Lo que habita en la Remington Seguir historia

shady-aguirre1550101360 Shady Aguirre

Jesús es una persona común que gusta de escribir historias. Cuando su viejo amigo Beto, vuelve de un viaje de placer de Andalucía este le trae un obsequio que sera el responsable de una obsesión. La maquina de escribir Remington funciona como un imán para los creativos, insitandolo a desbordar esa imaginación, pero entre sus viejas teclas se esconde algo oscuro.


Horror Literatura de monstruos No para niños menores de 13.
Cuento corto
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Lo que habita en la Remington

Yo nunca he sido una persona que pueda considerarse muy culta por las artes en sus amplias ramas. Pero, admito que disfruto de idear pequeños mundos ficticios emergentes de mi mente y transmitirlos sobre papel en forma de una historia alucinante o cojonuda como le diría si me encontrara hablando con una persona normalmente, cara a cara.


Bueno pero no es la razón por la que escribo, técnicamente no tengo una razón propia para estar haciendo esto, simplemente tenía ganas de probar este armatoste que me ha traído un viejo amigo mío de sus viajes por las bellas provincias de España. Aún sigo sin creer que allá viajado de un continente a otro cargando esta monstruosa máquina de escribir que pesa lo que podría ser el equivalente al bolso de una señora obesa con medio cajón de noche dentro de este.


Aun puedo escuchar las palabras de Beto en mi cabeza al sacar de su maletín la máquina. Aun puedo recordar justamente mi impresión al ver su horrendo color naranja en los bordes acompañado de unas teclas amarillentas con un color sucio por el paso del tiempo. La cara de Beto era como la del gato de Cherrise de Alicia, aun me debato si es por que disfrutaba de mi reacción o simplemente creía que me serviría para despertar mi lado creativo. “Hey Jesus mira lo que a traído tu camarada desde la preciosa Andalucía” Dijo con un aire meramente español en su habla, como si el acento se le hubiese pegado de tanto escuchar a los andaluces hablar con ese peculiar estilo que los caracteriza.


La visita paso a otras cosas después de un agradecimiento aun lleno de confusión en mis palabras y cuando finalmente se fueron Beto y su novia, la cual yo conocía desde hace ya unos cuantos años gracias a la universidad, me quede en una completa soledad que me hizo dirigir la atención a la mesa de la cocina donde descansaba el maletín que contenía la máquina de escribir.


Me acerque con suma indiferencia y tras dar un trago de coñac que había destapado para celebrar el retorno de mis amigos, decidí sentarme y explorar mi nueva pertenencia. Abrí con mucho cuidado el viejo portafolio y ahí estaba, viéndome con esa enferma sonrisa conformada por 27 letras, 10 números y unos cuantos signos, comas y puntos.


El color naranja de la Remington era simplemente horrible. Si bien he visto cosas que llevan el color naranja con una naturalidad que le da ese encanto especial, esta ocasión era más como si la maquina fuera la huérfana de una amplia gama de Remington vendidas por el país, como si fuera la única que nunca consiguió un dueño y se quedó empolvándose en algún almacén. Las teclas estaban mancilladas por la edad con una tonalidad de amarillo ámbar extraño que se habían devorado casi por completo el tono original de estas, mas sin embargo, aún seguían siendo visibles los dígitos y letras que llevaban cada una.


Busque un paquete de hojas de papel que tenía en mi habitación y lo baje a la cocina. Acomode la hoja blanquecina sobre la monstruosa maquinaria de creación literaria y por un momento me mantuve callado, mirándole como si por mí mente pasara el arrojarla por la ventana y decir que se había estropeado apenas intente usarla.


Hay algo en esta cosa que simplemente no me gusta pero no sabría explicar que es en realidad. Ahora mismo que acabo de cambiar la hoja me di cuenta que llevo toda una página escrita.


