Forest Seguir historia

yin Yissell Manríquez

Esta historia transcurre durante El Ascenso del Lobo Blanco. Forest, un trol, decide alejarse de la violencia de su tribu, para buscar un hogar que le brinde la paz que siempre ansió. Durante su viaje, conoce a alguien que inesperadamente, le demuestra que en su interior, hay más que roca y lodo.


Fantasía Sólo para mayores de 18.

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Forest



Forest era un trol.

De su espalda agrietada, nació una joroba; la cual simulaba un pequeño bosque.

De ahí nacieron diminutos árboles, en cuyas ramas se posaban las aves para descansar y Forest se las arreglaba para darles algo de beber, también.


Debido a la mala fama que poseían aquellas criaturas, Forest era percibido, mayormente como una especie peligrosa entre los humanos.

Sin embargo, los animalitos del bosque confiaban en el trol.

Sabían que él era distinto.

Era amigable y sereno.

Aunque la aspereza de su voz y su deformado cuerpo, no lo ayudaba en absoluto, para hacer amigos.


Hace mucho tiempo, que se separó de su tribu, ya que no coincidían con la personalidad de Forest, quien se prometió nunca más lastimar.

Le pesó de sobremanera, el recuerdo de la última vez que protagonizó una batalla contra los humanos.


Nunca había visto tanta sangre derramada.

Ambos bandos, despedazándose por igual.

“¿Por qué pelean?, ¿por qué se lastiman?”

Se preguntaba una y otra vez, el trol.

“¿Por qué tengo que matar?”


No quería ser más el villano.

No quería ser, algo que tenía que ser, porque se supone que esa era su misión en esta tierra.


Quería ser algo más. Algo que lo alejara de tanta violencia innecesaria.


Al compartir sus inquietudes, con el resto de la tribu, finalmente, él fue desterrado de la comunidad trol.

Así que Forest, no tuvo más remedio que buscar un nuevo hogar.

Y aunque cada bosque y montaña que cruzaba, lo invitaban a quedarse; sentía que todavía faltaba camino por recorrer.


Forest solía caminar, encorvado. Dando pasos pesados y lentos, como si se tratase de un gorila de piedra.

Nada lo apresuraba.

Nada lo inquietaba.

Simplemente viajaba, admirando el paisaje.


Podía ver cómo repentinamente, las tonalidades anaranjadas de los árboles otoñales desaparecían al cubrirse de nieve, con la llegada del invierno.

Posteriormente, en unos meses más, la ambientación de los bosques cambiaba.

Los árboles florecían, las aves volvían a cantar, celebrando la llegada de la primavera y Forest se emocionaba con el espectáculo que le brindaba la naturaleza.


Hace años que, quizás unos diez, seguía deambulando hacia la eterna búsqueda de un hogar.

Pero Forest, no parecía desesperado por encontrarlo.

Estaba feliz de poder disfrutar de aquella vista. De la amistad que había formado con los animales.

De volver a reencontrarse, con sus verdaderos orígenes.


En un momento de su viaje, se encontró con una guardiana del bosque.

Era una joven que no tendría más de trece años.

Lo había estado observando, desde que cruzó el gran puente que lo conduciría a uno de los tantos bosques, que el trol recurría.

Al verla en el camino, Forest se detuvo.

 

Nunca había visto una humana.

Una que no corriera despavorida, por su aterrador aspecto.

Ella sostenía un báculo nudoso. Fabricado, quizás, con las ramas de un árbol mágico.

Usaba una túnica púrpura, que le cubría hasta los zapatos, una capa negra y un sombrero puntiagudo, del mismo color que su ropa, desgastada por el peregrinaje que llevaba a cabo, hace semanas.

Su cabello era largo, de un extraño color añil.

Pero, lo que más había cautivado al trol, fueron aquellos bellos ojos esmeralda, que lograron hipnotizarlo. Como si contemplase dos vórtices marinos.

_ Has viajado bastante, gentil trol_ le dijo la guardiana, esbozando una sonrisa amigable_ El bosque me ha susurrado tu secreto. Te has aislado de los tuyos, para buscar la paz.

_ Así ser_ asintió el trol, débilmente.

Parecía como si siempre estuviese gruñendo.

Sin embargo, no era su intención sonar grosero.

_ El viaje seguirá_ le avisó la joven, al tiempo que posaba la punta de su báculo, en la frente de Forest_ Lo que anhelas se cumplirá. Pero debes tener cuidado.

_ ¿Qué pasar? _ preguntó el trol, con un dejo de preocupación en la voz.

_ Nada que un buen corazón como el tuyo, no pueda solucionar.

_ ¿Mi… corazón? _ Forest posó una enorme mano rocosa, en su ancho pecho musgoso_ ¿Yo tener uno?, ¿latiendo?

_ Así es_ cuando dijo aquello, la guardiana le sonrió otra vez.

Era una sonrisa que invitaba a la amistad.

Que invitaba a creerle y abrazarla, si se pudiese.

_ Pero…

Las dudas de Forest eran obvias.

¿Desde cuándo comenzó a tener un corazón?

Si tan sólo era barro y rocas…

O eso creía.

_ ¿Yo siempre tener uno… y nunca darme cuenta?

_ Eres vida, Forest. Todo lo que tiene vida, tiene alma. Tiene un corazón_ apuntó con un dedo, hacia su pecho y ambos se miraron. El trol, sin embargo, no parecía poder salir de su perplejidad_ Desde que dejaste tu tribu, comenzaste a pensar. A ir más allá, de lo que estaba escrito. Marcaste la diferencia, Forest. Demuestras que la bondad, está en cada ser. Sólo hay que dejarla salir.

_ Pero yo… no hacer nada bondadoso.

_ La bondad está en las pequeñas cosas. Pronto te darás cuenta, de lo que te hace especial, te dará todo lo que buscas.

Pero, precisamente, ¿qué podría buscar un trol?

Ni siquiera Forest, lo sabía.

Sin embargo, si lo decía una guardiana del bosque, debía ser cierto.

_ ¡Berenice! _ una voz, hizo que ambos se sobresaltaran.

La muchacha del cabello añil se giró y su rostro se iluminó más de lo que ya estaba.

Apareció, caminando por la arboleda, un hombre alto, delgado que usaba el mismo conjunto de su alumna, la cual se quitó el sombrero, para saludarlo con la emoción contenida en su humilde reverencia.

