El Faro de lo Siniestro Seguir historia

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

En barco pesquero Daphne respira un poco de tranquilidad después de la peor tormenta que su experimentada tripulación ha sufrido jamás. Con el navío dañado, sin radio, sin brújulas, empiezan a navegar a ciegas en medio de una espesa niebla. Un faro a la lejanía es la promesa de salvación, sin embargo, ese solo sería el comienzo de sus desgracias...


Horror Literatura de monstruos Todo público.

#terror #monstruos #océano #profundidad
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El Faro de lo Siniestro

I


Las olas nos golpearon toda la noche sin parar. No había compasión alguna en el océano, era como si deseara que a fuerza de golpes nos alejáramos de sus aguas. Intempestivo, furioso, cada ola parecía que sería la última, que resistir otra más sería imposible. Charles había hablado con la tripulación sobre la paz del Señor y que debíamos de alguna manera reconciliar nuestras almas, cosa que solamente había hecho una vez, cuando nos quedamos sin motor en medio del huracán Celia. Así de precaria era la situación en la que el pesquero Daphne se encontraba, junto a siete hombres de mar curtidos y un adolescente que apenas podía sostener un arpón en sus manos.

La negra espesura de la noche que por momentos era sustituida por el cegador resplandor de los relámpagos, poco a poco fue menguando, hasta desaparecer. Ante el primer rayo de sol, los ocho pudimos corroborar que seguíamos con vida, muy a pesar de haber tenido todas las de morir. Dicha luminosidad otorgada por el sol duró poco, de manera súbita, fue sustituida por una niebla viciada y espesa, no podía verse nada más allá de la proa. Estábamos a ciegas.


—Capitán, tengo dos noticias, bastante malas —alertó el contramaestre y médico a bordo.

—Gustav, ¿qué sucede?

—No hay radio, está completamente muerto. Intenté reemplazar algunas piezas que perecían dañadas, pero no funcionó. Y no solo eso, las brújulas, tanto la del puente, como la auxiliar, incluso las que usamos de forma personal algunos de la tripulación, están locas, apuntan a todas direcciones. 

—Estamos a ciegas, incomunicados y sin brújulas, debe ser una maldita broma. Llama al señor Jules, necesitamos reunirnos. 

—A la orden —dijo tomando una pose firme.


En pocos minutos, los ocho que formaba la tripulación del Daphne, estábamos en el comedor, con el ancla suelta. Varados en medio de quien sabe donde. El cansancio de la noche anterior era todavía visible en el rostro de todos los presentes. 


—Como deben saber, estamos en la peor situación posible, no pescamos nada por la tormenta. No tenemos radio ni brújulas, sumado a eso no podemos ver un carajo por la neblina. En pocas palabras, estamos atascados. 

—Debemos estar unas cien millas lejos de la ruta, ¿podríamos encontrarnos con alguien más?

—Lo dudo, Jules. Ni siquiera debimos haber estado aquí ayer, no creo que encontremos a nadie, sin embargo, enciendan todas las luces, es mejor prevenir. 

—Iré de inmediato —dijo Thomas, levantándose de la mesa. 

—Yo lo acompañaré —añadió Lucas, el menor entre los que estaban abordo, mi hijo.

—No, tú te quedarás aquí y escucharás, ¿entendido?

—Entendido, señor —respondió aplacado.

—Tengo la seguridad que estamos en dirección noroeste, tengo esa sensación —intervino Jules, patrón del barco, segundo al mando del Daphne. 

—Si, yo también siento lo mismo.

—Giramos unos grados a babor y navegamos a unos cuantos nudos, con los ojos bien abiertos podríamos eludir una colisión, quedarnos aquí no es una opción, no sabemos si la tormenta regresará.

—Si, suena bien para mí. Eleven ancla y enciendan el motor. Quiero que todos estén en cubierta, debemos estar atentos.


Un sonoro ¡Si, señor! sonó entre los presentes. Se notaban entusiasmados, para hombres de mar como ellos, trabajar siempre en un buen agüero, ocuparse en algo mantiene sus cabezas sobre sus hombros. 


