El espantapájaros Seguir historia

yin Yissell Manríquez

Adiran, el inquisidor, espera ansiosamente la muerte, siendo abandonado a su suerte, en la ciudad de Siluas. Luego de los acontecimientos ocurridos, en el Ascenso del Lobo Blanco, él es castigado, por todas sus fechorías, en la más completa soledad, esperando que la muerte, se apiade de él algún día. Estos son sus últimos pensamientos.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#miseria #muerte #espantapájaros #maldito #inquisidor #crueldad
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Adiran


Sólo pude verlos irse.

Reírse a mis espaldas.

Dejándome en este lugar sombrío.

En esta inmundicia…

En la nada, de este mundo.


Hubiera preferido, haber muerto.

Que acabaran conmigo, de una vez por todas.

Pero sería una salida demasiado fácil, para un sujeto como yo.


El infierno no viene después de la muerte.

El infierno es ahora. Cuando espero mi muerte y jamás llega.


Es como si supiera, que aún no es el momento.

Que debo sufrir hasta la última gota de sangre que derramen mis heridas.


Aquí me encuentro, solo, colgado en un poste, como un espantapájaros, mirando sólo desierto, mirando sólo muertos que alfombran el suelo estéril.


Ya nada queda de lo que conocí.

Ya nada queda, de lo que fui.

Ahora soy un miserable tipo, que espera su muerte.

Una muerte, que no desea llegar pronto.


Y eso que cada vez, el agua se evapora de mi cuerpo.

Que las ratas y los cuervos, me engullen trozo por trozo.

Ni siquiera puedo proferir un gemido de dolor.

Porque ya estoy tan cansado… que hasta eso me cuesta hacer.

Gritar.

Pedir piedad, en aquel triste y silencioso lugar.

Pedir ayuda. Una ayuda que jamás vendrá.


Pero, no tengo nada que lamentar.

No debo creer que no lo merezco.

Ahora que estoy aquí, presenciando cada día, la llegada de mi muerte, puedo entenderlo.

Puedo entender… que todo lo que hice, estuvo mal.

¿Pero qué caso tiene lamentarse, ahora?

No.

No lo tiene.

Porque siempre seguiré siendo ese monstruo.

Ese detestable ser, que sólo causaba daño para sentir placer.

Un monstruo como yo, no merece ser perdonado.

Merece ser castigado, cada maldito minuto de su vida… Y eso, es lo que hago ahora.

Lamentarme por dentro, mientras me desangro.

Mientras todo lo que componía mi ser, cae al suelo, a las bocas ansiosas de los carroñeros y moscas; desintegrándome, pudriéndome en abono, para quizás ser algo mejor en la otra vida.


Pero este castigo, el de quedar completamente abandonado e imposibilitado de poder hacer algo más que un estandarte humano, es terrible, es increíblemente doloroso y angustiante de lo que pudiese haber sido el morir hace tiempo atrás. Cuando ellos… tuvieron la oportunidad.


Pero no.

Fueron más inteligentes.

Fueron más crueles, de lo que pudiesen haber pensado, al hacer esto.

Y eso es exactamente lo que debía recibir.

El dolor.

La agonía lenta y eterna, de una muerte que nunca acaba.

Y que cada noche añoro, mientras me seco y me muero cada vez más.


¿Qué esto, lo que sale de mis ojos?

¿Es sangre?

No. Es algo transparente y salado.

Son lágrimas. Las que nunca derramé con sinceridad.

Y ahora brota de mí, lo único que aún me queda en mi interior.

“Quiero morir”


Quizás no lo merezco.

No merezco descansar en paz.

Porque ya no recuerdo las veces que maté. Las veces que me reía frente a ellos, al tiempo que se retorcían de dolor.

Esa excitación tan enfermiza, ese deseo de lastimar hasta el punto de destruir, era lo que me generaba vida. Lo que me hacía encender la llama que hubo en mi interior.


Siento que se burlan. En mis oídos ensangrentados, se adentran los murmullos de mis víctimas, deseándome un gran dolor. Deseándome jamás descansar.

