Lésbico: La mansión de Zafira Seguir historia

leonore-usher1540131713 Leonore Usher

La mansión reúne a doce chicas esta vez, y cada una con una personalidad distinta y seductora. Son hermosas y aventureras, listas para explorar los límites del amor y la pasión. Y una de ellas es Ángela, una rebelde que no hace mas que ocasionarles problemas a su familia. Ángela es fría, distante y detesta a todo mundo. Vive en constante pelea con su mamá y su vida está marcada por excesos lujuriosos y fantasías sin realizar. Pero a pesar de la terrible persona que es, una chica llamada Daniela está profundamente enamorada de ella. Ha intentado ablandar el corazón de Ángela hasta el cansancio, pero todo tiene un límite. Ahora, Daniela ha sido convocada a la mansión por Zafira. Es una gran oportunidad para encontrar por fin al amor de su vida y alejarse de esa persona tóxica que tanto daño le hace. Pero el destino no permitirá que estas chicas se separen tan fácilmente, y cuando hasta Beatriz, la hermana de Ángela, termina en la mansión, los verdaderos problemas comenzarán.


LGBT+ Todo público.

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Fiesta

Aviso: Este libro es el segundo volumen y la continuación de la obra llamada "la mansión de los placeres lésbicos". Dicho libro no está en inskpired todavía. Lo subo porque, al venir de Wattpad (estúpida plataforma) mis lectoras se quedaron pendientes. 


Primer capítulo :)  Disfrútenlo. De momento no comenzamos en la mansión, pero todo a su tiempo :)


La gran pantalla desplegó los doce rostros de las chicas elegidas. Todas eran bellísimas. La mujer se dio cuenta de que tendría una buena cosecha este año. Ya no podía esperar más para conocerlas, juntarlas en la misma mansión y mirar cómo se relacionaba entre ellas los juegos programados.

—Creí que habías dicho que no volverías a convocar a lesbianas, Zafira. Siempre dan problemas. Son muy inestables.

—Lo sé, Leonore. Sin embargo... tengo la sensación de que esta vez será distinto.

—¿Lo dices porque estoy aquí?

—Tú fuiste la ganadora de nuestra generación. Tu presencia les dará a esas chicas el aliciente necesario para soportar esta aventura.

Leonore, la legendaria Leonore de la mansión de Sarah, sonrió y se cruzó de brazos.

—Tengo mucho tiempo libre desde que Noriko regresó a Japón.

—Lamento que hayan terminado.

—Descuida. Fue un acuerdo mutuo. Además, ya pasaron seis meses desde que rompimos. Seguimos siendo amigas.

Mentira, pensó la morena y ama de la mansión. Era imposible que la amistad surgiera después de haber sido masacrada por la fuerza del amor. Al menos para Elena, Pilar y ella, así había sido.

Una relación entre tres no es muy saludable que digamos.

—Esta me gusta —Leonore señaló la fotografía de una de las doce chicas. Era una joven de cabello negro y ondulado. Tenía un bonito color de piel: clara como la leche blanca y una serie de pequeñas pecas alrededor de las mejillas—. Se parece a ti, pero menos negra.

—No soy negra. Estoy bronceada —replicó la otra. Cruzó las piernas, y su vestido rojo se echó para atrás—. Tienes razón. De hecho, algunas de ellas me hacen recordar a cuando fuimos hijas de Sarah.

—¿Recuerdas la orgía en el jardín? —preguntó Leonore.

—Todavía me masturbo con ella. Sarah me pasó una copia del vídeo.

—La mía se dañó —suspiró la campeona—. Espero que me la pases.

—Podríamos verla juntas y entrar en acción. ¿Qué dices? —Zafira alargó una mano y acarició las nalgas de Leonore. Esta se hizo a un lado y le dio una palmada en la muñeca.

—No. Nada de sexo para mí, por lo menos en unos meses.

—Anda, Leonore. No tienes pareja y estás que te caes de buena. ¿Qué se siente ser entrenadora de artes marciales mixtas? Mira esas piernas. ¡Me encantaría meterme entre ellas!

