El diario de una chica ardiente Seguir historia

leonore-usher1540131713 Leonore Usher

El camino hacia el amor y el sexo está plagado de inseguridades, retos y vergonzosas confesiones. En esta obra, las experiencias del diario amoroso de una mujer que comienza esta larga senda trantando de encontrar la medida perfecta entre el placer y el romance te dejarán deseando saber más sobre su historia y sobre su pervertida familia.


Erótico Todo público.

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Felación

Hola. Comenzamos con una obra del género erótico. Disfruten :) 



La primera vez

Querido diario:

Te voy a relatar lo ocurrió hace ya muchos años, pero que recuerdo perfectamente como si hubiera sido ayer.

Era en esas épocas calurosas, en mi localidad salir a las dos o tres de la tarde era implorar por una insolación o un cáncer de piel. Como consecuencia, en mi casa (y mayormente en mi calle) la gente solía usar ropa corta. Mis vecinas, dos chicas en plena juventud y con un gran carisma, salían por las noches vistiendo delicadas prendas conformadas por cortísimos shorts de algodón.

Y claro, lo de la ropa ligera también me incluye a mí y a mi hermana menor.

En ese tiempo, Clarisa era coqueta. Ella tenía 16 años y, aunque decía que no le importaba, en realidad le gustaba llamar la atención de los muchachos. La muy pilla sabía lo que podría provocar con su floreciente belleza y su sonrisita de chica ingenua.

Ella y mi madre solían ir a correr al parque cercano y, una vez, las acompañé también y la manera en la que algunos muchachos nos miraban brillaba por su discreción. No me extrañaba, por cierto, porque tanto mi hermanita como yo éramos casi una copia genética de nuestra madre. El mismo cabello color arena, la misma sonrisa, ojos idénticos y labios carnosos.

Y en cuanto a mí... volviendo a ese tiempo, me sentía en disgusto conmigo misma, pues los muchachos iban y venían... y no es que fueran malos. Al contrario. Como la mayoría de los hombres de esa época, la perspectiva de salir con la hija de la mujer más adinerada de la cuadra era algo que no terminaba de convencerles. Creían que mi papá, que era policía federal, estaría siempre detrás de ellos apuntándole con la mira de un arma.

Tristemente, tenían razón. Pero la relación de mi padre con mi madre será cuento para otra entrada, querido diario.

Siempre me caractericé por ser muy enamoradiza. Crecí como muchas niñas: influenciada por los cuentos de hadas y por los príncipes. Ahora me doy cuenta de que eso es mera ficción. Oh, querido diario, ¡cuántas cosas tengo que contarte!

Me emocionaba cuando los chicos se fijaban en mí. Me di cuenta de las miradas lascivas que me echaban en la clase de educación física, cuando mis tetas brincaban felices dentro de mi sujetador y mis shorts delataban mis piernas y mi trasero redondo. Hoy en día, diario querido, la apariencia no es tan importante para mí. Sufrí mucho y aprendí mucho de los amores que se fueron y vinieron.

Sé de lo que habló.

Fue en esas épocas, casi antes de salir de vacaciones invernales, cuando probé por primera vez las delicias de un hombre.

Recuerdo bien todavía a David. Era un chico de otro grupo, con el cabello negro y desarreglado. Vestía normalmente con un suéter negro y llevaba muchas pulseras en las manos. Me encantaba esa fijación de muchacho malo, como si pudiera romper las reglas, como si fuera capaz de hacer cualquier cosa por permanecer a mi lado. Llevaba la vida de una forma relajada, el clásico estudiante que no era brillante ni vago. Simplemente gozaba con sus amigos, jugaba básquetbol ya que era el más alto de su salón y era muy bueno en redacción. Lo sé porque una vez me ganó en un concurso de cuentos que organizó la escuela, y fue allí cuando me fijé en él.

—Ve a hablarle. No tengas pena —me decía una amiga, de cuyo nombre ya ni me acuerdo.

—Sí, sino te lo van a bajar (ganar) por Sheila.

—Ay... no sé. Ni ganas de estar con él —me defendía, aunque lo cierto es que no dejaba de mirarle cada vez que tenía la oportunidad.

—Ya no eres una niña, tonta. Deja atrás esos miedos de adolescente.

Ellas tenían razón. Clarisa era más aventada que yo y no tenía vergüenza en usar sus encantos femeninos para encandilar a la gente que la rodeaba. Incluso nuestro papá cedía en ocasiones ante sus miradas de huevo cocido.

Más tarde te contaré algunas cosas divertidas que le hicimos a papá, que tenía que vivir con tres chicas en casa.

