Algo entre tú y yo Seguir historia

sylviarodriguez Silvia Rodríguez

Me besó en los labios, fue fugaz, como las estrellas de aquella noche. Se marchó y yo hice lo mismo, entré a mi casa con una sensación extraña por lo que acababa de ocurrir. El amor, los celos, la pasión... son las llaves de la historia de Julia, en la que aprende lo que es el verdadero amor.


Romance Todo público.

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Introducción

¡Hola! Soy Julia, una joven enamoradiza y soñadora. Vivo en un pequeño pueblo de León, cercano a Boñar. Cuando era adolescente pasaba la mayoría del tiempo con mi grupo de amigas. Solía quedar con ellas en la plaza de Boñar, donde nos reuníamos todas las tardes. Habitualmente quedábamos a eso de las ocho de la tarde, así aprovechábamos el tiempo para estudiar y nuestros quehaceres, o por lo menos yo. Normalmente yo llegaba 10 minutos antes que las demás, así que me sentaba en un banco de la plaza a esperarlas.

Una tarde me fijé que había un chico sentado en el banco de enfrente. Me parecía tan guapo que me era inevitable mirarle. Pero no era la única, algunas veces me daba cuenta de que él me miraba. Finalmente se quedó en costumbre estar ambos en el mismo momento y lugar. La primera vez que le cacé observándome, intercambiamos una mirada. Instantáneamente se me escapó una pequeña sonrisa y bajé la mirada bastante rápido.

He de reconocer que en alguna ocasión mi mirada enfocaba la boca de él. Sus labios parecían carnosos y apetecibles. Pero mi mayor debilidad era su sonrisa, mostrando sus resplandecientes dientes. Cuando sonreía mi mente maquinaba, haciéndome imaginar que nos besábamos. Ese sueño se desvanecía en el momento en que mis amigas me saludaban a su manera. La cual era asustándome. A veces me hacían sentir tonta delante de ese chico.

Desde el primer día que le fiché hasta unas semanas después, no hablábamos absolutamente nada. Pero con el tiempo, el chico se animó a saludarme de vez en cuando. Yo también me planteé en dar el primer paso, aunque siendo sincera me daba un poco de vergüenza. A pesar de no conocerle, me parecía majo.

Todo lo contrario a un compañero de clase. Este último chico, físicamente era bastante guapo, pero se lo tenía muy creído. Andaba por cualquier sitio con sus aires de prepotencia. Sinceramente, la gente así no me gusta. El chico de la plaza, en comparación con mi compañero, parecía un chico corriente.

Lamentablemente, en lo que nos fijamos todos al principio es en la apariencia. Me parece muy triste, al fin y al cabo las personas no son solo un cuerpo. Todos y cada uno de nosotros tenemos algo que aportamos al mundo. Una chica, gordita y con gafas puede ser una gran bailarina. Y un chico muy delgado con muchos granos, puede ser un buen abogado. La gente puede llegar a sorprendernos.

En mi día a día, escucho comentarios con los que no estoy de acuerdo. Incluso preguntas hirientes que uno se hace a sí mismo. Reconozco, que a mí también se me pasan por la cabeza. Pero automáticamente me llamo tonta, con tal solo pensarlo. Porque finalmente, somos guapos a nuestra manera.


8 de Marzo de 2019 a las 23:11 0 Reporte Insertar 0
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