El arte del desquicio Seguir historia

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Karla Ayala


La catástrofe perfecta no crece de la nada, el arte del desquicio no es cuestión de segundos, es un camino en la agonía, lento y sublime, acompañado de un dolor equivalente al de cuatro disparos directos al corazón…


Fanfiction Juegos No para niños menores de 13.

#Jhin #league-of-legends #lol
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Sublime venganza

La catástrofe perfecta no crece de la nada, el arte del desquicio no es cuestión de segundos, es un camino en la agonía, lento y sublime, acompañado de un dolor equivalente al de cuatro disparos directos al corazón…

Por muchos años, Jhin fue un virtuoso en el arte. Durante bastante tiempo, trabajó creando pinturas las cuales tuvieron un gran auge en su época. Jhin dedicaba parte del día a estas obras, enfatizando hasta el más mínimo detalle, lo cual fue la clave de su éxito ya que aquellos que adquirían sus pinturas quedaban increíblemente fascinados con tanta perfección: la técnica empleada, el manejo de colores y las proporciones visuales.

El virtuoso pintaba todo aquello que lo conmoviera, pudiendo captar cualquier mínimo detalle en sus obras, y quien sea que contemplara alguna de ellas, podía sentir lo que Jhin plasmaba, lo que Jhin exactamente quería que sintieran, que en ese tiempo, era su felicidad, paz y armonía.

En cuanto a su vida personal, Jhin contaba con una acompañante en el amor con quien tenía una relación bastante estable y a quien dedicaba otra parte de su tiempo, una mujer con la cual quería pasar el resto de sus días: Emily, quien simbolizaba casi todo en su vida, dominaba su inspiración y le proporcionaba ese deseo de ser cada vez mejor, ese deseo de tanta perfección. Por ende, era quien influía enormemente en aquellas bellas creaciones.

Jhin, sin duda alguna, estaba convencido de que esa mujer debía ser su esposa, por lo cual, decidió proponerle matrimonio, y para ello, acordó una cita con Emily en el restaurant favorito de ambos, mismo donde se conocieron. Su plan era tener una agradable cena, y al finalizar, le haría la propuesta. Él estaba increíblemente emocionado, tanto que un día antes no pudo contener su felicidad y comenzó una obra de arte tan bella y expresiva que podía hacer sentir aquél gran amor hasta al ser humano más frío e insensato.

Llegó el gran día y Jhin se preparó, se vistió para la ocasión, guardó en una pequeña caja el anillo que compró para Emily, y partió al restaurant. Al llegar, se percató de que Emily aún no se encontraba ahí, lo cual le pareció extraño ya que ella era demasiado puntual, sin embargo, decidió no prestarle importancia.

Pasaron las horas y Emily seguía sin llegar, por lo que Jhin decidió llamarla, y para su sorpresa, la línea no estaba disponible. Esto, lo preocupó un poco, pero aun así decidió esperarla. Cayó la madrugada, el restaurant estaba por cerrar y Emily Jamás apareció.

Angustiado, Jhin regresó a su casa arrastrando los pies y guardando en su alma cierta decepción, pero al caminar y contemplar la negra noche y las brillantes estrellas, venían los buenos recuerdos a lado de su amada, por lo que recuperó su motivación pensando que quizás Emily se puso un tanto nerviosa por la propuesta, que quizás necesitaba más tiempo, que quizás aún no debía ser el día y él se adelantó a los hechos, y que quizás, sólo debía esperar a una nueva puesta de sol.

Por la mañana siguiente, decidió ir a buscarla con familiares cercanos y amigos, llevándose una desagradable noticia: nadie la había visto, nadie había hablado con ella, y absolutamente nadie tenía idea de donde se encontraba. Dado lo anterior, Jhin desesperado acudió a la policía para reportar el caso: la desaparición de su amada.

Pasaron los días, Emily seguía sin aparecer y Jhin cada día se encontraba más angustiado, Pasaron semanas y la tristeza y melancolía comenzaban a consumirlo. Pasaron meses y la desesperación y dolor comenzaban a extinguirlo por dentro, siendo su único medio para desahogarse la pintura. Sus obras comenzaron a tornarse obscuras, reflejo de ese gran dolor, de la pérdida de un ser amado, y cualquiera que visualizara sus obras podría sentir de inmediato una gran angustia por parte de Jhin.

