Erase una vez en Ozert...El ángel caído, el tirano del reino y la maldición de Barnes Seguir historia

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En un mundo llamado Ozert, el Rey Arthur de Mondragon debe decidir, cual de sus tres hijos será el futuro rey, siendo imparcial opta poner a prueba las destrezas de sus hijos, haciendo una competencia entre ellos. Esta consiste en buscar la corona del rey, sin embargo su acto de justicia se convertirá en la peor decisión de su vida, provocando que la fuente de Ozert, sea la única esperanza para uno de ellos. Por su parte Angellot es un ángel caído del cielo, pues ha sido desterrado por su padre, Argelius, quien lo ha enviado a un mundo lleno de criaturas mágicas y seres extraordinarios. Desesperado y en desacuerdo con las intenciones de su padre, decide buscar la fuente de vida de Ozert, la cual es capaz de conceder cualquier deseo a su portador, desconociendo el desgarrador futuro de Ozert. Barnes, quien ha sido maldecido por un poderoso hechicero llamado Demothy Fang, estará dispuesto a ultrajar la esperanza de vida de Ozert, con la finalidad de librarse del destino que le espera. Sebastian y Maya, son dos huérfanos que han sido victimas de las injusticias de la vida, el reino de Hamlet les ha sido arrebatado por un hombre llamado Frost, quien gobierna con crueldad aquel lugar. Ambos deberán emprender una búsqueda por la fuente de vida de Ozert, para poder recuperar lo que les fue arrebatado.


Fantasía Épico Todo público.

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RUMORES

  

Érase una vez en Ozert, en un lugar distinto al nuestro, más allá de unas colinas y entre lo profundo del bosque, siendo más específicos, detrás de unos altos muros, en un reino llamado Mondragón, el rey Arthur Harvent, convalece en una cama. 

Por su parte las calles del reino son recorridas por sus habitantes, deambulan por estrechos senderos, es notable que la propensión por las visiones no se limita a las personas nacidas en el reino, sino que se apodera inconscientemente de cualquiera que resida allí en algún tiempo. La noche es oscura y helada, llega a ser desconcertante. Dentro del enorme castillo, se encuentran tres hermanos, quienes discuten en el gran comedor. El mayor de ellos, Draco, un hombre alto y musculoso, en cuanto a personalidad era sabio e inteligente, poco arrogante. El siguiente hermano, Finnegan, un hombre de estatura mediana y cabellos oscuros, obstinado y confiado y el último de ellos, Bud, un hombre delgado y de estatura media, su cabello es castaño y tiene ojos verdes, destacaba por su nobleza y gentileza entre los hermanos, por tanto era el favorito de su madre. Se comentaba que era una mezcla extraña, pues era incrédulo en ocasiones.

— Me entristece que mi padre este tan enfermo — comento Bud, quien desviaba su mirada alrededor de la sala — Temo que vaya a morir — miro fijamente a sus hermanos, convencido de que aquello era inevitable.

— Me preocupa la salud de mi padre — respondió Draco.

— ¿Salud? — se burló Finnegan — Arthur está muy enfermo, es seguro que morirá — agrego.

Bud desvío su mirada, aquel comentario había sido innecesario; por su parte Draco frunció, pero se limitó a responder, sólo tomo un suspiro, pues aceptar otra muerte era difícil, dado que sólo unos meses atrás habían sufrido la pérdida de su madre, la reina Ilyana.

Draco se levantó de la mesa y hablo — Hay que dividir algunos labores.

Bud se incorporó y asintió con la cabeza, Finnegan sólo levanto su mirada, sin siquiera tomarse la molestia de ponerse de pie, aquello fue molesto, pero aceptable por sus hermanos. Draco se acercó a Finnegan — Encárgate de proteger los muros. 

Finnegan se limitó a responderle, sólo saco una daga del bolsillo de su pantalón y comenzó a moverla de un lado a otro, como si de un juego se tratase. Draco se dirigió a su hermano menor y murmuro — Bud, debes visitar a nuestra gente, quizás necesiten comida, agua, entre otras cosas — termino.

— Iré a verlos — respondió Bud, dando media vuelta.

— ¿Y tú? — pregunto Finnegan a Draco, quien giro y lo observo — ¿Tu que harás? — giro la daga sobre la mesa.

— Debo ver a mi padre — informo y se marchó.

Finnegan guardo su daga y se incorporó, siguiendo a su hermano menor, caminando por los largos pasillos del castillo. Finnegan abrió de golpe las enormes puertas, saliendo al exterior. La gente caminaba por las calles, sólo algunos se percataron de la presencia de los hijos del rey y ovacionaron al verlos. Bud y Finnegan avanzaron entre la muchedumbre, perdiéndose entre ellos.