En fin. Comencé con mis coqueteos discretos, las miradas, las salidas después de clases, mis primeros cigarrillos y poco a poco mi amistad con él fue haciéndose más interesante. Platicábamos mucho por el chat e intercambiábamos cuentos cortos. Como toda chica curiosa por el amor y el sexo, yo estaba totalmente clavadita por él y me molestaba cuando la torpe de Sheila, que era la reina de la putería de la escuela, se le acercaba para tirarle del brazo, para sonreírle o para invitarle a comer.

Quien haya vivido esas cosas en sus años de escuela se dará cuenta de que eso sin duda era una declaración de guerra, y el idiota de mi David comenzaba a fijarse en ella, sobre todo en sus prominentes pechos y en los hoyuelos que se le mercaban cuando sonreía y mostraba sus dientes con bráquets.

Mi prima Victoria, que en ese tiempo estaba de vacaciones en Chile, me dio un estúpido consejo por teléfono.

—Chúpale la verga y ya verás que cae rendido a tus pies.

—No creo que los hombres sean tan simples, Vic.

—¡Ja! Querida, tengo veintisiete años. Sé de lo que habló.

—Mmm... —me sonrojé bastante—, pero ni somos novios.

—Cuando le brindas ese place a un hombre, será difícil que decida no quedarse contigo. Además, tu relación con David es absurda. Ya no son adolescentes. Simplemente dile lo que sientes y ya. ¡Madura!

—No lo sé...

—¿No se te antoja? —Su sonrisa por la videollamada era tal que indicaba su experiencia acostándose con sus novios— ¡Ay! a mí me encanta. El sabor es un tanto raro pero cuando la tengas con la lengua... ufff.... En serio. No lo pienses. Eres una mujer y no hay nada de malo en querer intimidad con un hombre, aunque no sea tu novio.

Obviamente Victoria estaba muy metida en su papel como mujer dominante.

Decidí hacerle caso. Me pasé toda la noche imaginando qué sentiría al tener el miembro de un chico en la boca. Nunca lo había hecho porque consideraba la felación como algo... asqueroso. Es decir, un hombre orina por ese mismo órgano y considerar metérmelo a la boca hacía que sintiera revuelto el estómago. Siempre he sido muy quisquillosa con mi higiene y con el de las demás personas.

Sin embargo, sabía que pasaría tarde o temprano. En este mundo del siglo XXI el sexo no es tabú. Yo y todas mis compañeritas sabíamos que un hombre iba a poseer en algún momento de nuestras vidas, nos harían suyas a su manera y nos harían gozar de mil bañándonos con en el éxtasis del placer.

Dios... incluso mis padres, liberales y actualizados con las últimas tendencias, me habían dado la plática de sexo cuando yo tenía trece años y comenzaba con mis primeros pasos en el terreno de la sexualidad femenina.

Mi madre no quería excusa sustentadas por la ignorancia. Ella y mi papá creían que la educación era la base para evitar cualquier problema relacionado al sexo, así que cuando esa noche, ya hace bastantes años, sacaron un condón y me enseñaron a ponérselo a un plátano, mi deseo de estar con un chico me dio repelús.

Desde entonces, ellos esperaban ansiosos cualquier duda que yo pudiera tener con respecto a mi cuerpo.

Volviendo esa noche me la pasé en mi alcoba mirando una ingente cantidad de vídeos porno que despertaron la lujuria que vivía en mí.

Me masturbé tantas veces que fue difícil no soltar un gemidito. Eso sin contar que en ese entonces mi hermana y yo dormíamos en el mismo cuarto. Por suerte, Clarisa tenía un sueño profundo y nunca se dio cuenta de que yo me divertía usando mis dedos en lugares escondidos a la luz del día.

Fue cuando desarrolle mi gusto por el porno. He de admitirlo. Ahora, querido diario, ya me da igual ver un vídeo o no. Supongo que son signos de madurez.

Me gustaba la sección llamada female choice, donde los videos solía ser más eróticos y románticos. Detesto el triple equis donde lo único que hacen es follar como conejos en celo.

Me estaba preparando para mi gran debut. Hice lo que la mayoría de las chicas hacen a esa edad, y a escondidas: practicar. Experimenté usando plátanos. Los lamía de distintas formas y me la pasaba mirando tutoriales de estilo "¿Cómo realizar la felación perfecta a tu novio?" o "¿El ancestral arte de chupar una polla?"

Es increíble la cantidad de información que hay en internet.

