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Cuento de hadas


Hace mucho tiempo, en un reino lejano, los reyes Aliana y Eduardo celebraban; en pocos meses serían padres de una niña, según las palabras de una hechicera a la que todos tomaban por loca. Incluso predijo que moriría pronto:

“Nueve días después de haber nacido, morirá por una enfermedad desconocida”

A nadie le gustaba recordar la crueldad de las supuestas predicciones de la mujer, menos a la sensible Aliana, quien cada noche temblaba al recordar si eran verdad sus palabras. La mujer misteriosa era una curandera local con cierta reputación, aunque los intelectuales sabían que sólo eran desvaríos de una anciana. Al verla preocupada, Eduardo se acercaba a ella para decirle:

―Ella no decide el futuro; sólo Dios lo conoce y propone su voluntad, nadie más puede hacerlo.

― ¿Y si es el destino?―dudaba ella, pensando en que la mujer quizás vio la voluntad de Dios en su hija.

―Recuerda que Él no puede dar destino fatal a nadie―sonrió Eduardo, aliviando el penar de su esposa. Eduardo temía que llegara a sugestionarse y provocar la tragedia.

Conforme pasaban los meses, la felicidad llegaba al reino. Una vez, la bruja apareció de nuevo en un paseo habitual de los futuros padres para asegurarles que el destino de su hija era inevitable. Aliana, fortalecida junto a Eduardo, no creyeron en la historia alarmante de la mujer deforme. Los guardias la sacaron del camino mientras que ella gritaba la sentencia que los demás temían.

― ¡Ella morirá, morirá!

Pasó el último mes y nació, justo como lo predijo la mujer, una hermosa niña.

―Es una coincidencia―la consoló Eduardo. Los demás en el reino se asombraron de que fuera verdad la premonición de la conocida mujer, a la que muchos fueron a visitar en su tienda “mágica”. En cambio, la familia real se alivió con el saber que sólo podría ser casualidad. A la princesa la llamaron Flor.

Ocho días más tarde, Flor presentó síntomas de fiebre que ningún médico pudo determinar la causa, y los tratamientos no servían. Asustados por la cantidad de coincidencias, los padres de Flor lloraban la tragedia predicha por la mujer hechicera. Flor estaba a cada hora más enferma, pedía el conocimiento. Justo cuando todo estaba por perderse, la hechicera entró al palacio, donde exigió ver a los reyes.

― ¿Qué hace aquí?―se alarmó Aliana, sin dejar de llorar por su hija en la cuna.

―Puedo salvarla―habló con sinceridad.

―No queremos más desgracias―suplicó Eduardo, quien acariciaba la frente de su hija.

― ¿Quieren que su hija sobreviva?―insinuó la bruja.

― ¿Qué padre no querría eso?―exclamó Eduardo.

―Entonces… entréguenmela.

― ¿Qué?―rechazaron los padres.

―Es si decisión si vive o muere.

― ¡Eso es imposible, ningún doctor ni “hechicero” puede salvarla!―reclamó Eduardo.

―Vivirá, pero no con ustedes. La llevaré conmigo.

―No le entregaré a mi hija ¡nunca!―se aferró Aliana.

―Sólo faltan horas para que ella muera. En sus manos está la vida de su querida hija.

Aliana y Eduardo se miraron para buscar una respuesta: La mujer sabía que eso pasaría. Ella podía salvarle la vida. Con el dolor de su alma, y a pesar de que nunca pasó por sus mentes el entregarle a su hija, querían que ella tuviera vida.

―Sólo porque la amamos―la levantó de la cuna, aprovechando cada momento que la sostenía. Eduardo se unió y la abrazó junto a su esposa, con llanto en las mejillas, para después entregarla en contra suya a la mujer.

―Han hecho lo correcto―sonrió la mujer mientras se marchaba con Flor en sus brazos. Aliana se soltó a llorar sin poder creerlo aún, junto a Eduardo. Sentían que su hija estaba muriendo, pero, por otra parte, sabían que le entregaban de nuevo la vida.

La mujer abandonó el palacio, y se marchó bajo la Luna conspiradora, más allá de las murallas, ella caminó hasta perderse en el bosque.

―Tú serás una réplica de mí―le dijo la mujer a la niña―, es una coincidencia que tu nombre sea igual al mío.

Ocho años más tarde…

Flor creció junto a la hechicera que se marchó del reino desde aquel día. Nadie volvió a saber de la bruja, ni de la niña. La princesa Flor fue llamada Flor II bajo la tutela de la rejuvenecida Flor I, quien siempre ocultó su verdadera apariencia e identidad. Para Flor II, Flor I era más que una mentora, le alojaba y le cuidaba a toda costa en un palacio del que Flor II nunca abandonó. Desde su ventana, Flor II podía admirar las flores hermosas de los campos y los árboles, las ramas y toda la belleza del jardín.