_ Maestro… No pensé, que vendría…

_ Has viajado mucho para llegar hasta aquí_ al aproximarse lo suficiente, Forest pudo apreciar un rostro cubierto de cicatrices, que malograban su aspecto_ Sería ingrato de mi parte, no acudir a ti. En marcha, Nice… Tenemos mucho que hacer en el santuario_ hizo un ademán con la cabeza, para saludar al trol y comenzó a caminar hacia el puente, que Forest había dejado atrás.

_ Sí, señor… Suerte, Forest_ se despidió la muchacha, para ir tras su maestro_ Lo que buscas, lo conseguirás muy pronto.

Dicho esto, se giró por completo y se fue, mientras el trol seguía agitando una mano, en señal de despedida.

“Espero que así sea”


Los troles podían vivir fácilmente, varios siglos.

Siglos que se tornaban eternamente tortuosos, cuando todo lo que se hacía, era sumamente tedioso y aborrecible, como matar.

Forest tan sólo tenía cien años y, sin embargo, no se sentía con los ánimos de antes.

Su antigua vida, como un trol destinado a infundir temor y matar despiadadamente, acabó por reducirlo a un senil ser, que se alimentaba de los musgos, de las semillas y las rocas que encontraba a su paso.

Era una dieta, de la cual seguía sin acostumbrarse.

Mas le era mejor aquello, que nutrirse de los cadáveres de inocentes.






*





Pasó un mes, cuando la vida de aquel trol pacifista cambió completamente.


En uno de sus viajes, se encontró con una niña, durmiendo bajo la sombra de una secoya.

Al asomarse lo suficiente, se percató de lo sucia y harapienta que estaba.

Al sentir su presencia, la niña abrió lentamente los ojos.

Y al encontrarse con el trol, ella se sobresaltó, encogiéndose de miedo poco después.

_ ¡Tranquila! Yo no matar_ la apaciguaba Forest, rápidamente, al ver que sus ojos llorosos se abrían al máximo.

_ ¡Oh! _ ella se limpió la carita con el dorso de la mano y se apartó el cabello castaño de la cara_ Disculpe, señor trol…

_ ¿Qué hacer aquí? Tú muy pequeña. Muy sucia_ le dijo, embargado por la curiosidad.

_ Me escapé_ le contó la niña, al tiempo que se sentaba en el pasto, para rodear sus rodillas, con los brazos_ Una banda de kaldjordianos…_ su voz tembló y tragó saliva. Se le había formado un nudo en la garganta, pero se esforzó en seguir hablando_ está quemando mi aldea… ¡Todos están muertos! _ de pronto, rompió en llanto.

Su rostro se apretó en sus rodillas y sus pequeños hombros temblaban al llorar con una tristeza que, al trol, le partía el corazón.

_ Mi padre… mi madre…_ se abrazó con más fuerza_ ¿Por qué hay gente mala?, ¿por qué hacen eso?, ¿por qué?

Forest se había formulado esas preguntas, muchas veces.

Preguntas, que jamás podrían ser respondidas.

El trol se agachó y para el desconcierto de la muchacha, sintió que le acariciaba el cabello.

Sobresaltándose, levantó la vista y se encontró con la criatura, la cual sorprendentemente le brindó una sonrisa.

Ese gesto plasmado en el rostro rocoso de Forest convenció a la pequeña niña de que se encontraría segura estando con él.

_ ¿Cómo llamarte? _ le preguntó, con una voz trémula; intentando contener la emoción.

_ Stella_ respondió la niña, mientras sus lágrimas eran secadas por un enorme pulgar_ ¿Y tú?

_ Forest.

_ Qué lindo nombre_ comentó ella, con dulzura_ ¿Quieres ser mi amigo?

_ Sí.

El rostro de Stella se iluminó.

Y por un instante, pudo olvidar el dolor de haber perdido a sus padres.


Forest, esperaba que, con el tiempo, ella pudiese sanar.

Y para ayudarla, decidió llevarla hacia donde el destino quisiera arrastrarlo.

Ya no estaba seguro, si algún día encontraría ese hogar.

Sin embargo, había conseguido lo que siempre había soñado.

Una amiga, que lo acompañaría en un viaje sin fin.


La vida, para Forest, se volvió más alegre y luminosa.

Stella fue lo que siempre buscó de una compañía.

Y más que amigos, para el trol, esa niña significaba mucho más.

La protegía de los lobos, la abrigaba cada noche, le contaba historias sobre anécdotas que sucedieron durante sus viajes, se preocupaba de alimentarla y vestirla.

_ Tú estar mucho tiempo en el río_ refunfuñó la criatura, quien se encontraba dándole la espalda, para no ver a la niña desnuda.

Mientras tanto, Stella se divertía bañándose en el agua.

Su risa, le resultaba tan encantadora, como el cantar de las aves.

Ese sonido, le aseguraba de que ella estaba alegre.

De que, con él, era feliz.


Muchas veces, Forest se preguntó si estaba haciendo lo correcto.

Porque ella no podría tener la oportunidad, que tendría un niño humano.


El trol le enseñaba cosas básicas como pescar, realizar trampas para cazar, fabricar chozas para descansar, hacer fuego y hablar en idioma trol.

Pero ella no sabía leer. No sabía escribir.

Si tuviese la oportunidad de integrarse a la sociedad, a Stella le resultaría más difícil, ahora que cumpliría diez años…

Una noche, mientras ambos contemplaban el cielo estrellado, el trol acurrucó a la niña con hojas entretejidas y le confesó sus inquietudes.

_ Stella…

_ ¿Sí, Forest?

_ Yo, pensar…_ lo meditó por unos segundos. Le era muy difícil decirlo, pero debía hacerlo_ que tú, debes vivir… con otros humanos.

_ ¿Y dejarte solo?, ¿eso es lo que quieres Forest? _ le preguntó la niña, sentándose rápidamente, para mirarlo a los ojos_ ¡Los humanos son malos!, ¡dañan a las demás personas buenas! _ se abrazó y clavó la vista en sus pequeñas rodillas_ Yo quiero estar contigo… ¡Eres todo lo que tengo!

_ Ese ser problema_ le dijo Forest, al tiempo que se sentaba con dificultad; imitando a la niña_ Yo, siempre ser solo. Tú… ser diferente. Tú no deber vivir así.

_ ¿Por qué no?, ¡no estoy sola!

_ Algún día tú crecer_ ambos se miraron.

La luz del fuego iluminó sus rostros.

El de ella, muy tierno y suave.

Mientras tanto, el del trol era grotesco y feo, como si alguien hubiese esculpido una roca con desgano.

Mas para Stella, él era hermoso.