Traté de disfrutar la sensación... y ¡vaya que gozaba! Sólo me quedaba esperar que un pene se sintiera así de bien. Las gargantas profundas eran un reto para mí. No podía aguantar las arcadas y la idea de vomitar sobre los genitales de David me daba mucha risa.

Lo más difícil fue decirle a David que quería probar mis habilidades bucales con él. Tuvimos una cita después de clase, y mientras coqueteábamos en una tienda de autorservicio, saqué el tema a conversación.

—Estaba hablando con mi amiga, se peleó con su novio —le inventé.

—¿Por qué?

—Nah, por cosas de sexo.

En ese punto, David, tan inexperto como yo, se sonrojó.

—¿Sí? ¿Cómo que se pelearon?

—El muchacho andaba tras ella pidiendo que se la chupe y ella no tenía ganas.

—¡Bah! Hay tipos que sólo están urgidos.

Sí, y también chicas, como yo. Suspiré y extendí una mano para rozar la suya. Hice que me mirara a los ojos y al ver esa tierna expresión para mí, me di cuenta de que no quería que Sheila me lo quitara. Tragué saliva y me puse muy colorada hasta que él indagó que pasaba algo.

—¿Qué tienes?

—Pues... nada, sólo me preguntaba qué se sentiría hacer una felación.

Soltó una traviesa sonrisa.

—Lorena, estás a punto de entrar a la universidad y todavía te preguntas eso. Me sorprendes.

—Quisiera intentarlo.

Él se quedó callado un momento haciéndose el tonto, mientras que yo trataba de ponerle mi mejor sonrisa. Estaba muerta, muerta de la vergüenza, y a la vez, excitada por todos esos vídeos sobre felaciones que había visto y con los que me había masturbado.

—¿Quieres probar la mía? —Preguntó después de un rato.

Yo me carcajeé. Suelo hacerlo al estar nerviosa, y después de eso asentí.

—¿Hoy?

Volví a asentir.

—Vamos a mi casa entonces. No hay nadie.

Y sin decir nada, me levanté. Me sentía apresurada, ansiosa y preocupada porque no sabía si todos esos tutoriales servirían. Quería hacer un buen trabajo. Ansiaba verlo eyacular para mí. Ese sería mi premio.

A medida que íbamos a su casa, la sonrisa se me estaba borrando porque... ¡joder! Era real. Iba a comerme mi primera polla. Sentía un nudo en el pecho y lubricación en mi vagina. Me dieron ganas de decirle al estúpido de mi clítoris que dejara de mojarse, porque de lo contrario, podría terminar haciendo algo más que una simple mamada.

Llegamos a la casa de David poco después de las tres de la tarde, y estaba vacía por supuesto.

—¿Segura de que quieres?

—Sí, segura.

—Bien. Me iré a dar un baño entonces.

—Por favor.

Me fui a su cuarto y me senté en la cama. Podía escuchar el sonido de mi propio pulso en la cabeza. Me dije a mí misma que sólo mamaría. No me dejaría coger. Me lo juré y pensaba cumplirlo.

David entró al poco rato, y ya estaba más que dispuesto. Venía vestido con una toalla alrededor de la cintura. Yo me reí.

—Ay... me muero de pena —le confesé. Él también se estaba avergonzando. Pero ya no podíamos hacer nada, ninguno de los dos.

Se acercó. Yo permanecí sentada.

—¿Lista?

—Sí, lista.

Se quitó la toalla. El miembro ya estaba erecto, y lo más lindo de todo... ¡se lo había rasurado! Torpemente, claro, pero notaba todo donde debía estar. Las venas recorriendo el tronco, los testículos en sus sacos, el glande rojo, lleno de sangre. No era un pene largo, pero era grueso, como una banana y miraba hacia arriba. Lo observé con detenimiento y entonces lo tomé con la mano sólo para sentir la calidez de la piel y el leve pulso sanguíneo que fluía debajo. Nada más tenerlo entre mis dedos, mi vagina se mojó más de lo que ya estaba.

Comencé a masturbarlo como había visto en las porno. Él tenía los ojos cerrados, pero yo muy abiertos. Me asombraba la dureza, como un falo de madera. Él lo movía y yo, llevada por una locura, lo moví más rápido, más rápido hasta que él me detuvo.

—Espera, ¿no lo ibas a chupar?

Suspiré, y entonces simplemente me lo metí a la boca. En ese momento no me gustó. Tenía un sabor salado, un aroma peculiar, una textura diferente a la de una banana o un pepino. Cerré los ojos. Él empujó el pene hasta el fondo de mi boca y tuve una ligera arcada. Estaba en problemas. No me gustaba la polla. Había fracasado como mujer.

