Feliz Navidad Seguir historia

michaelmedina Michael Medina

Un cuento navideño, pero no como todos se lo imaginan...


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#navidad
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Feliz Navidad

Mi compañía y yo, hemos visto que faltan pocos minutos para que sea noche buena. Fuera, las bombetas y el olor a pólvora son muy recurrentes. Todo aquello se está volviendo una vez más, la mejor navidad de mi vida. De nuestra vida, mejor dicho.

―¿No es cierto, cariño?

Disculpen si no responde, es que no quiero alertar a los vecinos.

La navidad es dulce y siempre, una semana antes, decoro mi casa con todos los detalles y colores navideños. Ver mi pequeña casa colorida me entusiasma y me hace sentir aquel espíritu que todos aquellos sienten mientras están con sus familias. No soy tan afortunado como aquellos, ya que nadie me visita, lo hago más que todo para no ser aquel hombre raro que no decora su casa en navidad. A demás, creo que sospecharían de mí.

―¿No crees que es algo extraño que la gente no decore su casa? ―pregunté―. He oído comentarios por las calles que las personas que no decoran su casa, son aquellas que no creen en la navidad ¿Será que la navidad es algo tonto y sin sentido? No lo creo.

Otra explosión de pólvora se pudo oír en la calle. A veces, me asusto con la simple detonación de una espanta suegras. Soy asustadizo, pero cuando estoy desprevenido. Si no lo estoy, creo que soy yo quien comienza a asustar.

¡Oh, genial, ya viene la cuenta regresiva! ¡Faltan pocos minutos para que sea navidad! Ya siento en mi estómago un leve cosquilleo.

―¿Dijiste algo? ―rayos, no puede contestar.

Disculpa nuevamente. No te he presentado a mi acompañante. Habla mucho, incluso hasta grita. Es por eso que temo quitarle la cinta que tiene en la boca. No quiero que los vecinos se asusten. Es navidad y espantar a los vecinos es lo último que quiero hacer.

―Espera, te la quitaré un poco. Sé que estar atada a esa silla es incómodo, pero tú te lo buscaste ―Con cuidado, procedo a quitarle la cinta.

―Déjame ir por favor…

―No amor, no puedo dejarte ir. La navidad comienza y nuestra noche acaba de comenzar.

―Por favor… ―rogó.

La cuenta regresiva aún no da inicio, pero ya faltaba poco para disfrutar de las detonaciones provocadas por los fuegos artificiales; me entusiasma.

Llevo junto a mi chica varias semanas y aún sigo pensando si realmente hace falta una boda improvisada o no. Nunca me he casado y he considerado hacerlo con ella. Bueno, lo he pensado con todas aquellas mujeres, pero al final, termino soltero. No es una mala mujer, solo que sus actos pasados me han destrozado el corazón. Me ha hecho llorar casi todas las noches ¡Pregúntaselo a mi almohada!

Ese suele ser mi problema: el rencor. He intentado olvidar sus ofensas, sus malos tratos cuando intenté acercarme a ella, pero no puedo. Mi corazón y mi conciencia quieren estar junto a ella, pero no pueden perdonar. A la edad de 25 años, es una mujer madura y con bastantes agallas. Tan valiente que una vez me dejó en mal delante de su familia. No estoy viejo como ella dice. Tener 50 años es solo la mitad de la vida. Y ella no lo cree así.

Pero bueno, no volvamos al pasado, ya que he intentado olvidarlo. Mejor me concentro en las ganas que tengo de tocar sus cabellos claros, acariciar su suave piel de algodón y besar sus labios rosas, mientras observamos, acá en el patio de la casa, aquellos fuegos artificiales que pronto iluminarán el cielo.

―No puedo dejarte ir, no lo permitiré. Estaremos hasta que la muerte nos separe ―susurré

Noté en sus ojos un destello bastante triste.

―No, no llores. Estás arruinado tu belleza ―le dije.

―Me matarás ―dijo en voz muy baja, sollozando―. Lo harás igual a como lo has hecho con todas aquellas mujeres.

La miré a los ojos y me le acerqué un poco más.

―No creo que hoy mueras o, mejor dicho, no creo que a partir de hoy sigas viviendo.

―Santo cielo… ―cayó en llanto.

―Tú no obedeces. Todas esas mujeres que has visto, la única que ha tardado semanas conmigo has sido tú. No sabes amar, mujer de frio corazón. No sabes lo que es dar cariño. Tú no sabes nada. Tu belleza engaña, pero tu corazón ha roto muchos mundos. Mi mundo. Eres, tú, la mujer que no tiene corazón. Eres tú, la desgracia de todas las mujeres.

Oigo como la gente comienza a gritar y a estallar los fuegos artificiales ¡Es navidad!

La chica, mi chica, comenzó a llorar con más fuerza y a retorcerse en aquella silla, en la cual, yo había sujetado. Uno de sus gritos casi me deja sordo, pero uno de esos gritos, nadie más pudo oírlos.

Esta es la parte de la navidad que más me encanta: los fuegos artificiales. Por más que quieras gritar y que los demás te escuchen, no lo lograrás.

Acerqué mi mano derecha y le acaricié la mejilla. Con la otra mano, sostenía la navaja.

―Feliz navidad, dulce princesa ―mi mano izquierda comenzó a presionar, lentamente sobre su pecho. En mis ojos, se podía reflejar aquél cielo lleno de color.

Y fue así como poco a poco, mi no esposa, fue entrecerrando sus ojos, perdiéndose aquel espectáculo que afuera, todos estaban apreciando.

13 de Diciembre de 2018 a las 22:39 2 Reporte Insertar 3
Fin

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ES Eduardo Saeta
La historia es muy buena ! Felicitaciones!
18 de Diciembre de 2018 a las 06:35

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