El Despertar Seguir historia

captainrandom Marta J.

Dos hermanos sueñan con la libertad que se les arrebató desde su nacimiento. Lo que no saben es que el mundo con el que sueñan es más cruel de lo que pensaban y algo despierta en las sombras buscando el momento adecuado para atacar ¿Qué podría salir mal?


Fantasía Medieval Sólo para mayores de 18.

#terror #drama #medieval #258 #371 #385
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El comienzo

Elliot:


Vi un bosque oscuro acompañado de un horizonte en llamas y el sonido de gente gritando y caballos galopando como locos. El humo del fuego, aunque estuviera lejos, lo notaba en mis pulmones ahogándome. El bosque era oscuro y no se veía nada, solo la desesperación de una pequeña figura corriendo entre los inmensos árboles. Un pequeño niño corría solo en medio de la noche huyendo de un hombre que iba a caballo. El pequeño niño se tropezaba y caía inminentemente al suelo doblándose sus débiles y cansadas rodillas. El señor, con ligereza, se bajó del caballo y se dirigió al niño. Su semblante estaba tan lleno de rabia que a la vez denotaba un grado de superioridad. El niño empezó a arrastrarse llamando a alguien que nunca puedo escuchar quién es. Como si cogiera un saco de mierda cogía al niño que aún pedía auxilio aunque en vano.


—Sólo quedas tú y todo habrá acabado — dijo una voz grave e imponente que agarraba del cuello al niño clavando sus dedos en su pequeño y pálido cuello. El niño aferrándose a su vida empezó a moverse pero eso solo lo empeoraba, lágrimas caían de sus ojos ámbar mientras estos se volvían blancos por completo. Su pequeño y frágil cuello color marfil se teñía de un color oscuro mientras el hombre aún seguía apretando sin piedad. Al final él dió su último respiro y cayó al suelo como una marioneta.


Un viento frío y hostil sin reservaciones soplaba en el bosque mientras el mundo se paraba y no se escuchaba nada, solo el latido de mi corazón desvaneciéndose en la nada hasta que no escuchaba nada, solo veía la expresión inquieta del pequeño mirándome fijamente con ojos fríos. Yo siempre como una tercera persona no me podía mover, es como si fuera un pájaro sobrevolando aquellos oscuros bosques sin poder hacer, escuchar ni decir nada. Siempre al final del sueño solo podía ver el cuerpo de ese pequeño niño frágil siendo abandonado en el frío suelo de un solitario bosque.


Me desperté en mi pupitre con un ligero dolor en mi pecho y un dolor de cabeza. Hoy era uno de esos días que tenía ese sueño. Lo tenía de tiempo en tiempo pero siempre era así de intenso, no sé si era de la impotencia o de lo grotesco pero siempre que me despertaba me entraban náuseas. Pero al estar en clase me intenté aguantar y me dispuse a escuchar al maestro otra vez. Desde que tengo uso de razón he tenido el mismo sueño una y otra vez.


Cuando me enfoqué más en la realidad vi un aula repleta de alumnos escuchando a un señor alto y con pelo rubio y largo que portaba unas gafas ya anticuadas. Las ventanas del aula reflejaban unos rayos de luz que paraban justamente en mi cuaderno completamente en blanco.Esta visión sería diferente si fuera real, si este rayo de luz que ahora se encontraba reflejado en mi mano pálida fuera proveniente de la naturaleza y no de la magia. La dura realidad en la que los magos vivimos me dió en todas las narices y mi rostro se entristeció al pensar en ello. Thelia, mi mentora, solía decirme que éramos distintos a los del exterior y que ellos no nos entendían, por eso nos ocultábamos de ellos. Sin embargo nunca he visto a un humano de cerca ¿Serán tan diferentes a nosotros? 


Los desconectados eran personas como nosotros pero sin la habilidad de hacer magia. Estaban desconectados de esa fuente de poder que nos otorga estos dones, de ahí su nombre. Para unos era una bendición y para otros una gran maldición que sufrimos. Yo creo que uno mismo hace que sea una bendición o una maldición dependiendo del uso que le des, es por eso que quiero enseñarles a todos que la magia no es una maldición. Es por eso que quiero enseñarles a todos que esto no es una maldición, sino una habilidad que te ayuda a ayudar a la gente. Los magos no podían salir al exterior excepto en casos de suma urgencia y que fueran de un rango alto. Un aprendiz aunque sea de los mejores de su clase no podría ni soñar en salir ni siquiera asomarse a las puertas de salida. Así que por mucho que insistiera mi madre nunca me dejaría salir, soy un simple aprendiz. Es por eso que quiero subir de rango, no por ser más importante o para faldear de serlo, quería salir al exterior. Solo en sueños uno podía imaginar cómo sería tocar la arena de ese sitio llamado playa y ver ese sol con el que tanto me comparaban. Y ya no es solo eso, no era sólo por la curiosidad aunque fuera una razón muy importante, también quería no sólo ayudar a mis compañeros sino a todo el mundo de allí fuera. Mi madre dice que tengo ese don, el de ayudar y es por eso que lo quiero compartir con todo el mundo, así no nos temerán y esta guerra se acabará.