Lo más cercano al amor más puro.

_ ¿Y si no quiero crecer? _ le preguntó la niña, refunfuñando, mientras desviaba la vista.

Forest conocía bastante bien sus berrinches.

Inflaba sus mejillas y fruncía tanto el ceño, que por unos momentos lucía como un pequeño trol.

_ Los humanos crecer. ¡Todos crecer!

_ No quiero.

_ Yo conocerte seis años atrás. Tú antes tener cuatro. Ahora, tener diez.

_ ¡PERO NO QUIERO CRECER MÁS! _ estalló la niña, con lágrimas en los ojos, al tiempo que se levantaba de un salto_ ¡¿QUÉ VA A PASAR CUANDO CREZCA?, ¿QUÉ IMPORTA ESO?!

La tristeza se reflejó en el rostro de Forest.

“Quisiera que nunca crecieras. Pero es parte de la vida de un humano… Los he visto crecer, enamorarse, tener familia… otros humanos que lo recuerden a la hora de morir. Cuando tú mueras, yo seguiré viviendo y te seguiré recordando… Pero, cuando te vayas… ¿Qué pasará conmigo?, ¿tendré que consolarme con tu recuerdo?... No quisiera que ese día llegase. Preferiría mil veces verte feliz con un hombre, con hijos… que verte morir y que sea solamente yo el único que te recuerde”

Le hubiese gustado decirle eso.

Pero sabía que Stella, no lo comprendería.

Y Forest, era mejor pensando, que expresando sus emociones a flor de piel.

Y no porque no quisiera.

Sino porque estaba seguro, de que, si tenía el coraje de abrirse, acabaría completamente destrozado.

Al verlo sumido en sus pensamientos, la niña se acercó hacia él y lo abrazó, como si se percatara de sus inquietudes.

_ Tú ser niña lista_ comentó el trol, de pronto, al mismo tiempo que acariciaba el cabello de Stella.

Ella soltó una risita y lo abrazó con fuerza.

_ Te quiero, Forest. Y no te dejaré.

_ Niña…

_ ¡No te dejaré! _ repitió, con un tono que resultó incluso amenazante.

Pero lejos de enfadarse, Forest esbozó una sonrisa triste.

“Los humanos cambian con el tiempo. Esa promesa, no se mantendrá” pensó, convencido.





**





Al día siguiente, continuaron su viaje.

Forest había notado muchos cambios en el paisaje. En el entorno. En la energía de la naturaleza.

Se había debilitado con el pasar de los años.

Lo sabía, porque él mismo lo había notado, al cruzarse con demonios, criaturas que se nutrían de la vitalidad que poseía un ser vivo.

La presencia de brujos y lacayos del mal se había intensificado.

Pero Stella no tenía idea sobre el tema, pues Forest la había mantenido alejada de todo aquel caos, durante los seis años que habían pasado juntos.

Se preocupaba de cambiar de rumbo, cuando detectaba una zona contaminada por una criatura maligna o cuando advertía el estruendo de un cuerno, dando inicio a una sangrienta batalla.

Los horrores tras la guerra volverían en Stella, los desgarradores recuerdos de la dura pérdida de sus padres… Y Forest se había prometido cuidarla y aislarla de toda maldad.

_ ¡Forest! ¡Hoy es mi décimo cumpleaños! _ la niña, quien daba saltitos a su alrededor, mientras el trol intentaba caminar sin pisarla, le señalaba sus manos extendidas_ ¿Qué sorpresa me darás?

_ No saber_ respondió, deteniéndose de pronto, para acariciar su barbilla, pensativo_ ¿Tú querer algo?

_ Mmm…_ Stella se detuvo e imitó al trol, adoptando un semblante ceñudo_ ¡Siempre he querido un pastel para mi cumpleaños!

_ ¿Pastel? _ Forest se rascó la cabeza, confundido_ ¿Qué ser un pastel?

_ ¡Un pastel es comida! _ le respondió Stella, riendo_ ¡Un postre muy sabroso, que se sirve en los cumpleaños!

_ Tú nunca pedirme eso.

_ Lo sé… Pero, es que se me ha olvidado el sabor del pastel de chocolate_ le confesó, en un susurro.

_ ¿Qué hace diferente pastel a comida normal?

_ Pues… El pastel tiene un sabor diferente. ¡Y es muy divertido!

_ ¿Pastel ser divertido? Pero ser sólo comida. ¿Por qué ser divertido?

Stella se echó a reír.

_ No sé cómo explicarlo, pero… te endulza la boca. Es esponjoso y por un momento, te detienes a sólo comer eso. ¡Y después te dan ganas de comer más!

Forest volvió a acariciarse la barbilla.

“¿Sabor diferente?”

Había visto, desde bien lejos, cómo algunos niños se agrupaban para compartir alguna especie de comida, que llamaban “golosina”. ¿Acaso eso era lo que quería?

_ ¿Pastel ser golosina?

_ Mmm…_ Stella se quedó mirando a su amigo, pensativa_ No estoy segura si es golosina… Pero sabe muy bien como una.

_ ¿Y cómo tener pastel?, ¿humanos hacerla?

_ Sí. Recuerdo que mamá me hacía pastel, con ingredientes… Harina, huevos, leche… No estoy muy segura, si era así.

_ ¿Alguien sabrá hacer pastel?

_ Pues, hay personas que se dedican a eso. Se llaman pasteleros. Y puedes comprar sus pasteles con dinero.

_ ¿Dinero?

_ Ya sabes, ¡no te hagas el trol! _ lo regañó la niña y Forest no pudo evitar reír_ Monedas de oro, plata, bronce… ¡Lo que se ocupa para comprar!

_ Yo no tener dinero.

_ Tal vez, alguien nos dé un poco.

_ No estar seguro.

“Los humanos no se caracterizan por dar sin esperar algo a cambio. Son egoístas, individualistas, superficiales y crueles…”

Y aunque tuviese aquella opinión sobre ellos, Forest se dio cuenta de que irónicamente, su mejor amiga, era una humana.

Mas, no le importaba.

Tal vez, Stella tuviese razón y algún alma bondadosa, sería capaz de ayudarlos.



Decidieron ir a un pueblo, que no estaba muy lejos del bosque en el que deambulaban y al llegar, el trol y la niña se detuvieron bruscamente.

Un silencio tenso, invadía el pueblo.

Pareciera que hace tan sólo unas cuantas horas, había sido asolada por un feroz incendio.