Uno de los hijos del rey se adentró a los enormes senderos de Ozert los cuales lo llevaron hasta una profunda cueva ahí yacía una hermosa luz de colores brillantes está resplandecía por todo aquel lugar. Finnegan intentó acercarse más a esta, pero le fue imposible ante aquello apareció ante sus ojos la figura de un hombre anciano el cual parecía provenía venir desde aquella luz, este alzó su vista hacia el hombre y con una voz como su susurro hablo —Soy el espíritu de Vander Lanto y el guardián de esta cueva — aquella presentación le pareció extraña a Finnegan pues aquella figura fantasmal no hacía más que clavar sus enormes ojos en los del hombre — Solo los más valientes pueden llegar hasta aquí, pero aquellos  que lo hacen no tienen buenas intenciones 

Finnegan frunció el ceño aquello no era lo que esperaba escuchar  — Necesito ser un hombre más poderoso para poder gobernar el reino el día que mi padre muera.

— ¿Crees que morirá pronto? — aquella pregunta incomodo a Finnegan quien omitió responder aquello. 

— Tengo la confianza que incluso antes de que mi padre llegue a morir — suspiro — Yo seré nombrado rey. 

— Este es el lugar equivocado — negó — si lo que deseas es volverte sabio y fuerte 

— Pero…él me dijo que tú sabrías darme respuestas 

— Te ha mentido —frunció — porque yo no sé en donde puedes encontrar la fuente de vida de Ozert si hace te refieres 

— ¿La fuente de vida de Ozert? — se impresiono, pues no había escuchado mucho acerca de “alguna fuente” aunque alguna vez a su padre se le escapó hablar acerca del tema.

— La fuente de vida de Ozert le otorga a su portador un deseo y poder — dijo aquel hombre decrépito, mientras rodeaba a Finnegan como una figura ancestral. 

Finnegan entreabrió más sus ojos y sus pupilas se llenaron con un brillo peculiar pues aquello que escuchaba no podía creerlo y de ser así aquello era sin duda el deseo más preciado de la tierra 

— ¡No te creo! — exclamo confundido Finnegan.

— Puedes creerlo o no hijo de Arthur — aquello figura desapareció ante sus ojos y la cueva comenzó a colapsar, el hombre pronto salió de aquel lugar esquivando cada una de las rocosas que se desplomaban. Finnegan una vez fuera miró con rabia aquel lugar y enojado se marchó dejándolo atrás, durante su camino al reino observaba a detalle a cada simple criatura del lugar algunas de ellas con tan solo verlo se alejaban pues tenían cierto respeto a los habitantes del reino  y estos eran fácil de reconocerse por su forma de vestir. El hombre llegó hasta una taberna algo modesta tenía una fachada muy singular, además de que se veía era un buen lugar para tomar un trago así que se adentró de golpe a aquel sitio, paso sigiloso entre algunos duendes y hombres quienes sostuvieron sus miradas hacia su persona, pero este solo ignoro hasta llegar a la barra en la cual fue atendido por un hombre de enorme barba blanca 

— ¿Que tomarás? 

— Sírveme un trago frío de jengibre

El hombre puso un gesto de burla en su rostro y se dirigió a servir el trago. Finnegan esperaba y pudo escuchar a un grupo de merodeadores, quienes estaban sentados en la última mesa. Charlaban de muchos de sus robos, algunos eran tan simples, otros ya algo más severos, aquello dependía del estado de ánimo de los hombres. Estos se encontraban jugando: “El laberinto encantado” aquel tablero había sido muy popular en los últimos años y al parecer también se lo habían robado a un hombre, aunque solo era una réplica más, pues este juego había sido construido artesanalmente por una ninfa de nombre Dafney, así que el tamaño de los otros juegos podía variar, pues nadie contaba con el auténtico, todos eran simples imitaciones. El hombre que jugaba sin parar se llamaba Rupert Khrane, este era el líder de aquel grupo de hombres y al parecer ninguno de los que se sentaba en su mensa lograba vencerlo.

El hombre de la larga barba le entregó a Finnegan su bebida y este apenas la tomó, dejó unas cuantas monedas y se dirigió hasta aquella mesa. Los hombres alzaron su vista hacia Finnegan y con un gesto desagradable preguntaron — ¿Qué quieres aquí? 

— Jugar — respondió con una sonrisa cínica en el rostro. 

Los hombres se miraron entre ellos y soltaron unas carcajadas que provocaron las miradas de todos los presentes. 

—  Por supuesto que no puedes jugar — dijo Rupert mientras fijaba sus enormes ojos en Finnegan. 

— ¿Tienes miedo de que te gane? — preguntó Finnegan. 

Los hombres sentados en la mesa fijaron su vista en Rupert, quien pronto dio un enorme sorbo a su tarro — ¿Traes tus dados? 