—Chico, espera.

—¿Capitán?

—Escucha, Lucas. Es bueno querer ayudar, esa actitud activa agrada a cualquiera, pero debes aprender a escuchar antes de ponerte en movimiento, ¿entiendes?

—Si, señor. 

—Vé con el señor Morou y observa como pone en marcha el motor, después subes al puente. 

—¡A la orden! —contestó animado y luego bajo al cuarto de máquinas.

—Vaya, el Capitán es un buen padre después de todo.

—Jules... El chico no creció conmigo por decisión de su madre, nunca me dijo que tenía un hijo. Pero en la carta que me dejó me pidió que cuidara de él, y eso haré. 

—¡Ahhhhhhh! —un grito provenía de cubierta. 

—¿Qué fue eso? 

—Era Thomas quien gritaba, ¡andando!


Al subir, Gustav, Hannes y Conrad sostenían en brazos un ensangrentado Thomas que temblaba de dolor. Tenía heridas el todo el costado derecho y la sangre salía de forma profusa. Tomé mi arma y Jules hizo lo propio.


—¡Todos! ¡A sus puestos! ¡Hay un hombre herido! ¡Hannes! ¿Qué carajos sucedió?

—No sé, señor. Estábamos subiendo el ancla cuando algo nos golpeó por la espalda, casi caigo del barco, al incorporarme Thomas ya estaba herido.

—Estas heridas muy son profundas —interrumpió Gustav—, debemos llevarlo a una cama de inmediato. 


Entre los cinco tomamos en brazos a Thomas, quien yacía inconsciente. La perdida de sangre era notoria en su rostro pálido. 


—Maldición, Thomas, sobrevivimos a un jodido huracán, ¡no la vayas a palmar ahora! —dijo Conrad intentando así mantener despierto a nuestro camarada.

—Colóquenlo con cuidado. Necesito que alguien me asista.

—Yo lo haré —respondió Hannes y fue a lavarse las manos.

—Salgan todos, yo me quedaré —dije.

—¿Alguna orden, Capitán?

—Reúnanse todos y manténganse cerca. Conrad, te encargo a Lucas.

—¡Si, señor!


Las manos de Gustav eran habilidosas. Estuvo en la guerra y sabía como atender a un herido. Una a una lavó y suturó las heridas del joven. Empleando casi una hora en ello. El rostro de Thomas estaba empapado de sudor. Al terminar, vendó al joven y cayó al suelo fatigado.


—Le administré antibióticos y analgésicos, estará bien unas horas. No obstante, debe recibir atención en un nosocomio. Necesita una transfusión urgente.

—Gracias, Gustav, hiciste un gran trabajo. Hannes, dile a los demás que enciendan el motor y que se dirijan dirección norte, que mantengan los ojos abiertos y que no se separen.

—¡Entendido!

—Gustav, ¿tienes idea de que lo pudo haberlo atacado?

—Escuche, he visto de todo tipo de heridas, desde metralla hasta mordidas de tiburón, pero nada como esto. 

— No sé si vuelva a suceder, hay que sacar las armas.

—Yo me encargo de eso, vuelva a la cubierta.

—Mandaré a Hannes a que te ayude con el cuidado de Thomas.


En cubierta, la niebla era peor que hasta hace unos minutos. No podía verse siquiera en que dirección se encontraba el sol ya que la niebla hacía reflejar la luz del astro rey en varias estelas, pareciendo así que había en realidad tres soles frente a nuestros ojos. Lucas estaba maravillado, el suceso era para él algo que jamás habría imaginado, caso contrario a los demás que intentaban ocultar su temor. 


—¡Un faro! ¡a estribor! —grito entusiasta Conrad.

—Veamos, puede ser que estemos salvados —dije.


Tomando telescopio del puente, divisé con mayor claridad una tenue luz parpadeante a  no más de una legua de distancia. Pese a bruma, pude distinguir la costa, no obstante, no era parecida a ninguna otra que hubiese visitado antes. Debo decir que en mi vida había visitado todos los puertos del atlántico norte, al menos los de este lado del hemisferio. La duda se sembró en mi pecho, «¿navegamos tan lejos durante la tormenta?», me cuestioné, ya que no existía otra explicación. 


