Confinamiento Solitario Seguir historia

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Faddey Fedorov tiene un trabajo muy peculiar, encontrar cosas que están perdidas y que de otra forma no podrían ser encontradas. Eso lo llevó hasta el St. Svetlana, un hospital-cárcel que tuvo su máximo esplendor durante la guerra fría pero que ahora yace abandonado en la tundra gélida...


Paranormal Todo público.

#paranormal #misterio #suspenso #hospital-abandonado #Exploración-Urbana
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La Agenda de Dima Ivanov

I


El silencio se había instalado entre los dos comensales, ya desde hace mucho se había cruzado la línea de lo que se consideraría incómodo. Frente a frente, sin decir nada. Solo esperando la respuesta de uno y la reacción de otro. Afuera del café, dos hombres más esperaban. El más alto de los dos, moreno y de complexión atlética, tomó la taza que estaba sobre la mesa dispuesta así para él y sorbió, a pesar de que el café ya estaba frío, reconoció que era esplendido. La cafetería Granie D´or no era solamente una fachada para la mafia, sino que de verdad apreciaban el buen grano. El más bajo, notoriamente pálido y sudoroso, no perdía el aire de mandamás. No era un capo, pero si alguien de peso. Su traje caro y sus zapatos aún más caros alertaban al más alto que debía ser prudente.


—¿Qué piensas al respecto? ¿Tomarás el trabajo? El dinero no es impedimento, pagaré lo que creas conveniente.

—No es el dinero lo que me inquieta. Sé que podría costear mis honorarios. Pero lo que pide es, inusual.

—Entiendo. El problema es que eres a quien me recomendaron todos a quienes consulté. No tengo a quien más acudir.

—¿Tiene una idea de como llevaríamos a cabo la búsqueda?

—Si, tengo un equipo que te ayudará. Tú serás el líder. Harás lo que les digas cuando lo digas.

—Diablos...


El más alto se levantó de su asiento y caminó por el lugar. De alguna manera sabía que algún día tendría que trabajar para la mafia de una u otra manera. Aunque nunca imaginó que ese trabajo sería inspeccionar una cárcel abandonada de la vieja KGB.


—¿Qué piensas?

—De acuerdo. Lo haré por diez mil...

—Te daré eso como anticipo y otra cantidad igual si regresas con la agenda. ¿Te parece bien, camarada?

—Es el doble, ¿está seguro?

—Estoy seguro, sé que lo lograrás. Pasaremos por ti mañana a las nueve de la noche.

—Está bien, ¿me llevarían a casa?

—Los chicos te llevarán. Ah, lo olvidaba. Toma mi tarjeta, puedes llamarme si necesitas algo.


En la tarjeta se leía el nombre Pavel Kozlov con tinta negra, junto a un número de teléfono. Después de extender la mano al joven, los dos de afuera entraron y lo escoltaron hacía el coche, el mismo que lo había llevado hasta ahí hace apenas unos treinta minutos.


—Le caíste bien al Don.

—¿Eh? No me pareció, apenas si hablamos del trabajo.

—Te dio su tarjeta personal, no es algo que haga muy seguido.

—Ya veo...


No volvió a decir nada hasta llegar a su apartamento en Arbat. El inmueble, en muy mal estado, tenía cinco pisos y eran es el último de estos donde Faddey Fedorov llegó por fin a casa. Estaba nervioso, sus manos no dejaban de temblar. Su rostro se veía cansado. Arrojó sus cosas a una mesa, incluyendo el dinero entregado por Pavel, y luego se arrojó el mismo al sofá de la sala. «Nunca debí aceptar esa reunión», pensaba para si, justo antes de caer dormido.


—Faddey, ¿estás bien?

—Lilia... ¿acabas de llegar? —respondió el joven aún muy dormitado.

—No, llegué hace un rato, pero vi que dormías y te he dejado tranquilo. Pero después de un rato empezaste a quejarte y te desperté.

