Cuento corto
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Un anciano y un cazador beben unos tragos en la soledad de un bar. Las campanas de la medianoche invitan al anciano -una vez más- a introducir el tema, a formular la pregunta que en tiempos sagrados, pocos se atreven a negar.

  • ¿Y usted, señor cazador, cree en Dios?
  • No, para nada.
  • Interesante… me gustaría escuchar sus razones.
  • Nada en particular. Creía en él, me ha decepcionado muchas veces, no hay razones para empezar a creerle ahora.
  • Quizás tenga usted una idea equivocada de lo que es Dios.
  • ¿Cómo?
  • Se dirige a Dios como él. Dios no es una persona, muchos lo imaginan con aspecto humano, un hombre mayor, una especie de figura paterna que resolverá todo problema que le pidamos. Y en cuanto no lo obedezcamos, nos castigará sin misericordia. Aunque no existe verdad absoluta, estoy seguro de que no es así.
  • Eso no dicen los libros. ¿Qué sentido tiene Dios en este mundo tan corrompido?
  • Como es arriba, es abajo.
  • Y ese de abajo juega muy bien, já... ¿Y entonces?
  • Dios es energía, es espíritu, no toma partido por nadie pero sigue fielmente las órdenes de quien sabe encontrarlo, no tiene inicio ni fin porque siempre ha existido.
  • Ná. Lo dudo, no puedo creer en algo que no puedo tocar o ver.
  • No tiene que tocarlo ni verlo, basta con sentirlo. ¿Usted ha visto alguna vez su corazón latir?
  • Claro que no…
  • Pero lo siente, ¿verdad? Sabe que está ahí, latiendo.

Algo fastidiado y como si estuvieran burlándose de su inteligencia, el cazador respondió:

  • Es diferente, lo siento porque está cerca a mi, porque pertenece a mi cuerpo y porque científicamente se ha comprobado que existe. No lo puedo ver pero lo escucho mientras duermo. ¡Y lo podría tocar si se me safa un tornillo!
  • En efecto, usted no siente a Dios. Se ha alejado de su existencia. Ha renunciado a ello hace mucho tiempo e intenta encontrarle una explicación racional y material a algo que escapa completamente de ello. A Dios no se lo comprueba científicamente, se lo comprueba a través de emociones. La limitación mental del hombre más allá de lo físico, menospreciando lo espiritual, -lo cual es perfectamente entendible- ha llevado al humano a silenciar su empatía y a dejar de lado el pensamiento emocional.

El cazador se tomó una larga pausa, agachó la mirada por unos segundos, lo miró fijamente y continuó:

  • ¿Y cómo acercarme a él?... O bueno, a aquello…
  • Orando correctamente, meditando, conectándose con la naturaleza y respetando cada pequeño espacio en este planeta que contenga vida. Desde una flor hasta un indefenso ciervo, señor cazador. Y recordar que cada acción adversa que suceda en esta vida no tiene, aunque contrario parezca, importancia real sobre lo que verdaderamente significamos en el Universo. Este mundo es de mera transición, de aprendizaje. El cuerpo nace y muere; el alma, es eterna.
1 de Febrero de 2019 a las 05:54 4 Reporte Insertar 1
Continuará…

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César Pérez César Pérez
Hola Martin, me gusto mucho tu historia. Totalmente de acuerdo, El Creador no se comprueba se siente. Estoy seguro que cuando la escribiste, sentiste algo mas grande que tu que te movia hacerlo. Te comento que dedico mi perfil de Inkspired a escribir historias de corte espiritual, asi como hiciste con esta hermosa historia. Espero puedas pasarte por mi mas reciente obra "El Viajero Presente". En la misma narro el viaje de su protagonista hacia los confines mas reconditos del Ser, de su esencia, de lo que verdaderamente somos. Dejame saber que te parece. Saludos,
7 de Febrero de 2019 a las 20:04
Vrotiath Vrotiath
Genial, me gustó demasiado tu historia, sigue así!
2 de Febrero de 2019 a las 01:36

  • Martín Zúñiga Martín Zúñiga
    Gracias por tu comentario! ahora me paso por tu perfil 3 de Febrero de 2019 a las 00:27
Martín Zúñiga Martín Zúñiga
¡Bienvenidos a mi primera historia! Será un placer leer sus impresiones.
1 de Febrero de 2019 a las 09:33
~