Finnegan sacó de sus bolsillo tres dados y los puso sobre la mesa y es que las reglas del laberinto encantado son simples, cada jugador debe llevar sus propios dados, estos deben ser tres, los cuales cuentan con seis caras pero fabricadas por uno mismo, es decir,  el jugador tiene la ventaja de decidir, la cantidad de números que su dado puede tener, estas deben ser del uno al seis o si bien si lo deseas puedes dejar alguna cara en blanco. Los jugadores usarán solo dos dados y pueden cambiar cualquiera de los dados por el otro faltante,  así que por esa razón es recomendable que los tres dados, sean diferentes y analizar la situación para el momento que desees utilizarlo, ya que solo se puede hacer una vez en todo el juego. Se debe llegar hasta una simple meta, pero en el camino puedes desviarte hasta terribles peligros, pues cada casilla puede ser sorpresiva para el jugador, también como parte fundamental del juego se cuenta con tarjetas las cuales están sobre la mesa, estas son de color azul y deben permanecer volteadas para así no ser vistas, son llamadas el equipo combatiente pues estas indican el arma que obtendrás en tu viaje hacia la victoria pero solo podrás obtener una si caes en una casilla color azul. Por otra parte tu única ventaja en caso de caer en la casilla que desvié tu camino será que podrás utilizar el dado del destino el cual cuenta con cuatro caras marcadas, las cuales son flechas en diferentes direcciones, y por esa razón este es llamado así ya que designa el curso que el jugador debe tomar una vez que sea utilizado 

—  Yo tirare primero — dijo Rupert, quien contaba con tres dados, dos de ellos lucían los números  : Uno, tres y cinco y el otro de los dados contaba con todos los números, este último era el que Rupert dejaba fuera de la jugada 

Finnegan sin ningún problema asintió.

El hombre lanzó los dados al aire y su resultado fue ocho al posicionarse en aquella casilla parecía no tener sorpresa para el hombre pero apenas era la primera tirada así que no podía fiarse. 

— He jugado este juego con mis hermanos y créeme que nunca he perdido — dijo Finnegan quien lanzó los dados al aire y su resultado fue diez el hombre se posicionó en la casilla la cual parecía no tener sorpresa. 

Rupert noto que los dados del hombre contaban con los números de uno al cinco algo inusual, pues la mayoría prefería dejar más caras vacías, pero aquello no le importo, ya que lo que más le preocupó era el tercer dado del hombre, el cual no contenía ningún número. Rupert sabía que desconcentrarse podía ser su mayor enemigo así que solo continuó con su juego — Si te gano me darás un par de monedas de oro y aparte dejarás que te demos una golpiza — aquella propuesta hizo que los hombres de la mesa rieran y Finnegan dio un sorbo a su bebida para después aceptar aquella propuesta. 

—  Pero si yo gano — sonrió — me llevo tu juego — dijo Finnegan.

—  De acuerdo — respondió Rupert, sin ninguna señal de miedo en su rostro, pues estaba seguro de que ganaría. 

El juego de los hombres continuaba y en diversas ocasiones ambos encontraron sorpresas en las casillas del tablero, algunas los llevaban hasta el bosque maldito otras hasta una horda de ogros pero lograban salir del apuro aquello gracias a las tarjetas que obtenían a lo largo del juego o quizás solo por simple suerte. Después de un largo tiempo los dos hombres estaban listos para utilizar el tercer dado y dejar fuera uno de los dados que durante el juego habían utilizado. Rupert fue el primero en cambiar su dado para tomar su turno aquello lo llevo a dos Casillas de la meta, pero posicionarse ahí le costó tener que girar hacia la guarida del dragón pues el dado del destino este vez no lo pudo salvar de aquel sendero, acto que hizo al hombre mostrar un desagradable gesto en su rostro ya que las cartas que yacían en su mano no le daban ventaja para salir de aquel apuro. Rupert parecía estar tan tensionado pues estaba solo a una casilla de tener que adentrarse a su final. Por su parte Finnegan tomo su turno y decidió hacer el cambio por su tercer dado. Aquel giro de dados en los aires posicionó al hombre en la meta final haciendo así que ganara el juego. Los hombres incluso Rupert se pusieron de pie, dando un fuerte golpe con las palmas a la mesa y arrojando las cartas al suelo. 

— ¡Imposible! — exclamaron los hombres. 

— ¡Ha hecho trampa! — grito Rupert 

Finnegan se levantó molesto — ¡No aceptas que has perdido! 

Rupert pasó sus manos sobre su cabellera e incluso la sostuvo fuerte, casi queriendo arrancársela, pues nunca antes había perdido en un juego que consideraba tan simple — De todos modos te daré la golpiza. 

Los hombres se encaminaron hacia a Finnegan, pero el hombre dio un fuerte golpe a uno de ellos haciéndolo caer y saco velozmente su espada. Los seres que se exoneraban dentro de la taberna se levantaron horrorizados y el hombre que servía las bebidas intervino — Ustedes si quieren matarse hacerlo a fuera no aquí

Rupert escupió el suelo e hizo un gesto a sus hombres para que salieran del lugar. Finnegan le lanzó un gesto furioso y Rupert sin atacarlo salió dejando el juego sobre la mesa. Finnegan se aproximó a la mesa de la cual tomó el juego, sus pasos después fueron hacia la barra a pedir de nuevo un trago el cual fue entregado de mala gana, pero aquello no le importo solo dejó el dinero y se marchó  hasta llegar afuera de los enormes muros, observando el enorme castillo de color carmín. Finnegan escaló los muros para adentrarse al castillo de nuevo y una vez dentro, su padre un hombre fuerte de barba larga, yacía esperando con un desagradable gesto en su rostro, su aspecto era cansado, pues con algo de fuerzas se había puesto de pie de su cama. 