—Si, ahora recuerdo, estaba soñando.

—¿Si?

—Prepararé la cena y te lo contaré.


En joven fue a la cocina y comenzó a preparar una ensalada de manzanas. Se veía pensativo, Lilia sabía que se trataba de algo importante, así que espero a que este iniciara a hablar al respecto.


—Soñé que estaba preso...

—¿Preso?

—Si, estaba solo en una celda muy pequeña, creo que era de castigo.

—Una vez leí sobre eso, el aislamiento es un castigo muy efectivo, pero cruel.

—Me despertaste justo cuando alguien abrió la puerta que me encerraba.

—¿Tiene algo que ver con lo que fuiste a hacer en la tarde?

—Sobre eso... Acepté un trabajo.

—¿Es peligroso?

—No —mintió—, pero debo de actuar con sumo cuidado. Ya me pagaron la mitad, son diez grandes.

—¿Veinte mil? ¿Matarás a un funcionario público?

—Tranquila, no es eso. Solo debo recuperar algo perdido, ¿si?, el mismo trabajo que vengo realizando desde siempre. Alguien busca algo y yo lo encuentro.

—Pues eso que buscan debe valer mucho... no confío en esto.

—Escucha, con esto podemos pagar muchas cosas y sobraría para los materiales que necesitas. Sé que es peligroso, pero no puedo perder esta oportunidad.

—Solo ten cuidado, ¿si? —dijo entre suspiros.

—Claro que si... Ven a comer.


Comieron en silencio y así mismo se fueron a la cama, no durmieron hasta pasada la media noche. Al amanecer, Lilia había ido a trabajar antes que Faddey despertara como era lo habitual. El frío era constante, calaba en los huesos. El joven se aferraba a su sábana con todas sus fuerzas, mientras lo hacía, una luz amarilla lo deslumbró.


—Dima, despierta de una vez —dijo un hombre vestido con indumentaria policial, era delgado y con una expresión tosca—, beberás el café afuera.

—Vasya, pensé que no saldría hasta el próximo mes —contestó un muchacho vestido con ropa naranja, a penas despierto.

—Es una orden del médico, dice que debes recibir sol de vez en cuando.

—De acuerdo... ¿nos vamos?


Dicho esto, Dima colocó las manos juntas, a modo que las muñecas se rosaran, observando que las tenía laceradas. El carcelero le colocó las esposas y, tomándolo del brazo, se dirigió hacia el patio. Desde el área de confinamiento solitario hasta donde el sol pudiera verse, se debía subir cuatro pisos y además cruzar dos corredores larguísimos. Al llegar, Dima se vio obligado a cerrar los ojos, la luz era casi dolorosa, era la primera vez en casi tres meses que salía de su celda.


Faddey despertó al sonar la alarma. «Otra vez en la cárcel, maldición...», Susurró mientras se ponía de pie. Estaba mareado, se abofeteó un par de veces para terminar de despertar y al ver sus manos notó que tenía marcas como si hubiera estado esposado.


—Esto no será fácil, para nada...


Su mirada se clavó en el dinero sobre la mesa, donde lo había arrojado la noche anterior. Suspiró y terminó de despabilarse, fue al armario sacó una mochila. Adentro encontró cámaras y un equipo de audio.


II


Faddey no dijo nada al salir, se limitó a abrazar a la que había sido su compañera de vida desde que salieron de secundaria. Lilia le besó la frente y dibujo una pequeña cruz en ella. El joven bajó las escaleras sin detenerse, afuera, dos camionetas negras lo esperaban. Un hombre esperaba, vestía de negro y parecía el líder.


—Faddey Fedorov, ¿no es así?, soy Víctor, seré el representante de el Don en este asunto.

—Si, un gusto —estrechando su mano, observó hacia dentro de las camionetas, había unos ocho hombres—, ¿adonde iremos?

—¿Aceptó el encargo de señor Pavel sin saber de que se trataba?

