Los Bravos del 25 Seguir historia

adrian-ruiz1544831948 Adrian Ruiz

Relato ficticio sobre el Regimiento de Infanteria 25, en su gesta de Malvinas Al mando del Comandante Seineldin, heroe de la patria, fue uno de los regimiento con mas bajas y mas condecorados de la guerra Entre ellos se destacaron militares como el Teniente Roberto Estévez, y el Cabo Oscar Ledesma, entre otros.


Acción Todo público.

#guerra #argentina #Malvinas #Regimineto
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Pradera de Ganso

“Mira mama, yo estoy bien, pero no me esperes, porque antes de que muera un soldado mío voy a morir yo primero”

                                                                                    Tne. Roberto N. Estévez

 

                02:00

El silencio reinaba en este lugar vacío, momentáneamente era interrumpido por órdenes de oficiales, todo se hacía rápido y en silencio. Los puntos blancos del cielo nos observaban, serian testigos inmortales de lo que pasaría en ese pequeño monte.

La Isla siembre fue un lugar tranquilo, un lugar vacío. No había vida más que el puerto. Rocoso, áspero, frio similar a nuestra Patagonia. Así era la isla, nuestra isla. Nuestro pedazo de tierra robado, y que ahora luchamos por recuperarlo. Luego de mucho tiempo, nuestro espíritu guerrero renacía en todos nosotros. Ya nos habíamos enfrentado a ellos en tres ocasiones, y lo haríamos una vez más, solo que ahora nosotros habíamos empezado

Se me ordeno hacer guardia en un pozo de zorro, junto a mi compañero que era operador de la ametralladora MAG, yo era su auxiliar. El pozo era un lugar extrañamente tranquilo, con dos metros de lago, y uno de alto era un refugio ideal para evitar ser alcanzado por metralla o por las balas, en el teníamos dos cagas de munición pesada, un mate. Usábamos nuestras mochilas como almohadas, el suelo duro te aplastaba la espalda con solo tocarlo. El nuestro era cavado en la tierra, y cubierto con chapa y turba. También había posiciones cavadas en la roca, y pequeñas fortificaciones construida con bloques de piedra. Solo con madera y trozos de zinc bastaba para hacer una posición, una pequeña muestra de viveza criolla, como cuando antaño frenamos el bloqueo anglo francés con una cadena y una pequeña batería.

Veíamos y veíamos pero no se veía nada, la oscuridad era abismal, no había nada pero sabíamos que estaban. Lo sabíamos. No teníamos miedo, no podíamos tenerlo. Pasamos incontables días preparándonos, horas y horas en los campos de tiro, inspeccionándonos, aprendiendo para la guerra, y la guerra llego. Todos sabíamos lo que había que hacer, y lo haríamos bien.

La compañía C estaba más que preparada que le resto, nuestro teniente nos había preparado, él nos inspiraba. Todos éramos argentinos bien nacidos, militares. Hermanos. Nos protegeríamos unos a otros. Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro, era lo que se decía entonces, yo no les fallare y ellos no me fallarían.

Nos trasportaron a Pradera de Ganso por helicópteros. Sin resistencia desplegamos nuestros equipos, cavamos trincheras, tiendas, reforzaríamos a las unidades estacionadas allí con el único fin de que no lleguen a Puerto Argentino. Varios kilómetros de tiendas, trincheras y refugios seria el obstáculo. Tendrían que pasar por el cuerpo de todos para llegar allí, lo sabíamos, y ellos también. Cada uno defendería el istmo con su vida. Y ahí estaba yo, que junto a mis camaradas defendemos la soberanía nacional en suelo malvinense. Los cañones, listos, apuntaban al norte. No pasarían.

 Cuando llegamos, mi Teniente, Estévez, nos hiso formar frente a el a toda su compañía. Y mirándonos a los ojos pronuncio:

 —Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final, y tratar de recomponer esta difícil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen— palabras que nos emocionó a todos.