— Así que decidiste salir de nuevo — tosió — y supongo que solo lo hiciste por un simple juego de laberinto encantado — dijo con una voz severa sin despegar la vista del tablero que su hijo llevaba consigo. 

Finnegan trató de ignorar aquello y trató de marcharse, pero Arthur se le interpuso en su paso — ¡No quiero que vuelvas a salir del reino! 

—  ¿Que sabes de la fuente de vida de Ozert? — preguntó con un tono muy frío.

Arthur quedo atónito ante aquella pregunta e incluso se notó nervioso — ¿Quién te ha dicho eso? — tosió y se tocó fuerte el pecho.

Finnegan no respondió nada solo espero la respuesta del hombre quien permaneció en silencio, ante aquella escena se aproximaron Draco y Bud quienes atribuían que de nuevo Finnegan y Arthur discutían. 

— ¿Qué sucede padre? — preguntó Draco, quien puso la mano sobre el hombro de su padre 

—  No es nada hijo,  todo está bien 

— Deberías volver a descansar — sugirió Bud, aproximándose.

Finnegan frunció el ceño

—  Padre, dímelo 

—  ¿Qué quieres que te responda Finnegan? — preguntó sereno Bud 

—  Sobre la fuente de vida de Ozert— dijo el hombre mientras lanzaba una mirada indiferente a su padre 

—  Se dice que hace tiempo…— tosió el hombre — cuatro poderosos seres dieron vida a Ozert y ocultaron un diamante que otorga sabiduría, deseo y poder…pero al contrario la mitad de la vida de Ozert desaparecerá — dijo el padre con una voz de preocupación. 

—  ¿Es eso verdad? — preguntó Bud. 

Arthur lanzó la mirada a su hijo y asintió con la cabeza — ¡Patrañas! — exclamó mientras se alejaba en compañía de su hijo mayor, quien observó con desdén a su hermano Finnegan.   

Finnegan entregó el juego a su hermano Bud, quien lo tomó desconcertado y su hermano terminó por dejarlo solo en aquel sitio, donde este permaneció pensando en aquello que su padre les había contado, mientras que por su parte Finnegan llegó hasta un árbol enorme el cual comenzó a escalar y se quedó posado en la fuerte rama de este, para descansar. Arthur observaba a su hijo desde el enorme ventanal mientras pensaba «ojalá que su curiosidad no lo lleve a cometer tonterías» tomó un enorme suspiro y se dejó perder en sus pensamientos. 

Siete meses más tarde en la misma taberna…

Demothy Fang, un hombre de piel caucásica y de apariencia delgada se encontraba sentado dentro de una taberna, se podían notar extrañaras criaturas y uno que otro hombre hablando, tomando bebidas a grandes sorbos, mientras otros reían a carcajadas, Fang ladeo un poco la mirada, pues los lugares con tantas personas lo incomodaban en especial porque por lo general tenía que salir con una túnica que pudiera cubrirle el rostro, esto se debía a que durante mucho tiempo, el hombre había logrado conseguir aliados por las grandes ayudas que les había ofrecido, también por su camino logro encontrar uno que otro enemigo, Demothy fijó su mirada justo enfrente y antes de que pudiera hablar fue interrumpido por una hermosa ninfa que dejó en la mesa un té de yerbabuena, Fang agradeció sin siquiera mirarla a los ojos, solo dejó el dinero sobre la mesa, eran unas cuantas monedas de plata que la ninfa tomo con gusto y las guardo entre su ropa «pretendiendo que nadie viera»  pues la propina a veces le era arrebatada por el mismo dueño de la taberna, la ninfa se retiró de la mesa y Fang sostuvo la mirada justo — Buscó a un hombre que pueda darme el camino directo a la fuente de vida de Ozert — comentó mientras tomaba un té el cual estaba muy tibió para el gustó de Fang. 

—  Te diré dónde puedes encontrarlo — sonrió el enano que se encontraba sentado al frente del hombre, extendió su pequeña mano esperando obtener ganancia de aquello, — Espero algo más que unas simples monedas de plata — dijo el enano, quien había estado al pendiente del más simple detalle en esa mesa.

Fang sacó de su bolsillo unas cuantas monedas de oro, las cuales el enano Boner acepto, tomándolas con una codicia en su rostro, en aquel instante llego hasta la mesa una mujer que se sentó justo de lado de Fang, pronto plantó su vista  al enano,  pues estos seres le causaban repugnancia además algunos de ellos tenían la fama de ser traicioneros y mentirosos.