—No me dio muchos detalles, estoy acostumbrado a eso.

—Iremos a las afueras de Moskva, llegaremos a la media noche.

—De acuerdo, en marcha —dijo, luego volteó a una ventana del quinto piso, la única que seguía encendida, sonrió y luego entró al auto.


La nieve empezó a caer unos minutos después de entrar a la carretera. Hacía frío, eso preocupaba al joven.


—Espero que sus hombres vengan equipados.

—No se preocupe, camarada, son agentes y ex agentes de fuerzas especiales, están preparados para lo que sea. Usted será el capitán del equipo al entrar a St. Svetlana, ellos lo obedecerán en todo.

—¿Alguna vez han hecho una exploración urbana?

—No, hasta donde sé, pero si conocen tácticas de infiltración en espacios reducidos, supongo que servirá.


A la media noche exacta, a lo lejos, Faddey pudo observar un blanco y tenebroso edificio levantarse sobre un terreno elevado. Se trataba del hospital St. Svetlana, aunque solo era una fachada. Detrás de lo que aparentaba ser un hospital militar, era en realidad una cárcel para presos políticos y espías.


Las instalaciones constaban de cuatro edificios de seis pisos, y tres más subterráneos. Dos de ellos conformaban el área médica, donde atendían a personal militar de alto rango. El tercero era propiamente una cárcel, y el último servía a fines administrativos. Juntos formaban una extraña equis en medio del árido paraje septentrional. No había más datos, la infraestructura y su distribución son de dominio público debido a algunos aventurados que lograron salir ilesos en pequeñas incursiones. Todo lo demás estaba guardado en los cajones secretos de la inteligencia del estado. Algunas cosas que ahí ocurrieron fueron peor que la muerte misma. Faddey sabía aquello y le temía.


—Hemos llegado. ¿Esas cámaras son necesarias?

—Si, imagino que el señor Pavel no quisiera que quede registro de lo que haremos, pero es necesario. Cada cierto tiempo nos detendremos a observar lo grabado, será de vital importancia.

—¿Lo borrará después?

—Claro, descuide.


Los hombres de Víctor formaron una línea, callados, vestían indumentaria casi militar y estaban armados. Esperaban ordenes de Faddey. Este, quien se había quedado atónito, tardó en entender lo que sucedía.


—Colóquense estas cámaras en sus cascos, procuren mantenerlas encendidas todo el tiempo. Muévanse en grupo, no se separen más allá de donde los perdamos de vista. No perdamos comunicación e informen de todo lo que vean.

—¡Entendido! —gritaron al unísono.

—No conozco sus nombres...

—Theo, Nix, Linc, Jeffer, Roos y Ken —anunció Theo, señalándolos uno a uno mientras los nombraba.

—Que curioso, creo que me será fácil de recordar...

—Los demás esperaremos aquí, toma esto —Víctor extendió a Faddey una bengala—, solo deben acercarse a una ventana y disparar, en caso que necesiten salir de ahí de inmediato.

—Gracias, estaremos en contacto por radio, pero no es seguro, la señal nos puede traicionar, buena idea. Nos vamos.

—Suerte, muchacho. Tienen hasta el amanecer, después llegarán los del equipo de demolición y todo habrá terminado.

—Terminaremos antes...


Los siete hombres se abrieron paso a través de la nieve, rompieron la puerta principal y entraron el complejo edificio. Cuatro instalaciones unidas al centro por un estructura sólida, no había otra conexión entre las cuatro áreas a no ser por la central, dicho de otro modo, si se recorría el edificio A, se debía volver al centro para ir al B y así para todos los demás. En la estancia encontraron algo muy útil, un pequeño mapa que les ayudaría a ubicarse.


—Tomaré una foto a esto.

—Fedorov, no veo que las celdas estén señalizadas —dijo Ken.

—Si, bueno. Era una cárcel secreta, no existe ningún registro de como estaban distribuidas las celdas.

