Las brujas no saben morir Seguir historia

sebaparadelo Sebastián Paradelo

Ella lo prendía entero, hasta que la colgaron. A todas. Él había cambiado. Las brujas no mueren, solo se esconden. Pero un día no van a volver. ¿Y vos qué vas a hacer?


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Las brujas no saben morir



En un mundo de plástico, es imposible quemarse sin hacer humo. De ahí, las fábricas y la televisión y la gente que vomita su ego y se lo come de nuevo, como los gatos. Por el camino quedan los restos de los que intentaron siempre ser como el humo, pero se consumieron como el cigarrillo: lento y todo. Todo y nada, quedan para siempre, en la mente esperanzada de un futuro más mediático. Muerto ya, muertos todos, hasta el último intento de salvarse. Los carteles, las publicidades en el teléfono, en la radio, en el piso, en la ruta, en el inodoro, son una mierda, de esa que hay que comer porque la comida no se tira, dicen los viejos cuando somos guachos. En un humo que combustiona plástico es imposible apagarlo con agua de este mundo. Entonces la NASA viaja a otras galaxias, con otros planetas y otras estrellas que se mueren y nacen, y supernovas, asteroides, marcianos y astronautas, monos en la luna y descubre que Saturno tiene un satélite; si, un satélite como el nuestro pero más grande. La luna es chiquita. Y parece que todos nos podríamos ir hasta ahí, en naves espaciales supongo o teletransportandonos. Yo pienso como todo sigue siendo lo mismo; las soluciones a todo siempre están en otro lado, a millones de años de luz de todo o de nada, de toda la mierda. Pero quién, quién afirma que allá, en el satélite donde vamos a vivir en unos años, no este la misma mierda. Quién me garantiza eso, quién puede responder a mi pregunta. Vamos, la NASA es una tumba desde antes de nacer, es como que nació muerta o murió al nacer, lo mismo da. En un mundo de plástico, algunas personitas te salvan, no es necesario irse tan lejos. Pero si el inodoro se tapa, yo ya voy haciendo la cola para el pasaje.



Esa luz en tu cabeza. Cuando ella te dijo, tuviste tanto miedo como emoción y sabes, porque lo sabes, que son lo mismo. Acostados en la cama, con sus caras cerca y sus ganas lejos, se miraron en la clara oscuridad, esa que se forma cuando los ojos se acostumbran a no ver. Vos, gambeteabas la cercanía; terror por quedar a milímetros de su aliento y entrar en esa nebulosa de vino y porquerías. Pero no por eso, sino porque si. Porque el miedo a veces no se explica desde lo obvio y hay que rascar un poco y otro poco, hasta lastimarse. Una y otra vez. Y que no cierre nunca esa herida, porque el miedo es porfiado y ella no te lo da, sino lo que puede dejar de ser. La luz resplandece en tu cabeza y ella se tapa la boca y la mira, y vos no sabes si asustarte o alegrarte y entonces haces las dos cosas. Ella te describe, como puede, algo que no entiende, pero que sabe. Entre los vicios y las miradas, las relaciones infortuitas, el piso de madera hace de diván colectivo y te cuenta que, su hermana, tiene la capacidad de ver las luces de la gente. Como su alma, su esencia, algo incorpóreo pero no menos original. Con sus colores particulares, que representan distintas cosas. Crees, que el tiempo de las brujas es verdad, que tu intuición no es una huevada del horóscopo y la astrología, sino una verdad irrefutable tuya y de nadie más. Porque tenes razón de todo menos de vos, de que no podes y queres, y la vida te da luces para mirarte. Y antes de llegar a ser un relato de autoayuda que tanto te molestan cuando estás bien, ella apoya la almohada cerca de tu cabeza y saben que esa noche algo va a pasar y otras cosas no.



Es violeta. Esa luz en tu cabeza es violeta y por unos segundos vuela dando vueltas como un hada y ella la ve y te queda linda. A vos te parece lindo que te mire y más cuando brillas, como cuando te pone glitter en toda tu cara y la galaxia explota de envidia, porque nadie la mira. Te gusta tanto que te miren pero a la vez no, entonces haces que no te das cuenta, miras en sentido contrario de todo. Ella ve la luz violeta hasta que desaparece, porque esas cosas no pasan siempre y se disfrutan, como ese sanguche de milanesa completo a la salida de la facultad. Cuando se va, aparece lo material otra vez. Lo de siempre. La inmensa vida golpeándote los ojos con lo de siempre. Con cada cosa en su lugar. Con la economía de siempre, la tuya y la del mundo. Con los mismos bocinazos. Pero ella está ahí, y hace unas semanas estaba en otro lado. Viendo otras luces, otras esencias, pero hoy ve como los planetas se alinean ensima de tu cabeza en equilibrio. Y ya no giran alrededor del sol. Después de ese momento de libertad y entusiasmo, todo volvió al miedo de nuevo porque el mundo da miedo. Si tan solo, no todo pero bastante, sea luces y brujas inesperadas; si en realidad, todo es eso, o no, -quizás no se necesitan-, o lo son otras cosas, como estrellas fugaces y fuego, o lluvia y una mirada desconocida, que nos advierten, que el miedo es el terror del miedo de quedarse solo, sin que nadie crea en él. Y que no se trata de eliminarlo, sino de mirarlo en luces como se va y después vuelve. Como se van a dormir juntes con él en el medio. Y lo besan, lo lamen, le pegan y lo aprietan.