Noté como el libro de literatura del profesor Eric chocó ligeramente en la cabeza lo cual me devolvió la conciencia de dónde estaba. Al levantar la cabeza de la mesa vi como todos mis compañeros en silencio veían como el profesor me miraba con preocupación. Los ojos se me caían y más hoy después de la noche que tuve.


—Señor Elliot, ¿se encuentra usted mal? Siempre me echa cuenta y contesta a mis preguntas en clase —el profesor infundía miedo por su carácter serio pero conmigo siempre se ha portado bien, incluso cuando me sentía enfermo me daba los apuntes de ese día hechos a manos por él con sus explicaciones. Creo que es porque soy el único que parece estudiar en su clase, aparte de que la archimaga era mi madre adoptiva y ella siempre hablaba muy bien de mí.


—No se preocupe señor, es solo que me quedé toda la noche despierto. Ya sabe usted que desde que empecé a estudiar restauración y curación mis horas libres las paso estudiando los apuntes que me dió la señorita Kia —es una de las cosas por las que puedo estar orgulloso de mí mismo por una vez en mi vida,era el único aprendiz que empezaba a tan temprana edad su especialización. Cuando era pequeño, una vez le dijeron a mi madre que para la edad que tenía mi potencial era inmenso comparando a la media de estudiantes de mi edad. Iba más adelantado que los de mi curso aquel entonces por lo que me ascendieron y soy el más joven de todos. Los demás empezaron a cuchichear los unos con los otros, algunas risas y comentarios se escucharon en el fondo.


—Anda que el pringado estudiando eso, pudiendo ser archimago y ya está.— dijo una voz en el fondo. Era cierto, podría por tener contacto directo con la archimaga pero no era lo que deseaba. Mi deseo era ayudar a los demás, a sacarles de su dolor, contactar con la naturaleza , escucharla y entenderla como si fuera una persona hablando. Desde pequeño me fascinaba ayudar a las personas o a cualquier ser vivo en general, esa era en mi opinión la razón por la que nacemos, para ayudar, aunque luego la vida pueda conducirnos a otro lado del camino. Jamás en mi vida querría dejar mi sueño aunque sabía que me iba a costar.

El profesor pegó un golpe en la mesa haciendo que saltase de mi silla del susto. Su cara estaba muy enfadada y miró fijamente al que hizo el comentario.


—Al menos este chico atiende a las clases y estudia como todos ustedes deberían hacer. Estudiar es después lo que os llevará lejos en la vida, no el sentarse en el fondo de la clase para cuchichear o calentar el asiento. Y en cuanto a usted, Elliot, ya que tiene mi asignatura aprobada de sobra puede tomarse a partir de hoy un descanso en mis horas para descansar —sonó las campanas lo cual significaba que por fin la clase había acabado. Los alumnos cogieron todas sus cosas corriendo mientras me quedé lentamente recogiendo mi mesa desordenada. Veía como todos al pasar por mi pupitre que estaba en primera fila me miraban con indiferencia o asco. No es nada nuevo, así que estoy acostumbrado. El profesor Eric se dirigió hacia mí lentamente con una sonrisa pícara.


—Escuché que el otro día hizo el examen de iniciación, me lo dijo su madre. También me dijo que estaba muy nervioso y que salió mal de allí —El examen de iniciación era un examen que tomaban todos los magos que deseaban subir de rango. Hace tres días intenté hacerlo pero me salió mal, salí de allí avergonzado por el examen que hice, fue un desastre nivel matrícula de honor. Estudié demasiado para que me saliera así, me suele pasar en los exámenes, como los odio...


—Sí, no quiero ni saber mi nota...me avergüenza demasiado como para escucharla.


—Pues que pena Elliot, yo mismo fui el elegido en corregir aquel examen que le salió “fatal”—Al escuchar aquellas palabras me sonrojé y miré a otro lado. El profesor sonriendo me hizo que lo mirase.—Has sido el mejor de la promoción Elliot, un 90 sobre 100, increíble. Ni siquiera en mi primer examen saqué eso —Mis ojos se salieron de las órbitas, estaba atónito ante sus palabras. Creía que las cosas que había escrito estaban mal e improvisadas. Esto solo significaba que, por fin, me pondrían dar el rango de mago y no sería un simple aprendiz... podré al fin estar más cerca de poder salir al exterior y de estudiar lo que me gusta. Que ganas tengo de contárselo a mi madre y a Margarita, estarán muy orgullosas de mí.