—Imagino que era la manera en como se trabajaba en eso días. ¿Entonces, que procede?

—Venimos a buscar una agenda perteneciente a un espía, Dima Ivanov.

—¿Una agenda? Así que por eso no querían darnos mayor información —agrego Nix—, ¿cómo supones que la encontrarás?

—Tengo mis métodos. Primero a lo fácil, busquemos la celda de Dima. Sé que estaba en los niveles subterráneos, en confinamiento solitario. Pero no sé en cual de los dos edificios, C y D, ¿que opinan?

—Fedorov, ¿que te parece si vamos en orden? —dijo Jeffer, observando con detenimiento el mapa en la pared.

—Si, podemos hacer eso... Vamos al C.



El camino hacia el edificio C tenía su acceso por el lado noreste de la instalación. La puerta estaba cerrada una vieja cadena, no fue difícil romperla en dos. Frente a ellos había un corredor oscuro, no eran capaces de ver hasta donde llegaban. Fue entonces cuando encendieron las lámparas que llevaban consigo y las cámaras de video. El haz de claridad que emitían dichas lámparas contrataban enormemente con la oscuridad de la noche, de modo tal que solo era posible ver aquello que iluminaban de forma directa, todo lo demás, aún a escasos metros, estaba cubierto por una espesa manta de oscuridad.

Avanzaban en un grupo muy apretado, iluminando la mayor extensión posible para no perderse nada.


—Vean al suelo seguido, no querrán caer por un agujero.

—Fedorov, todo está casi intacto, las cosas en los escritorios, es como aún en la mañana vinieron a trabajar, a no ser por polvo y la suciedad.

—Verás, Roos, el hospital fue abandonado en cuestión de un día. No pudieron llevarse nada de aquí.

—¿Qué sucedió?

—No se sabe, hay muchas teorías rondando por ahí. Unos afirman que fue debido a que el edificio estaba a punto de hundirse, cosa que nunca pasó, otros aseguran que hubo una epidemia entre pacientes y personal de salud...

—¿Epidemia? —interrumpió Roos.

—Si, una infección nosocomial que no pudieron resolver, pero nadie sabe a ciencia cierta.

—¿¡Hey, quien anda ahí!?


El grito de Theo puso en máxima alerta a los demás.


—¿Que sucedió?

—Creí haber visto a alguien, aunque solo era la sombra, supongo.

—Caminemos, no se distraigan —dijo Fedorov sin darle importancia a la sombra que tanto él como Theo había acabado de ver.


III


Dima bebía el café que Vasya le entregó al salir al patio del edificio C. Había nevado y el frío era doloroso, pero al recluso no parecía importarle. Estaba contento y se reflejaba en la sonrisa que mantenía en el rostro. Llevaba preso dos años y medio, era espía. Durante gran parte de la guerra fría vivió como Andrew Phillips en Londres, obteniendo información de un amante que trabajaba en la Cámara de los Comunes. Robó información como ningún otro en tierras extrajeras, era bueno en lo que hacía.


—Oye, ¿nos dirás donde está la agenda?

—Vasya, ¿no me dejarás beber tranquilo este café?

—Tengo ordenes, los de arriba se están cabreando contigo y conmigo...

—No es mi intención causarte problemas, Vasya. Pero sabes quienes desean esa agenda y para que. Soy un patriota a pesar de todo...

—Termina el café, te están esperando dentro.


Faddey Fedorov despertó de golpe. Theo y Nix estaban a su lado. Sudaba y se veía pálido. Los agentes lo ayudaron a ponerse de pie. Asustados, era fácil reconocer eso en la expresión en sus ojos. Fedorov supo que algo había ocurrido, pero temía preguntar.


—Pensamos que no despertarías —dijo Theo, adelantándose a Fedorov.

—¿Qué fue lo que sucedió?