—¿Capitán? ¿Señor? —interrumpió Conrad mis pensamientos.

—Si, estaba intentando adivinar que faro estamos viendo. Vamos hacia él, sin importar cual sea, Thomas necesita atención urgente.

—¡De inmediato señor!


Con una luz guía, era más fácil navegar por el océano a pesar de nuestra condición. A media que nos acercamos, pudimos observar que el faro se encontraba en una isleta de unos cuantos cientos de metros. Al llegar a lo que parecía ser un muelle artesanal, Conrad, Jules y yo fuimos los primeros en bajar. El faro y su luz seguían ocultos en la niebla a lo lejos, sin embargo nuestro punto de interés era una casa cerca de la playa, justo frente al muelle. Una lámpara encendida nos llamaba. 



II


—¡Hay alguien ahí! Somos miembros de la tripulación del pesquero Daphne y tenemos un hombre herido —anunció Jules.

—Parece que no hay nadie.

—Espera Conrad, debe haber alguien en casa...


Antes de poder continuar, una figura delgada salió tras abrir la puerta de la casa en cuestión. Era un hombrecillo, delgado y pálido. Tenía una especie de problema cervical, ya que su espalda se doblaba formando un bulto, como una giba muy pronunciada. Al mismo tiempo, otra persona lo acompañó afuera, era una mujer, con el mismo problema en la espalda. 


—Lo siento mucho por su compañero herido —dijo el hombrecillo—, pero no tenemos nada con que ayudar, estamos en una situación precaria debido a la tormenta de anoche. 

—¿Puede decirnos al menos donde estamos?

—Esta es la isla Saint Clement, estamos a varias millas de Cockburn Town. Si navegan en dirección sureste llegarán sin problemas.

—¿Saint Clement? Jamás en mi vida escuché hablar sobre esta lista —dijo Conrad.

—Yo tampoco, ¿qué hacemos Capitán?

—No tenemos muchas opciones, si es verdad lo que dice, podemos encontrar ayuda en Cockburn, pero no sé si Thomas aguante.

—Como le decía, no tenemos nada que pueda ser de ayuda, lo lamento mucho.

—¿Ustedes manejan el faro?

El rostro de ambos isleños se oscureció por un instante.

—No, es otra persona que viene cada semana a ver que todo esté bien. Nosotros solo cuidamos del muelle y de las provisiones para esa persona.

—Entiendo. Bueno, debemos irnos. Tenemos un poco de aceite y harina, ¿desean un poco?

—Pero nosotros no tenemos con qué pagar...

—Eso no importa, no podemos dejarlos a su suerte en medio de la nada. Acompáñenos. 

—De acuerdo.

—Que desconsiderado de mi parte, aún no me presento, soy el capitán del Daphne, James Morgan, este es el segundo al mando Jules y el marinero Conrad. 

—Yo soy Manual y ella mi esposa Lisa. Nuestra hija debe estar al otro lado de la isla buscando hierbas...


De regreso al barco, Lisa se quedó en el muelle junto a Conrad mientras Jules y yo bajamos por las provisiones. Manuel, quien parecía temblar. Tomó mi mano y dijo:


—Ustedes son los primeros en venir en meses. Parecen hombres valientes y curtidos por las olas. Escúchenme, algo vendrá por ustedes en cualquier momento. Deben irse de inmediato, pero por el amor de Dios, llévense a nuestra hija con ustedes.

—¿Qué sucede? Explíquenos...

—No puedo...

—Entonces vengan con nosotros, todos ustedes.

—Nosotros ya estamos condenados...


El hombrecillo poco a poco retiró el abrigo y la camisa que lo vestían. Aquel bulto en su espalda, que parecía una enfermedad congénita, era en realidad un horripilante molusco que estaba adherido a su piel y a su carne. Era de colores morados y rojos y daba la impresión de reaccionar ante la luz. 