Me la saqué un rato después.

—¿No te gustó?

—No... se siente raro.

David puso cara de bahh...

—Pe-pero lo quiero seguir haciendo. Acuéstate.

Se recostó. Yo estaba asustada. No quería perder al chico.

Cuando se puso en la cama, tomé una decisión. Era hora de meterme en mi papel. Me desabotoné la camisa y me quité la falda. Traía un sujetador pequeño y unos shorts de licra negros. Le pedí que abriera las piernas, y cuando él lo hizo, empecé a besarle los huevos... ¡Dios! Eso sí me gustaba. Sentir cómo se movían dentro del escroto, como mi lengua se deslizaba con la saliva por la piel de esa parte. Era adictivo. Me acostumbre de inmediato. De repente me dieron ganas auténticas de comerme el miembro, y lo metí entre mis labios. Mamé y mamé ignorando el sabor, ignorando todo lo demás.

Diez minutos después, estaba hechizada con la sensación. El suave movimiento al entrar, como me inflaba la mejilla, mi lengua deslizándose por esa polla hermosa, llena de venas. La froté contra mis labios e hice de todo hundiendo mi rostro entre sus testículos, besándolos y mordiéndolos con ternura como había visto en los videos.

Era como haber nacido para esto, un instinto de mujer.

Lo disfrutaba. No quería que se viniera.

—Quiero hacer una cosa —le pedí.

—¿Qué es?

—Cógeme por la boca.

Me recosté. Me quité el sujetador. Ya estaba muerta de la excitación. Él se subió a horcajadas, puso las rodillas a los lados de mi cabeza. Yo abrí la boca y dejé que el pene se me encajara en la garganta. Esa posición la había visto en una página y ¡Dios! Era tan excitante. Él marcaba el ritmo, yo sólo tenía que recibirlo con gusto.

—Métela más adentro.

—¿Segura?

—Sí, ándale.

¿Qué decir? Estaba poseída.

Yo tenía puestas mis manos en sus caderas. Él se apoyaba en el respaldo de la cama y me entregaba su miembro con estocadas violentas. Yo apenas podía respirar y la saliva me goteaba de la comisura de la boca. Se sentía entre asfixiante y exquisito a la vez. Me llenaba la garganta. Me producía arcadas y a la vez no quería que se detuviera. Me apreté los pezones. Estaban duros. Estrujé mis tetas tanto como pude. Él jadeaba y sudaba. Yo igual. La sensación de estar siendo follada por la boca era preciosa, morbosa y caliente. Sentía la humedad en mi coño. Quería que me penetrara. No me importaba el condón.

Mientras chupaba se apoderaron de mí ideas que hubiesen vuelto loca a una feminista.

—Esto es genial. Es el paraíso. Quiero más. Es tan rica.

Y de repente mi deseo se cumplió. La descarga de semen explotó en mi garganta sin previo aviso. Fue inesperado. Era muy líquido, caliente y abundante. Tuvo que sacarme el pene y yo... sin saber qué otra cosa hacer, tuve que tragar su simiente. Me dio un poquito de asco nada más, pero sólo al final cuando noté la garganta algo manchada todavía.

Él sufrió del periodo en que los hombres se les baja la erección y se acostó en la cama. Yo, sin embargo, estaba satisfecha. Me reí mientras me limpiaba la saliva de la boca. Estaba tan... tan emocionada por haber hecho acabar a un hombre. Quería volver a intentarlo. Quería, en ese instante orgásmico, un trío de hombres sólo para mí.

Querido diario; ese fue mi encuentro con la musa del sexo.

Claro... que cuando mi excitación pasó luego de unos minutos, esos deseos se fueron y me sentí más calmada, tranquila y satisfecha conmigo misma.

—¿Te gustó? —le pregunté a David. Él se rió.

—Sí.

Desde ese día, mis salidas con David se hicieron más frecuentes.

Mi amor eterno duró con él sólo seis meses.

Sheila, la hija de perra, terminó quitándomelo.

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29 de Enero de 2019 a las 05:47 2 Reporte Insertar 2
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Yonathan Cortes Yonathan Cortes
Muy bueno, me gustaron mucho las descripciones. Muy caliente narración jejeje, quedé duro unos momentos :)
30 de Enero de 2019 a las 20:41

  • Leonore Usher Leonore Usher
    Jaja gracias por leer este capitulo. Trato de que sea erótico y no porno gráfico. 31 de Enero de 2019 a las 02:06
~

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