Egnaron: la leyenda de la montaña Seguir historia

jess_yk82 Jessica

En las cavernas de la montaña de Vlezard, se encuentra la ciudad de Egnaron. Kanda es una joven guerrera que ha vivido sus dieciocho años con el imperioso afán de llegar hasta allí, enfrentarse a los dioses que moran en la roca y ganarse el derecho a exhibir el Nakh, la marca de los guerreros más valerosos de Mordana. Pero Egnaron no es lo que todos piensan y su leyenda oculta tantos misterios como mentiras. Hacer que la crean, sin embargo, no resulta tarea sencilla, cuando la doliente tierra de Mordana se enfrenta a una letal amenaza en forma de ejército, capaz de arrasar grandes reinos en una sola noche. Los magos buscan ayuda en 'la última colonia', once hombres venidos a menos, únicos supervivientes del grandioso reino de Veyernak, castigado por los dioses, que dedican sus vidas a luchar por los demás a cambio de dinero. Así, magia y espada unirán sus fuerzas en la resolución de un cerco que se estrecha y que empieza a ver encajadas las piezas de un complejo rompecabezas iniciado mucho tiempo atrás. Traspasar los límites de lo prohibido será el único modo de recuperar todo aquello que ama, unos ojos azules, los de Sibax, que la miran de un modo diferente.


Fantasía Épico Todo público.

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Prólogo

«Cuento cada segundo hasta el momento en el que pueda salir de aquí. Es ya mucho el tiempo de cautiverio; demasiados los días sin hablar con nadie, sin escuchar otra voz que no sea la mía, pero trato de invertir cada segundo en algo que, tal vez mañana pueda resultar de utilidad. Confío en la curiosidad de quien se atreva a dar un paso al frente respecto de los límites establecidos en este lugar, o quizás solo pueda encomendarme a la casualidad, a la fortuna. Me detengo en mi escritura y observo la letra trazada con mi propia sangre. Es una esperanza demasiado vaga, demasiado etérea para la misión que me ha sido encomendada. Pero me temo que no hay más. Él viene a verme cada día, tratando de que desista en mi cometido; de lograr de algún modo una garantía de que no volveré a intentarlo, pero no se la daré. Los dioses me envían, ellos quieren que lo haga y lo haré. Sin embargo no puedo negar que cada visita suya hace que tema por mi vida y sé que algún día él tratará de acabar conmigo; por esa razón debo dejar indicado el camino a alguien. Me costó acostumbrarme a los presagios, pero ya forman parte de mi vida. Conocer el futuro no evitará mi destino, pero sí puede evitar el de muchos otros. Echo una última ojeada al retazo de tela que me he arrancado y a la sangre que lo impregna:
«De sobra sabe que son tres: El 'inquebrado' conduce a los otros dos, las lágrimas del caído y el reflejo del invicto. Sin disfraces. A él se lo dirá su rey sin corona; a ella, su mayor rival».
No es un mensaje claro, pero no puedo arriesgar más. Si él lo descubre, confío en que le diga menos que a aquella otra persona en la que deba depositar mis esperanzas. Me levanto y camino hasta la oquedad en la pared que he dejado al levantar el tablón suelto, guardo allí el retazo de tela y coloco de nuevo la vieja tabla corroída. Cierro los ojos e inspiro profundamente; tanto, que no tardo en detectar el olor a humo. Lo veo penetrar a través de la rendija de la puerta. Me incorporo y corro hacia ella, la golpeo con fuerza mientras grito. Trato de empujar, de tirar de ella; es un intento tan absurdo como desesperado. Hay fuego pero nadie vendrá a sacarme de aquí. Es el fin».










10 de Marzo de 2019 a las 21:55 0 Reporte Insertar 1
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