—¡¿Qué mierda es eso?!

—Lo que atacó a su camarada debió ser el apéndice... acostumbra herir de gravedad a los marineros que navegan cerca del faro para verse obligados a atracar.

—Esto es una locura... —dijo Jules.

—Nosotros solo podemos alimentarnos de lo que la isla nos provee, de no ser así, este parásito nos devoraría...

—Entonces aceptó nuestras provisiones solo para contarnos esto, ¿no es así? —confirmé mis dudas.

—Así es Capitán James. Por favor, mi hija no tiene un molusco ya que su cuerpo no lo soportaría aún. Ella aún tiene posibilidad de sobrevivir.

—Esto es demasiado para mí, ¿qué debemos hacer James? —agregó Jules sosteniendo su cabeza.

—¿Han intentado quitarse ese molusco?

—No, el cuidador del faro antes de nosotros, vivió aquí por veinte años, dijo que el parásito está conectado al estómago... Arrancarlo nos mataría.

—Maldición... El apéndice, ¿como es?

—No es humano...

—Jules, trae a Hannes y a Morou. Lucas y Gustav se quedarán con Thomas. Todos armados. Iremos por la muchacha y saldremos de inmediato. 

—¡Carajo! Digo, ¡a la orden Capitán!

—Manuel, podemos llevarlos. Aún si mueren, tendrían un entierro digno y su hija tendría donde llorarlos.

—Hemos ayudado a otros marineros antes que ustedes. Tenemos una obligación con los que vendrán.

—¿Por qué los obliga a quedarse?

—No sabemos, supongo que necesita que alguien cuide el muelle. El apéndice no es muy racional que digamos. Es la conclusión a la que llegué después diecisiete años sirviendo a la isla.

—¿Diecisiete años?


Manuel solo asintió con la cabeza. Se veía cansado y triste.


—Capitán, todo está listo —dijo Jules desde la cubierta.

—Padre... Capitán, ¿qué es lo que sucede?

—Lucas. Escucha con atención, afuera las cosas se pondrán complicadas. No salgas de los camarotes.

—Entiendo. Ten cuidado.


Los tripulantes de a bordo se unieron a Conrad que esperaba en el muelle. Y todos nos dirigimos hacia la parte oeste de la isla. El faro de forma siniestra, emitía una luz fantasmal que nos mantenía alerta. Caminamos de manera tal que nos alejamos muy rápido del muelle. Adelante, la visibilidad empeoró en cuestión de segundos. Jules y yo marchábamos al frente. Manuel, de forma tímida iba a unos pasos de nosotros.


—Ella debe estar cerca.

—¿Como se llama la muchacha?

—Minerva, como la diosa.

—Creo que puedo ver algo —dijo Conrad atrás de nosotros.

—Si, veo algo, ¿hay alguien con ella?

—Es el apéndice... 


Aquella cosa se abalanzó hacia nosotros. Era veloz, apenas si tuvimos tiempo de esquivar su embestida. En un instante, esa cosa se colocó en medio de nosotros. Era una figura humanoide, con la piel lisa y pálida como la de un pez. Tenía garras y aletas y un hocico lleno de filosos dientes. No se distinguían ojos en su "rostro".


—¿Qué carajos es eso? —gritó Conrad.

—¡No preguntes y dispara!


Al mismo tiempo, todos halaron el gatillo en repetidas ocasiones, sin embargo, la velocidad de aquel monstruo no permitía atinarle y los disparos que acertaban no le hacían algún daño significativo. Entre tanto, Manuel se separó de nosotros y corrió hasta encontrarse con Minerva. 


—¡No se detengan por nosotros! ¡llévala al barco de inmediato!


Grite sin dejar de disparar. Hannes se acercó lo suficiente como para darle un disparo justo en el pecho, lo que hizo que aquella cosa retrocediera. A este punto, Manuel ya había acortado distancia con el muelle. Volvimos a reagruparnos y el apéndice cargó de nuevo contra nosotros, esta vez más violento. Hannes recibió el primer zarpazo, lo que le dejo una herida parecida a la de Thomas, pero menos profunda. Conrad también sufrió daños en su pierna derecha. Estábamos acorralados. En ese momento, la neblina aclaró un poco y pudimos observar que aquel ser tenía algo parecido a un cordón umbilical pegado a su espalda. Fue cuando sospeché que ese sería su punto débil.