Las casas sólo eran escombros, mientras que el suelo se bañaba de la sangre que los cadáveres derramaban, debido a las mutilaciones que habían sufrido.


Era como si en el interior de Stella, algo tan frágil como un cristal, se hubiese quebrado.

El mismo escenario, lo había visto hace varios años atrás.

Los mismos rostros expresando un profundo y eterno sufrimiento. Niños y adultos, por igual.

La sangre brotando como río, de los cuerpos destrozados por ataques demenciales.

El humo que asfixiaba y provocaba un ambiente más inquietante en el lugar.

Y ese silencio… Aquel silencio que auguraba, de que nadie estaba vivo.

De que el abandono, era total.


Stella retrocedió unos cuantos pasos, al mismo tiempo que se cubría la boca, con las manos.

Chocó con una pierna de Forest, quien estaba quieto, mirando con sus ojos pequeños, bien abiertos, al único sujeto que seguía en pie.


Él se encontraba en medio del campo de cadáveres.

Usaba una piel de lobo blanco sobre la armadura oscura y un yelmo del cual difícilmente se podría ver algo de su rostro.

Era demasiado alto.

Fácilmente superaba los dos metros.

De su hacha caía gotas de sangre. Y una de sus manos, sostenía la cabeza de un hombre con la quijada rota.

Stella tenía ganas de gritar de pavor.

Mas algo le decía, que no debía hacerlo.

Comenzó a temblar descontroladamente y antes de que Forest pudiese hacer algo, el sujeto de la armadura se giró lentamente.

La niña no pudo soportarlo más.

Soltó un grito que retumbó por todo el pueblo en ruinas y el hombre, agarró con firmeza su arma, para dirigirse hacia ellos, corriendo.

Forest, impulsado por el pánico, apartó a la niña, dándole un manotazo que la arrojó varios metros atrás y se abalanzó como un rinoceronte, hacia el guerrero.

_ ¡FOREST! _ chillaba Stella, escandalizada, al ver que su amigo se iba a enfrentar al hombre, sin ningún ápice de temor.

El trol embistió al sujeto, pero increíblemente, el hombre lo sostuvo del rostro y frenó su ataque.

Su armadura rechinó un tanto, debido al esfuerzo, hasta que lo empujó y con el golpe de su hacha, aturdió momentáneamente a la criatura.

Forest soltó un rugido de dolor, mientras retrocedía unos pasos.

El hombre poseía una fuerza impresionante.

Y sólo había un tipo de humano que podía luchar a la par, con un ser como él.

“Es un kaldjordiano”

Recordó que una vez, tuvo que enfrentarse a esos habitantes del norte, cuando desearon apropiarse de sus terrenos.

Esa batalla, fue literalmente una masacre.

Una derrota que los trols, nunca se perdonaron.

Soltando un gruñido, Forest se estabilizó a tiempo, levantó un puño y lo aventó hacia el desconocido; quien lo esquivó a tiempo, rodando a un lado.

Los movimientos del guerrero eran ágiles, pese a que la armadura no lucía precisamente ligera.

Sin embargo, estaba moldeada a su cuerpo; haciéndola menos aparatosa, en comparación con otras armaduras más toscas y pesadas.

De pronto, una piedra se estrelló en el yelmo del guerrero.

Este se detuvo a mitad de una estocada, para girar la cabeza, hacia la niña que lo había interrumpido.

Stella, quien sostenía varias piedras en sus manos, dio un respingo al ser detectada y soltó un grito de susto, cuando el objetivo del guerrero cambió drásticamente, con el fin de lanzarse hacia ella, para matarla.

Forest arrancó del suelo, una montaña de escombros, lo prensó hasta formar una bola y se la arrojó al hombre, en la espalda.

Este cayó al suelo, a pocos metros de la niña, siendo derribado por la fuerza aplastante de aquella bola de basura.

Stella, dejó caer todas las piedras que había sostenido, y entre sus piernas temblorosas, se escurría la orina que intentó contener.

Se formó un completo silencio.

Tanto ella como Forest, no parecían reaccionar, hasta que después de un tiempo y ya recuperado el aliento, el trol se logró mover.

_ ¿Estar bien? _ le preguntó, cuando se le acercó.

_ ¿Qué… qué fue eso, Forest? _ le preguntó la chica, a su vez.

_ Hombre malo. Hombre peor que un demonio_ respondió el ser, mientras echaba un vistazo a su alrededor.

“¿Cómo un sólo hombre puede causar tanta destrucción?, ¡es imposible!, ¡es perverso!”

Incluso, había notado algo extraño en él.

Una oscuridad total que parecía rodearlo. Como si la energía maligna brotara de él, de manera desbordante.

“Nunca había sentido tanta maldad en un humano. ¿Realmente lo es?”

_ ¿Está muerto? _ le preguntó Stella al trol, mientras se aproximaba al hombre tendido en el suelo, con temor.

_ No acercarte. Él ser peligroso.

_ ¿Pero está muerto?

_ No creo_ respondió Forest, con desconfianza_ Ser muy fuerte. Quizás tener huesos rotos.

De pronto, y para el horror de la muchacha, el hombre comenzó a articular los dedos de sus manos.

Poco después, intentó levantar la pila de escombros, que lo acorralaban.

_ ¡Oh, no! _ Stella, sobresaltándose, retrocedió. Mientras tanto, Forest adoptaba una pose defensiva, con toda la intención de atacarlo si se atrevía a tocar a la niña.

Él comenzó a toser sangre.

Se estremecía y balbuceaba algo que ninguno de los dos pudo comprender.

_ ¿Dónde… estoy? _ pudo articular, dejándose caer, debido al cansancio_ Déjame… en paz… Déjame…

Por unos instantes, levantó la cabeza.

Entonces, la niña pudo apreciar unos ojos azules, que la miraron directamente, por una fracción de segundo.

Ella quedó sin aire, cuando una de sus manos quiso extenderse, como si buscara su ayuda, aunque el sujeto había perdido las fuerzas y apenas podía moverse.

Stella y Forest se miraron con los ojos bien abiertos.

Finalmente, el hombre se desmayó y la niña corrió hacia él, para sacarle las tablas que le impedían respirar.

_ ¡¿QUÉ HACER, NIÑA?!_ gritaba el trol, escandalizado.

_ ¡Necesita ayuda! _ exclamó Stella, esforzándose por levantar los escombros_ ¡O morirá!

_ ¡ÉL MATAR TODO UN PUEBLO! _ razonó Forest, entre desconcertado y enfadado por la repentina reacción de la muchacha_ ¡ÉL MORIR!, ¡VÁMONOS!