—¿No lo recuerdas? Ken se adelantó un poco y dijo ver a alguien, corrió hacia un pasillo y lo perdimos de vista. Luego las lámparas y el equipo se apagó por completo y al encenderse, tú caíste en el suelo. Estabas helado, como la nieve.

—Maldición... ¿y los demás?

—Avanzaron un poco solos, querían encontrar al Ken antes de que algo sucediera... Espera, ¡ahí vienen!


Jeffer, Roos y Linc salieron de las sombras, sus ojos vacíos reflejaban terror. Todos callaron, hacía falta Ken.


—¿Lo encontraron?

—Si, vaya que lo encontramos... —tomo la palabra Jeffer— No lo creería si no lo hubiera visto con mis propios ojos.

—¿Que quieres decir? —cuestionó Nix.

—Deben verlo. Está por acá...


Los agentes que caminaron en avanzada guiaron a los demás hasta el tercer piso del edificio C. Sus pasos eran firmes y habían desenfundado sus armas. Al llegar a una especie de oficina, el cuerpo de Ken yacía en el suelo, con los órganos expuestos. La sangre se esparcía por doquier y en ambiente estaba saturado de un olor extraño.


—¿Qué carajos pudo hacer algo así? ¿un animal?

—No, Theo, cuando llegamos esa cosa aún estaba encima de Ken, era una...

—Sombra... —interrumpió Fedorov.

—¿Como lo sabes?

—Es un espectro, un espíritu encarnado, como quieran llamarle. Es por esto que todo el hospital fue cerrado, algo nauseabundo recorre este sitio.

—Nauseabundo, ¿de que mierdas hablas?

—Presten atención, venimos por una agenda, pero nadie sabe donde está. Yo puedo saberlo mediante sueños. La agenda que buscamos era de Dima Ivanov, he soñado mucho con él, pero cosas insignificantes.

—¿Que quieres decir?

—Que algo no me deja ver lo más importante, y esa cosa es la que mató a Ken. ¡Con razón el viejo me estaba pagando tanto!


Fedorov se sentó en el suelo. Necesitaba pensar. En ese momento, extraños ruidos empezaron a sonar por todas partes, como si estuvieran rodeados por una manada de seres sin forma.


—Esto no me está gustando, ¿qué debemos hacer?

—Te diré lo que debemos hacer, Nix, salir de aquí...

—¡Esperen! —grito Faddey desde donde estaba sentado—, están olvidando algo, este es un trabajo y debemos terminarlo. Además dudo que esa cosa nos deje salir vivos, sabe lo que venimos a buscar.

—Entonces, ¿qué propones? —preguntó Jeffer.

—Yo dormiré, ustedes me cuidarán. Debo encontrar esa agenda y solo entonces podremos salir de aquí.

—¿Dormir? ¡Debes estar bromeando! —Jeffer tomó de la camisa a Fedorov y lo obligó a ponerse de pie— Ken está muerto, era nuestro amigo, no tenemos tiempo para tus estupideces.

—Hace dos años me contrataron para encontrar el cuerpo de una muchacha en Siberia. Ocho equipos diferentes la buscaron por la tundra y los bosques y debajo de la nieve sin resultados. Yo soñé que había sido atacada por un oso y que su cuerpo yacía entre dos pinos junto a una roca negra. La encontraron al día siguiente —Jeffer soltó a Fedorov al escuchar sus palabras—, yo fui internado en el hospital una semana.


Fedorov empezó a desvestirse, dejando al descubierto su espalda. Tenía una cicatriz que recorría desde el omóplato derecho hasta la espalda baja. Era un zarpazo de oso.


—¿Eso le pasó a la chica?

—Si, al soñar me expongo, física y mentalmente. Yo también estaré en riesgo. ¿Entienden ahora?