Santa madre, como demonios he podido escribir todo eso y lo peor aún, mis dedos siguen moviéndose y ajustando la maquina cada que llega a su límite. Es como si esta cosa me sedujera para relatar un acontecimiento reciente y esperara que todo ello lleve a algo nuevo que de frescura a esta extraña clase de crónica que estoy escribiendo. Pero bueno, si eh de retornar donde me quede en la anterior plantilla seria que yo estaba mirando la máquina, acariciaba con delicadeza sus avejentadas teclas, imaginando que si oprimía cualquiera de ellas terminaría rompiéndole un diente a esa maldita sonrisa de monstruo de Frankenstein.


Estuve a punto de mandar al diablo todo y simplemente subir las escaleras para dormir, pero algo me llamo, era como si un susurro escurriera por el viento y llegara a mi oído con un escalofriante tono que me recordaba a esas películas antiguas donde un grupo de adolescentes se metía en líos por celebrar su propia estupidez y falta de sentido común. Y al igual de estos de los que me quejo yo acudí al llamado en lugar de largarme del lugar y rogar que el amanecer llegara pronto.


Me llamo nuevamente, era una súplica que podía causar escalofríos pero a la vez era llamativa, como si un muerto te invitara a descubrir algo que estuviese en sus bolsillos. Se que es escabrosa la comparación que acabo de dar, pero simplemente ese llamado, aquella voz que solamente yo escuchaba no era humana, de eso estoy seguro. Tal vez era la pobre y patética máquina de escribir que deseaba que su nuevo amo le usara aunque fuera solo una vez. Tal vez había leído mi mente y temía salir volando por la ventana y aterrizar en el patio de la señora Duran. Tal vez temía volver a ser archivada en una bodega o en mi caso un cuarto de acumulo, tal vez un sótano, empolvándose hasta el fin de los tiempos.


No espere una tercera llamada y me senté frente a la Remington y cuando menos lo pensé comencé a escribir todo esto. Posiblemente sea decepcionante llegar hasta este punto y descubrir que si estás leyendo esto todo fue una vil y completa pérdida de tu tiempo como lo fue para mí escribir hasta aquí.


Bueno, ya no hay más que decir, seguramente te cuente la historia Beto y posiblemente tu estés leyendo esto, así que solo diré, gracias por el extraño regalo creo que la pequeña bastarda realmente logro despertar un deseo frenético de mi parte por escribir. Ahora solo puedo decir que seguramente le encontrare un uso a esta pequeña criatura que rondara mi cabeza seguramente en sueños. Nos vemos y recuerda sea quien seas que este leyendo esto, hayas recibido las hojas de mi mano u te hayas metido a hurgar mis cosas. Esta máquina es espacial, pero ay algo raro en ella así que no la toques o puede que se moleste que su actual dueño no te dio permiso de hacerlo. Ja, claro ¿como si esas cosas pasaran no?

 

No puedo creer que este escribiendo de nuevo tan pronto. Son posiblemente las 2 de la mañana y han pasado solo una hora desde que escribí las últimas hojas. Debo decir que me siento asustado, pero no sé si es porque mi primer impulso fue volver a esta maldita maquina a escribir o si lo que más me aterra fueron los ruidos que escuche entre las paredes hace apenas unos minutos.

No sé a quién carajos le estoy hablando en esto pero enserio, debiste ver lo que ocurrió. Me encontraba en la ladera divisoria entre la realidad y el sueño profundo, posiblemente el frio era lo que aún me mantenía apegado a la realidad aunque mi cuerpo pedía a gritos que sucumbiera al sueño para descansar finalmente.

Cuando creí poder lograrlo algo se retorció dentro del muro que sostiene la cabecera de mi cama. Fue como un crujido horrido y desagradable, como si una cosa humedecida estuviera dislocándose los huesos para poder moverse con mayor facilidad entre las paredes huecas de esta casa que está conformada mayormente por madera. Seguramente dirás “no jodas muchacho solo fue la madera tronando con el frio”. Pero no, llevo mucho tiempo en este lugar como para conocer sus sonidos y eso no fue normal.