Ya peleamos en la Operación Rosario y San Carlos, y ahora yo vigilaba a la oscuridad desde mi trinchera. Solo se escuchaban órdenes, y el sonido característico de los metales al chocarse. Era este el momento más importante de mi vida, siempre soñé esto, lo espere y lo anhelaba, no me haría para atrás. Por mis camaradas muertos y por mi adolecida patria. Ahí estaba yo, un hombre esperando el avance de los gringos. Yo, que junto a mis hermanos de armas defenderíamos el archipiélago cueste lo que nos cueste y caiga quien caiga.

 

02:30

 

En un segundo la noche se desvaneció, mis pupilas cambiaron de forma al ver una luz que radiaba en el cielo malvinense. Atacaban. Tan pronto como sucedió, toda la compañía tomo posición, preparada para el combate. Con mi compañero nos miramos, sabiendo lo que vendría. Agarre las balas que salían de la MAG para que no se trabe. En esos minutos pude comprender el verdadero significado de las palabras de nuestro prócer libertador “Serás lo que debas ser, o no serás nada”. Luego el disparo de prueba de la MAG me hizo sentir inmortal.

Trono una explosión cerca de mi pozo, la tierra tembló, pensaba que se caería la trinchera sobre nosotros. Mi compañero empezó a disparar a discreción. Ya no había silencio ni tranquilidad, reinaba el caos. Se escuchaban los gritos de guerra de mis camaradas, ¡Viva la Patria¡ pero algunas fueron calladas por otra explosión.

 Una voz se escuchó entre los gritos

—¡Seguirme! —era la voz de mi teniente. Que dirigía a unos hombres hacia la batalla

 Explosiones, disparos y gritos, la euforia se apoderaba de todos. Las explosiones aumentaban, y nuestra artillería respondía, que a pesar de ser más antigua que la suya, caían sobre sus posiciones. Los morteros levantaban la tierra hasta los cielos, y el Melara partía el suelo malvinense en dos. El ruido era ensordecedor.

Vi a lo lejos dos hombres, boinas rojas, que corrían hacia nuestra posición, estaban bastante lejos pero no se detenían. Uno de ellos se arrodillo y disparo contra nuestra trinchera. Mi compañero lo vio y le apunto. Luego de una pequeña ráfaga, su compañero lo arrastraba por el piso hacia la retaguardia. Pero en un segundo, un Citer L33 los desapareció.

 La munición se estaba acabando, mientras yo traía otra caja mi compañero retiraba los cartuchos que quedaban. Mientras colocábamos la munición en la MAG unas ráfagas amarillas entraron en el pozo, seguido por un grito de dolor, mi compañero había sido alcanzado por una bala en su hombro izquierdo, sangraba. Me tome un minuto para vendarlo. Con el hombro sangrando, aun así cumplió con su deber de operar la ametralladora, no se rendiría. Cerramos la cámara de la MAG y volvimos a disparar contra el ejército invasor.

Estuvimos así por incontable tiempo hasta que la ametralladora se trabo, no se si habrá sido culpa mía, o de la rapidez que disparaba mi compañero contra el enemigo. Como  auxiliar de la ametralladora, tenía que buscar las herramientas para reparar el arma, pero no estaban en el pozo, tenía que salir

Apenas puse un pie fuera del pozo, un disparo de mortero cayó a un lado mío. Ahí el pozo no me protegió, y caí de nuevo en él. Mis ojos pudieron ver a un hombre con dos disparos en el cuerpo, dando órdenes a la compañía mientras hablaba por radio dando información sobre el enemigo. También pude ver cuando una bala le hizo tirar hacia atrás, el hombre había caído. En ese momento supe que mi teniente,  Roberto Néstor Estévez, se quedaría en Malvinas. 

 

                                              

 

 

 

 

“Querido papá: Cuando recibas esta carta, yo estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en el cumplimiento de mi misión. Pero, ¡fíjate vos qué misión! ¿No es cierto? Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía? Dios, que es un Padre generoso, ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria. Lo único que a todos quiero pedirles es: que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. Que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza. Y, muy importante, que recen por mí. Papá, hay cosas que en un día cualquiera no se dicen entre hombres, pero que hoy debo decírtelas: gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tener tu apellido, gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy, y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar. Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo. Dios y Patria o Muerte. Roberto”

Carta del Tne. Roberto N. Estévez

15 de Diciembre de 2018 a las 16:44 0 Reporte Insertar 1
Fin

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