u15445757731544575773 Cristián Senno

Tres jóvenes entran a robar a una casa, solo uno de ellos logra escapar.


Crimen No para niños menores de 13.

#crimen #microcuento #microrelato
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Martinto

Es malo de adentro, le insistió a sus compañeros que lo esperaran afuera, según él por si acaso, pero la verdad pretendía matar a los dueños de casa sin interrupciones.


Con las manos arriba, los ojos bien abiertos y blanco como pantruca

– Llévate todo, pero por favor no nos hagas nada, por favor –. Eso hubiera dicho Ramiro si Martín“Martinto” le hubiese dado la oportunidad. Pero como sabemos, entró al hogar sin supervisión.


Heinz, “El Jancho”, y Cristobal, “El Watón” esperaban en la calle, vigilando el perímetro y matando el tiempo con un par de cigarros, mientras El Martinto supuestamente les abría por dentro.


–Se demora este culiao’- con el cigarro en la boca se queja El Jancho –Estoy cagao’ de frío más encima-.


Subía la escalera hacia el segundo piso, abrió la puerta y allí los encontró durmiendo: Ramiro e Ingrid Donoso, una pareja de cincuentones sin hijos, que bastante riqueza habían acumulado en los últimos 25 años ejerciendo la medicina y la abogacía respectivamente. Martín sonríe tranquilamente al ver la pareja dormir. En ese momento saca dos revólver calibre .32 de su espalda los cuales apunta hacia la cabeza de ambos. Un instante antes de disparar, se queda contemplando a la pareja, pensando.


-¡Hey! – grita El Martinto. La pareja se despierta y es en ese instante que aprieta el gatillo, volando los sesos del matrimonio por toda la habitación.


-¿Qué chucha fue eso? - pregunta entrando en pánico Cristobal


Heinz le devuelve la mirada con el mismo asombro de su compañero. Lanza el cigarro al suelo y ambos traspasan hacia la vivienda.


En menos de un minuto, El Watón con El Jancho llegaron a la habitación de los dueños de casa, donde vieron a Martin desmontando todo lo que en ella había, tirando encima de la cama y junto a los cadáveres cuanto objeto de valor encontró.


-¿Qué cresta paso acá weón? – preguntó Cristobal, estaba agitado y desorientado.


-Nada weón, se despertaron y la vieja culiá’ se puso a gritar “Llama a carabineros, haz algo” y el viejo algo iba a sacar, y antes de que pudiera hacer algo, les disparé nomas – declaró Martín.


-Chucha Martín… Vámonos de esta wea mejor – se alteró El Watón, nunca había sido cómplice de un homicidio, menos de uno doble.


-Ya Watón tranquilo, anda a sentarte a otro lado, nosotros nos quedamos acá pero hazla corta – Le decía Heinz para calmarlo, él tenía experiencia y sabía que lo mejor era irse pronto.


Cristóbal lo miró y se fue sin decir una palabra, Martin y Heinz se quedaron en la pieza recolectando el botín, cuando oyeron el auto arrancar.


-Pero… watón culiao se fue… que chucha – desconcertado estaba el Martinto mirando por la ventana.


-¿Y ahora que hacemos weón? – Le pregunta al Jancho mientras veía como el Daewoo Racer del año ’93 que el papá de El Watón le había dejado se alejaba para siempre. Martin no la quiere creer, pero ya está, El Watón se fue y esperando ahí no va a volver. Da la media vuelta, el Jancho está sentado a los pies de la cama, saca una cajetilla de su bolsillo y de la cajetilla un cigarro.


-¿Dame uno? –


–Es el último – le responde el Jancho.


Martin saca uno de los revólveres y de un tiro en la cabeza mata a su compañero, salpicando la sangre sobre su rostro. Sin expresión en su rostro, El Martinto se acerca para quitar el cigarro sorpresivamente limpio de los dedos del cuerpo de Heinz. Enciende el cigarrillo junto a los restos de lo que alguna vez fue su amigo y se sienta ahí a esperar, sabe que vienen los pacos con todo el ruido que han metido.

12 de Diciembre de 2018 a las 00:56 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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