Me levante a duras penas, tiritando por el frio exterior. Puse las manos sobre la pared y lentamente la recorrí palpando poco a poco cada pedazo del muro. Todo parecía normal, ninguna anomalía podía sentirse sobre aquella liza superficie de madera. Los tronidos de la escalera llamaron mi atención por un segundo y despegue la vista de la pared, ese fue el error de mi velada. Cuando mire hacia la entrada de mi habitación, hacia ese pasillo envuelto en tinieblas algo se movió en la pared, pude sentirlo pues aun no despegaba las manos de esta. Fue como si algo se escurriera entre mis manos y la pared no fuera más que una delegada tela que dejaba traspasar la humedad de lo que fuera que viajaba en su interior.


Seguido de esto, la noche se rompió para siempre con una voz que me llamo nuevamente, pero no fue como con la Remington, esta vez la voz me pedía algo, era más una súplica que un llamado a lo desconocido y para ser franco me aterro escucharlo.

-Lárgate….Lárgate mientras aun puedes- Dijo aquella voz.


Mi cuerpo se petrifico y al mirar nuevamente hacia la pared otra voz, esta vez una más joven y posiblemente infantil, esta sollozo tras las paredes y de un momento a otro me rogo, claramente escuche “No confíes en la cosa naranja. No es buena”. Mi cabeza se llenó de incógnitas. ¿A qué cosa naranja se refería? ¿Por qué carajo seguía estando en la habitación?


Una tras otra fueron apareciendo voces, primero hablaban de una en una, pero tras unos segundos su paciencia terminaba y todas trataban de hablar a la vez formando un escenario desagradable. La pared era como una puerta a un lugar donde nacían miles de lamentos y penurias que no podía entender del todo. Los muros retumbaron hasta causar que la ventana de la habitación también temblase.

Finalmente retrocedí cuando aquellos lamentos excedieron mi capacidad de mantener la calma y decirme inútilmente que todo era solo una alucinación por mi estado semi dormido, aquello era demasiado real y yo me encontraba despierto en verdad.


Un número indefinido de manos comenzaron a emerger de la superficie sólida como si esta fuera una cortina que dejaba en evidencia que algo estaba oculta tras de sí. Grandes, pequeñas, gruesas y delgadas; las manos trataban de alcanzarme y en un alto reflejo solo comencé a retroceder hasta caer de la cama. No le di tiempo a mi cuerpo para reaccionar al dolor, solo me levante y corrí en medio de la oscuridad de la casa escaleras abajo, tratando de escapar de aquellos lamentos que tras pisar el ultimo escalón para tocar la planta baja se silenciaron.


Mire por la ventana de mi sala de estar y todo en el exterior era sumamente tranquilo. El ritmo del viento era quedo y confortable, como un arrullo que te susurra la naturaleza. Las casas de mi colonia estaban en un silencio total. Ninguna luz encendida, ningún sujeto aun en vela más que yo. Todo en la casa se quedó en silencio igualmente y fue cuando comencé a pensar que solamente mi mente se encontraba tan cargada de cosas del trabajo que finalmente habían provocado alucinaciones formuladas por la excitación de hace unas horas y el crudo despertar por un sonido extraño.


Y luego te mire a ti… Sé que no hablas y mucho menos me entiendes si te hablo, pero llevo posiblemente una hora o un poco menos escribiendo sobre tu desagradable dentadura amarilla, apoyándome sobre los bordes naranja cuando mis dedos buscan un descanso. Aun no sé si fue mi descuido el que dejo la luz de la cocina encendida o fue algo más, pero cuando me aleje de la ventana de la estancia y me acerque un poco a la cocina, pude ver ese resplandor de potentes 50 watts iluminando tu cuerpo naranja metálico.


Me sentí atraído a tu ser como un mosquito que es estúpidamente llevado a su muerte por las luces azuladas de los mosquiteros eléctricos. Me encontraba aun exaltado, extrañado de mis alucinaciones o posibles vivencias nocturnas, pero sentía una necesidad enorme de acercarme, tomar asiento y comenzar a escribir otra crónica de todo lo ocurrido en estas horas alejadas de ti.