Te pones el despertador a las 4 de la mañana, para desenchufar el alargue. Ese que va del enchufe de la punta de cama hasta el placard. Ahí están ellas; tres hermosas plantas iluminadas hasta recién, chupando toda la luz del foco, uno de 40 wts, chiquito, pero que viene bien, funciona, las plantas crecen, también tus ganas de que sean hembras, por favor pedís, rogas, que sean hembras. Y las regas, le compras algún remedio para las mosquitas de la tierra. Te tienen podrido; la tierra se pudre, porque hace calor, en ese placard hace más calor y entonces ella te compro un ventilador chiquito. Ella te enseño todo. Ella hizo el alargue cuando a vos te da miedo hasta apagar la luz, por la oscuridad y por la electricidad, por el miedo a quedar pegado, a saltar por los aires como aquella vez, cuando eras chiquito y metiste todas las herramientas en los agujeros del enchufe y le diste, le martillaste, destornillaste, eras un verdadero arreglador de algo hasta que exploto y volaste, y tus dedos se quemaron, te diste el susto de tu vida, entonces ella hace el alargue y te explica cuantas horas son: al principio, 16 de luz, 8 de oscuridad. Por eso a las 4 de la mañana lo desenchufas, después de que la claridad en tu cara te la queme, y te acostumbres. Si tan solo hubieses comprado un temporizador para que haga el trabajo solo. Pero no, todo improvisado. Las paredes de aluminio están mal pegadas, hay partes que se ve la madera. Ella te dice que con ellas van a ir muy lejos, que van a volar como lo hiciste cuando metiste las herramientas en el enchufe. Y le das un beso en la nariz, porque tienen la boca llena de humo y flores y por la nariz se desliza la niebla que los envuelve, que los atrapa, que los aprieta, que les pega.



Y si me quedo prendido, le decís en el momento preciso en el que la última llama llega a tu cabeza y es insoportable el olor a pelo quemado. Pero la piel solo arde, no se consume. Ves, que no pasa nada, te dice ella mientras se acerca para prenderse. Porque prenderse no es malo ni bueno, es natural. Hasta que nos sacan las ganas, hasta que nos apagan y nos vuelven una piedra volcánica, muerta, llega de azufre y otros minerales, pero muerta, lejos del fuego, del volcán, de las chispas, de lo verdadero. Cuando se abrazan y tu fuego le convida un poco, se arma una fogata enorme y parece un bosque ardiendo, con estrellas derritiéndose y todo el cielo cayendo a pedazos, como una maqueta, como si todo fuera una maqueta y solo estén ustedes y el fuego, y el fuego en ustedes y ustedes fuego. Ella te prende hasta una botella de plástico en el agua, así, sin encendedor. Ella es el fuego mismo y a vos te gusta cuando habla de la magia, de sus brujerías y de las cosas que le gustarían hacer con vos, como esto, como prenderse. Te gusta cuando te pregunta “cuánto pretendes de mi fuego” y vos pensas, ya estoy lo suficiente caliente para seguir con las preguntas, pero ella va más allá, siempre va más allá y vos te quedas acá, no la podes seguir, solo hasta un punto y después frenas; pero ella te quiere llevar a la hoguera porque sos un tronco, sin motivos, sin nada, muerto, como la NASA.