—  Pensé que no vendrías — dijo Demothy refiriéndose a la mujer 

—  No podía faltar…menos si la información vendrá de un enano — dijo subiendo el tono de su voz, el enano mostró un gesto furioso en su rostro y balbuceo «mujer malagradecida, sin mí no tendrías información valiosa», la mujer  logró leer los labios del enano y golpeo fuerte la mesa acaparando con esto varias miradas —Solo te advertimos — amenazo — si nos engañas te cortare la cabeza apenas vuelva a verte enano — la voz de la mujer era aterradora y con una firmeza que las otras criaturas  que yacían sentadas en aquel lugar se asustaron al escucharla, incluso algunos se levantaron para salir del lugar, pues no querían ser testigos de una matanza y muchos menos estaban interesados en formar parte de los muertos 

—  Mística cálmate — Demothy la tomó fuerte de la mano — seguro nuestro amigo Boner no nos mentira, eso no le conviene — agrego Fang mientras apartaba su cálida muñeca de Mística, quien  lanzo una mirada furiosa hacía Boner, aquel rostro de la mujer se podía interpretar de tantas formas que pareciera en cualquier momento fuera a cumplir su promesa de arrancarle la cabeza al enano y es que mística era una Alaman, estos eran unos seres con una piel de color gris como las rocas y así de resistentes son al momento de combatir, sus ojos completamente amarillentos sin pupila alguna, algo que hacía a los demás temer, pues tener aquellos ojos clavados en los tuyos provocaba una sensación terrible, los Alaman no tenían cuero cabelludo, pues esto era muy representativo de su raza, se les conocía por ser poderosos seres, excelentes practicantes de las armas, podían manejar de cualquier tipo que se les otorgará pero sin duda la habilidad más poderosa que tenían era hablar con las criaturas mentalmente esto por un largo tiempo les dio poder contra todo lo que buscaban dominar, pero su racha de victorias termino antes de lo que esperaban, Mística era una de los pocos Alaman que aún estaban con vida y fue entonces que desde hace unos años acompañaba a Demothy, quien le ofreció ayuda para que así no terminará asesinada como sus hermanos. 

El enano no mostró miedo alguno, pues estaba acostumbrado a tratar con Alaman ya que en un largo tiempo estos venían a Boner para que les proporcionara información valiosa a cambio de hermosas joyas hechas con cuarzos difíciles  de encontrar en la tierra. Boner se acercó sigiloso hasta el oído de Fang — Benjamín Moretz…ese hombre sabe dónde está el camino a Ozert — susurro en el oído de Fang, apenas escucho aquel nombre y puso una sonrisa en su rostro — Fue un gusto hacer trato contigo…Boner, es hora de marcharnos,  pero antes necesito que olvides “el nombre de aquel que sabe dónde está la fuente de vida de Ozert” —  dijo Demothy a Boner quién se puso pálido y su rostro cambio a uno muy asustado, sintió un frío estremecedor recorrer su piel, estaba a punto de hablar pero se trataba con las palabras y acto seguido Demothy lanzó un pequeño encantamiento al enano y este comenzó a mirar todo aquel sitio extrañado hasta le pregunto a Demothy porque estaban ahí, pero el hombre no respondió nada y junto a Mística se marcharon  del lugar dejando miedo en los otros seres que se encontraban cerca de aquella mesa, Boner fue observado por todas las criaturas y hombres pero este ignoro las miradas y pidió un trago de cerveza fresca, la cual se quedó a beber por unas tres largas horas hasta que decidió había llegado la hora de marcharse, se levantó de la mesa no dejando nada de propina algo que molesto a la ninfa que lo atendió, pero aquello no le importaba en lo absoluto al enano, pues salió de la taberna para marcharse hasta su hogar, mientras continuaba su viaje de camino a casa sintió una presencia extraña y se detuvo preocupado, ni siquiera se atrevía a voltear, pues podía tratarse de cualquier ser abominable o de grandes reyes que pudieran estarlo buscando por sus negocios sucios así que se apresuró a correr. A su paso buscaba un sitio donde escabullirse pero la enorme figura de un ángel se puso frente a él y lo levanto con su enorme fuerza — Dicen haberte visto en la taberna hablando con un hombre que estoy buscando — dijo el ángel, quien comenzó apretarlo fuerte. 

Boner le suplico por su vida, Angellot sin duda era uno de los seres más poderosos y temidos de Ozert ya que se trataba de un ángel desterrado del cielo y seguro que este no tendría piedad por un simple enano o al menos eso eran lo que decían en Ozert que este no sentía compasión por nadie, incluso algunos decían que sus poderes eran celestiales y otros lo consideraban un Dios por su apariencia perfecta un hombre fuerte de cabellos dorados y ojos azules como el cielo — Si…— respondió con unos terribles nervios — hable con ese hombre, pero me dijo que tenía que irse a la aldea más cercana, pues en ese lugar tiene muchos devotas — decía Boner esperando que Angellot le creyera y lo dejara ir. Angellot solo comenzó asfixiarlo — Esta bien…— sintió que el aire se le esfumaba —  tengo cierta noción — cerro los ojos y prosiguió —  me pregunto por la fuente de vida de Ozert, pero no sé nada más…te lo juro…lo olvide.