—Yo...no sé qué decir, me he quedado de piedra —me reí nerviosamente mientras tocaba mi pelo, era una manía mía cuando me ponía nervioso. Había aprobado, y no solo eso, ¡Con la mejor nota! madre estará tan orgullosa de mí...


—Realmente impresionado, los fallos que ha tenido son tontos y los ha cometido por estar nervioso. Esto no se lo he dicho yo pero en cuestión de días puede que ya le llamen para que dé sus primeras clases como mago en una clase más reducida y estará más concentrados y cómodo que en estas. Si creyera más en usted mismo sería imparable, solo te hace falta eso.


—Esto es...gracias, de verdad, se lo agradezco.


—No me lo agradezcas a mí, Elliot, usted es el que lo ha conseguido, no yo. Después de todo por lo que ha pasado...el cambio fue radical. Tiene potencial señor Elliot, usted tiene un futuro brillante delante de sus narices, no lo deje escapar. La verdad es que me dará pena no darle clase más —De pronto escuché como una voz chillona me llamaba desde la puerta. Era Margarita, mi mejor amiga por no decir una de las únicas que tengo. Sonriente y con su trenza rubia siempre me hacía sonreír. Me despedí del profesor y fui a por Margarita que se encontraba apoyada en la puerta de la clase.


—Hey zanahoria, no veas si has tardado —se lanzó sobre mi abrazándome como siempre hacía después de clases. Siempre estábamos juntos y siempre lo estuvimos, ella también estaba en tutela de mi madre como yo. Por lo tanto nos tratábamos como hermanos, lo éramos de hecho aunque no estuvieramos atados por la sangre. Lo de zanahoria es un apodo que ha estado usando desde siempre, es por el color de mi pelo, muy graciosa ella.


—¿Tus clases no acababan más tarde? ¿Qué haces tan temprano aquí? —me extrañé porque siempre era yo el que llegaba a su clase antes, ya que su clase terminaba unos 10 minutos más tarde que la mía. Su mirada se apartó de la mía y ahí me di cuenta de que algo me estaba ocultando. La conozco demasiado, cada vez que quería ocultar algo, miraba a mi hombro derecho para evitar mi mirada.


—Margarita, dime.


—Me han echado de clase, por eso he venido aquí antes —pone su sonrisa de no haber roto un plato en toda su vida para que no le regañe. Le pegué una pequeña colleja detrás de su trenza para que escarmentara. No era la primera vez, no es que sea una mala niña, es solo que no sabe contenerse nada. Si piensa en un insulto hacia tí lo suelta sin pensar en lo que de verdad está diciendo y ya cuando lo suelta no hay marcha atrás.


—¿Por qué esta vez? ¿Y por cuánto tiempo?


—Insulté a un chico que no paraba de decirme guarrerías en clase, cualquier persona haría lo mismo...


—Claro que sí pero una persona cuerda lo hubiera hecho cuando saliera de clase o algo. Yo lo hubiera hecho así al menos...


—Yo te conozco...te hubieras callado, eres demasiado pacífico.—Prefiero siempre ignorar comentarios groseros hacia mí, yo ya estaba acostumbrado. Que si me inflan la nota por ser hijo de la archimaga, que si soy un pringao por estudiar tanto...entre otras. Pero prefiero hacer caso omiso y no meterme en problemas que es al fin y al cabo lo que quieren cuando te insultan en clase de esa manera.


—Prefiero callarme, pero no te evadas del problema ¿Por cuánto tiempo te han expulsado?


—Indefinidamente...van a hablar con madre sobre eso —se alejó ligeramente de mí y miró a otro lado con tristeza en su mirada. Me acerqué a ella y le acaricié el pelo mientras la abrazaba, sabía que eso la tranquilizaba cuando se ponía así. Yo solo quiero protegerla, es verdad que no se debería callar como yo hago pero debe de hacerlo de otra manera.


—Madre le explicará la situación y ya verás que serán solo unos días nada más. Y si quieres voy a hablar con ella, conozco a la profesora porque es ella la que me da los apuntes de Restauración. No te preocupes por esto ¿Vale? Pero prométeme que a partir de ahora serás más cuidadosa con tus palabras o que por lo menos digas esas cosas en privado y no en clases.