Me siento agotado, mis parpados me pesan horrores y posiblemente si continuo inútilmente escribiendo en este momento terminare durmiendo sobre tus despreciables teclas amarillo ámbar. Lo único que me jode un poco en este momento más de que no encuentro respuesta para mi obsesión de escritura es el puto gato de la señora Duran, El maldito animal no ha dejado de maullar desde hace unos 20 minutos y es en verdad molesto. A veces no entiendo como la gente simplemente no esteriliza a sus mascotas en lugar de hacer sufrir a todo el maldito vecindario con esos maullidos desgarradores que solo le alteran los nervios a uno. Ojala esa desgraciada criatura tuviera un accidente mientras esta por sus rondas callejeras por las noches, eso le enseñaría a esa regordeta mujer que debe mantener a sus animales en casa en lugar de tenerlos afuera acabando con la paz de todos.


Bueno, es el fin, dejo de escribir de nuevo, nos vemos luego Remington, espero no volver a ti en lo que queda de noche.


El gato está muerto. No sé cómo carajos paso y mucho menos tengo ganas de averiguarlo. Pero la desagradable masa de pelos y sangre se encontraba en mi ventana. No sé quién fue el que la abrió, yo no lo hice y estoy seguro de ello; pero ahí estaba, partido a la mitad como un inmundo animal callejero víctima de un conductor descuidado.


Su repulsivo aroma fue lo que me despertó y siendo las 3:30 de la mañana no creo prudente despertar a esa pobre mujer. Lo sé, llámame hipócrita Remington hace unas horas la llame de un modo despectivo pero ahora, siento solamente lastima, esa criatura era lo único que le mantenía animada desde que su hija hizo su vida fuera de casa. No sé cómo le entregare el cuerpo de Dina el cual metí en una bolsa de basura lo más rápido que pude, pero no puedes culparme por hacer eso. Sus intestinos y viseras estaban al descubierto, podían verse sus entrañas deslizándose al exterior. Incluso de un desagradable modo se podían ver trozos de ratón que seguramente Dina había cenado.


Posiblemente lo que más me aterra no es que el animal este muerto, si no las marcas que había en su cuerpo. Aquella piel no fue desgarrada por un par de garras afiladas, era más como si hubieran tomado a la criatura de ambos extremos y tiraran de ella hasta que finalmente los tendones reventaran, los músculos se desgarraran y los huesos de la espina dorsal terminaran separándose en un crujido atroz. Los ojos del gato se encontraban abiertos, mirándome como si fuera culpable de su terrible desenlace, pero más que parecer un par de cuencas sin vida, aquellos ojos reflejaban un sentimiento valido y que puede que algunas crean que solo los humanos podemos sentir, yo vi miedo en esos ojos muertos.


Ahora vuelvo a cuestionarme porque sigo recurriendo a ti para contar estas cosas. Por qué carajos mi primer impulso tras una experiencia desagradable es bajar a toda velocidad, colocar una hoja nueva en su cuerpo frió y carente de vida y referirme a tu persona como si fueras un ser vivo. Tal vez me estoy volviendo loco, no lo sé, incluso podría ser que estoy buscando una forma de sabotearte a base de escritura aunque sea ridículo decirlo, pero en verdad espero que esto termine pronto. Así como no dejo de llamar “el gato” a dina a pesar de que es una hembra, no puedo dejar de escribir, ojala nada más ocurra esta noche, solo quiero descansar y que mi creciente delirio culmine. Nos vemos hasta que no pueda evitar volver a ti.


Algo está ocurriendo en mi casa. No sé qué demonios es lo que ocurre pero me siento atrapado, me siento asechado por algo, es casi como si estuviera siendo víctima de una de las historias de H.P. Lovecraft. Son las 3:55, no ha pasado ni 30 minutos desde la última sesión pero estoy de nuevo escribiendo, pero esta vez no es por placer si no por desesperación. Acabo de descubrir que siempre cesan las cosas macabras que han pasado hoy cuando vuelvo a ti y comienzo a relatar vagamente la experiencia. ¿Tú eres lo que frena a esa cosa?


Bueno que más da, lo seas o no parece ser que escribir es lo único que calma los acontecimientos desagradables. Supongo que solo me queda empezar explicando por qué llegue nuevamente aquí. Bueno esta vez vi algo, era una sombra que se movía por las paredes del pasillo y lo que comenzó como un viaje corriente al cuarto de baño ahora será lo que engendre futuras pesadillas.


