Ancient Seguir historia

karenstraight Karen Straight

Kethyer vive en Ancient. Él tiene el sueño de ser parte de la reducida cantidad de habitantes del que se dedican a tener algo en qué pensar y ser en una sociedad sin ciencia, conocimiento y por ende, sin metas futuras. Por ello, cuando decide participar en el torneo de aspirantes para Dual Sword, los únicos que entrenan en el arte de la espada, su vida cambiará para siempre.


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

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Ancient

Mundo A, Dimensión A.

El territorio de Ancient alcanzaba un área reducida; el límite de la realidad se comprendía como el espacio final entre el techo y el suelo y las cuatro paredes de apenas un kilómetro de longitud horizontal y uno de altura. La tierra y el polvo constituían el material de cada una de las casas de los escasos vecindarios y de la única torre triangular construida por el mismo material que las casas de adobe. Esa torre era morada de la clase de intelectuales y de la corte del gobierno de Ancient y de su gobernante, un joven llamado Mistroenec.

A pesar de cierta distinción entre las dos clases de habitantes de Ancient, todos podían andar a su antojo en un limitado territorio o a recoger agua del pozo inagotable; desde siempre, la población siempre se mantuvo menor a 100 habitantes por cada período, según las leyes en un código antiguo. Los alimentos para ellos tampoco eran un problema aun sin campos de siembra a pesar de contar con luz artificial instalada sobre el techo que simulaba un sol terrestre: En la torre triangular se entregaban cada mes una despensa a las familias, fruto de la producción de la base de alimentación por los científicos que fabricaban, a partir de la desintegración de moléculas de otros materiales de reserva.

Todo marchaba conforme a lo previsto para el gobierno y para la población; por una parte, los habitantes se encontraban conformes con sus labores en los negocios locales, y aquellos del gobierno se dedicaban a entretenerse o a seguir estudiando mejores formas de aplicar y administrar a la escasa población conforme con su destino. No había mayores contratiempos; sin guerras, la paz anhelada por algunos al fin era parte de la vida cotidiana de una civilización humana. No obstante, los elegidos para Dual Sword practicaban con espadas antiquísimas, aún sin haber guerras o combates contra una población pacífica.

El único enigma para algunos eran cuatro gigantescos tejidos que ningún intelectual se atrevía siquiera a mirar o a estudiar; los códigos antiguos dictaban mantener la distancia sobre ellos, y de estudiar cualquier otra cosa. Amontonadas en la esquina derecha sur, las cuatro esferas, pero solo una de ellas cinco veces mayor que las otras, llevaban siglos sin ser perturbadas. Eran para todos, parte de la naturaleza muerta en un espacio cerrado.

En la torre de Ancient, el que fuera parte del selecto grupo de Dual Sword de su generación, se encontraba con su compañera de equipo, Veanter. Geser se encargaba de dirigir el rumbo de la sociedad con sus conteos y estadísticas que en ese momento, Mistroenec revisaba. Geser también era parte del jurado que, en ese año, elegirían a los aspirantes a Dual Sword.

―Al menos este año no hay más de cinco jóvenes que se registraron―comentó él, leyendo los registros, bajo el cuadro antiguo de los “8 Fundadores”. “Vaet Weand” fue el que dejó como legado las 27 espadas a sus descendientes y a los otros habitantes de Ancient.

―Tres―se acercó la joven Veanter, quien en seguida acarició su largo cabello rosado sujetado por una coleta―. Tres, solamente―miró de nuevo―. Al parecer, tendremos que elegirlos a los tres.

Mistroenec los miró desde la otra mesa, también creada con el polvo de la Tierra.

―Debemos fomentar la natalidad entre Ancient.

― ¿Y quienes podrán…?―habló Veanter―. Los hombres y las mujeres están envejeciendo más pronto de lo que esperábamos. ¿Tienes algo en mente?

―No, por ahora no estoy seguro―habló, y sus palabras sorprendieron a Geser y a Veanter, porque él siempre tuvo un plan para solucionar los altibajos de su gobierno―. Somos los únicos que existimos―dijo de nuevo, aquellas palabras que siempre que eran pronunciadas en Ancient provocaban estragos en los sentimientos de todos. Eran solo cientos de habitantes, en un único espacio conocido.

―Mistroenec, hablaré con los científicos―dijo Veanter, sentándose en su silla frente a su mesa rudimentaria que, a veces se desgastaba cuando ella escribía deprisa con sus lápices antiguos. Eran su adoración y un privilegio que pocos podían tener―. Quizás podemos ampliar Ancient, no sé, cortando más paredes.

Y Geser siguió:

―Y los registros lo prohíben. Tampoco los científicos lo harán―le recordó.

―Solo era una propuesta, solo era una idea―habló la joven, volviendo a fijarse en el papel.  

10 de Diciembre de 2018 a las 22:56 0 Reporte Insertar 0
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Conoce al autor

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

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