Los Simuladores Seguir historia

adrian-ruiz1544831948 Adrian Ruiz

Basada en la serie televisiva Argentina "Los Simuladores" Los Simuladores son un grupo de personas que utilizan métodos sofisticados de simulacro, o engaños, para resolver los problemas de la gente común.


Drama Todo público.

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Los rockeros

 

El ruido invadía el piso del señor Roberto Avalos, era impresionantemente horrible. El, un hombre nacido un pequeño pueblo de Bolivia, había emigrado a Buenos Aires en busca de las oportunidades del gran país. Pero solo encontró a la barbarie de la internacionalización, invadiendo a la antaño soberana cultura Argentina.

Debajo de su piso, un grupo de jóvenes, que seducidos por la cultura norteamericana, jugaban con sus instrumentos haciendo algo llamado “evil metal”. Con sus voces grutales, y el ruido que propagaban, era imposible dormir tranquilo pues siempre empezaban a tocar después de la una de la madrugada.

Él ya les había hablado varias veces, pero lo ignoraban. Nadie se molestaba en callar a esos brutos. El, padre de familia, pues estaba casado y con un hijo pequeño, solo podía acostumbrarse al ruido, pero su hijo no.

El pequeño Avalos lloraba y lloraba, él lo levanto y le dijo:

— Una noche más, caballero. Una noche más.





Ya estábamos todos cansados, luego haber ensayado con mis compañeros. La habitación olía a humo y sudor. Mi novia dormía junto a mi desnudo pecho. Yo no podía dormir, tenía mucha sed, pero no quería levantarme del cómodo piso.

Cuando apenas cerré los ojos, escuche un ruido seco. No alcance a abrir los ojos cuando un guante me cerró la boca. El que estaba ahí era un hombre vestido de negro, rubio, me miraba y se levo el dedo índice en la boca indicándome silencio. Mi novia abrió los ojos, y también le cerró la boca con el guante negro.

— Tranquilos, no va a pasar nada.

Mire hacia mis amigos, y eran apuntados por una pistola plateada por otro hombre vestido de negro, al igual que sus anteojos. Quédense quietos, o algo así escuche. Luego entro por la ventana otro hombre.



No pusieron a todos juntos en el sillón y el rubio empezó a hablar:

— El señor es José Bolsiscky —señalando al hombre de anteojos negros— yo soy Juan Carlos Cabral. Y no podemos decirles para quien trabajamos.

— Matías Miriam, colaborador con INTERPOL —hablo el que había entrado por la ventana, calvo.

— Yo no les voy a mentir —les dije— fumamos marihuana de vez en cuando, pero uno de vez en cuando.

— Si, aparte no vendemos ni nada —agrego mi amigo.

— Eso ya lo sabemos y no nos interesa —dijo severamente el hombre rubio

— Los estuvimos investigando —hablaba el hombre con anteojos, mientras nos daba fotografías en la que estábamos nosotros— pensamos que tenían algo que ver pero nos dimos cuenta de que no es así.

— ¿algo que ver con qué?

— ¿Conocen a este hombre? —y nos entregó una foto de un obrero, pronto lo reconocí.

— Si, —dije— es el boliviano que vive acá arriba— ¿Qué pasa?

— Hace tres años y medio que lo estamos buscando —aclaro el pelado.

— Su verdadero nombre es Osvaldo Ferraquín. —hablo el de anteojos, y nos dio varios fotos del albañil, algunas vestido con diferentes trajes— Alias Eduardo Prima, alias el Doctor Muerte, alias Jorge Trinidad, alias el Samurái, alias… Roberto Avalos.

— Está relacionado a la red de Escobar en el tráfico de armas y estupefacientes. — hablo el hombre rubio.

— Están equivocados, es un obrero de la construcción. —les dije.

— Ferraquín estuvo en la guerrilla. —hablo el de anteojos, ignorandome, mostrándonos fotos de él boliviano vestido con una camisa de fajina verde y una boina negra, dándoles ordenes a otros hombres armados— Es experto en el manejo de armas de fuego y de cuchillo.

— En el año noventa y uno, un agente del FBI intento capturarlo mientras estaba en un hotel en Panamá. —dijo el rubio, dándonos un diario— Todavía no pudieron encontrar su cabeza —tal como decía el diario "Asesinan a un agente en Panama. aun no encuentran su cabeza".

— Se lo creía muerto en un enfrentamiento con la policía de Colombia, —decía el hombre pelado— pero hace dos meses nos llegó un memorándum diciendo que se encontraba en la Argentina, trabajando como obrero bajo el nombre de Roberto Avalos.

— ¿lo van a matar? —pregunto mi novia.

— No, nosotros solos no podríamos. Necesitaríamos de más hombres, Ferrequín es un hombre realmente peligroso. Aparte lo necesitamos más vivo que muerto, Ferraquín es el pasaporte para otros nombres. En algún momento podría volver a actuar, y queremos estar atentos cuando esto suceda.

— Lo que querríamos hacer, con su autorización, es colocar unos micrófonos ocultos, en el techo de ustedes, en el piso de él.

Alguien golpeo la puerta, y en un segundo los policías sacaron sus armas apuntando a la puerta, nosotros estábamos más que asustados. El pelado se acercó a la puerta, contaron hasta tres y la abrió. El que entro era otro hombre vestido de negro, con una prominente nariz y abundante pelo.

— Buen día, las cámaras ya están puestas.

— ¿La infrarroja también? —pregunto el pelado.

— La infrarroja también —repuso.

En pocos minutos el hombre agujereo nuestro techo, mientras trataba de poner un pequeño aparato.

— Hagan de cuenta que este encuentro nunca existió, vivan su vida normalmente. No tengan miedo de Ferraquín, mientras el desconozca que ustedes saben su verdadera identidad no les va a hace nada, eso alteraría sus planes.

— Y otra cosa. —Decía el hombre narizón— Estos micrófonos son muy sensibles, así que no hagan demasiado ruido. Pueden caminar, mirar televisión, hablar. Pero nada de gritos, ni música alta. Eso alteraría nuestro trabajo ¿Esta claro?

Todos dijimos que si al unísono.







Al día siguiente el señor Avalos no vio a los jóvenes en todo el día. Pero a la noche se volvió a escuchar ruido, pero esta vez fue el de un timbre.

El timbre sonó en el piso del señor Avalos. Se levantó de su mesa y fue hacia la puerta a abrirla. Eran tres jóvenes desalineados.

— Buenas noches, jefe ¿Cómo le va? —dijo el más relleno de los tres.

— Buenas noches —respondió el educado señor Avalos.

— Lo molestamos porque hoy es jueves, y la madre de él —decía otro joven— siempre nos trae alguna cosita…

— Queríamos ofrecerle un poco de strudel de manzana— le dijo el más relleno.

— Tiene pasas de uva, nuez manzana y un poco de hojaldre. Lo pude tomar frio, o caliente. O si quiere le pone crema arriba ¿Tiene crema?

— Si no tiene le subimos.

El señor avalos acepto el buen gesto de los jóvenes, aún seguía impresionado por la actitud que tenían ahora sus vecinos. Ahora, solo debía pagarles al grupo por el operativo de simulacro que habían realizado.

Eran expertos. No se equivoco al contratarlos.

17 de Diciembre de 2018 a las 19:25 0 Reporte Insertar 0
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