La soledad de la ondina del estanque(7) Seguir historia

caelgitanoblanco Carlos Alberto (ElGitanoBlanco)

En medio del banquete en la ciudad de Gûìldnah, el bufón Phillipe narra de una historia acerca de ayudar al prójimo, sin esperar alguna recompensa. Séptima narración que conforma el primer tomo de la saga "Cosmos Rómgednar".


Fantasía Medieval Todo público.

#ciudad #lago #río #alfarero
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CAPÍTULO I

La siguiente historia, es la segunda que presentó Philippe en el banquete especial.

Será narrada a según como él lo hizo.


Es la noche de la celebración de la alianza, en el salón real de banquetes del castillo de Güíldnah, donde hay mucha alegría. Todos los invitados están muy entretenidos, poniendo atención en la historia del bufón o comiendo.

Él ha terminado de narrar la historia del tritón perdido.

Toma un breve descanso para tomar un poco de cerveza; la cual, se la provee un sirviente en un tarro, sobre una charola.

―Muy interesante historia, amiguito. ―Le dice el rey del Sur, un hombre en los primeros años de vejez.

Muchos de los integrantes de las cortes reales (la mayoría gente de la nobleza), aplauden ligeramente.

―Y yo pensaba que solo había tierra y piedras en el fondo del mar ―comenta un noble del reino del Oeste.

―Gracias, muchas gracias sus majestades ―agradece Philippe con una reverencia.

Al beber otros cuantos tragos de cerveza, vuelve a dejar el tarro en la charola, agradeciendo al sirviente por el servicio.

Ahora regresa al centro de las tres mesas.

―Muy bien ―anuncia el enano alzando los brazos, observando a todos los invitados―; ya les he contado sobre una misión de rescate en el mar; de paso, les he descrito como es la sociedad que vive ahí, junto con uno que otro paisaje.

»De seguro, muchos recordarán el bosque, que mencioné al principio y al final del cuento, ―mientras habla, el pequeño cuentacuentos no deja de moverse; ya sea todo su cuerpo o solo las manos―; no se preocupen, en seguida les hablaré acerca de él.

La siguiente historia trata acerca de una de sus habitantes.

―¿Un ave o un animal más grande? ―pregunta sonriente la reina del Oeste.

―Ninguna de las dos, su majestad ―responde el bufón―. Es otra habitante del bosque. Ya la conocerá.

»Un día, un alfarero se encuentra de visita en el dichoso bosque.

»Ya es hora de su descanso; ha trabajado arduamente toda la mañana.

»La humilde vivienda del hombre, se halla a medio kilómetro cerca de la orilla de la arboleda.

»Le gusta visitar aquel paraje, lleno de aromas refrescantes y relajantes; también le gusta observar todos los colores, utilizados por el creador para pintar las diversas flores e insectos; sin importarle que haya algunos desagradables de vista.

»Una buena melodía nunca puede faltar en un ambiente tan fantástico. Es ofrecida por las aves residentes: petirrojos, codornices y golondrinas. Solo por mencionar algunos.

―¿No hay ruiseñores? ―pregunta la reina del Sur―. Me gustan mucho esas aves, en especial su melodioso canto.

―Sí los hay ―responde Philippe alegremente―. Son el pilar principal para los demás cantos.

»El alfarero, de edad avanzada, se sienta en el pasto, recargado en un gran abeto; el cual le provee de una sombra acogedora, en aquellas horas de la tarde temprana.

»Lo más cercano a describir las sensaciones de paz, armonía y felicidad, sería expresar que se encuentra en el paraíso.

Todos los reyes cierran los ojos, tratando de ir a ese lugar.

»Descansa lo suficiente, para revitalizar todo su ser. Una vez que su alma y cuerpo, se han llenado de nuevas energías, se levanta y se dirige a un estanque cercano.

―¡Oye! ―grita un noble de la corte real del Sur―, ¿no hay un río en medio del bosque?

―No ―afirma el bufón―, no hay ningún río.

―Si lo hubiera ―comenta el rey del Sur―, sería idéntico al bosque cercano, vecino del mar.

―Continuemos, continuemos ―expresa el rey del Oeste impacientemente―. Quiero seguir escuchando la historia.

El enano cumple la solicitud del monarca, retomando la narración.

—Por fin, el artesano llega al estanque grande, a unos metros más adelante; rodeado de rocas de diferentes tamaños. Alejados un poco más, diferentes arbustos con sus flores y más arboles acompañan la escena.

»El agua es cristalina, dejando ver a los peces que nadan en él.

Philippe mira en el piso, actuando como el personaje de su cuento.

»«Podría pescar uno que otro para merendarlo», piensa el hombre. «Mejor será otro día. Hoy no vine preparado».

»Se hinca y recoge algo de agua con las dos manos, refrescando su cara.

»Ya está listo para regresar a su taller, cuando escucha unos sollozos cercanos.

»Voltea en todas direcciones, agudizando sus oídos.