—Estoy cansada de este sitio, no quiero estar aquí encerrada más, estoy harta Elliot, es siempre lo mismo —me callé y me limité a suspirar, ojalá pudiéramos salir pero era imposible para nosotros aún. Aunque este instituto sea casi del tamaño de una ciudad se te hace pequeño con el paso de los años. Margarita me mira y se acerca a mi oreja lentamente. —Ven conmigo, te tengo que contar una cosa pero no aquí donde todos te pueden escuchar. En realidad vine principalmente aquí para contarte esto.—me cogió la mano y me arrastró por todos los pasillos como si fuera un muñeco movido por hilos a merced de mi hermana. Llegamos a su cuarto y al instante en el que entramos cerró la puerta corriendo. Su cuarto estaba desordenado con ropa y libros tirados por todas partes, menos mal que no comparto habitación con ella desde hace un tiempo, me volvería loco. En la cómoda había un recuerdo en un marco de nosotros tres, madre era muy joven y nosotros dos éramos unos niños. Un recuerdo era la reminiscencia canalizada a través de magia, como un retrato. Margarita siempre se metía conmigo por este recuerdo ya que cuando hicieron este recuerdo estaba llorando. Desde ese día Margarita me llamaba ranita llorona, tantos recuerdos con ellas dos…me entra nostalgia de solo verla.


—Llevo mucho tiempo queriendo enseñarte esto, llevo mucho tiempo planeando esto y creo que es la hora de llevarlo a cabo —cogió unos planos y un mapa de nuestra región, Tenesha, el mundo exterior.


—¿Qué es esto? —me llamó la atención uno de los planos que reflejaban la estructura de la salida del instituto que estaba siempre sellada para nosotros. Estos planos están prohibidos y seguro que los ha cogido del cuarto de madre.—¿Qué haces con esto?— Margarita me miró de forma determinada con una sonrisa en su cara.


—Dejemos este lugar Elliot, veamos mundo juntos y salgamos de este cuchitril. No quiero esconderme más del mundo exterior, siempre ha sido nuestro sueño ¿verdad?


—Margarita para por favor, dame esos planos y devolvámosle todo esto a madre en este instante antes de que se de cuenta de que faltan.— me fuí a acercarme a ella y los papeles y me los escondió en su espalda con pose defensiva. Ella siempre ha sido así de impulsiva pero ahora se había pasado. Es información confidencial que no está hecha para nosotros.


—Elliot, escúchame, no arruines esto, ésta va a ser nuestra única oportunidad de ir afuera. He oído que van a sellar la puerta para siempre, ni siquiera los veteranos podrán salir.


—¿Qué? Eso es imposible.


—Es posible, he oído que los Van Dean están buscando este instituto exhaustivamente. Nos van a encerrar como ganado aquí y no me voy a quedar de brazos cruzados mientras nos morimos del asco —Esa familia, son una familia noble conocida en esta región por su rectitud y su fanatismo religioso. Son los más conocidos en esta caza de magos constante desde la guerra en la que esta región estuvo sometida.


—Madre no nos ha dicho nada...ella nos hubiera al menos dicho algo.


—No quiere infundir el pánico en el instituto, por eso salgamos…


—Margarita...no creo que debamos —esto era una locura, no podíamos llevarlo a cabo...


—Si no lo vas a hacer tú me iré yo sola, pero me gustaría que vinieses conmigo. No me quiero despedirme para siempre de tí, te necesito a mi lado —esas palabras hacen que mi pecho duela y se me encoja el corazón. Ella es parte de mí, de lo que soy ahora y me duele que tenga que darme a elegir entre ella o lo que es correcto. Obviamente sabe que al final siempre cogeré el mismo camino…Puse mis manos sobre sus hombros acariciándolos cariñosamente. Era injusto lo que estaba haciéndonos tanto a mí como a madre.


—Escúchame Margarita...no es que no quiera que descubramos el exterior, es mi sueño y lo sabes mas que nadie. Sin embargo, ese mundo está lleno de peligros y más para personas como nosotros, no quiero que hagas esta misión suicida porque te quiero y me preocupo por ti.


—Entiendo, entonces si no vienes iré yo sola —miró a otro lado evitando mi mirada. No me podía estar haciendo esto...no me hagas esto Margarita.—Al menos puedo decir que intenté convencerte. Adiós Elliot...


