancé la toalla de mano que tenía en mi bolso y que encontré cuando saqué el libro

-Sécate la cara, toma un poco de crema dental y contrólate, mujer. Nunca te he visto así por un chico...- sus ojos se abrieron y brillaron aterradoramente sacándome una carcajada que hizo quejar a algunos pasajeros

-¿Es que no te diste cuenta? Eso es un hombre, Felicity, un hombre! No un "chico"- me decía como si fuera un pecado capital y mi estomago ya dolía de tanto reírme.

-Ya, ya, ok esta bien, déjame en paz y vete con tu hombre.

-Gracias, te amo- dijo alejándose, no podía dejarla marchar sin hacerla pasar un poco más de vergüenza, sería horrible de mi parte

-Usa condón!- le grite haciendo que se congelara y me lanzara una mirada asesina, la mujer mayor en el asiento delante de mi volteo a verme y murmuró algo mientras arrugaba la cara, yo solo me reí y tome el libro en mis manos. Sería un muy largo viaje.

"Amigo, si usted se encuentra leyendo este libro, déjeme decirle que no es feliz..."

Vaya, vaya, que sorpresa, querida escritora... Continúe

"Entonces usted lo que necesita realmente no es saber si es feliz o no, sino cómo serlo. Como poder ser feliz y en especial, sin tener a alguien al lado.

Una pareja es esencial, es cierto. Es algo para atesorar y cuidar como si de una planta se tratase. Sin dejarla morir, dándole amor y todos los elementos necesarios para que no deje de florecer. Y si se deja de atender, se morirá.

Ese concepto lo entendemos, pero ¿cómo se hace cuando tú eres tu propia planta? Aquí les dejaré una lista que ustedes deben analizar para poder auto-analizarse y saber qué tan cerca están de florecer por sí solos o si, en cambio, están en camino a secarse y marchitarse.

1- Conócete y aceptate: Eres arte. Eres perfección. Eres tú, no necesitas ser o aparentar ser algo que no eres. Amate, respetate y enamorate de ti misma/o.

2- Recorre el camino con pasos cortos: Debes aprender a celebrar tus pequeños logros, si no valoras lo importante que son, nadie lo hará. Disfruta de la satisfacción del momento antes de ir por el siguiente logro.

3-Toda la luz esta dentro de ti: Debes tener claro que la felicidad esta dentro de ti. Solo tú decides cuando y cómo explotarla. La felicidad no depende de circunstancias externas.

4-Persigue tus sueños: Traza tu meta, serás responsable de tus propios límites. Lucha por lo que quieres.

5-Antes de dormir cada noche, piensa en tres cosas buenas: Recuerdos, canciones, sensaciones o sabores son totalmente validos. Tomarás conciencia de que, a pesar de los problemas, siempre hay cosas buenas en tu vida, por mínimas que sean.

6- Sé ambiciosa/o pero realista: Tus metas deben ser posibles pero excitantes también. Que impongan un reto para ti, pero que no sea algo imposible. Sé coherente.

7- No dejes de sonreír: Tu sonrisa es tu mejor carta de presentación, nunca sabes quién te esta viendo, y si ese alguien puede ser el que te cambie la vida, en cualquier aspecto.

8- No te dejes llevar por los medios: Que los ideales de belleza, riqueza y erudición que se usan actualmente para engordar las cuentas bancarias de unos cuantos no te traumen. Solo son personas plásticas en un mundo de plástico.

9- Aléjate de personas tóxicas, chismes y problemas: Lo negativo llama negatividad, aparta a las nubes negras de tu vida.

10- Sé agradecido: No permitas que la humildad se pierda nunca. Agradece desde el aire que respiras a diario, hasta la rica cena que tuviste antes de dormir."

Esas palabras me tomaron por sorpresa. No pensé que un libro que parecía ser tan cliché tuviera tanta razón. De ahora en adelante, buscaría mi felicidad sin dudarlo. Tal vez la felicidad de Mey terminara en manos de algún "hombre" como Rick, quien sabe? Pero nunca dudaría en que seguiría estando ahí para mi en cualquier momento. Aunque no quiero ser la tía solterona a la que hay que visitar con mascara por el hedor que producen sus gatos. Yo también quiero hacer mi familia. Creo que llegó la hora de que lo positivo entre a mi vida, no¿?

18 de Marzo de 2019 a las 11:55 0 Reporte Insertar 0
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