Angellot soltó al enano, aunque este le parecía un ser despreciable estaba seguro que le hablaba con la verdad, aunque en aquellos instantes lo que más le preocupaba es que Yonu tuviera razón con respecto a Fang, este había tomado ventaja al buscar a Boner y borrarle aquel vago recuerdo de Ozert, después de pensarlo por unos largos minutos emprendió vuelo dejando al enano atrás, quien apenas vio a Angellot marcharse y corrió como un cobarde de aquella escena. 

Angellot volaba por el enorme cielo, extendiendo sus grandes alas que ocasionaban una fuerte ráfaga, buscaba por todas partes desde las alturas, comenzaba a inquietarse, pues a pesar de que observaba cada pequeño detalle del paisaje, sin duda Ozert era enorme, lleno de riquezas, criaturas y naturaleza abundan en aquel mundo, Angellot no se permitía despegar la vista del montón de almas que paseaban, pero no lograba encontrar aquello que buscaba, estaba a  punto de darse por vencido, pero su rostro se tornó con un gesto de felicidad cuando se percató de una pequeña aldea de hombres, algunos entrenaban con armas y otros cuantos solo descansaban cerca del enorme arroyo que corría alrededor del bosque, decidió bajar y echar un vistazo más de cerca, ya que después de lo que le había dicho Boner estaba seguro que Demothy se encontraba ahí — si yo fuera tú tendría cuidado con ese arco, se ve que eres principiante, pondrías lastimarte — dijo el ser celestial a uno de los hombres de la aldea. 

El hombre fuerte de cabellos rojizos y hombros estrechos apenas alzó la mirada y al ver que se trataba del ángel se echó a reír — No deberías meterte en mis asuntos Angellot, ya sabes que en este lugar no eres bien recibido — tomó la suficiente saliva para escupir cerca de los pies de Angellot, quién solo sostuvo su mirada con la del hombre. 

—  Si te molesto lo siento — dijo mientras disparo la flecha, la cual  no se acercó ni siquiera al blanco, algo que provocó un ligero enfado en el hombre que pronto empezó a maldecir. 

—  Eso sí que me molesta, lo torpe que son varios en Ozert — dijo con un tono de burla Angellot. 

El hombre lanzó una mirada molesta hacia Angellot, pero no dijo nada más, solo continuo lanzando flechas tratando de ignorar la presencia del  ser celestial. 

Angellot no apartaba su mirada de la práctica de aquel hombre, en el fondo juzgaba aquella forma bruta de hacer las cosas, pero prefería mantenerse ajeno a aquella acción — No soy recibido en ningún lugar y ciertamente nunca me ha importado — dijo Angellot volviendo al tema, este  había sido desterrado de su mundo celestial así que difícilmente podía convivir con los seres más inferiores a él, cómo eran la mayoría en Ozert y por esta razón tener enfrentamientos con varias criaturas y hombres, era algo habitual.

—  Vaya que en eso tienes razón — dejo aún lado el arco — ¿Qué te trae por acá? — preguntó Dante, quien ya si imaginaba la respuesta de Angellot, «seguro que este querrá saber quién lo puede ayudar a regresar a su mundo celestial» pensó.

—  Buscó la cabeza de un hombre — respondió — pienso que…quizás se vino a esconder acá — respondió Angellot observando a detalle la aldea de los hombres 

Aquello no lo esperaba escuchar Dante así que con intriga pregunto — ¿Cuál es el nombre del hombre que buscar? 

— Demothy Fang — dijo Angellot con una sonrisa en el rostro

—  ¿EE-l hee-chii-cer-oo? — tartamudeo Dante y sus ojos se llenaron de miedo alejándose poco a poco de Angellot 

—  El mismo — respondió Angellot, quién permanecía con la misma sonrisa confiada y obstinada, esperando la respuesta de Dante, así que continuo lanzando una mirada desafiante, pero Dante solo observaba todo a su alrededor, comenzó a balbucear y noto que unos hombres comenzaron a mirarlos — Debes irte Angellot… Fang no está aquí, pero hay personas que lo veneran y están cerca, el brujo ayudó a muchos de la aldea…además estar en su contra puede ser suicidio — dijo Dante con la voz baja 

Angellot tomó por el cuello a Dante, quien comenzó a golpearlo para que lo soltara — Pretendes engañarme Dante, sé que Fang es amigo tuyo, me dirás dónde está y no saldrás lastimado o de lo contrario morirás aquí — dijo Angellot amenazante, mientras apretaba con más fuerza el cuello del hombre. 

Dante apenas y podía hablar, sentía como se le cortaba la respiración en cualquier momento podía morir, así que intentó hablar de cualquier forma —No...tengo… idea — aquellos horribles intentos de hablar lo hacían perder más el aire, pero no pensaba más que en salvar su vida — No…tengo…idea…de…donde este — dijo con todas sus fuerzas. Angellot dejó de apretar fuerte el cuello del hombre, pero no lo soltó — Sigue hablando 

—  Hace…ya tiempo…que dejamos de tener contacto…desde que me dijo que quiere…quedarse con la tierra…entera — dijo Dante, mientras recuperaba la respiración — Fang me asusta mucho  Angellot y a ti también debería asustarte —agregó Dante y acto seguido Angellot lo soltó, Dante comenzó a respirar de manera exagerada, sus ojos estaban muy irritados tanto que al hombre comenzaban a arderle y no pudo evitar tallarlos. 