―Buenos días, Flor I ¿Se le ofrece algo?

―Buenos días, Flor II. Aquella caja, tráela―señaló al estuche dorado sobre un estante en la sala principal.

Flor II tomó la caja oblonga. La entregó con delicadeza.

Flor I abrió la caja y sacó una varita mágica.

―Es para ti―obsequió la bella hechicera que lucía su hermoso vestido rojo. Flor se sorprendió al ver la majestuosa varita dorada.

―Gracias―brillaron los ojos de Flor II.

―Es momento de convertirte en la mejor hechicera.

―Pero, yo no tengo alas, como tú―lamentó la niña.

―Lo serás muy pronto aunque no las tengas. Sólo tienes que creer en ti.

A partir de ese día, Flor I le enseñó a Flor II a usar la magia de las hadas. Desde ese tiempo, Flor II absorbió los conocimientos de su instructora, la mujer con la que creció. Cuando Flor II cumplió 20 años, ella ya era tan poderosa como Flor I.

Cierto día de verano, Flor II le preguntó a Flor I sobre sus padres; leyó en volúmenes que los humanos tienen padres, y ella se sabía humana, no hada como Flor I. Flor I siempre evadía el tema, pero esa vez, le dijo la verdad.

―Ellos―comenzó Flor I―, ellos querían matarte. Yo te salvé la vida, por eso estás conmigo.

―Ah―suspiró Flor II, decepcionada.

―No debes sentirte culpable. Era el destino. Comparto tu dolor, pero me tienes aquí siempre, como una amiga, como una mentora.

Flor II le lanzó otra pregunta que nunca se atrevió a hacerle.

―Si las hadas, como tú existen… ¿No hay otras hadas? Nunca he visto otra ¿Cómo sabes de magia?

Flor miró hacia la ventana y después hacia ella, pensando en su respuesta, acorde a la verdad.

―Yo nací con magia. Soy magia en el alma y en el cuerpo. Cuando estaba entre las hadas, aprendí todo lo que necesitaba para poder lograr mis sueños. Tú eres parte de ese sueño.

―No lo entiendo ¿Qué podría hacer yo?

―Cuando amanezca, serás parte de este mundo, mi dimensión, Derifai. Serás hada, y reinarás.

―Me gusta ser humana, yo, no me imagino siendo un hada, para mí es…

―Tienes que ser―sentenció ella―. Tú serás la primera humana en reinar Derifai.

― ¡Yo no quiero ser un hada!―se alarmó Flor II―, yo no quiero cambiar mi cuerpo por otro.

En ese instante, Flor I usó el hechizo para convertir una humana a un hada; era el gran logro de su vida. Alarmada por la nueva apariencia, Flor II cayó en un estado de conmoción.

― ¡No, no…!

― ¡Eres malagradecida!―gritó Flor II―, ¡yo te salvé la vida!

Flor II salió del palacio, creando un hechizo que le permitiría ir a la Tierra. Ella, tan sólo esperaba que algún día pudiera estar entre las hadas, como Flor I fue. Pero, tampoco pertenecía a ellas. Flor I la colocaría en el trono, ella necesitaba una humana para su experimento. Flor II avanzó dejando atrás las palabras de Flor I.

― ¡Te exhibirán como a un fenómeno!

Flor II salió de Derifai. Pasó a la Tierra entre las flores del bosque y las ramas translúcidas bajo los rayos del mediodía. Corrió en el bosque terrestre sin saber aún como usar las alas que Flor I le otorgó. Pronto desvaneció el hechizo de su cuerpo. Aterrada, sin saber a dónde ir, Flor II presenció la caída de la noche. La Luna le aterró bajo las estrellas, en la oscuridad anormal que nunca tuvo la oportunidad de conocer en Derifai, desde el palacio de Flor II.

Arrepentida por su derrota, por haber sido tan impulsiva ante la idea de ser un hada, Flor II gritó en el bosque.

― ¡Lo hice mal! ¡Lo arruiné todo! Ella me cuidó siempre, me enseñó a usar magia. Jamás me maltrató. Ahora, yo le pago de esta manera, la dejé sola cuando ella me enseñó a valorar ¿Qué hice?

Flor II sabía que no podía volver a Derifai con Flor I. Ella no le perdonaría la grave ofensa que le hizo. Se decidió a buscar un lugar seguro donde estar. Avanzó hasta las puertas de la muralla, la única que encontró después de muchos días y noches. Tocó la puerta colosal decorada con gemas y oro. Un guardia atendió el llamado de Flor II.