—Deja mis muslos en paz. Me la paso haciendo ejercicio y no follando con todas las chicas que se me cruzan en frente, como haces tú.

—Sí, sí. Entiendo la indirecta.

—No fue una indirecta —sonrió Leonore.

Ambas rieron y volvieron a concentrar sus miradas en la chica que se parecía a Zafira, pero más clara de piel.

—¿Cómo se llama? —quiso saber Leonore.

—Se llama Daniela.

***


Era una diosa. Una criatura surgida de algún lago repleto de lujuria que se movía sobre los cuerpos como una sirena en el agua. A ella no le gustaba que la compararan con un ser del océano, porque a Ángela no le gustaba el mar. Lo odiaba y cada vez que alguien le decía que parecía una ninfa, su primer deseo era saltar al cuello de esa persona y rompérselo con un fuerte golpe.

De acuerdo. Era una exageración, pero nadie quitaba el hecho de que la chica sabía cómo hacer disfrutar a sus parejas. Tenía sólo diecisiete años, pero había aprendido mediante la experiencia temprana muchas de las cosas que las mujeres sólo aprenden a una edad mayor.

Ángela encontró el punto de placer que estremecía a Celia, su pareja en turno. Una muchacha de... ¿importaba la edad? ¿Importaba la orientación sexual? No. No en esos momentos, cuando la chica estaba saboreando los jugosos néctares que surgían del coño palpitante de su presa.

Elevó las piernas de la joven estudiante y colocó sus tobillos sobre sus hombros. Después, inclinándose hacia el frente, Ángela frotó su coño caliente contra el de Celia. Lo hizo a un ritmo frenético que arrancó en la otra una riada de gemidos que se dispersaron por toda la habitación y ahogaron, por un momento, el sonido de la fiesta que se desarrollaba en la primera planta de la casa.

—Siempre me he preguntado ¿Por qué las chicas heterosexuales son tan curiosas? —Besó a Celia con una desenfrenada pasión y dejó dentro de su boca un delgado hilo de saliva—. ¿Lo disfrutas? ¿Cómo podrías no hacerlo?

—Cállate y sigue metiéndome los dedos.

—Lo haré si dices por favor.

—Por favor.

Era tan fácil. Ángela decidió lamer los pechos de la joven. Eran brotes tiernos y sonrosados que estaban rígidos, igual que pequeños dulces. Estiró la mano para tomar un poco de la crema batida que había estado guardando para la ocasión, y colocó un poco sobre las puntas. Después, devoró con la lengua y los dientes.

Esto arrancó en Celia un suspiro de placer, y comenzó a empujar la cara de Ángela hacia abajo. Esta sonrió y recorrió con la boca el vientre plano de su pareja. Volvió hacia la vagina humedecida y mezcló la miel de la muchacha con la suya. Le levantó una pierna. Se acomodó justo entre ellas y tijereó de una forma violenta mientras lamía la planta del pie de Celia.

—Me vas a matar.

—No seas exagerada —replicó Ángela. Estaba orgullosa de lo que hacía, del control que sentía hacia la otra persona. No paró de moverse, ni siquiera cuando sintió que Celia se estremecía por el orgasmo que le llevó a aferrarse a la cama.

Ángela disfrutó de la corrida de la chica. Estiró los brazos hacia ella para tomarla de los hombros y la clavó sobre la cama. Acto seguido, se colocó a horcajadas sobre su rostro y frotó su vulva sobre la lengua serpentina de Celia.

Por un momento, esta última no supo cómo reaccionar. Se había perdido en el orgasmo. Apretó sus pechos con fuerza y luego, nalgueó el trasero de Ángela al mismo tiempo que devoraba su coño tan bien como la inexperiencia se lo permitía.

—No está mal —dijo la joven, agarrada a los barrotes de la cama. Su respiración entrecortada hizo que sus labios se abrieran buscando un poco de aire—. Siento que voy a reventar por dentro. Me pones a mil, Celia.

—Esto me encanta. El sabor... la textura suave y resbalosa...

