UNA LARGA ESPERA Seguir historia

alberto-suarez-villamizar3721 Alberto Suarez Villamizar

HAY SENTIMIENTOS QUE DEJAN HUELLAS TAN PROFUNDAS QUE PERDURAN CON EL TIEMPO, A PESAR DE LA DISTANCIA


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UNA LARGA ESPERA




Autor:  Alberto Suárez Villamizar



Abrió las ventanas de la habitación. La refrigeración había fallado desde el inicio de la noche, haciendo difícil conciliar el sueño por el calor propio de la estancia en esta época de verano. Tomó una ducha, envolvió su cuerpo desnudo en la toalla y se recostó en el sofá. Ya era tarde y estaba cansada llevaba varias noches de desvelo, y el de hoy había sido un día de mucha ocupación.


Lucy sintió en su cuerpo las caricias de aquel viento frío proveniente del mar en esas horas de la madrugada.   La sensación de  frescura hizo más placentero el momento. Deseó que el nuevo día, que empezaría en pocas horas fuera el último de su ya larga espera…….



 Lo conoció una noche cuando caminaba por una de las avenidas de la ciudad de regreso a su apartamento protegiéndose  del fuerte aguacero que caía en ese momento sobre la ciudad.  Había querido tomar un paseo y por tanto había dejado su auto  siendo sorprendida por un fuerte aguacero que caía en ese momento- 


-¡Hola, ayúdame! ¡No permitas que me siga mojando! – fueron las palabras de aquel muchacho que marchaba en su misma dirección y no tenía como protegerse de la lluvia.

-¡Vamos, yo te llevaré!-  respondió ella.


Nunca logró comprender el porqué de su respuesta, como había confiado en un desconocido que se le aproximó en una esquina. Quizá le había tomado por sorpresa o la había impresionado la decisión o atrevimiento con que se le había dirigido.   Hacía varios años vivía totalmente sola luego de la muerte de su esposo, a pesar del constante asedio de muchos pretendientes.  Entonces, ¿Qué le ocurrió ? ¿Cómo le permitió entrar a su vida? Y ¿Por qué llegó a enamorarse?  Se preguntó a sí misma muchas veces.


Después de haber quedado sola continuó con los negocios que mantenían con su esposo, y lograba salir adelante a pesar de lo duro que para ella representaba las actividades propias de tal trabajo, tanto por el trato rudo con braceros para el manejo, recibo y despacho de mercancías; así como de los transportadores para la movilización de las mismas, la consecución de bodegas para su almacenamiento temporal y su posterior embarque.


Ahora aparecía este hombre como salido de la nada para convertirse en su apoyo y compañía justo cuando más lo necesitaba.  Era admirable la decisión y el empeño con que le colaboraba, ahora sentía que contaba con la ayuda de alguien para enfrentar el duro trajín de sus negocios.  Le fue tomando cariño hasta llegar a enamorarse perdidamente.  Su compañía la llenaba de confianza.


¡Cómo le había cambiado la vida! Era cariñoso, y le consentía constantemente. A su lado se sentía segura y protegida, sentía que realmente le amaba.


- ¡Tú serás un buen padre! Recordaba haberle dicho muchas veces, cuando sentada en sus piernas recibía las caricias en sus rizados cabellos, como si fuera un crío.

Día a día le prodigaba muchas atenciones y la colmaba de cariño.  La hacía sentirse de nuevo enamorada, algo que por mucho tiempo no sentía. Ahora su vida había cambiado, y encontraba razones para vivir.  El amor volvía a habitar en su corazón.


Pero un día después de cierto tiempo él se marchó.


-Iré de vacaciones, será por pocos días – le había dicho en el aeropuerto antes de partir.

-  Ve y regresa, te espero – dijo ella- secando las lágrimas que inundaban su ojos, y que él secaba con ternura.


Poco tiempo después de cumplirse la fecha de su retorno y no verlo regresar ni recibir  noticias suyas, se decidió a buscarlo y fue así como hizo varias llamadas a la casa de su madre, con quien dejó mensajes que jamás respondió. También en su afán por saber de él, emprendió un viaje a la ciudad donde sabía que habitaba, pero todo fue infructuoso, la ciudad era muy grande y no logró localizarlo, era como si se lo hubiera tragado la tierra, pensó muchas veces para sí misma.



Sola regresó a casa.  Pasaron los días, los meses, los años y él no regresó, pero en su corazón no hubo sitio para nadie más.  Con nostalgia recordaba los felices tiempos vividos a su lado, lo fácil que era su vida junto a él.  En los días de invierno cuando buscando protegerse de la lluvia caminando bajo su paraguas, recordaba con nostalgia aquel día en que lo conoció, y en su rostro confundía unas leves lágrimas con la lluvia.  Cómo no recordarlo, si había pintado de colores sus días hasta entonces grises


- Si al menos supiera algo-, se repetía en silencio.  -¿Me habrá olvidado? ¿Por qué no volvió?- 


En las noches sólo contaba con la compañía del monótono tic- tac de su antiguo reloj de pared que fuera testigo mudo de sus momentos de felicidad y de las manifestaciones de amor que él le brindara.  No le era fácil olvidar las largas horas compartidas al calor de unos vinos escuchando aquellas canciones que hablaban de amor.  Fueron muchos amaneceres vividos, muchas tazas de café compartidas al ver salir el sol de un nuevo día.


Nunca quiso hacer de su dolor una tragedia ni contar a nadie su sufrimiento. Decidió seguir adelante a pesar de su soledad y su tristeza. Su rubio cabello fue encaneciendo y el tiempo marchitó el brillo de su mirada.


Un día al caer la tarde, mientras esperaba la llegada del avión de turno en el cual le traían una remesa sintió palpitar su corazón con gran intensidad al mirar a aquel grupo de pasajeros descender de la nave y fijar la mirada en aquel hombre que con pasos lentos se acercaba a reclamar su equipaje,


-¡Si! es él, a quien tanto había esperado.  Los años le habían pasado, al igual que en ella su rostros y sus cabellos mostraban las huellas del tiempo. A la distancia adivino la intensidad de su mirar la cual reflejaba la emoción del regreso.  No podía creerlo.  Se colocó sus anteojos para mejorar su visión, y ya no tuvo dudas.


No pudo evitarlo, y abandonando el sitio donde se encontraba se dirigió a la puerta de salida de pasajeros, y una vez allí espero hasta tenerlo cerca, para entonces correr a abrazarlo ante la mirada atónita de los demás viajeros que se aprestaban a entrar en la sala de recepción, y de los cuales ignoró su presencia. Ahora sólo importaba estar juntos y recuperar el tiempo perdido…..la espera había terminado… volvían los días felices…


-..Ring,…ring…ring…ring…

- ¡Oh! …¿sí? , ¿aló? .

- Lucy, son las 8:00 a.m. se te hace tarde y los señores de las mercancías te está esperando, quieren ultimar contigo los detalles del negocio. Ven pronto.




FIN

25 de Diciembre de 2018 a las 01:48 0 Reporte Insertar 0
Fin

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