Me levante semi consiente, apoyando la mano sobre la pared para guiarme y no llegar accidentalmente a caer con alguna cosa. Estando cerca del cuarto del baño sentí una cosa babosa brotando de la pared. Mis ojos dejaron aquel aspecto de anciano tratando de enfocar las letras de un medicamento sin usar sus lentes y velozmente se volvieron los mismos que hice cuando las paredes me hablaron.


Busque el interruptor de la luz mientras aquella viscosidad seguía por diversos puntos de la pared. El sonido al tacto era desagradable, como si uno estuviese metiendo la mano en crema humectante una y otra vez. Su tacto era diferente al sonido que provocaba, era más si el líquido de una babosa se deslizara por mis dedos en cantidades exageradas, casi como si la pared salivara aquel líquido anaranjado.


Cuando la luz se encendió pude darme cuenta de que no era toda la pared la que estaba cubierta por esta desagradable secreción, solo era una línea recta, como si una inmensa babosa se hubiera deslizado por el lugar hasta llegar al inminente encuentro con la habitación donde duermo. Fuera lo que fuera, esa cosa seguía en la casa y yo ya no podría a volver a dormir hasta saber lo que fuera.

Al entrar al baño para quitarme la suciedad de los dedos fue como una cubetada de agua fría que me heló la sangre en cuestión de mili segundos. La luz del baño se encendió como siempre y frente a mí se encontraba la tina y el sonido del grifo anunciaba que alguien había estado ahí anteriormente.


La tina se encontraba más de la mitad llena y algo flotaba sobre el líquido que más que ser cristalina agua se veía de un color marrón con pequeños tonos rojizos por algunas partes. Me acerque con cautela mientras el nivel del agua aumentaba y aquella cosa negra seguía a la deriva en el agua. Con la mano que no estaba llena de suciedad palpe hasta encontrar tras el inodoro el cepillo de aseo. Me acerque un poco más a la tina y comencé a estirar el brazo para que el cepillo tocara la cosa que estaba flotando en el agua.


Acerté el primer toque pero no logre que aquella extraña masa humedecida por el agua marrón tomara una posición diferente o girara para averiguar que era realmente. Me trague el miedo y llegue hasta el borde de la tina. El aroma fétido del agua era equivalente a mariscos podridos pero un tanto diluido, casi parecido al aroma de la sustancia viscosa de la pared del pasillo.


Detuve con el cepillo de baño el grifo del agua y estire la mano para tomar aquella pequeña bola humedecida. Mi horror fue descomunal al descubrir que lo que frotaba en el agua no era otra cosa que la cabeza de Dina. La puta gata había vuelta desde el interior de aquella bolsa de basura en la cual la metí, pero el resto de su ser se había esfumado. El marrón del agua era a causa de la sangre seca y de la parte cercenada goteaba un líquido desagradable y pestilente, no era el agua de la llave, era algo mucho peor, era de un color anaranjado y un tanto transparente, no pude más y arroje la cabeza del animal al otro extremo del baño.


Las arcadas crecían en mi garganta mientras trataba de controlarme para no vomitar. Fue cuando escuche al felino. De algún modo aquella cabeza se movía, levemente pero se movía como si aún estuviese viva. No pude evitarlo y termine vomitando sobre la tina aun infestada de aquella pestilente agua oscurecida.


La gata de la señora Duran maullaba de una manera horrible mientras salían pequeños chorros de agua de su nariz. El maullido era desgarrador, casi podía sentirlo en el oído como un susurro. Cuando pude girar hacia donde estaba aquella desagradable bola de pelos mi corazón dio un vuelco. Aquellos ojos moribundos me miraban, estaban cubiertos de un manto lechoso y blanquecino pero aun así me estaban observando. La cabeza parpadeaba tras cada maullido, su boca se articulaba de arriba y abajo con cada sonido emanante de su interior, en algunas ocasiones esta tendía a trabarse por unos segundos causando un nato dolor en aquella expresión cadavérica.