—No sé cómo puedes preferir a los muchachos. Ellos son bruscos y no tienen la misma delicadeza con la que te trato.

Celia no respondió, y no le importó lo que Ángela tenía para decir. Le gustaba lo que experimentaba y se dio cuenta de que, después de esto, su relación con su novio no volvería a ser la misma.

***

Daniela abarcó a cuantos pudo con la mirada y no encontró a Ángela por ninguna parte. Sabía que la había visto hacía tan solo unos minutos, pero la perdió de vista en un instante. ¿Cómo hacía esa chica para perderse con tanta facilidad?

Pasó por entre los otros invitados que bailaban y se embriagaban. La fiesta estaba en su apogeo y no terminaría pronto. No cuando apenas habían sacado las drogas y el tequila.

Sintió que alguien le tocaba el trasero, pero ella ignoró la mano curiosa. Estaba acostumbrada a que en las fiestas le hicieran lo mismo, y en cierta forma, le agradaba saber que su cuerpo era deseable para los demás. Cualquier otra persona habría clasificado ese anormal fetiche como algo enfermizo, pero ella estaba de acuerdo.

Su actitud libertina le iba a servir si pensaba conquistar a Ángela.

Entró a la casa y se miró al espejo más cercano. Amoldó su cabello negro y recorrió con cuidado la curvatura redonda de sus pechos, cubiertos en ese momento sólo por la parte superior de un bikini rojo. De la cintura para abajo llevaba unos ajustados jeans oscuros que se le pegaban a las nalgas como una segunda piel.

Sí. Era sexy. Quizá más sexy que Ángela; pero eso no significaba nada porque el corazón de Daniela estaba domado como un animal circense y ella no podía hacer mucho para ignorar los sentimientos que tenía hacia su compañera.

Habían sido amigas desde niñas. Descubrieron sus sexualidades juntas y se arrebataron la virginidad mutuamente antes de cumplir los quince años. Lo suyo era serio. Lo suyo era algo trascendente que ninguna de las personas presentes en la fiesta podría comprender.

Llegó hasta el pie de las escaleras y miró hacia arriba. ¿Sería posible que Ángela hubiera subido con alguna pareja esporádica? Aunque Daniela no quería pensar en eso, se dio cuenta de que podría ser verdad. Le dieron escalofríos de sólo imaginarlo y un dolor amargo en el pecho hizo que el vaso de cerveza que tenía en la mano temblara.

Tragó saliva y subió.

Los cuartos de la casa estaban reservados. Nadie podría entrar en ellos sin permiso del dueño. Por supuesto que a Ángela no le importaban las leyes. Si quería follarse a alguna chica, trabajaría en ella primero y después la llevaría a un sitio prohibido para desnudarla.

Daniela abrió una habitación y encontró a una pareja teniendo relaciones. La chica, una preciosa rubia de ojos celestes que la miró sin dejar de montar sobre su novio.

—Oye... ¿Por qué no te vas?

—Lo siento. No quería interrumpir.

Había visto demasiado sexo entre hombres y mujeres, que le resultaba aburrido. A Daniela le gustaban las chicas tanto como a Ángela, y precisamente esa era la raíz de su amistad tóxica.

Entró al segundo cuarto. Una pareja de hombres gays estaban haciendo un alegre sesenta y nueve. Daniela ni siquiera avisó de su presencia y cerró la puerta.

Quedaba una habitación más, y temió lo peor.

Cuando la abrió, se dio cuenta de que sus sospechas eran correctas. Vio el rostro de Celia, congelado todavía en una expresión de placer. Sin embargo, no había nadie en la cama. Del baño provenía el sonido de la ducha abierta.

—Está medio muerta —dijo Daniela sin prestarle más atención a la chica que, sin poder contenerse, se masturbaba en silencio.

Junto con el ruido del agua cayendo, llegaba una canción alegre. La voz le pertenecía a Ángela. Cantaba para aliviar la tensión del momento. Después de haber hecho que Celia tuviera un chorreante orgasmo, la muy cabrona quería que le hicieran arrumacos como si fueran novias. ¿Qué le pasaba a esa fulana? ¿Estaba loca? Ángela detestaba a la gente que no era capaz de separar el sexo del amor.