— A mí no me asusta Fang, jamás le he tenido miedo a ningún ser de Ozert — dijo Angellot quién notó que los hombres de la aldea estaban acercándose con mucho sigilo — Confió en ti, así que no te mataré y además no solo le tienes miedo Fang también me temes a mí, conociéndote ya lo habrías delatado — dijo Angellot. 

—  Desgraciado ángel — balbuceó Dante pero no podía hacer nada en su contra, pues sino está vez no saldría con vida — Angellot, ahora por favor debes irte — Dante no hacía esto último por Angellot, sino por lo aldeanos que eran capaces de atacarlo y si eso llegaba a suceder seguro que morirían todos los hombres de la aldea incluido el mismo Dante. 

—  No tengo nada más que hacer aquí — el hombre extendió sus enormes alas y se marchó, el  viento movió fuerte a Dante, quien no pudo levantarse del suelo solo se cubrió, este se quedó en el piso asustado y diciendo en voz baja — sé que estás escondido debes prevalecer así, refúgiate y vivirás, sé que estás escondido debes prevalecer así, refúgiate y vivirás — no dejaba de replicar la misma oración. 

Angellot regreso a su misma misión volaba de nuevo por todos los alrededores de la tierra observaba fijamente hasta el último lugar, empezó a descender y hablo con un tono de voz muy fuerte — Sé que no esconden a Demothy Fang así que no deben temer, pueden salir ahora — Angellot esperaba que aquellas miserables criaturas hicieran su aparición y de entre los arbustos, tierra y madrigueras salieron todo tipo de criaturas, entre ellas, Sharmell una hermosa ninfa de la tierra que lucía un tono de piel verdoso y enredaderas en su largo cabello magenta, hablo — ¿Porque has venido por estos bosques con tanta irá? — su tono de voz era muy calmado y hasta dulce, incluso algunas flores cerca del lugar comenzaban a desprender un dulce olor a rosas. 

—  Creo que ya lo dije, estoy aquí por Demothy Fang, pero sé que no lo tienen, pero mi deber es buscarlo por todas partes, encontrarlo y matarlo — dijo Angellot enojado acercándose con gran dureza hacia Sharmell — Así que si alguno sabe dónde está, será mejor que me lo diga ahora. 

Sharmell se alejó poco a poco moviendo sus manos para liberar más energía positiva de la tierra y se pudo sentir aquella aura rodear a todos los seres presentes 

— ¿Es por lo que pretende hacer con nosotros? — Preguntó la ninfa dándose por enterada acerca de las ideales el brujo — Puede que sea buena idea tener un líder en Ozert, además Demothy siempre nos ha ofrecido su ayuda, si pone sus reglas y estás nos favorecen no le veo inconveniente, yo sé que no nos dañara —agrego. 

Un duende pronto se acercó al lugar para hablar con Angellot, su nombre era Ben, un duende, poco más grande que los comunes, tenía un gesto muy serio marcado en su rostro y no le agradaba en lo absoluto Angellot, esto debido a que ya en varias ocasiones había escuchado rumores del ángel, se sabía que Angellot siempre terminaba en conflicto con mayoría de criaturas — ¡Imposible! — Exclamó —  ¿Qué haces aquí? — aquella pregunta fue con un tono muy indiferente, tanto que Angellot solo frunció el ceño. 

—  ¡Largaos de aquí! — exclamó Ben

—  ¡Duende, cierra la boca! — exclamó Angellot, mientras bajaba la mirada a la cual Ben le lanzó un gesto desagradable.

—  No puede creer que le hayan creído, ya que es evidente que les mintió, Fang quiere buscar la fuente de vida de Ozert — dijo Angellot y tras aquella declaración  comenzaron todos los murmullos de las criaturas, quienes no podían creer lo que estaban escuchando, algunos negaron con la cabeza  — En verdad que los seres de Ozert son tan tontos — dijo Angellot mientras los observaba tan detenidamente. 

Las criaturas que estaban presentes dejaron escapar un gruñido ante aquellas palabras y Ben solo intentaba calmarlas, Sharmell  pregunto con un tono preocupante  — ¿En  verdad crees que pretenda conseguir la fuente de vida de Ozert?

—  Ojalá que me equivoqué, pero no lo creo, quiere su fuente de vida para aumentar su poder, la mitad de Ozert desaparecerá — dijo Angellot — y junto con ella muchos de ustedes desaparecerán. 

