Yndoria (Hijos de la Nada 1) Seguir historia

jess_yk82 Jessica

EN EL SUR... Blaze es un joven de 19 años que ha vivido 17 de ellos en esclavitud. Tomado el sur por los devastanos, él y sus amigos Lukas, Axel y Brianna se han convertido en avezados e ingeniosos supervivientes que alimentan su esperanza con sueños de libertad... y con comida ajena. Dueño de un curioso don con el fuego que ni él mismo sabe explicar, Blaze no se resigna a vivir entre cadenas, aunque eso pase por tomar parte en aquello que siempre ha repudiado y arrastrar consigo a los que más quiere: sus amigos... y la chica. Una chica a la que empieza a ver de otro modo tras una estrambótica petición. EN EL NORTE... Nazam llega a la academia elementalista de Dogma tras la caída de la de Lonoa, totalmente inesperada. Solo le falta una prueba para ser un soldado elemental con todas las de la ley, pero para afrontarla necesita un compañero de confianza y eso es, precisamente lo que menos genera su presencia allí. Arrancado de los complejos devastanos cuando solo era un niño, Nazam ya destacaba como soldado enemigo y ahora solo Axan, otro alumno, parece dispuesto a ayudarlo. Pero las intenciones del descarado joven parecen ir más allá del dominio elemental y su actitud logra exasperarlo tanto como atraerlo. Dos historias a sendos lados del Ynodria, un legendario puente colgante, obra de dioses y titanes, convertido en símbolo de libertad.


Fantasía Épico Todo público.

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Prólogo

Si tus pasos te llevan hasta las escarpadas cimas de Las Alboradas, y el valor aún te da para alcanzar el Valle del Miedo, lo atestiguarás con tus propios ojos. Puede que el temerario puente colgante de Yndoria siga uniendo los territorios Norte y Sur de Asthais, donde Las Alboradas ejercen de frontera. Se alzan imponentes ante nuestros ojos, altaneras y protectoras frente al desastre pero solo será cuestión de tiempo que la pureza de sus níveas faldas sea mancillada. Las columnas de humo al otro lado son una queja suplicante al cielo, garras etéreas que claman un final distinto al sufrido. Los devastanos. Llevan ya un tiempo de cuenta incierta, perdido en el vacío que dejan tras de sí, sembrando una alfombra de muerte y sangre a su paso. No, no es una guerra; es un exterminio. Las espadas humanas no pueden derrotarlos. Ante ellos, surcan el aire con movimientos desesperados. Porque los devastanos no son tangibles. Están formados de nada, de oscuridad, del vacío ahogado que deja tras de sí la desesperanza. Las hojas de las dagas y las puntas de las flechas los atraviesan como si nada, incapaces de acabar con su existencia. Solo los elementalistas son capaces de blandir un arma que pueda derrotarlos pero sus academias (Ymparta, Dogma, Lonoa, Antalia y Zundrak) no dan al abasto surtiendo a sus ejércitos. Cualquier humano puede convertirse en un elementalista, pues todos descendemos de los zyklos, antiguos guardianes de los elementos. Pero el tiempo requerido para formarse correctamente es demasiado; toda una vida.

La desesperación es tal que no son pocos los que envían a sus hijos, sobrinos y nietos a las academias; muchos de ellos, la mayoría, a una muerte segura. Otros, unos pocos, serán quienes logren dominar las fuerzas de la naturaleza, los poderes del universo y la vida, convirtiéndose en guerreros capaces de unirse a la causa. Pero mientras eso sucede, los hijos de la Devastación no conceden tregua alguna.

No siempre fue así. En los inicios, cuando el caos y el desorden gobernaban en nuestro mundo, los devastanos trajeron equilibrio; ellos trajeron la paz. Después se retiraron. Pero algo los ha corrompido, como ocurrió con los zyklos. Toda creación de los dioses acaba siempre sucumbiendo a su propio interés. Era ingenuo pensar que preparaban el mundo para otros. Lo querían para ellos mismos.

El olor a quemado llega hasta aquí, empujado por el viento, aliado etéreo, volátil y cambiante; traicionero y mensajero del drama que se vive al otro lado del Yndoria.

El viejo punte colgante era antes conocido como El Paso, nexo de unión entre los territorios y sus gentes. Multitud de corazones valientes arriesgaron todo en la huida hacia una más que dudosa libertad. El Norte aún no ha sido tomado pero lo será, si las cosas no cambian. Sin embargo, para muchos, ser un cadáver es mejor que ser un esclavo. O lo era. Los desvastanos tomaron el puente hace más de dos décadas y lo vigilan. Ahora, los viejos lazos de unión del Yndoria solo se reencuentran una vez al año, con motivo de lo que ellos llaman el Sanguinem Fratris, una macabra competición celebrada en Targon, capital del Sur, por aquel a quien todos conocen como 'el Emperador'. Urian extiende un legado de sangre con mano de hierro y pose inamovible, una sucesión de pruebas que determina a dos vencedores, dos almas dignas de libertad que cruzarán el puente. Llegar hasta los territorios del Norte se ha convertido en el gran anhelo de los sureños, escapar de la barbarie que allí han implantado los devastanos, delirantes de la conformación del imperio más grande jamás soñado. ¿Y cómo huir de eso? ¿Cómo un puente de madera puede marcarse como frontera para dejar atrás el dolor? Es solo una tregua, un descanso en un camino engañoso y plagado de dificultades.

Pero algunos, incluso, conservan sueños de resistencia y libertad, vagas ilusiones con las horas contadas pero única fuente de alimento a la esperanza y a la lucha soterrada en el Norte y también en el Sur. Batallas que discurren entre susurros, al paso de los pies cansados y ensangrentados que escuchan el latir de una tierra, la calidez de un fuego, el soplo del aire y la frescura del agua recordándoles que la vida es aún el bien más preciado del que disfrutan y que eso es todo cuanto necesitan preservar.

Pero aquí la desolación dice otra cosa: aquí la impotencia resquebraja corazones asomados a las ventanas de unos ojos llorosos. Miramos hacia allí y no podemos hacer nada. Los elementalistas ya no pueden cruzar el abismo. Cuentan que a veces, incluso los gritos vencidos llegan hasta estas cumbres. Las academias seguirán, mientras tanto, forjando guerreros, voluntades y corazones prendidos en ira que buscarán venganza. Y nosotros esperaremos. Pero no te he traído hasta aquí solo para contarte esto. Nadie salvo tú puede volar al otro lado del Yndoria y buscarlos. Son pocos pero viven. Tráelos de vuelta y puede que entonces, y solo entonces, tengamos una oportunidad.

11 de Marzo de 2019 a las 22:14 2 Reporte Insertar 1
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Schneider Sernaqué Gonzales Schneider Sernaqué Gonzales
Una hermosa historia :)
17 de Marzo de 2019 a las 16:05

  • Jessica Jessica
    Muchas gracias, Schneider, por leer y por tomarte la molestia de comentar. ¡Un saludo! 17 de Marzo de 2019 a las 16:47
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