—Yo...Te dejaré sola para que lo pienses bien, luego te veo. —Salí del cuarto y cerré la puerta de forma silenciosa para no molestarla más. Después de conocer sus planes mi corazón no podía evitar el preocuparse, por su entusiasmo parecía que tenía ganas de irse esta misma noche...no es que ella no sea capaz de valerse por sí sola; sino que cualquier mago o maga está en peligro en estos momentos. Hay rumores de piras públicas donde nos queman, nos hacen sufrir y nos torturan hasta nuestra muerte…


Incluso los más veteranos y habilidosos pueden sucumbir ante tal peligro. Entiendo la postura de mi madre aunque yo desee también salir como Margarita quiere, sin embargo...No sería un buen hermano y amigo si la dejo ir sola. Mi mente estaba dando vueltas en aquel momento,madre decía que lo más importante es la familia y los que te quieren de tu alrededor. ¿Dónde se iría esa creencia si dejo a Margarita sola en ese mundo?


Me dirigí a mi cuarto que se encontraba justo al lado y me eché en mi cama. Era un poco más pequeña que yo, se me sobresalían los pies, ya que esta cama era de cuando era aún un niño pequeño y no lo he querido cambiar desde entonces por los recuerdos que me traía. Aún me acuerdo cuando Margarita se colaba en este cuarto a jugar a las tiendas de campaña en mi cama debajo de las sábanas de mi cama. Quién pudiera vivir otra vez aquellos tiempos en los que nada nos inquietaba tanto como ahora. Cierro mis ojos e intento despejarme de todo lo que me ha pasado hoy. Escuché como tocaban la puerta de mi cuarto y entraban dentro, era mi madre.


—¿Puedo entrar cariño? —una figura alta se encontraba en la puerta mientras sus ojos azules me miraban con dulzura, era madre.


—Sí,sí, entra —me levanté de la cama y me arreglé un poco los pelos alborotados que tenía. Se acercó y me peinó el pelo como cuando era un niño. Siempre me ha tratado así, me da la sensación de que le da pena que crezca y no sea el mismo niño que era. Pero para ella siempre seré su niño o eso decía.


—He venido a felicitarte por tu examen, el profesor me lo ha comunicado. Después de este fin de semana de descanso ya empezarás a ir a las nuevas clases.


—Aún no me lo creo…con el sofocón que tuve después del examen… —se acercó a mí, me besó la frente y sostuvo mi cara entre sus manos cogiéndome los mofletes.— Aii mamá me da coraje que me cojas así, no soy un peluchito.— siempre hacía lo mismo, era un gesto de cariño que siempre tenía.


—Aún así sigues siendo mi niño, iba a estar orgullosa de ti incluso si hubieras suspendido pero no lo has hecho y ahora soy la madre más orgullosa del mundo.— me abrazó y nos mantuvimos así un rato mientras olía su fragancia de lavanda tan característica. Aún me acuerdo cuando de pequeño me dormía en su pecho tranquilamente a salvo con ese olor a lavanda que me llevaba al mundo de los sueños, eran tiempos donde todo era más sencillo y bonito que lo era ahora. Se separó de mí con una sonrisa lentamente. —¿Te has enterado de lo de tu hermana?


—Sí, me lo ha contado…


—Sé que tu hermana no tiene la culpa, algo le ha tenido que decir ese chico para que le contestara así. Pero debe de controlarse más con sus palabras…


—No te preocupes mamá, yo iré a hablar con la profesora. No hace falta que vayas tú, demasiado trabajo tienes ya de por sí.—el trabajo de mi madre era muy cansado, el más cansado de este instituto. Es como si fuera una gobernadora de todo este inmenso lugar.


—Mi niño…¿Sabéis que os quiero más que a nadie en este mundo verdad? Estoy muy muy orgullosa de ustedes dos, espero que sigáis cuidando el uno al otro como hermanos que sois, aunque no seáis de sangre.— Madre siempre ha querido que estemos juntos apoyándonos el uno al otro. Ahora mi hermana quiere irse de casa a un sitio peligroso...es mi deber ayudarla y seguirla para devolverla a casa sana y salva.


—Yo...siempre la protegeré madre…


—¿Estás bien? Estás un poco desanimado, pensaba que con las notas estarías eufórico.— Y lo estaba hasta que mi hermana me ha querido meter en este plan descabellado...no se lo podía decir a madre. No en aquel momento.


—Si, estoy bien solo un poco cansado del día.


—Entonces descansa Elliot.— Se alejó y desde la puerta me vió como me eché en la cama.— Te quiero, que descanses bien.