—  ¿Quién te ha dicho eso? — preguntó un unicornio con la voz furiosa 

—  Un enano a quien por desgracia Fang le borro aquel recuerdo  — respondió Angellot 

Ben no dejaba de hacer gestos con cada palabra que escuchaba de Angellot, pues no creía en aquel parloteo del ángel, «además quién es él para hablar de malas personas si este propicio malos tratos a  varias criaturas de Ozert» pensó — ¿Que pretendes hacer…matarlo? — preguntó Ben con un gesto de disgusto.

—  Si lo mataré y también a todo aquel que se oponga — dijo Angellot clavando sus grandes ojos en el duende quien entendió la indirecta 

—  ¿En verdad lo haces por el mundo o por ti? — preguntó Ben dudando en aquella buena acción 

Angellot frunció y lo levanto bruscamente, lo acercó hacia él y dijo con un tono brusco — escúchame bien duendecillo no te metas en mis planes o saldrás perdiendo 

—  ¡Angellot debes calmarte! — grito Sharmell

Las otras criaturas se asustaron y mostraban su enojo ante Angellot estaban incluso listos para atacarlo, pero fueron detenidas por la propia Sharmell, quien no quería comenzar una batalla en aquel lugar 

—  ¡Suéltalo! — gritaron algunas criaturas

— ¡Ninguno se meta en mis asuntos! — exclamó Angellot  mientas soltaba a Ben como si no fuera nada hacia el suelo 

Sharmell se posó en el suelo junto a Ben y pregunto — ¿te encuentras bien? 

—  Déjame, Sharmell — mostró su indiferencia haciéndola a un lado — ¡y tú porque no te largas de una vez! — exclamó Ben 

—  Créeme que no tengo la mínima intención de quedarme ni un minuto más, al parecer aquí no pueden entender el riesgo al que se enfrentarán — Angellot alzó sus alas provocando un fuerte viento y se alejó rápido de aquel escenario. 

— ¡Eres un egoísta, hipócrita, todos sabemos porque lo haces en verdad, no quieres salvar este mundo…solo quieres salvarte tú! — gritaba Ben enfurecido y esperaba que Angellot hubiera escuchado aunque fuera lo más mínimo. 

—  Ben, déjalo — dijo Sharmell mientras lo detenía 

El duende no podía entender el comportamiento de Sharmell, aunque quizás porque era una ninfa mostraba tal serenidad — Lo que digo es cierto Sharmell, deja de ver a Fang como si fuera el malo de la historia por qué no lo es  — dijo  —  ¿Acaso todos ustedes en verdad creen en el ángel quiere salvarnos y por eso va tras de Demothy Fang? —  Los cuestiono, dirigiendo su mirada hacia toda criatura presente  — ¡Es una vil mentira! — Exclamo  —  Nos quiere envolver la cabeza, ¿y saben porque? — Frunció  — Porque no puede solo contra el brujo y por eso viene y nos engaña para conseguir ayuda — vociferó  Ben con un tono cada vez más furioso. 

—  Ya cállate, Ben — dijo un duende ya muy viejo, que había salido de un pequeña madriguera al escucharlos gritos — deja de decir tonterías y ahora vuelve a casa — ordeno.

Ben lo volteó, pues se trataba de su padre alguien con quien nunca había estado de acuerdo en todo su vida, así que aquello no le parecía extraño escuchar —Te diré algo padre, si el ángel vuelve a venir por aquí díganle que apoyaremos a Demothy Fang — dijo Ben quien se alejó dando un fuerte golpe a la puerta. 

Sharmell intentó seguirlo pero fue detenida por el duende viejo quien entendía la razón por la cual su hijo se comportaba así —déjalo ir, entenderá las cosas muy pronto y quizás tenga razón acerca de Angellot, nosotros no sabemos mucho acerca de él, solo que fue desterrado del cielo lo cual es bastante sospechoso, algo malo tuvo que haber hecho para ser enviado a este lugar. 

Sharmell le lanzó una mirada llena de incertidumbre y solo se fue, el viejo duende agacho su cabeza, se quedó cerca para tranquilizar, a otras criaturas quienes estaban ya muy confundidas por aquella confrontación. 

26 de Febrero de 2019 a las 00:54 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Todos los lunes.

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Cristal Quezada Amo escribir, mi sueño es llegar a ser una gran escritora Me gusta leer, casi de todo: Harry Potter El señor de los anillos It Los miserables Cómics de Marvel y DC Entre otros 🤔🤔🤔 ✔️❤️❤️❤️Mi actor favorito es Sebastian Stan ❤️❤️❤️😍😍😍😍 Me gusta ✔️Los cómics, en especial el universo de marvel y dc ✔️Walking dead ✔️El anime ✔️Las sagas literarias ✔WWE Mis pasatiempos son: ❤️❤️❤️Escribir y leer❤️❤️❤️ ✔️Dibujar ✔️Leer el tarot pero no soy adivina 🤣🤣 Bandas favoritas ✔️Queen ✔️La oreja de Van gogh ✔️Bon jovi Los invito a leer mis obras algunas aún están en proceso *El tiempo hará de mi una leyenda* Te sigo si me sigues Voto si me votas Algunas personas les da miedo enamorarse a mí me da miedo nunca hacerlo —Vander Baco

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