_ ¡NO!

_ ¡¿QUÉ?!_ el trol estaba completamente perplejo.

_ Algo me dice… ¡Algo me dice que hay que ayudarlo!

_ ¡¿QUÉ?!

Forest, incrédulo, seguía incapaz de moverse.

De hecho, lucía como una montaña de piedra, observando a la niña que se esforzaba por rescatar a un asesino.

“¿Hasta qué punto eso es bondad y no estupidez?”

_ ¡Forest!, ¡ayúdame! _ le pedía Stella, preocupada_ ¡Se va a morir!

_ ¡ÉL SER MALO! _ intentaba razonar con ella.

Mas la niña, no le hacía caso.

Seguía firme con la decisión de ayudar a aquel extraño.

Y el trol, suspirando, sintió que no tuvo más opción.

Con una mano, agarró el puñado de basura que le había arrojado al guerrero y lo posó a un lado.

La niña, rápidamente se arrodilló ante él y le retiró el yelmo, para que pudiese respirar.

Forest pudo escuchar un grito ahogado, proveniente de ella.

El hombre tenía un cabello blanco, que le llegaba hasta los hombros. La barba adornaba su rostro pálido y viril.

Pareciera como si hace mucho no le llegase la luz del sol.

O es que la armadura lo limitaba de sus necesidades, como si fuese su prisión.

_ Qué raro_ dijo Stella, mientras lo seguía examinando_ tiene el pelo tan blanco, como el de un anciano. Pero no lo es. Debe tener poco más de treinta…

_ Él ser albino_ le explicó el trol, quien lucía inquieto.

_ Como un ángel…_ comentó Stella, con emoción.

Mas Forest, bufó.

_ Ángeles ser buenos. Él ser malo.

_ No lo creo_ susurraba Stella, aproximándose un poco más, con curiosidad_ ¿No escuchaste lo que dijo?, “déjame en paz”. ¿A quién se lo diría?

_ No sé_ respondió Forest, dándole la espalda_ Y no importar. Vámonos.

_ ¡Pero, Forest!, ¡está herido!, ¡no lo podemos dejar aquí!

Entonces, el trol, sintiendo que le hervía la sangre, se giró de repente, para contemplar a la niña que se sobresaltó.

_ ¡ÉL MATAR, DESTRUIR PUEBLO! ¡¿Y TÚ QUERER AYUDARLO?!

_ Sí_ dijo la niña, para el asombro del trol_ Tú me enseñaste a que hay que ayudar a los demás.

_ Pero, él… ser malo.

_ ¿Y si en realidad no quiere ser malo? _ se aventuró Stella, mientras posaba las manos en su pecho_ ¿Y si en realidad, él necesita ayuda?

_ ¿Por qué pensar eso?

_ No lo sé_ respondió la niña, parpadeando_ Pero si Forest puede ser un trol bueno, ¿por qué no lo puede ser él?

Forest se quedó completamente helado.

No tenía más argumentos para debatir esos pensamientos.

 

Una segunda oportunidad…

 

Entregar una segunda oportunidad, no era para cualquiera.

Era para seres dispuestos a cambiar.

¿Qué pasaría si aquel sanguinario humano, no era capaz de hacerlo?

¿Y si en realidad, era una trampa, para aprovecharse de la buena voluntad de la niña?

Nada era seguro, proviniendo de un humano.

Pero ante Stella… No tenía más opción que creer en ella.




***




Stella dio un respingo, cuando vio al hombre abrir los ojos, por fin.

Habían pasado horas, sin que diera señales de vida.

Y al hacerlo, la niña se apresuró para saludarlo.

_ ¡HOLA! _ chilló, haciéndolo saltar debido al susto que le provocó escuchar tan repentinamente, una voz tan estridente.

El hombre intentó sentarse. Mas un vahído lo obligó a recostarse una vez más.

_ ¡Hola! _ repitió la niña, sin perder la emoción.

_ Hola_ murmuró el hombre, con voz ronca.

Al escucharlo, a Stella se le puso la piel de gallina.

_ ¡Oh! Tu voz da un poco de miedo_ comentó la niña, riendo tímidamente.

_ Perdón_ se disculpó, débilmente.

Él se contempló.

Le retiraron la armadura, para curarle las heridas.

Ahora estaba vendado con fuertes hojas alargadas y la piel de lobo le cubría las piernas.

_ Forest te bañó en el río, porque estabas muy sucio. Yo le dije que también pude haberlo hecho yo, pero no sé por qué no quiso que yo lo hiciera_ le contaba Stella, rápidamente, mientras el hombre la miraba fijamente_ Sus pantalones se están secando. Un tiempo más cerca del fuego y ya estará lista_ le aseguró la niña, sonriente, mientras indicaba la fogata que rodeaban.

_ Ya veo_ dijo, con cansancio_ Gracias.

Stella tragó saliva y se ruborizó.

_ No… No hay de qué. ¿Te sientes mejor?

_ Sí.

_ ¿Tienes hambre?

_ Sí.

_ ¿Quieres comer?

_ Me gustaría.

_ Está bien… Te traeré algo de comer. ¡Ya vengo! _ dicho esto, la niña echó a correr, agarrando de paso una lanza y se dirigió al río.

Cuando ella se hubo alejado, Forest se asomó al hombre, quien no pareció sorprenderse por su aspecto o por su tamaño.

_ Tú… ser extraño. Malvado.

El sujeto lo miró con los ojos bien abiertos.

_ ¿Malvado?

Su expresión, dejó a Forest confuso.

“¿Por qué está sorprendido?, ¿es que acaso no se acuerda de las atrocidades que hizo?”

_ ¡Ay, Forest, no lo fastidies! _ chasqueó la lengua, Stella, quien regresó con una hilera de peces empalados en la lanza_ ¿Cómo te llamas? _ le preguntó poco después, al tiempo que el trol se encargaba de avivar el fuego, a regañadientes.

_ No… No lo sé_ musitó.

Stella parpadeó desconcertada.

_ ¿No sabes tu nombre?, ¿no tienes nombre?, ¿perdiste la memoria?

El desconocido se cubrió la cara con una mano y cerró los ojos.

Le dolía la cabeza con intensidad y el cuerpo lo sentía entumecido, debido a las heridas.

_ No estoy… seguro…

_ ¿Entonces… cómo te llamaremos?

_ ¡¿QUÉ IMPORTAR ESO?!_ increpó el trol, quien cada vez estaba de mal humor_ ¡ÉL SER ASESINO! ¡SER VIOLENTO CON ALMA PODRIDA!