El líquido anaranjado brotaba de la cortada sin cauterizar de aquella extremidad cercenada, el gato se ahogaba en su inmundicia mientras el suelo se infestaba de aquella cosa. El animal trataba de acercarse, de arrastrarse hacia mí, tal vez sabía perfectamente que yo había deseado su muerte. Tal vez trataba de decirme que de algún modo al escribir en esta maldita cosa causo que ocurran cosas.


El agua de un aspecto estancado comenzaba a burbujear como los calderos de las brujas en esos viejos cuentos para asustar niños. Trate de salir corriendo como todo un cobarde del lugar pero mis piernas no reaccionaban del todo, estaban adormecidas del susto. Los maullidos eran menos agudos ahora y se tornaban en sonidos meramente guturales, algo que me estremecía aún más puesto que la maldita gata ya no contaba con un cuello para formar aquel ruido endemoniado.

-Destruye- Dijo la cabeza con dificultad- Destruye…asesino…Destruye-


A pesar de haberlo presenciado y estar narrándolo en papel en este momento aún no puedo creer como aquella gata pudo formular palabras, pero ¿Qué carajos debo destruir? ¿Quién es tu asesino?

-DESTRUYEE- Gritaba la infeliz mientras su boca de dislocaba por completo.


Cuando finalmente pude levantarme, aferrándome del lavabo que estaba suspendido sobre mi cabeza, algo burbujeo de nuevo en las aguas marrones. El fétido aroma creció exponencial mente hasta impregnarse en cada rincón de la habitación blanquecina. Un extraño gruñido se escuchó por el lugar, parecía provenir de las tuberías pues un eco atroz le acompaño a esos guturales sonidos transformados en palabras.


Repentinamente, casi como si hubiera brotado desde la mismísima nada, una garra salió de entre las aguas y se estiro como si fuera una liga de goma. Atrapo a la cabeza del felino que comenzó a hacer sonidos aún peores que los anteriores mientras luchaba mordiendo los dedos de aquella enorme extremidad. Sin éxito alguno aquella cosa que ahora se encontraba sumergida en mi tina arrastro al fondo de las aguas. Gruñidos que nunca había escuchado emerger de ningún animal conocido inundaron la habitación mientras la bestia se mantenía oculta en el agua, devorando lo que quedaba de la presa.


Las voces de las paredes volvieron a cantigar sin parar mil y un lamentos vueltos gritos atroces. Mis piernas temblaban pero me las arregle para levantarme y salir del baño mientras el festín repugnante de la criatura en el agua se efectuaba. Las paredes se volvían delgadas líneas de la realidad y la locura, podía ver cientos de rostros emerger de estas para gritarme que huyera, que destruyera y que me alejara de la maldad anaranjada.


Tras de mí se podía escuchar como algo se arrastraba por el suelo, dejando que las aguas repulsivas se derramara hasta llegar al pasillo. Un enfermizo sonido húmedo llego hasta mis oídos cuando finalmente logre alcanzar el barandal que protegía las escaleras.


Plof plof plof, se escuchaba una y otra vez tras de mí. Eran como las ventosas de un pulpo que se adhiere a la superficie más cercana para impulsarse y continuar una persecución lenta que eventualmente le llevara a un sujeto que es traicionado por su propio cuerpo. Plof plof plof, el sonido se acerca cada vez mas aunque no lo suficiente como para tomarme y arrastrarme a tu guarida y masticar mis huesos como lo ha hecho con Dina a lo largo de la noche.


El fétido aroma a marisco en descomposición broto nuevamente y cuando me digne a mirar hacia el pasillo, pude ver una silueta, una sombra que avanzaba a paso lento con un aspecto amorfo pero que portaba unos ojos azules preciosamente demoníacos. Buscaban alimento, me buscaban a mí.