—Yo también te quiero mamá.— Y con eso me quedé solo otra vez en mi cuarto con mis pensamientos. Cerré los ojos y lo ví todo claro, tenía que ir con ella, tenía que ir y protegerla, como ella haría conmigo. Lo siento mamá, tengo que hacerlo. Me levanté de la cama y recogí las cosas y las metí en una mochila. También escribí una carta y la dejé encima de la cama que decía así:


Querida mamá,

Cuándo leas esto lo más normal es que esté muy lejos de donde estás. Mi hermana y yo hemos salido al exterior, no podía dejarla sola en este mundo. No te preocupes por nosotros, volveremos sanos y salvos, solo queremos ver cómo se vive ahí afuera de estas paredes. La cuidaré y cuando volvamos nos puedes castigar de la manera que quieras. Siento que debamos de irnos de esta manera...

Te queremos mucho los dos, nos vemos

Te quiere,

Tu hijo Elliot.


Margarita:


Estaba recogiendo todo lo que había en mi cuarto que fuera necesario para ya irme esta noche. No quería pasar aquí ni un minuto más desperdiciando mi vida, lo siento por mamá, ella sabe que la quiero pero no quiero vivir encerrada por más tiempo. Cuando veo el recuerdo de mi cómoda me aguanto las lágrimas y meto la foto en mi maleta. Si Elliot no quería venir conmigo en físico por lo menos puedo tener un recuerdo de él. De repente escucho como tocaban la puerta enérgicamente.


Era Elliot, pero sorprendentemente llevaba una mochila en sus espaldas y cerró la puerta de golpe. ¿Qué hacía con eso colgado?


—¿Elliot? No irás a…


—Si, voy a ir contigo Margarita, no te puedo dejar sola. Eres demasiado importante para mí como para perderte.— lágrimas empezaron a salir de mis ojos y abracé a Elliot fuertemente. Me alegro de que venga conmigo, podremos vivir así la vida que nos merecemos.


—Pero una condición, solo vamos a estar unos días, ya está. No podemos hacer que mamá se preocupe por nosotros.


—¡Lo que quieras señor zanahoria!


—¿Quieres dejar de decir eso?— se sonrojó cuando escuchó ese comentario, me encanta picarlo, sé qué le da coraje que le diga esas cosas.


—¡Eres demasiado mono como para resistirse!


—No soy mono…


Empecé a coger los planos y a estudiarlos con Elliot a mi lado. Era simple, en la noche no había nadie vigilando esas puertas porque están todos durmiendo. En la puerta sellada haría el hechizo que vi en el libro que cogí “prestado” de la parte prohibida de la librería de mi madre. Después para volver se hace lo mismo y como si no hubiera pasado nada, el plan era perfecto.


—¿Entonces lo has captado Elliot?


—Si, espero que no nos pillen, entonces es ya cuando no tendríamos la oportunidad de verdad de salir…nunca


—No nos pillaran, ya es hora Elliot, se está haciendo de noche.— Salimos de mi cuarto y me quedé mirándolo desde la lejanía de mi puerta pensando en los buenos momentos vividos en este lugar. Me daba pena irme pero sabía que mi mundo estaba ahí fuera no aquí encerrada en esta jaula de oro. Empezamos a colarnos por los pasillos oscuros del instituto que estaba sin vigilar como yo planeé. Hoy era el día de descanso para los vigías así que era ahora o nunca, sin mirar atrás, sin remordimientos ni dudas. Era nuestro momento.


En la sala principal había unas grandes escaleras en caracol que llevaban a las habitaciones y aulas donde anteriormente pasamos. En medio de la sala había una figura también examinando la puerta ¿No estaban todos durmiendo? ¿Por qué habría alguien aquí? Helados nos quedamos en el sitio y la figura al darse cuenta se dió la vuelta, lo conocía. Era el mismo tío que me insultó en medio de clase y el que me hizo que me echaran de ella. Sus ojos verdes pequeños y desafiantes nos miraba mientras sonreía al ver nuestras mochilas. Ese bastardo...era el chico más burro y prepotente de todo el instituto que ya era decir.


—Bueno, bueno ¿A quiénes tenemos aquí hoy? ¿Quién lo diría? La rata de biblioteca y la loca amargada de su hermana.


—No llames así a mi hermano, zopenco. Si no quieres que te rompa el hocico de burro que tienes.


—Margarita déjalo, no lo provoques más…— odiaba cuando mi hermano tomaba el papel de diplomático, incluso después de ser insultado quería mantener la paz aunque le pisotearan. Siempre era lo mismo, de pequeño dejaban que le insultaran hasta que llegase yo y los echase a patadas. Siempre quería la paz aunque a veces eso era imposible de conseguir.


—¿El hijo de la archimaga, su ojito derecho escapándose de aquí? No puede ser eh, muy mal niño eres.— chasqueó su lengua mientras se acercaba a nosotros lentamente de forma burlona. —Que pena que te bajaran de puesto si me chivara y te pillasen en el acto, ¿No?