»«De seguro es alguien que se ha perdido», se dice el alfarero en su mente. Unos segundos después, deduce que el llanto proviene de allí.

El bufón señala a una esquina formada por las mesas. Todos voltean al lugar señalado, mientras que él continúa actuando y narrando.

»Detrás de ése árbol.

»Paso por paso, el artesano rodea el gran tronco, encontrando a una muchacha, llorando y sentada en el pasto, cubriéndose la cara con sus manos.

»Solo viste un vestido simple largo y de color blanco, con mangas cortas. No usa calzado.

»—Niña. —La llama amablemente el alfarero—, ¿te has perdido?

»La joven deja de llorar, haciendo a un lado sus manos, volteando hacia el extraño inoportuno.

»El artesano se deslumbra con su belleza y ojos color azul ultramar. Su cabello rubio, corto y rizado, pareciera estar hecho con hilos de oro puro.

»—No. No lo estoy —responde la muchacha, secándose las lágrimas con su mano.

»—Entonces, ¿por qué lloras? —pregunta el hombre intrigado.

»—Bueno... —dice ella—, lo primero que debes de saber, es que soy una ondina.

―¿Una qué? ―pregunta desconcertada la reina del Norte.

―Una ondina, su majestad. ―Le responde el bufón―; una guardiana de ríos, estanques y lagos.

―Entonces estaba asustada por el artesano invasor ―asegura un noble.

―No. Tampoco ―rechaza Philippe―; ellas pueden defenderse de los intrusos que se acerquen.

El bufón continúa con su historia.

»—¿Un ser de fantasía? —pregunta el alfarero—. Entonces... ¿ya he perdido el juicio? —supone el hombre, al mismo tiempo que voltea a todos lados.

»—No lo sé. —Le contesta la ondina tristemente, bajando otra vez la mirada.

»Su problema parece ser muy grande.

»—Aunque sea, dime el porqué de tu tristeza. —Le pide el hombre mientras se sienta a su lado.

»—Mis hermanas no quieren que las acompañe; dicen que el estanque es muy pequeño. No me prestan atención cuando quiero jugar con ellas —explica ella.

»—¿Hermanas? —pregunta el artesano.

»—Sí, tengo cuatro hermanas mayores, pero eso no es todo: las demás ninfas del bosque no quieren de mi amistad —continúa desahogándose ella—. Solo un par de hadas son mis amigas, quienes no me visitan muy seguido.

»—¿El bosque se encuentra habitado por todos esos seres? Ninfas, hadas, y… ¿duendes? —inquiere el hombre, convenciéndose cada vez más de que está soñando.

»—Así es. —Le responde ella.

»El alfarero busca a los demás seres mágicos, sin éxito; solo hay árboles y arbustos.

»—Todos se están escondiendo. No confían en extraños —comenta la joven.

»—Si la soledad es tu problema, ¿por qué no te vas a otro lado?

»—No puedo alejarme demasiado de mi elemento. Solo puedo habitar en estanques, ríos o lagos.

»—Hay un río al Sur y un lago al Este. —Le dice el hombre, haciendo memoria—. Te ayudaría, mas no sé cómo hacerlo.

»Hay un breve momento de silencio.

»—¿A qué te dedicas? —Le pregunta la ondina.

»—Soy alfarero. Trabajo el barro y la arcilla, para convertirlo en diferentes objetos.

»—¿Elaboras jarrones?

»—Sí; entre otros objetos.

»—Puedes traer uno y transportarme a esos lugares que dices conocer. —Le propone la joven.

»—Si es así de fácil, no hay problema —acepta el artesano, poniéndose de pie.

»—Solo llénalo con agua del estanque. —Le indica la ondina, al tanto que se levanta del suelo—. Tal vez no me veas; lo más seguro, sí me podrás oír.

»—No tardaré. —Le dice el hombre mientras se aleja.

»Apresurando su paso, el alfarero sale del bosque, encaminándose a su taller.

»En pocos minutos llega a su hogar y lugar de trabajo. Una simple cabaña de adobe y paja, es donde vive él y su familia. Un amplio terreno de tierra y pasto, es el gran patio; el enorme horno se encuentra en medio, mientras que las piezas ya cocidas, se acomodan en el resto de la propiedad. Solo ciertas partes tienen cerca de madera; la mayoría no tiene.

»Dirigiéndose hacia las piezas ya listas, el hombre elige un jarrón mediano.

»Sale tan rápido como entró.

»Su esposa e hijos, le llaman para que les explique qué está pasando; él solo contesta que les dirá después, apresurándose a regresar al bosque.

»Una vez que llega al lugar de antes, mira a todos lados para buscar a la muchacha; pero ella se ha desvanecido. Llena el jarrón con agua del estanque y se retira tranquilamente.

»Al salir del bosque, el alfarero escucha la voz de la joven.

»—Muchas gracias por ayudarme —dice la voz.

»—De nada —responde el hombre.