—Sigue siendo una locura, pero no tenemos opción. Nix y Theo, quédense con Fedorov. Roos, Linc y yo vigilaremos el perímetro. Disparen a todo lo que se mueva. Faddey fue a una esquina y se sentó, recostando la espalda contra una esquina. Cerró los ojos a manera de concentrarse, intentando relajarse lo suficiente para hacer su parte del trabajo. En un momento dado, Jeffer y los demás advirtieron de la presencia de una sombra, de inmediato los disparos se hicieron escuchar. Theo se mantenía lo más cerca posible que podía a Fedorov y este cerraba sus ojos con todas las fuerzas. La sombra corría de un lado a otro y había logrado herir a Linc en el brazo. Luego esta desapareció, dándole un respiro a los agentes. En ese momento, Faddey estaba dormido. Nix se acercó a ver su estado, percatándose que su ojo izquierdo sangraba. La sombra volvió a aparecer, cargando contra los agentes con mayor furia. Las balas apenas parecían hacerla retroceder. Emitía un olor putrefacto que causaba nauseas a los presentes. Daba la impresión que intentaba llegar desesperadamente hasta Faddey a toda costa. Theo, que era muy observador, se enteró y avisó al resto, de forma ordenada, abandonaron su posición para acercarse al muchacho y formar una especie de escudo humano y resistir lo que fuera necesario. Faddey por su parte, dormía, aunque era visible que no de forma plácida, su aspecto era el de un hombre el cual era torturado.


IV


El tiempo parecía detenerse a cada golpe. La sangre por momentos nublaba la vista de Dima, cosa que era resuelta de inmediato con una cubeta de agua helada. Cuando eso sucedía, el tiempo empezaba a correr de forma normal y el demacrado espía recobraba la conciencia.


—Dima, habla de una vez.

—¿Vasya? Que caro resultó el café y salir afuera... No quiero imaginar lo que harían si hubiera pedido chocolate y un poco de pastel...

—No estas en condición de hacer bromas, no quiero que esto continúe, pero eres el único que puede ponerle fin. ¿Donde está esa agenda? ¿Qué escribiste en ella?

—No puede ser —Dima esbozó una leve sonrisa—, ¿quieren poseer algo sin saber siquiera lo que contiene?

—Sabemos que ocultaste algo en ella, ¡mataste a una docena de agentes de primer nivel por esa agenda!

—Lo saben, ¿no?, lo que hice, lo que haría, esa agenda es mi alma... pueden quedarse con mi cuerpo... —dijo alzando la mirada, su rostro ensangrentado proyectaba la determinación de un hombre a quien no le importa nada— Nunca tendrán esa agenda.


Vasya lo supo, que nunca le sacarían nada. Salió de la sala que servía como cámara de tortura y sacó un cigarrillo. Su mano temblaba, era un patriota, pero ver al joven a quien había cuidado durante tantos años, reducido a jirones. Terminó de fumar, quizás para que la nicotina lo envalentonara, abrió la puerta y ahí, desenfundando su arma, disparó.

Fedorov despertó de golpe, su rostro molido a golpes, reflejaba una sonrisa.


—La agenda no está aquí. ¡Larguémonos de aquí!


Jeffer y Nix lo ayudaron a ponerse de pie, siendo testigos de primera mano de lo mal que estaba el joven moreno, los demás cargaron el cuerpo de Ken. La sombra desapareció y tuvieron así una chance para correr. En su huida, escuchaban los chillidos de la sombra que los perseguía. Llegaron a la salida dando tropezones, pero vivos, sin embargo Fedorov apenas si podía mantenerse de piel el solo. La sombra no salió más allá del pórtico de la entrada principal. Luego volvió a entrar, cerrando la puerta con violencia. Fedorov dormía de nuevo.


Los disparos fueron certeros. Vasya había asesinado en un solo movimiento a los dos que sometían a Dima al flagelo de sus golpes. Quitó las esposas del espía y lo ayudó a levantarse. Ambos llegaron a la salida trasera de la instalación, donde Vasya le entregó a Dima el abrigo que llevaba.


—Vasya, no te robes mi protagonismo, pensé mucho en mis últimas palabras.