—¿Es eso una amenaza?— le preguntó Elliot mirándole a los ojos sin apartar su mirada de ellos. Su ojo amarillo y su otro ojo azul siempre me han fascinado sin límites, eran mágicos.— Si tan listo eres para eso también te podría reportar por estar aquí fuera en horas prohibidas.


—¿Qué quieres de nosotros?— le pregunté cómo distracción para que dejase a mi hermano en paz.


— Vi todo lo que planeabas y quise haceros una visita ¿Sabes? ¿Has considerado la propuesta que te dije en clase? Incluso después de haberme insultado tu preciosa cara me pone... loco.— sacó su lengua mientras se relamía los dientes asquerosos que tenía. Me estaba mirando de arriba a abajo, ese cerdo...


—¿Que te dijo en clase Margarita?


—No tienes que escucharlo.


—Si, lo tiene que hacer. Tu hermana es un bellezón y se lo hice saber en clase. Tú tienes mal gusto claro y por eso no ves lo resultona que es. No es mi culpa que se tomase a malas la invitación a mi cuarto...— El asqueroso se pasó en clase y no le di una patada porque entonces me lo hubiera cargado.  ¿¡Acaso se creía que era su juguete sexual!? Se topó con la persona equivocada a la que hacerle eso…


—¡Calla! —grité con odio


—Eres un asqueroso puerco, no te acerques a mi hermana nunca jamás o te juro que no me contendré más.


—Dimelo a la cara nenaza, no tienes lo que hay que tener para enfrentarte a mí.— Elliot se quedó quieto mientras el otro también se acercaba a él de forma agresiva. Me metí en medio y le cogí del cuello de su camisa


—¡Él no pero yo sí!— le pegué un puñetazo en la cara que lo dejó tirado en el suelo soñando con los jodidos angelitos. —Mis ovarios y yo te deseamos buenas noches, paleto.— le pegué una patada en la mandíbula dejándolo ya completamente inconsciente en el suelo, era lo que tenía que hacer antes de dejar este lugar para sentirme tranquila. Elliot me mira sorprendido y se acerca junto a mí corriendo hacia la puerta gigantesca del fondo. Como vi en los planos había que tocar unos mecanismos determinados en el orden que aparecía escrito. Empecé a toquetear la puerta y de la nada escuché a un montón de gente que corría hacia aquí ¿Nos habrán escuchado?


—¡Joder Margarita, han escuchado los gritos! ¡Si de verdad quieres irte corre y pon eso en funcionamiento!


—¡Lo intento! ¡Sólo déjame un poco más!— los vigilantes de dirigían a nosotros corriendo junto a una persona que no esperaría nunca, nuestra madre. Mis manos sudaban e intentaba poner todo en su lugar pero los nervios no me dejaban. Me he esforzado tanto, todo este tiempo investigando, no iba a ser en vano, lo íbamos a conseguir.


—¡Margarita, Elliot! ¡No lo hagáis! ¡Parad y hablemos!— Mamá gritaba desesperadamente mientras bajaba las escaleras junto a los vigilantes. Ya casi lo tenía, solo un poco más...un poco más.—¡No lo entendéis! ¡Elliot no puede salir de ningún modo! ¡Margarita por favor!


En ese momento la puerta se abrió de par en par, no dude ni un segundo y cogí a Elliot de la mano y sobrepasamos la barrera. Lo único que veía entre el fondo blanco era la cara de Elliot con sus ojos cerrados pero con una expresión de dolor. Lo siento mamá, estamos hartos de estar encerrados aquí, es nuestra hora de disfrutar de una buena vida. 


Este iba a ser nuestro día decisivo, el día en el que veríamos cómo era vivir ahí fuera sin las restricciones del instituto. Esto es lo que de verdad significaba ser libre no lo que ustedes decíais. Con los ojos cerrados noté algo que producía un cosquilleo agradable en mi espalda y me vino un olor que no conocíamos, era como fresco y de la naturaleza. Abrí mis ojos y lo primero que observé es un cielo oscuro que estaba ornamentado por pequeñas perlas blancas por todas partes a excepción de una perla gigante en medio de todo. ¿Era esto lo que ellos llamaban cielo?


—¿Y si nos persiguen, Margarita?


—No lo harán, al cerrarlo de manera forzosa y sin hacerle a la puerta ningún tipo de hechizo se quedará bloqueado por unos días. Luego se abrirá otra vez y no hay problema—dije orgullosa de mi investigación.