—Todos, ¡apunten a lo que sale de su espalda!


Los disparos se concentraron en ese punto, logrando cortarlo casi desde el punto donde se unía a su cuerpo. El apéndice entonces emitió un espantoso grito que nos obligó a tapar nuestros oídos con ambas manos. Poco a poco un líquido negro salió de este, y a medida que ese líquido iba saliendo, el monstruoso apéndice fue quedando inmóvil hasta caer al suelo, inerte. La isla empezó a temblar, haciendo caer a los pocos que seguíamos sobre nuestros pies.


—Es hora de abordar, muchachos, ¡corran!


Dije mientras ayudaba a Hannes a ponerse de pie, Conrad podía moverse aunque no correr, Jules se encargó de ayudarlo. La neblina fue difuminándose hasta desaparecer por completo. Justo antes de subir al Daphne, pude contemplar el faro que nos había guiado hasta esa locura. Era una estructura orgánica de unos cuatro pisos de altura. Arriba, un inusual lente brillaba girando sobre si mismo. Era a todas luces la antena de algo enorme. Supongo que toda la isla era un pez gigantesco, salido del mismísimo abismo del océano. Minerva estaba en el barco y sus padres, parados sobre aquel muelle, solo se limitaron a realizar un gesto con las manos a forma de despedida. El motor estaba marchando al máximo y nos alejamos de la isla.


—Tus padres son muy valientes.

—Ellos no eran mis padres... —respondió Minerva entre lágrimas.

—¿A qué te refieres?

—Mis padres eran unos comerciantes, nuestro barco encalló en esta isla y esa cosa los devoró. Manuel y Lisa cuidaron de mí y me escondieron. Ellos cuidaban del muelle para que los barcos se acercaran y robarles comida para mí. Pero Lisa enfermó recién y perdió el habla. 

—No les quedaba mucho tiempo, eso se notaba a simple vista.

—Ellos hicieron todo para liberarme de esa cosa...


Ya en alta mar, no había neblina que interrumpiera la vista. El faro junto a la isla empezaron a hundirse hasta desaparecer. Unas horas después llegamos a Cockburn Town donde atendieron a Thomas y a los demás. Lucas y Minerva se hicieron amigos en el camino. No volvimos a escuchar sobre aquella isla misteriosa, sin embargo, cada vez que hay niebla, la tripulación del Daphne navega con precaución.

22 de Febrero de 2019 a las 23:57 6 Reporte Insertar 7
Fin

Conoce al autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
¡Excelente historia! Me recordó "La voz en la noche", de William Hope Hodgson. Te iba a comentar que hablaré de este cuento en mi siguiente capítulo de "Explorando lecturas", por si gustas pasar a leerlo después.
19 de Marzo de 2019 a las 14:33

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Wow, muchísimas gracias! Te agradezco el gesto, claro que pasaré a leerte! 19 de Marzo de 2019 a las 15:14
Flor Aquileia Flor Aquileia
Que imaginación por dios!!!! excelente!!!!
24 de Febrero de 2019 a las 12:45
Ana Paula Véliz Ana Paula Véliz
¡Amo leer sus relatos de noche!, ¡siempre me dejan con miedo! Aunque también estoy un poco triste por los señores de la isla. :'(
23 de Febrero de 2019 a las 23:30
Fausto Contero Fausto Contero
Una historia de terror marítima como pocas. Me gusta mucho ese aire de exploración en zonas desconocidas que es tan clásico, salpicada de imágenes inolvidables y vívidas como siempre lo haces.
22 de Febrero de 2019 a las 21:17
Gabriela Valero Gabriela Valero
Valla capítulo, me ha gustado mucho.
22 de Febrero de 2019 a las 19:32
~