—¿No dejarás tu papel de bocazas, verdad?

—Ven conmigo.

—No hay espacio para mí allá afuera. Lo sabes, soy apenas un perro guardián, y mira que mal se me da...

—Vasya.

—Dime, ¿que hay en esa agenda que vale tanto?

—Pues veras...


Fedorov despertó con un rayo de sol en el rostro. El equipo de demolición empezaba a realizar su trabajo. El equipo de Jeffer se había retirado con el cuerpo de su amigo, lo quedaba Víctor y Theo.


—Vaya, pensamos que nunca despertarías.

—Víctor, lo siento, no pudimos encontrar lo que buscábamos.

—Si, el señor Pavel está enterado. Pero dada las pérdidas, supongo que nadie hubiera encontrado nada de todas formas.

—¿Quieres saber por qué cerraron el hospital?

—¿Averiguaste algo?

—Un agente de seguridad se volvió loco y mato a varios camaradas antes de morir acribillado.

—¿La sombra que vimos...?

—De seguro era de él Vasya.


Faddey subió al coche y los tres se marcharon. El joven observó por última vez aquel viejo hospital, pensando en la respuesta del espía.


Dos semanas después.


El silencio se había instalado entre los dos comensales, ya desde hace mucho se había cruzado la línea de lo que se consideraría incómodo. Frente a frente, sin decir nada. Solo esperando la respuesta de uno y la reacción de otro. Afuera del café, dos hombres más esperaban. El más alto de los dos, moreno y de complexión atlética, tomó la taza que estaba sobre la mesa dispuesta así para él y sorbió, no era un grano tan bueno como el de Granie D´or, pero lo disfrutó.


—Entonces, ha estado escondido todo este tiempo...

—Cuando vives lo que yo viví, aprendes a desaparecer.

—Soñé con Vasya, aún protegía el secreto de la agenda.

—Ese bastardo me arrebató la muerte gloriosa que había preparado.

—Si, recuerdo que dijo algo parecido.

—Y bien, ¿qué harás ahora? ¿Me entregarás a Pavel?

—No, Dima Ivanov, no lo haré... Sufrí a tu lado cuando te negaste a hablar. Creo que merezco un poco de eso que escribiste en esa agenda, ¿no?

—Tengo un lingote en el auto, supongo que será suficiente...


Una sonrisa en el rostro de Fedorov fue acompañada por un apretón de manos. Los soviéticos perdieron un cargamento de oro destinado a mantener sus alianzas en medio oriente, pero eso solo Dima lo sabía, él y su agenda.

11 de Marzo de 2019 a las 05:48 4 Reporte Insertar 7
Fin

Conoce al autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Fausto Contero Fausto Contero
Un excelente relato, como siempre, mi amigo. No me esperaba ese final, ni esos giros de la trama. Cuando visualizaba el final, me cambiaste toda la historia, y me dejaste asombrado. Me ha gustado que dejarás sin explicar demasiado el misterio de la sombra, eso es más inquietante.
11 de Marzo de 2019 a las 19:32
Ereth Khial Ereth Khial
La historia es buena, pero en tu lugar le daría un par de vueltas para repasar la ortografía y especificar algunas cuestiones que quedan un poco confusas. Lo cierto es que he leído el texto varias veces y entiendo que el final se corresponde con el principio, pero me despista esa frase de "¿Me entregarás a Pavel?", cuando creo que es Pavel Kozlov con quien está hablando. Por lo demás, la trama es original y el final, sorprendente.
11 de Marzo de 2019 a las 14:31

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    El párrafo final es un guiño al inicio de la historia, pero si creo que no supe expresar bien la idea. Fedorov está conversando con DIma, a quien encontró mediante sueños... Le daré una revisión más, muchas gracias por tomarte la molestia 11 de Marzo de 2019 a las 18:22
Flor Aquileia Flor Aquileia
excelente amigo
11 de Marzo de 2019 a las 13:27
~