Pasando casi un año de la desaparición, Jhin colapsó: la desesperación y frustración lo llevaron a hacerse daño a sí mismo, rasgando tanto sus manos al grado de desgastarse poco a poco la piel hasta arrancarla por pedazos. Contemplando esa obra, Jhin reía y reía mirándose al espejo, repitiendo una y otra vez al tiempo que le sacaba filo a un pincel “¿Por qué he de merecer este rostro si ya no tengo a quién mirar?” mientras lentamente rasgaba su cara riendo de dolor, y al mismo tiempo, llorando de confusión. Al paso de unos minutos, Jhin dejó su rostro irreconocible.

Por la mañana siguiente sonó el teléfono, el virtuoso contestó; era la policía, quién informaba que lamentablemente habían encontrado el cuerpo de Emily a orillas de un río, cerca de un almacén de la ciudad. Desconcertado, colgó el teléfono y se dirigió con un paso firme al ático. Comenzó a elaborar una máscara para ocultar su irreconocible rostro, guantes para tapar sus dañadas manos, así como un traje excéntrico para salir a las afueras y que nadie descubriera su identidad, ya que había tomado una decisión: ir en búsqueda de respuestas, ir en búsqueda de venganza.

Poco se sabe de los métodos de investigación de Jhin, pero fue capaz de encontrar al culpable. Consumido por el dolor, la ira, el sufrimiento y una enorme sed de venganza, llevó a dicho culpable a un lugar preparado especialmente para una tortura. Comenzó por amarrar al sujeto en una especie de camilla, y posteriormente, lo llevó por un tour artístico en el lugar, exponiendo todas esas obras llenas de sufrimiento que había realizado por casi un año, mostrando a su víctima el dolor sentido por haber acabado con la vida de su futura esposa.

El culpable, contemplando todas esas pinturas, comenzó a cambiar de expresión: ya no era la de un asesino, era la de alguien que sufría, era la de alguien arrepentido. Jhin sin embargo, continuaba con la tortura, haciendo preguntas sobre la situación, y siendo cada vez más agresivo, ya que seguía sin comprender la razón de este suceso que marcó para siempre su vida.

Pasados unos minutos Jhin no se sintió satisfecho con hostigar mentalmente a su víctima, por lo que lentamente comenzó a afilar un pincel para proseguir con agresiones físicas, rasgando y clavando lentamente la punta en diferentes partes del cuerpo del asesino para dañar su piel. El virtuoso sintió un enorme placer al realizar lo anterior, por lo que continuó hasta que la sangre brotara de las heridas.

Sin embargo, Jhin aún no saciaba su sed de venganza, por lo que dejó el pincel, tomó una sierra, y terminó por cortar las extremidades de su víctima, y con la sangre derramada, realizó una pintura en un lienzo blanco que colocó frente al hombre. El virtuoso no paraba de reír mientras bañaba el pincel en sangre y daba creación a una obra más para su colección, se sentía feliz de ver al hombre culpable de la muerte de su esposa retorcerse de dolor, y sobre todo, gozaba de una paz en su alma que lo hacía disfrutar plenamente esta obra.

Siendo su risa cada vez más aterradora, dejó de deslizar el pincel, sacó una pistola de su excéntrico traje y finalizó la obra disparándole al hombre: los primeros tres tiros, en lo que le quedaba de cuerpo, siendo la diferencia entre cada disparo muy lenta, y por último, el cuarto disparo, directo al corazón, tal como ese hombre atacó a Jhin.

Desde entonces Jhin abandonó la pintura y descubrió algo que todavía disfrutaba más: Asesinar. Siendo un prófugo desquiciado, hoy en día ronda por la ciudad en búsqueda de nuevas víctimas, ya que “la mejor obra de arte es aquella que se forma en el suelo con la sangre derramada”.

6 de Marzo de 2019 a las 06:55 0 Reporte Insertar 0
Fin

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