La puerta del baño se abrió y ella se cubrió con la toalla. Cuando vio que se trataba de Daniela, dejó que la prenda cayera hasta sus tobillos.

—¿Qué haces aquí? ¿Es que no me puedes dar un poco de privacidad?

—Sólo quería saber quién era la pareja en turno. No es más bonita que yo.

—Difícilmente encontraré a alguien tan linda como tú. Nadie tiene esos pechos tan... jugosos.

Lo que pudo ser un cumplido, hizo que Daniela frunciera las cejas. Ella era más guapa que todas las perras que habían acudido a la fiesta. Entonces ¿por qué no lograba hacer que Ángela la amara? No tenía sentido y era injusto.

—Me voy a casa. ¿Te llevo a la tuya?

—Olvídalo. A esta hora, mis estúpidas madres deben de estar cogiendo como conejas. En serio. Charlote y Matilda me dan cosa.

—No hables así de ellas —espetó Dani, y le pasó a Ángela su ropa, que estaba en el cesto—. Lo que yo daría por vivir con ellas.

—Pues te las regalo. Así podrías convertirte en la hermana de Beatriz.

—Es tu melliza, y si mal no recuerdo, te ha salvado el trasero en varias ocasiones.

Sí. Puede que fuera verdad, pero Ángela no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer.

—Yo nací del óvulo de Matilda, y es normal que me parezca a ella. En cambio, con Beatriz pasa otra cosa. Ella proviene de Charlote, y heredó sus debilidades. Es tan... buena chica, que me enferma.

—No me gustaría ser tu madre.

—Por eso es que eres mi mejor amiga.

Ángela se acercó y le clavó un beso a Daniela. Esta saboreó por un momento la saliva de la otra, hasta que recordó que esa boca había estado, minutos atrás, en la vagina de otra mujer. Entonces se separó violentamente y se frotó los labios con el dorso de la mano.

—Volvamos a casa —insistió—. Ya tuviste sexo y estás un poco ebria. Deja de actuar como una adolescente inmadura y sígueme.

—Tonterías.

En ese momento, la puerta del cuarto se abrió y una segunda chica entró.

—¿Se te perdió algo? —preguntó Daniela.

—No. parece que ya lo encontré.

—Oh, mi segunda cita —sonrió Ángela—. Lo siento, Dani. Tienes que irte, a menos que quieras formar parte de esto.

Ruborizada y furiosa, Daniela salió del cuarto sin perder la oportunidad de empujar a la nueva chica con el hombro. Bajó rápidamente las escaleras. Recogió su chaqueta del perchero y se la colocó antes de subir a su coche. Aceleró sin ponerse el cinturón de seguridad. No tenía tiempo para eso. Necesitaba huir y calmarse.

Y sólo había un sitio donde se sentía realmente cómoda: la casa de Charlote y Matilda.

Continuará...

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Bueno! No se vayan sin comentar jeje. Espero que estos caps les hayan gustado y tengan el gancho suficiente para que puedan servirse de esta obra. Gracias por darle una oportunidad y dos veces gracias a las que me pidieron sin parar una segunda temporada. Un beso! 

28 de Enero de 2019 a las 21:35 2 Reporte Insertar 4
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JU Jonatan Uribe
Hola, no se si me reconozcas jeje, te seguía en wattpad. Esta app parece un poco más difícil de usar, pero supongo que solo es cosa de que me acostumbre, además por nada del mundo dejare de leer tus historias, no llegue a leer todas las que tenias allí pero las que si leí me encantaron. Esperó poder seguir disfrutando tus historias aquí nwn. Eres una de mis escritoras favoritas
28 de Enero de 2019 a las 21:39

  • An�nimo 100.000 An�nimo 100.000
    Te entiendo a mi también se me complica esta app 28 de Enero de 2019 a las 23:03
~

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