 _ ¿Asesino? _ el hombre torció la boca, sintiendo un escalofrío que recorría toda su espina_ ¿Qué hice… ahora?

Stella lo miró con preocupación.

_ Parece ser, que no recuerda nada.

_ ¡SER ENGAÑOSO!, ¡NO CONFIAR, STELLA!

El kaldjordiano miró a ambos, genuinamente desorientado.

_ ¿Qué hice?

_ Matar. Eso hacer. Como cualquier kaldjordiano_ le respondió Forest, secamente.

El hombre se quedó estupefacto.

Al escuchar aquello, sus ojos azulados se abrieron tanto, que, por un instante, lucía como un demente.

Se cubrió la boca con una mano temblorosa, mientras que cerraba la otra hasta formar un puño, agarrando la tierra suelta del suelo.

_ No puede ser…_ balbuceó, con los ojos vidriosos­_ ¡Yo no quería…! ¡NO QUERÍA!

Su pecho subía y bajaba frenéticamente.

Sentía que le faltaba el aire. Y para la sorpresa de Stella, él le arrebató la lanza, arrancó los peces y antes de que se clavase la punta a la altura del corazón, la niña se apresuró para detenerlo.

_ ¡NO! _ le gritó la pequeña, con voz trémula_ ¡NO LO HAGAS!

_ ¡¿POR QUÉ SIGO MATANDO?!_ soltaba el hombre, mientras derramaba lágrimas que caían sobre sus muslos_ ¡NO QUIERO SEGUIR CON ESTO! ¡DÉJAME EN PAZ! ¡DÉJAME EN PAZ! ¡YA NO QUIERO ESCUCHARTE MÁS…!

_ ¡NO! _ Stella fue apartada por el hombre, quien levantó la lanza.

Cuando estaba por atravesarse, Forest le arrancó el arma, al mismo tiempo que lo estampaba en el suelo.

_ ¡TÚ, NO MARTARTE FRENTE A NIÑA! ¡MATARTE SOLO!

_ ¡FOREST! _ le reprochó Stella, con lágrimas en los ojos.

Lo tomó de un grueso brazo y lo miró con ese semblante, que el trol no pudo mantener por mucho tiempo.

Esa expresión de tristeza en su rostro era dolorosa.

Le recordaba la vez, cuando la encontró bajo la secoya.

_ Por favor… Él necesita ayuda.

_ Él morir. Él saber bien_ le hablaba la criatura, intentando sonar tranquila y condescendiente.

Seguía sosteniendo al sujeto, el cual se encontraba aplastado con su mano.

Seguía respirando agitado y lloraba en silencio.

Mas al trol, no pudo importarle menos su dolor y arrepentimiento.

Para él, era una criatura horrible.

Sin ningún motivo para justificar su locura.

Pero la chica, parecía sentir pena por él.

Lo veía en sus ojos negros. En esos ojos rebosantes de vida e inocencia.

_ No. No quiero que muera…_ sollozaba la niña, con una congoja, que desconcertó tanto al hombre, como al trol_ ¡NO QUIERO QUE MUERA NADIE MÁS! _ las lágrimas rodaron por sus mejillas y cayeron en el brazo del trol_ ¡YA BASTA!, ¡ESTOY CANSADA DE VER MORIR A LAS PERSONAS!... Estoy cansada… ¡YO LE CREO!

_ ¿Qué creer? _ le preguntó Forest, con los ojos bien abiertos.

_ ¡LE CREO QUE NO QUISO HACER DAÑO! _ se aclaró la niña, intentando controlar el temblor en su voz_ ¡LE CREO, PORQUE LOS MALOS NO SE ARREPIENTEN! ¡LOS MALOS NO LLORAN CUANDO HACEN COSAS HORRIBLES! Los malos se ríen… Se quedan mirando cómo gritan, cómo se arrastran… cómo lloran.

_ Stella…

“Nunca termino de sorprenderme. A veces pienso, que ella es todo lo que traté de ser alguna vez. Que, en realidad, Stella, me hace creer en el amor”


Amor.


Nunca, un ser como él, pensaría que podría pensar en el amor.

En un amor que nació desde que la conoció y se tornó más fuerte, al tiempo que compartía con ella.


Sus palabras lo ablandaron.

La acogió en sus brazos y la niña lo abrazó también.

Al separarse, vieron que el sujeto se había levantado. Y tambaleante, se dirigió hacia el pantalón que colgaba de una rama.

_ ¡Tú no ver! ¡Él estar desnudo! _ rápidamente, Forest le cubrió el rostro a la niña, con una mano, quien respingó.

_ ¿Por qué no puedo ver? _ le preguntó, embargada por la curiosidad.

_ ¡Hombres tener partes privadas que no deber ver niñas! _ la reprendió, ceñudo.

Cuando lo vio con los pantalones puestos, le retiró la mano a Stella, quien tragó bocanadas de aire; pues casi se ahoga.

_ Lo siento mucho_ se lamentaba el hombre, con tristeza_ Les causo problemas. Será mejor, que… me vaya…

_ ¡No, no!, ¡quédate! _ le pedía Stella, preocupada_ No te ves bien…

_ Gracias, niña… Pero no creo que eso importe_ dijo, al tiempo que se detenía un poco.

Las piernas le temblaban y se sentía muy débil.

_ Haz caso o yo aplastarte_ lo amenazó Forest, alzando un puño frente a las narices del sujeto, quien parecía no importarle demasiado.

_ Adelante. Sería bueno morir de una vez_ lo alentó, con fatiga.

El trol gruñó.

_ No. No ser divertido cuando no llorar de miedo.

_ ¡Forest! _ volvió a reprenderlo la niña, con los brazos en jarras.

_ Sólo bromear_ se excusó la criatura.



_ Tiene muchas cicatrices, señor albino_ opinaba la niña, mientras lo observaba comer.

Él era fornido y las marcas adornaban todo su cuerpo.

_ ¿Albino? _ le preguntó el hombre, extrañado.

_ ¿Por qué tiene tantas?

_ Muchas… guerras_ respondió bajando la vista, para encontrarse con su pescado frito a medio comer.

_ Debe doler mucho_ dijo Stella, indicando una marca en forma de cruz, a la altura de las costillas.

_ No lo recuerdo_ admitió el hombre, con una voz apenas audible_ Tal vez.

_ Con todas esas marcas, ya debería estar muerto.

_ Tienes razón.

_ ¿También tiene en el trasero?