Baje las escaleras temiendo caer sentir aun débil y adormiladas mis piernas. Trate de alcanzar la entrada cuando finalmente caí del cuarto escalón, pero algo me detuvo. A un lado mío se encontrada la luz de la cocina encendida. Como un viejo monstruo que aterraba a mi yo infantil, la maldita luz volvía a encenderse por cuenta propia, dejando expuesta a la vista sobre aquella pequeña mesa la Remington que despedía un brillo único e infernal, era la salvación, algo me lo decía. La voz que me llamo en un inicio me volvía a susurrar, “no corras a la puerta, corre a la máquina. Apacigua a la criatura” y eme aquí. Escribiendo a pesar de que mi corazón sigue exaltado, a sabiendas que me están esperando aquella monstruosa bestia de ojos azules al final de la escalera.


Sé que suena estúpido y posiblemente te estas burlando de mí en algún tipo de dialecto que usan las maquinas infernales como tú, pero ya no escucho al monstruo, ya no escucho las voces ni el aroma fétido inundando el ambiente. Tú apaciguas todo, eres como una herramienta que mantiene la realidad protegida de una cosa que no respeta las normas de la realidad. Tengo miedo de dejar de escribir, no sé cómo saldré de esto. La noche aún tiene un largo trecho por recorrer y ese paquete de hojas no durara a este paso tanto como desearía. Mi única alternativa es tratar de llegar al amanecer y que, al igual que los monstruos bajo la cama y los que deambulan en los armarios cuando somos niños, se desvanezca con los rayos del sol. Después obsequiare a un incauto la Remington, suena bajo eh inhumano, pero solo quiero recuperar lo que no estuve apreciando los últimos meses hasta que Beto te trajo a mí, solo quiero mi vida.

 

Soy un idiota. Fui engañado como un niño crédulo. Hace unos segundos escuche unos gritos venir del exterior. Era la señora Duran sin duda, sus gritos fueron como los de la gata. Desgarraron la noche con suma facilidad mientras una mente completamente sugestionada por los horrores de un invitado inesperado que desea probar mi carne dudaba de si todo era una trampa o realmente aquella mujer estaba siendo testigo de los mismos horrores que me acongojaban.


No pude evitarlo cuando escuche un nuevo grito combinado con llantos, la mujer decía una y otra vez el nombre de Dina. ¿Acaso algún tajo de la gata había aparecido en la casa de la señora Duran?


Mi curiosidad fue mayor que mi sentido de la lógica, de mantenerme escribiendo y termine corriendo a la ventana del comedor; la única que da una vista perfecta de la entrada de la casa de mi vecina desde la mía. La mujer estaba arrodillada sobre la entrada de su casa. En sus manos sostenía algo, no podía ver con exactitud que era, solo sabía que era una extremidad que supuraba, pues las manos de la mujer estaban enrojecidas con pequeñas líneas de líquido amarillezco, casi como pus.


Finalmente la mujer regordeta se levanto con el rostro bañado en lágrimas y pude ver lo que sostenía con tanta fuerza sobre su pecho. Una de las patas delanteras escapaba entre sus dobleces de grasa, era el torso de la gata. De alguna manera una parte del cadáver que había metido en la bolsa de basura llego hasta la casa de al lado.


Plof plof plof, escuche con claridad en alguna parte de la planta baja. Fue cuando finalmente comprendí todo. Aquella monstruosa cosa tomo las partes de la gata, arrojo una al exterior y devoro el otro, finalmente uso de señuelo la cabeza para mí, pero por alguna razón decidió no sumergirme cuando me acerque para tomarla del agua. Sabía que mi curiosidad podría más que mi terror y me asomaría a ver que ocurría, todo fue un truco para alejarme de la Remington.


Cuando regrese el piso estaba cubierto de esa secreción viscosa de un tono naranja. Las hojas ya no estaban, solo un rastro baboso y pútrido del gelatinoso rastro del andar de la bestia. Grite mil y un veces maldiciendo como no puede imaginar nadie “NO, CARAJO NO. PUTA MADRE. ¿QUÉ QUIERES DE MI?” Nunca recibí una respuesta, solo un gruñido desalentador seguido de un efecto en cadena de focos de luz reventando en medio de la oscuridad, me habían arrinconado sin siquiera poder preverlo.


