Cuento corto
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Cabello


Desde pequeña me ha gustado recoger flores, mis favoritas son las rojas como la luna de sangre, lo hacía cada día, a decir verdad, al vivir alejado de la ciudad habían pocas cosas con que variar la rutina.

No me desviare del tema, a lo que iba.

Cada mañana al abrir los ojos lo primero que hacía casi por instinto era mirar la almohada en la cual se hacía notar en su lienzo blanco algunas briznas de cabello rojo, lo extraño era que el mío no es de ese color, en resumen que no era mío, por si tenías dudas. Cuando sucedió no le dije nada a mis padres, tal vez por temor a quien sabe qué.

Las primeras semanas de este suceso la cantidad de cabello era muy poca, pero un lunes apareció un mechón, quede impactada y no pude evitar que el grito escapara, es ahí cuando mis padres se enteraron e intentaron buscar una explicación sin mucho éxito, las pocas llevaban a fenómenos paranormales, leyendas etc. En la tarde Lanzaron el mechón de cabello a la espesa maleza que queda a unos metros de casa.

Les pedí que durmieran conmigo y así lo hicieron, ni siquiera quise apagar la luz, no recuerdo el momento en que el sueño de adueño de nosotros. Al día siguiente no había rastro de lo que me atormentaba hace semanas ¡No había rastro de cabello en la cama! pero la alegría duro poco al llamar a mis padres sin encontrar respuesta. En principio pensé que salieron muy temprano a la ciudad, pero nunca se habían ido sin antes avisarme, y sin preparar el desayuno. Comencé a tener un mal presentimiento, me senté unos minutos, de pronto tocan a la puerta, - pam pam pam- Pregunto por el nombre y nadie responde, abrí la ventana lo suficiente para  ver al exterior, una niña que aparentaba tener mi edad estaba parada frente al portal esperando que se le cediese el paso.

-¿Quién eres? Le dije con voz temblorosa sin motivo aparente, era solo una niña y yo una paranoica.

-No me conoces, solo pasaba por aquí y si no te molesta, me podrías regalar un poco de agua, tengo un largo camino que recorrer y estoy muy sedienta.- Dijo acercándose a la ventana.

-No hay problema- respondí y fui a por un vaso y cuando empecé a llenarlo escuche pasos atrás de mí.

-Hola, la puerta estaba abierta y no me había dado cuenta, creo que te ahorre la entrega- dijo la niña desconocida con una sonrisa pícara,

No sabía como actuar, como un robot estire el brazo ofreciéndole el vaso de agua, en ese instante note sus cabello ¡Sí! su cabello era rojo, juraría que del mismo color del que aparecía todas las mañanas en mi cama.- Bueno tienes que irte, dentro de poco llegaran mis padres y a ellos no les gusta la visita- Dije tragando saliva.

-No te preocupes por tus padres- ellos no volverán.- El estómago se retorcía con cada palabra que lanzaba hacia mí como balas en su diana.

-¿Los has visto? ¿Dónde están?- La miraba fijamente esperando respuesta, ella simplemente daba pequeños saltos que volvían más terrorífica la situación.

Luego de unos cuantos segundos respondió con voz chillona -Una niña como yo no se cuida sola, más aún si vive en el infierno, si se portan bien tal vez cuando vayas allá deje que los visites.-

 

 

8 de Enero de 2019 a las 06:51 0 Reporte Insertar 0
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