Después de ser ceniza y volver a nacer, fuiste a la marcha, que pensabas no podías ir solo. Pero juntaste corashe y agarraste Avenida de Mayo hasta llegar a la plaza, y pasaste por ese puente enorme de muchos colores y te sentiste menos piedra y más mar, con olas que golpean esas piedras muertas que sos pero ahora no, estas lleno de todo eso que te rodea. Compras en un puestito unos artilugios que no conoces, va, ella te hablo de ellos, es glitter, también ella se pone para las marchas y vos los compras, verde y violeta, y le decís, con vergüenza, a la chica del puesto que te parece un chico, que te ponga, cópate, y ella hunde dos dedos en el pote y te agarra la cara, y vos no la miras porque está muy cerca y no queres que se incomode, entonces miras a los grupos de putos y sabes, recién ahí, que hay tanto por ganar, que ahí hay algo genuino y original, que sale desde las verdaderas raíces de la tierra, cansada de que la caguen con sus desechos transgénicos y sigue creando vida nueva, libre, colorida y bailarina. La piba termina y tenes un hermoso fuego verde en el cachete derecho y un ave fénix violeta en el otro; por un momento, pensas en ella, en lo que hizo en vos y corres a saltar cerca del escenario de la plaza donde baila Lali y explotan los papelitos blancos y el sol aparece, por fin, quemando ojos y otras cosas viejas. Y te besas. Te besas con quien se cruza en tu camino mientras bailas y cantas y reis y a la gente no le importa la locura en esos lugares. A la gente no le importa nada en esos lugares, sino no existieran. En todo caso, le importas vos, lo que podes ser y lo que tenes que dejar de ser, muerte al macho, para que todos sean, para que todes sean y la ves a ella, iluminada y eterna, viéndote de arriba de algo, prendida agua y mojada fuego, esperándote, con una estrella en la cabeza y los brazos abiertos, como diciendo, vení que te envuelvo bombón, se te cayo un papel. Y corres, más lento que antes porque ya estas cansado, pero los 10 metros se hacen 50 de la ola, de la marea, que te lleva para atrás, que quiere que vuelvas y su cara se pone triste, ahora preocupada y luego se pierde, desaparece y cuando queres saltar para ver mejor, te sostienen del hombro, te dan vuelta y te trompean, primero parado, después en el piso, una dos diez veces hasta quedar inconsciente. Vos escuchas, lejano, como desde otra plaza, se grita puto de mierda, asesina también, y algunes caen cerca de ti, vos les estiras la mano para apretar la suya, para no estar solo, porque ya no las usas para cubrirte, ya te hicieron mierda.



Al otro día en el hospital, tu mamá te dice qué hiciste, siempre metiéndote en quilombo y vos la observas tirar toda su mierda arriba de la cama, de las sabanas blancas; ella te enseño a ver toda la mierda, a dejar de comer mierda, a aguantarse la mierda. Por eso vas a salir de ahí después de mandar a la mierda a tu vieja y su mente chiquita, y las vas a ir a buscar a ella, a donde está siempre, sentada en ese árbol de la plaza del barrio y van a charlar sobre otras maneras de amar, sobre si en verdad el amor existe, sobre sus aventuras con chicos, con chicas, las aventuras solitarias, la exploración de nuevos territorios, la compra de juguetes ya de grande y cremas, y pintarse las uñas; y vos la ves más linda ahora que te dijo que no es tuya sola, la escuchas cantar como a los pájaros a la mañana y sabes que después se va a ir, y estará en ese árbol sola o con alguien y si tenes suerte, con vos. A ella le decís bruja porque siempre hablaba de que un día se iban a despertar todas las que quemaron y de a poco, iban a quemarnos, a sus verdugos, como venganza, para saber que se siente y luego hablaba de ese ritual que quería hacer con vos y te confundía, no sabías si jodía con lo de las brujas o era una, después recordabas que no existen y si te pasaba. Hasta que las colgaron a todas de nuevo.



En cada barrio, en los arboles más grandes, las colgaban. Ya no era una historia, un cuento, un mito, toda la ciudad se despertó con las brujas ahorcadas, colgando de una soga; pero eso no nos alcanzo, entonces también matamos a los trans, a los putos y las tortas, matamos a todos los fuegos que conocía, que ella te hizo conocer, que ya no estaba, que yacía colgada y quedábamos nosotros. Por un momento, pensé era lo justo, que todo lo estaban pervirtiendo, hasta a los chicos ahora de pequeños y que la mierda era mierda pero ya me había acostumbrado. Pero no, ella me cambió, me hizo un varón maricón y entendí que había que mariconizar todo, hasta que no quede un lugar sin brillos ni colores ni esmaltes ni tacos. Hasta que todo se vuelva una religión y nuestra Iglesia sea la mejor porque arde, porque fuego, pero les apagaron, todo se termino y no me queda otra, yo sé que no queda otra, ojala otros hagan lo mismo pero sino nunca se va a entender y solas no van a poder, por eso me colgué, al lado de ella me colgué y quizás hice la boludez más grande del mundo, porque se termino todo lo que ella creía y lo que me ayudo a creer, pero es un mensaje, si no funciona, que los lleven a todos al satélite, que vivan ahí, a todos eh, nosotres esperaremos tranqui y le avisaremos a la tierra, cuando sea el momento justo para volver a salir, como siempre.

15 de Marzo de 2019 a las 03:52 0 Reporte Insertar 0
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