En mi desesperación descubrí dos hojas esparcidas por el piso, una estaba siendo consumida por la baba naranja, la otra estaba intacta en una zona no contaminada. No perdí tiempo, tome la hoja alejada de aquella secreción y la coloque en la Remington. Unos segundos después comencé a escuchar de nuevo aquel sonido que me alaba la sangre, plof plof plof. Me apoye sobre la parte anaranjada de la máquina de escribir mientras me agachaba con complicada posición para tratar de alcanzar la segunda hoja antes de que fuera consumida totalmente.


La criatura se aproximaba podía sentirlo, aquel aroma a podrido retornaba con mayor intensidad mientras las paredes hacían con mayor escándalo plof plof plof, Mi dedo incide y anular se deslizo sin querer bajo los mecanismos de las teclas al intentar llegar un poco más lejos y cuando finalmente estaba listo para levantarme, tu maldita perra anaranjada y de dientes ámbar, bajaste por ti sola tu mecanismo de teclado y arrancaste de un tajo mis dedos.


La sangre broto de en pequeños espasmos, el dolor fue inmenso que aún me pregunto como nadie pudo escucharme. Tome un trozo de mi vieja camisa para dormir y envolví mi mano lo mejor que pude.


Desde hace unas hojas escribo solamente con mi mano derecha, es cansado, tardado y por supuesto, más lento de lo normal. Mientras mis dedos se entumecen y me toma un poco más de tiempo alcanzar algunas teclas, esa cosa se aproxima cada vez más. Cada intervalo de silencio equivale a un paso de eso.


Mi mente se está agotando, mis ojos comienzan a fallarme a la vez que las ventosas de la bestia resuenan por el pasillo. Plof plof plof, está aproximándose, plof plof plof, babea deseoso de engullir al idiota que lo trajo. Plof plof plof, sabe que me di cuenta que la libere en cuanto escribí algo en la Remington.


Solo puedo decir unas últimas palabras antes de que lo inevitable me abofeteé como una verdad incómoda y me haga enfrentarla. Si pueden leer esto, destruyan esta maldita cosa. Si la Remington les llama, les coquetea al oído con un excitante deseo por escribir cualquier cosa, no le hagan caso, pues solo es un truco para alimentarle. Se roba tu cordura conforme te haces adicto a escribir en ella, luego se mofa de ti soltando a esa cosa para que sea una necesidad, como un adicto que requiere de su heroína para poder mantenerse cuerdo, finalmente te deja sin opciones, solo eres un sujeto temeroso a la muerte escribiendo sin parar, divirtiendo a la perra de metal, mientras la muy maldita sonríe con esos asquerosos dientes ámbar con caries en formas de letra que te hace tocar una y otra vez para mantenerte vivo.


Puedo sentir como respira esta cosa en mi nuca, quiero llorar pero eso no me salvara de un destino que selle cuando no pude aguantar, cuando mi voluntad demostró ser pobre. Destruye a Remington, que su puto anaranjado metálico se despedace bajo el metal de un mazo o arda en lo más profundo de un horno industrial.


No estoy seguro si esta cosa pueda despertar con tan solo leer estas hojas, pero no lo creo, solo evita tocar a Remington para escribir cualquier estupidez. La creatividad es peligrosa y lamentablemente la mía se vio opacada por ignorar todo sentido lógico y asomarme a lo desconocido. E visto el lado sombrío del mundo esta noche…y es horrible…te vuelve miserable y patético. Solo destruye esa cosa por lo que más quieras.


Sabes, olvídalo, sé que no me hiciste caso, seguramente ya tocaste a esa puta barata disfrazada de una antigüedad curiosa. Siento la lengua de esta criatura lamiendo mi nuca, y lamentablemente sé que igualmente está detrás de ti…

… Por cierto.

¡No mires hacia atrás!

14 de Febrero de 2019 a las 00:25 1 Reporte Insertar 2
Fin

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Daniel Crusher Daniel Crusher
Wey desde lo que la cama se estaba moviendo ya me dio cosa luego con lo de la pinche gata y por ultimo lo de la tina , putisma madre y weeey, ese final!!!!! tu terror nunca esta de mas, es siempre bien recibido <3 y quiero en un futuro ver mas si es posible
15 de Febrero de 2019 a las 16:13
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