ERA UN HOMBRE SIN CORAZON Seguir historia

alberto-suarez-villamizar3721 Alberto Suarez Villamizar

HAY QUIENES NO QUIEREN MOSTRAR LOS SENTIMIENTOS DE SU CORAZÓN Y LOS OCULTAN


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ERA UN HOMBRE SIN CORAZON

  


AUTOR:   Alberto Suárez Villamizar



Todos en el pueblo lo recordaban desde aquel día que le vieron regresar procedente de las montañas cercanas portando sobre sus hombros el cuerpo de un tigre al cual había dado muerte con sus propias manos, pues no se le observaban heridas de ninguna clase. Llegó hasta el parque de la población y en un frondoso roble colgó el cuerpo del animal atado de sus extremidades, así que  cuando el alcalde mandó bajarlo, quienes lo hicieron pudieron comprobar que había sido estrangulado, lo que acrecentó su fama de rudo. Desde entonces lo conocían como “Tony el malo”.


Fueron  muchas las demostraciones de su rudeza e insensibilidad, lo que le hizo merecedor del calificativo de “el malo”. Tenía cerca de treinta años y su fortaleza era reconocida además de sus acciones en que hacía gala de la dureza de su corazón, al decir de las gentes, el trabajo con don Miguel el herrero del pueblo le exigía utilizar mucha fuerza. Lo rudo del trabajo unida a las prácticas que hacía en el gimnasio para desarrollar sus músculos le mostraban con un hombre de gran fortaleza.


La gente nunca olvidaba esa oportunidad en que se enfrentó él solo y sin utilizar arma alguna a tres vaqueros, quienes le ofendieron hasta la saciedad buscando provocarlo, para según ellos darle una golpiza, pero como reza a refrán: ”fueron por lana y salieron trasquilados”, debiendo intervenir los gendarmes del pueblo para evitar que los tres atacantes terminaran muy maltrechos, mientras Tony sin agitarse demasiado no mostraba en su rostro huellas del evento acontecido.


También en el trabajo cuando con la fuerzas de sus manos derribaba los animales para  colocarles las herraduras, labor en la cual sin maniatarlo lo dominaba totalmente, razón por lo cual para don Miguel – su anciano patrón -, su ayuda era muy valiosa, y no solamente le deba una buena paga, sino que además le proporcionaba alojamiento en una pequeña casa de su propiedad en las afueras del pueblo, además de pagarle la alimentación en el restaurante de “doña Pepa”, donde solían alimentarse aquellos forasteros que por algún motivo llegaban al pueblo.


Además de su fuerza, era notoria la  falta de sentimientos debido a sus acciones despiadadas; como cuando  fue molestado por algunos jóvenes que se encontraban en la cancha jugando futbol a los cuales arruinó su diversión tomando en sus manos el balón y reventarlo haciéndole presión con sus manos, pese al insistente ruego de los muchachos, quienes le pidieron  disculpas por la ofensa;  o también cuando se acercó a otros muchachos que estaban montando bicicleta, las cuales tomó es sus manos retorciendo sus llantas  y dejándolas totalmente inservibles, sin mostrar asomo de piedad.


Debido a todas aquellas situaciones era habitual ver entre los pobladores el temor que despertaba su presencia, razón por la que nadie se atrevía cruzarse en su camino, y mucho menos mirarlo de frente ante el temor a provocar su enojo y despertar una reacción de furia como había ocurrido en  situaciones anteriores. Yo también era uno de aquellos que se atemorizaban al verlo venir a la distancia, razón por la cual rehuía hasta su mirada.


Y fue una tarde cuando me dirigía a hacer mi rutina de ejercicios al gimnasio que Tony frecuentaba y observé esa escena que me impresionó:

Desde  lejos pude ver a través de las paredes de cristal trasparente que cerraban el lugar a Tony realizando sus ejercicios con unos enormes pesas con las cuales tonificaba sus fuertes músculos. De repente una pequeña ave que cruzaba los aires fue a estrellarse con una de las paredes, cayendo mal herida tras el impacto contra el vidrio que por su transparencia no fue  visto por la pequeña ave.


El ruido producido llamó la atención de Tony, quien al observar a la avecilla mal herida tras el golpe corrió en su ayuda. Tomó el pequeño ejemplar en sus manos y trató de proporcionarle los primeros auxilios correspondientes, buscando su recuperación. En primer lugar colocó unas pocas gotas de agua en el pico del animal y luego le soplaba suavemente sobre su cabecita, la cual sobaba suavemente con sus dedos. Yo a la distancia sin que notara mi presencia observaba  lo que ocurría. 


Luego de varios minutos de labores de reanimación, la pequeña ave dejó de aletear y lentamente murió en sus manos. Fue entonces en que hice mi aparición en el lugar.


En ese momento pude observar dos gruesa lágrimas que caían por las mejillas de Tony.  Lentamente se puso de pie, y con  el temor de haber sido visto, dio un puntapié al ave diciendo en voz alta mientras secaba su rostro con el dorso de su mano: 


¡Era un tonto animal…si un tonto animal!….




FIN

25 de Febrero de 2019 a las 17:55 0 Reporte Insertar 0
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