Esas noches se vuelven eternas. Se tornan frías y grises.

Me siento patético, aturdido, cada vez menos vivo y más cansado.

Más derrotado.


Me lo merezco.

Sé, que lo merezco.

Pero al mismo tiempo, no soy capaz de aceptarlo.

No soy capaz de odiarme por lo que les hice a otros.


Sé que hay algo malo, dentro de mí.

Algo que me impide ser un humano.

Un humano de verdad.


Porque, de todos modos, recordar esos cuerpos siendo mutilados por mí, recordar toda la sangre de la cual me volqué, debido a la excitación; recordar esos rostros rebosantes de dolor y desesperación, no hacen más que hundirme aún más en la miseria de la indiferencia.

Y sólo me hacen reír como un desquiciado.

Aunque debería estar atormentado.


Los fantasmas se me acercan.

Se burlan cada vez de mí.

Se regocijan de mi muerte. Se regocijan de mi soledad.

Y eso, sólo me genera autocompasión, como un vil egoísta.

Como un maldito ser, incapaz de ver la luz al final del túnel.


¿Y qué puedo hacer?

Nada conseguiré, con arrepentirme.

Nada conseguiré, con empatizar…

Ya, no.

Ya nada de eso importa, cuando la verdad es tan clara.

Cuando la realidad de lo que te espera, se vuelve cada vez más nítida… Y sólo queda aceptarlo…

Si es que logro aceptar mi final de esta forma.


En realidad, es muy cínico de mi parte, pretender que he aprendido algo.

Que siento culpa de la muerte de tantas personas...

Es algo, que quedó grabado en mí. Y que siempre me perseguirá, aunque deje este mundo.

Y gracias a mis pecados, vagaré como un alma maldita.

Llena de maldad. De vileza que jamás desaparecerá.


Por otro lado, tengo miedo.

Miedo de que el día llegue. De que todo, llegue a su fin.

Porque si eso ocurrirá… ¿Qué pasará después, conmigo?

¿Dónde quedaré yo?

¿Y si esto, es el comienzo del infierno?

¿Y si lo que me espera, es peor que el dolor?


Sí… Temo sufrir.

Temo sufrir tanto, como hice sufrir al resto.

¿Por qué? Si después de tanto daño, yo debería recibir el doble. Debería estar preparado para eso…

Sin embargo, es mentira.

Soy un maldito cobarde.

No me gusta recibir la cucharada de mi propia medicina.

No me gusta ser torturado, ser ridiculizado… ser olvidado.

¡NO QUIERO ESTO, AUNQUE LO MEREZCA!

¡NO PUEDO ACEPTARLO!


¿Y qué importa ahora lo que sienta?, ¿qué importa ahora, que no quiera?

Nadie oirá mis gritos. Nadie acudirá a mí.

Todos saben lo que fui. Lo que nunca dejé de ser, hasta que exhale mi último suspiro.

Porque soy así. Así de despreciable, así de aborrecible, así de inhumano… Y a pesar de todo, seguiré siéndolo.

Entonces, es verdad.

Este castigo, realmente me lo merezco…


Mis manos tan huesudas… Mis globos oculares, apenas se humedecen…

Estoy cubierto de mi propia porquería y la de otros…

Y sin embargo, esta masa orgánica, que aún queda, este trozo de cuerpo que sigue intentando vivir, se resiste a morir.


Y ya no puedo diferenciar, lo que es mejor o peor.

Ya no puedo saber, lo que de verdad quiero.

Lo que de verdad, desea mi ser.


Sólo sé que tengo miedo de seguir viviendo. Y de saber, que cada vez, estoy a un paso de la muerte.

A un paso, de morir eternamente.

28 de Enero de 2019 a las 19:13 0 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Yissell Manríquez Hace tiempo, tenía muchas ganas de compartir lo que escribía. Recuerdo la primera vez, que terminé de escribir una historia. Literalmente, terminé tirándolo a la basura xD. Pasaron años, para que al fin reuniese el valor de subir una historia de la cual me siento orgullosa. Le tengo mucho cariño y muchas ganas de seguir expandiendo.

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