_ ¡STELLA! Comportarte como niña buena_ le pidió el trol, ceñudo, quien había estado escuchando la conversación con los ojos cerrados, dispuesto a dormir.

_ Las venas de sus brazos se marcan mucho_ le decía Stella, asombrada, para después echarle un vistazo a los suyos_ ¿Por qué los míos no se ven así?

_ Porque eres muy pequeña_ le explicó el hombre, con calma.

_ Entonces, cuando sea grande… podré…

_ Puede ser.

_ ¡Genial! _ exclamó Stella, emocionada.

Él esbozó una pequeña sonrisa, desconcertándola inmediatamente.

No se había esperado aquel gesto en él. Sin embargo, le agradó bastante verlo así.

Sereno y sincero.

“No puede ser malo” pensaba ella, sin dejar de mirarlo. “Algo debe pasarle”

_ ¿Puedo ayudarlo? _ le preguntó la niña, con gentileza.

_ No lo creo, cariño_ respondió el hombre, adoptando un semblante lúgubre_ No sé cómo salir de esto. No sé lo que sucede en mi interior… Si no puedo comprenderme, dudo mucho que alguien pueda ayudarme.

_ A dormir, Stella_ los interrumpió Forest y la niña, a regañadientes, tuvo que levantarse para acostarse al lado del trol.

_ Buenas noches, señor albino. Mañana será un mejor día_ le aseguró la pequeña con amabilidad.

_ Eso espero_ dijo el sujeto, volviendo a sonreír débilmente_ Que descanses.

Mientras el hombre le daba la espalda, con la intención de dormir un poco, Stella contemplaba su figura con tristeza.

Podía sentir la melancolía aflorar en él. La tristeza, el dolor. Sentimientos que parecían oscurecerlo y alejarlo de la luz y la paz que irradiaba la niña y el trol.

_ Lo siento_ le susurró de pronto Forest, haciéndola sobresaltar_ Tú querer pastel y yo no poder darte pastel en tu día. Resultar todo mal.

Stella levantó la vista y le sonrió.

_ ¡Para nada!, hicimos un nuevo amigo, Forest.

_ Ajá, claro… “Nuevo amigo” _ dijo, mordaz.

La niña le dio un codazo en su pecho musgoso. Pero sólo consiguió pegarse con su dura consistencia.

_ Tú muy entusiasmada con demonio blanco_ refunfuñaba el trol, volviendo a fruncir el ceño.

_ No te pongas celoso, Forestcito_ le pidió la niña, entre risas_ Pero, hace mucho tiempo que no veía a alguien como yo.

_ Tú ser mucho mejor. Tú ser buena. Él ser… todo malo. Sólo tú gustar su aspecto.

_ ¡No, no!, ¡de verdad que quiero ser su amiga! _ soltaba la niña, enrojeciendo completamente y Forest bufó.

_ Niña traviesa. ¡Tú no deber pensar cosas de niñas traviesas!

_ No pienso nada, Forest. ¡Tú eres el mal pensado!

_ ¿Por qué pensar que yo pensar mal?

_ ¡Forest, basta! _ lo regañó, sin dejar de enrojecer.





****




_ Déjame en paz… Déjame en paz… No quiero… ¡NO QUIERO! ¡DÉJAME! ¡SAL DE MÍ! ¡NO QUIERO MÁS! ¡DÉJAME EN PAZ!

Los gritos hicieron despertar a Forest y luego a Stella, quien abrió los ojos con pereza.

_ Forest, ¿qué sucede?

El trol le indicó con un dedo, al hombre que estaba de rodillas en el suelo, mientras se abalanzaba hacia adelante y atrás, al mismo tiempo que se agarraba de los cabellos.

_ ¡Oh, no! _ la niña miró a su amigo, con terror_ ¿Qué le sucede?

_ ¡Yo no ser adivino, yo ser sólo trol!

_ ¡DÉJAME… NO QUIERO… AAAAAAAH! _ un fuerte grito fue capaz de asustar a las aves que se cobijaron en las copas de los árboles.

El hombre se retorcía y peleaba consigo mismo.

Poco después, comenzó a estrellarse la cara contra el suelo, reiteradas veces y Stella se levantó de un salto para socorrerlo.

_ ¡STELLA!

_ ¡NO!, ¡NO TE HAGAS DAÑO! _ antes de que pudiese impedirlo, la niña ya estaba ante el hombre, que temblaba violentamente.

La frente le sangraba, debido a los golpes que se había dado y rechinaba los dientes con furia.

_ Sal_ le pidió a la niña, clavándose las uñas, en el cuero cabelludo_ ¡SAL!

_ ¡NO!, tiene que ser fuerte, señor albino_ Stella, tomó sus manos, para apartárselas de su cabeza y se miraron a los ojos_ No está solo…

Los ojos del hombre reflejaban la desesperación y la angustia que albergaba en su interior.

Pedían ayuda a gritos.

Pero sólo de él, brotaron lágrimas que nublaron su vista por un tiempo.

_ Vete, niña… No quiero hacerte daño…

_ No me hará daño.

_ Sí lo haré. No sé por cuánto tiempo, pueda… detenerlo…_ se encorvó, aferrándose del pecho como si le doliese el corazón_ Hay algo, dentro de mí… que no está bien… Vete, niña… No quiero… hacerte daño…

_ Señor…

_ ¡STELLA! _ despertando de su ensimismamiento, el trol se acercó a zancadas y agarró a la niña, para alejarla de él.

_ ¡FOREST! _ ella podía ver cómo el hombre gritaba y se retorcía de dolor.

Antes de que perdiese completamente el sentido de lo que había a su alrededor, observó por última vez a la muchacha, como si se despidiera de ella.

Se acurrucó en el hombro del trol y echó a llorar.

_ ¿Qué le sucede? _ balbuceaba ella.

_ No saber_ respondió Forest, mirando hacia atrás por unos segundos_ Pero él… no estar bien.

“No detengas lo inevitable. Mátalos ya”

“¡No quiero!”

“Estúpido. No tienes el control de ti. Yo sí. ¡OBEDECE!”

“¡NO! ¡NO LO HARÉ, MALDITA SEA!”

“Lo harás, porque yo lo digo. ¡SOY MÁS FUERTE QUE TU VOLUNTAD!”

Un último grito que retumbó por todo el bosque.

Stella se aferraba con fuerza del hombro del trol, mientras daba zancadas, para alejarse lo más posible de aquella bomba de tiempo.

De pronto, Forest fue consciente de que el paisaje comenzó a oscurecerse.