―Necesito donde quedarme―habló ella―, no tengo a donde ir.

Ante la orden de los reyes de recibir en el reino a todo aquel que lo necesitara, el guardia le permitió pasar al tiempo que solicitaba para ella un refugio, agua y comida.

―Se lo agradezco mucho―dijo ella, sin saber aún si era lo correcto entrar en ese reino. No sabía con certeza que haría de ella en la Tierra, en un mundo que la vio nacer pero nunca crecer. No sabía cómo comportarse con los demás más que de la forma como Flor I la educó.

En la posada del reino, todos comenzaron a hablar de la educada chica que llegó el día anterior. Era amable y servicial. Flor II sabía que el cariño que podía otorgar a los demás era a causa de ella. Lamentaba el haberla abandonado cuando ella la necesitaba para algo más grande que ella.

―Gracias por las atenciones―hablaba ella.

Incluso fue invitada al palacio de los reyes, quienes la mandaron llevar al salón de visitas. Dos cocineras le sirvieron un platillo y un té para cenar.

―Me parece conocida―murmuró una de ellas.

―Parece venir de muy lejos y de otro reino.

Ninguna de las dos se atrevía a preguntarle de dónde provenía. Cuando alguien le preguntaba, ella respondía que no podía recordarlo: Nadie creería en su historia, Flor II le advirtió.

Después de la comida, los reyes bajaron a visitarla.

―Tú eres la joven extraviada―apuntó la reina― es un honor conocerte.

―Sí, soy yo. Gracias por la invitación.

―Este reino y nuestras atenciones son para todos, eres bienvenida.

―Se los agradezco mucho.

―Aún no nos has mencionado tu nombre―recordó la reina.

―Flor II―habló ella.

―Flor…―recordó la reina―, era el nombre de nuestra hija.

―Discúlpenme―pidió ella al ver que ambos comenzaban a llorar.

―Ella sería tan joven como tú. No sabemos si está bien, pero está viva. No la hemos vuelto a ver desde hace muchos años.

―Puedo hacer algo por ustedes. Me han atendido, me han recibido cuando no sé qué hacer de mí.

―Nadie puede traerla devuelta―lloró la reina.

―Una bruja sentenció a muerte a nuestra hija―contó él―. Para salvarla tuvimos que entregarla a esa mujer malvada. Desaparecieron desde aquel día que siempre está presente en nuestros corazones.

―Si me dan algo que perteneció a su hija puedo encontrarla―recordó Flor II―. No soy bruja, pero puedo hacer el intento. Mi madre me enseñó un poco―mintió Flor II.

―Tengo algo―recordó Aliana, subiendo a la antigua habitación que perteneciera a su hija. Aliana encontró una cinta, la cinta real.

―Sólo esto―dijo la reina después de volver del cuarto.

Flor II realizó el hechizo con la cinta para buscar a quien sería Flor III. Los presentes pensaron que era algún truco, porque no solía tener las características de una hechicera del pueblo. Aliana y Eduardo se miraron, mientras que Flor II seguía en busca de ella misma; al notar que la cinta no mostraba ningún efecto, Flor II comenzó a dudar de sí misma. Pasó un tiempo antes de que averiguara la verdad: Ella era Flor, la princesa.

― ¿Qué sucede?―preguntó Aliana, preocupada al descubrir los gestos de asombro de la chica.

―El destino me ha traído hasta aquí―apuntó ella, mirándolos con una sonrisa diferente―. Yo, los encontré―sonrió de nuevo, sin poder creer que estuviera sucediendo.

― ¿Qué es?―pidió Eduardo―. ¿La encontraste?

― ¿No me reconocen?―inició ella tirando la cinta, corrió hasta ponerse enfrente de ellos―. ¿Nunca creyeron que podía volver? Soy yo, Flor, su hija.

― ¿Qué dices?―la juzgaron.

―Flor I me dijo que ustedes querían matarme, y ella me salvó de morir. Nuestras historias coinciden, son las mismas, son una.

Aliana se acercó a Flor II y miró sobre su hombro; ella era la única que sabía que su hija llevaba un lunar en su hombro. No lo podía olvidar nunca. Aliana la abrazó sintiendo que era afortunada de volver a ver a su hija, otra vez. Para Flor II, también era una gran dicha poder conocer a su verdadera familia.

― ¡Te extrañamos mucho!―la reconocieron.

―Yo también―confesó ella―. Pensé lo peor de ustedes, pero veo que no es así.

5 de Diciembre de 2018 a las 19:51 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

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