»El artesano recorre una buena distancia hacia el Sur, llegando a un río, en medio de una pradera tapizada de verde.

―Perdón por insistir ―interrumpe el rey del Sur―; los lugares que has estado describiendo, son muy parecidos a los cercanos de aquí.

―A mí también me parece ―comenta el rey de Güíldnah―. ¿Insinúas que mi amigo ha descubierto a todos esos seres de fantasía, habitando en mi bosque junto al mar?

―Y qué sí existen y viven en ese bosque ―expresa sonriente el rey del Oeste―; eso es lo de menos. ―Luego se dirige seriamente a todos los presentes, poniéndose en pie―. Por favor, ya no más interrupciones; la historia es muy interesante ―mientras vuelve a sentarse en su trono, le ordena al bufón―. Sigue con la historia, amiguito.

—En seguida, su excelencia —responde Philippe, al mismo tiempo que ejecuta una reverencia.

»—Hemos llegado —anuncia el artesano.

»—Ahora solo vierte el agua en el río. —Le dice la voz de la joven.

»El alfarero así lo hace, hasta que la última gota de agua deja la vasija.

»—Te visitaré en tres días, en este mismo lugar. Te deseo suerte, y que encuentres más amistades aquí —dicho esto, el hombre regresa a su casa.

»A la hora de la merienda tardía, toda su familia le pregunta qué ha pasado. Él les explica detalladamente todo lo sucedido; al final, no le creen ni una palabra.

»¿Quién lo haría? —pregunta curioso el bufón a todos los invitados, señalándolos con su dedo índice.

Muchos niegan con la cabeza, y otros dicen la frase: “Yo no”.

»—De seguro, la comida te ha hecho daño. —Le dice su esposa—. Mañana te recuperarás.

»La familia se va a dormir, como si fuera un día común y corriente.

»El artesano sigue con su vida normal por dos días seguidos. En la tarde del tercer día, regresa al río, en el mismo lugar donde dejó a la ondina.

»Lleva consigo la misma vasija de antes.

»«Tal vez la necesite otra vez», se dice él en su cabeza.

»Llegando al dichoso río, se sienta en la orilla para refrescar sus pies en el agua. Espera unos momentos, antes de llamar a su amiga.

»—¡Ondina, he llegado! —anuncia en voz alta el alfarero.

»De en medio del cauce del río, va emergiendo el cuerpo de la joven, acercándose a su amigo en la orilla.

»Ya junto al artesano, la muchacha se sienta a su lado. Evita en todo momento voltear su cara.

ȃl se percata que en ella persiste la tristeza.

»—¿Qué ha pasado? —indaga el alfarero—. No te muestras muy feliz.

»—No he encontrado a ningún amigo —responde pesarosamente la ondina—. Muchas de mis semejantes son muy territoriales. No quieren hablar conmigo; sumando que me han conferido esta pequeña parte del río. Los peces nunca tienen tiempo de detenerse y charlar.

»—Vine preparado con el jarrón. —Le informa el hombre—; ¿quieres intentarlo en el lago del Noreste?

»—¿No es mucha molestia? —pregunta la joven volteándolo a ver.

»—Claro que no. Es cerca de aquí —asegura el alfarero.

»—Espera a que me sumerja completamente, en esos momentos llena el jarrón con agua —le indica la ondina un poco más alegre.

»Ella se pone en pie, comenzando a caminar de nuevo al centro del río, sumergiéndose poco a poco.

»Aguardando unos segundos después, el artesano sumerge el jarrón en el agua.

»Con el recipiente casi lleno y cargándolo en el hombro, empieza su recorrido al lago del Noreste.

»En medio del camino, la ondina le pregunta al hombre.

»—¿Tienes muchas amistades?

»—Las necesarias —responde el alfarero—. La mayoría comerciantes y otros artesanos, además de uno que otro campesino.

»—¿Eres casado? —inquiere la ninfa.

»—Así es, junto con seis hijos y dos hijas —menciona orgulloso el hombre—. Mis hijos me ayudan bastante en el taller.

»Aparte de decirle las edades de sus hijos, esa fue la única charla que tuvieron durante todo el camino.

»Algo cansado, el artesano llega al gran lago del Noreste, ubicado en la misma pradera verde.

»Al Oeste, se encuentra un vecino muy familiar para los dos personajes: el bosque preferido de él y el antiguo hogar de ella.

»El hombre se acerca lo más que puede a la orilla del lago, depositando cuidadosamente el agua del jarrón.

»Momentos después, escucha la voz de la ninfa decir.

»—Muchas gracias.

»—Esta vez, tardaré más tiempo en visitarte —precisa el artesano, observando el lago—. Tengo que llevar mercancía a la ciudad. Regresaré al sexto día. Te deseo lo mejor.

ȃl regresa a su hogar, sin decirle nada de lo sucedido a su familia.

30 de Enero de 2019 a las 23:48 0 Reporte Insertar 1
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