Los árboles de un vivo tono verdoso se marchitaban con la llegada de algo tan dañino como el veneno.

Algo que intoxicaba el aire, la vitalidad de la naturaleza.

_ ¿Qué está pasando? _ le preguntó Stella, asustada, alzando la vista al darse cuenta de que la luz del sol parecía extinguirse.

_ Vida muere_ respondió el trol, sintiendo por primera vez, un miedo que se propagaba por todo su ser_ Llegar maldad… Corromper todo.

De pronto, la oscuridad era tal, que Forest no pudo avanzar más. Cegado por una penumbra total.

Poco después, como si la oscuridad se abriera paso ante él, un hombre con armadura se les acercaba con hacha en mano.

_ ¡No!, ¡señor albino, no! _ gritaba Stella, rompiendo en llanto otra vez_ Por favor… Reaccione. ¡REACCIONE!

_ No podrá_ le contó Forest, secamente.

_ ¿Por qué?

_ Él estar maldito_ respondió, finalmente.

Se había dado cuenta, al verlo luchar consigo mismo.

Su aura se había tornado extraña, cuando estuvo lúcido. Ni oscura, ni tampoco blanca.

Era una energía ya consumida por el daño que le causaba la maldición que lo rodeaba.

_ ¿Maldito? _ preguntó la niña, angustiada.

_ Magia negra. Brujo poseerlo con maldición_ Forest corrió a tientas, intentando alejarse del hombre.

Pero él ya los alcanzaba, con el hacha en alto.

_ ¡NO VER NADA! _ rugió el trol, desesperado.

Sentía que daba vueltas, en el mismo lugar, como si estuviese acorralado. Y cada vez más, el hombre con la armadura puesta, se les aproximaba para matarlos.

De pronto, se acercó a una velocidad inhumana.

Se lanzó hacia el trol y de un corte, lo partió por la mitad.

Stella se quedó de piedra.

Ante ella, su único amigo, se desmoronaba como una pila de rocas.

Cuando cayó al suelo, la niña se le acercó, sin importarle que el hombre levantara otra vez el hacha.

_ No… ¡NO, FOREST!

El trol escuchaba débilmente, la voz de su pequeña Stella.

Su vista se oscurecía, aunque extrañamente podía ver el rostro de ella, sin dificultad.

“¿Así es como acaba mi vida?” se preguntaba, mientras que sobre su cabeza sentía la humedad de las lágrimas de Stella.

Ella rodeó con sus frágiles brazos, lo poco que aún quedaba de su amado trol.

_ Vete…_ le pidió, con voz trémula_ Deber… vivir…

_ No. No. ¡NO! Me dejarás sola… ¡ESTARÉ SOLA! _ sollozaba la niña, acurrucándose en el destrozado cuerpo de Forest.

_ Tú no estar sola… Estar con humanos. Tú… ser feliz.

_ No sin ti.

_ Stella… Por… favor…

_ ¡NO ME QUIERO IR!

_ Stel… la…_ una silueta se asomaba hacia la niña.

Era el hombre, dispuesto a matar a Stella.

_ St…el…la…

La niña se apretó más contra él.

_ Nos iremos juntos.

_ No… Tú… seguir… por favor…_ le pidió el trol, dejando brotar un río de lágrimas.

_ Quiero estar contigo. No me pidas que me vaya sin ti. ¿Qué haría sin ti? Mejor, me muero.

_ No… No…

Sólo podía distinguir el destello del filo metálico.

La niña cerró los ojos con fuerza.

Temblaba de pies a cabeza. Pero no estaba dispuesta a correr.

Quería estar con Forest.

Como lo había hecho desde que se conocieron.

_ No quiero separarme de ti. Eres lo único que tengo_ balbuceó la niña, con lágrimas en los ojos_ Te quiero mucho.

_ Stella… Yo… te… amo con todo mi ser.

“Y te seguiré amando, por siempre. Perdón por no cuidarte como te lo prometí. Pero siento, que no te abandonaré jamás”

El hombre cortó limpiamente la cabeza de la chica.

Ante la vista que gradualmente se debilitaba, Forest pudo contemplar con dolor, su final.

_ Espero que algún día… encuentres la paz_ le dijo, con un tono apagado, antes de que sus ojos se cerraran definitivamente.


La oscuridad que, por un instante, envolvió todo el bosque, desapareció.

El hombre con la armadura oscura se detuvo jadeante ante el trol y la niña y poco después siguió avanzando, como si nada hubiese pasado.

Dejando atrás aquellos cuerpos destrozados.


Lo único que se conservó, en el tiempo que transcurrió, fue la joroba de Forest; aquel pequeño bosquecillo, donde las aves disfrutaban posarse.

Aquel pequeño trozo de vida se fusionó con la tierra, de la cual emergió poco después, las raíces de un nuevo árbol; en medio del bosque.


Con los años, aquel árbol comenzó a adquirir rápidamente altura y vigor.

Era bastante nudoso, de hojas con un extraño color púrpura y de flores aterciopeladas y fragantes.


A pesar de todo que el bosque se corrompió cuando la maldad la envenenó, el árbol que floreció gracias a Forest seguía creciendo mágicamente.

Pronto, las aves comenzaron a frecuentarlo por sus propiedades curativas.

No tan sola ellas. También el resto de los animalitos que frecuentaban los bosques.

Era un árbol muy bello y acogedor.

Muchos se instalaban ahí, sintiéndose en paz y armonía.

Finalmente, Forest había encontrado su hogar, en compañía de Stella, quien se manifestaba en cada flor que aparecía en sus ramas.

Ahora juntos hasta la eternidad.

11 de Enero de 2019 a las 05:16 2 Reporte Insertar 2
Fin

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Yissell Manríquez Hace tiempo, tenía muchas ganas de compartir lo que escribía. Recuerdo la primera vez, que terminé de escribir una historia. Literalmente, terminé tirándolo a la basura xD. Pasaron años, para que al fin reuniese el valor de subir una historia de la cual me siento orgullosa. Le tengo mucho cariño y muchas ganas de seguir expandiendo.

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Galo Vargas Galo Vargas
Hola Yissell. Te recomiendo reemplazar los "_" por guiones "-" :) Harían tu historia muchísimo más legible.
30 de Enero de 2019 a las 03:48

  • Yissell Manríquez Yissell Manríquez
    ¿En serio? :o Ok, muchas gracias por la sugerencia ^^ comenzaré a arreglarlo 30 de Enero de 2019 a las 09:25
~