El único sonido que escuchábamos era el del viento que movía las hojas de los árboles y algunos animales. Me levanté lentamente para contemplarlo todo mejor, al levantarme vi que estábamos muy elevados y que abajo había unas casas pequeñas de la que en sus tejados salía un humo agradable de una estructura pequeña y alargada. ¿Un pueblo?


Elliot se levantó y se puso a mi lado, giré mi cabeza para ver su cara y era una mezcla de confusión y emoción, estaba como abrumado al igual que yo lo estaba.


—Elliot, esto es lo más bonito que hemos visto, ¿Verdad? —lágrimas de emoción recorren mis mejillas mientras miro el horizonte de delante nuestra.


—¿Luces y música?— Elliot sorprendido señala una parte del pueblo en la que se puede ver mucha luz y la melodía de una guitarra acompañada de gritos. Puedo escuchar voces de niños correteando y los pies de la gente bailando. El ambiente era cálido y sus luces también lo eran, estábamos a escasos metros del pueblo y el olor a pan recién horneado inundaba nuestros sentidos.


—¡Quiero ir hermano!


—Yo también tengo ganas...pero, tú no eres mucho de pasar desapercibida. Tienes que tener en cuenta que no estamos en un sitio seguro para los magos.— dijo Elliot con cara de preocupación, se preocupaba mucho. Todo iba a salir bien, además sé comportarme de forma reservada cuando quiero.


—No soy una niña pequeña, ¿Sabes?


—¿Ah,no?— Elliot se empezó a reír de forma nerviosa mientras me acercaba más hacia él, poniéndome hombro con hombro con él. Aunque él fuera muy diferente a mí, lo quería con toda mi alma y no dejaría que le pasara nada al igual que sé que él también piensa lo mismo de mí. Yo era ligeramente mayor que él y me sentía como una protectora, aunque le haya metido en estos líos. Los dos mirábamos el cielo oscuro lleno de estrellas que nos daban la bienvenida a este maravilloso mundo. Nos miramos por un instante y me sonrió de forma tierna. 


—Te quiero hermanita, que no se te olvide eso. Que si tú te metes en líos...yo también formó parte de ellos así que estamos juntos en esto.


—Gracias, significa mucho para mí que digas eso, y más siendo tú el alumno ejemplar de siempre. A veces quiero ser como tú...no decepcionando a madre…


—Nunca ha estado decepcionada contigo Margarita, ella nos quiere mucho por igual. No seas como yo, simplemente sé tú misma solo que más prudente, ¿Vale diablilla?—


Con mi mirada fija en ese pueblito tan cálido y acogedor sonreí y miré a Elliot de forma traviesa. Tenía ganas de hacer cosas como en los viejos tiempos, cuando todo no importaba.


—¿Una carrera?


—¿Qué? ¿Qué dices loca?


—¡Quién llegue el último es una ranita llorona!


—¡Oye!


Me encantaba cuando volvíamos a ser niños otra vez.


Thelia:


Llegué tarde, la puerta ya se había cerrado por completo, no pude pararlos. Noté como mi corazón se iba a hundir, mis hijos…Elliot. Margarita sabía perfectamente que hoy no estaban vigilando las puertas, no fue hasta que escucharon los gritos y me avisaron. Sin embargo cuando llegamos ya estaban terminando de abrir la puerta y no pudimos llegar. Los vigías estaban examinando la puerta intentando abrirla.


—Thelia, la han abierto forzosamente sin seguridad, así que se ha bloqueado la puerta a sí misma.


—¿Cuando la podréis desbloquear?— intenté mantener la compostura, al fin y al cabo era la archimaga y debía siempre de estar serena y tranquila, pero eran mis hijos los que estaban allí fuera, no me podía calmar.


—En unos días, mi señora...puede que tres días como muy poco…


—Ya veo...— ví como mi corazón se hundía aún más en la miseria, si hubiera corrido un poco más, solo un poco más a lo mejor...pero no valía la pena el pensar en eso, pasó lo que sabía que pasaría algún día como dijo la profecía. Pero no iba a dejar que ocurriera eso, mi hijo, mi hija...deben estar a salvo a toda costa. 


—Empezad entonces a desbloquearlo, Elliot no puede estar ni un segundo más ahí fuera.


—Entendido señora, nos estamos poniendo a ello de inmediato.


No dejaré que te lo lleves, antes te llevarás mi cadáver. No dejaré que le hagas daño ni que entres en su mente para corromperla. Alessa, protégelo ahora que no puedo yo.

18 de Diciembre de 2018 a las 12:26 1 Reporte Insertar 2
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Vic Del Castillo Vic Del Castillo
Madre mía. Se me estaba sobrecogiendo el corazón al final... Me gusta ♥.
1 de Febrero de 2019 a las 07:22
~

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