Cuento corto
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Sonia Asto


Sonia Asto era admirada por todos en su pueblo. Gozaba del respeto y la confianza de quienes la conocían. Era muy querida por todos, nunca tuvo la envidia de nadie porque era amiga de hasta el más reservado. Cuidaba a los animales y se ocupaba de poder ayudar a los niños. Atendía a los enfermos en su comunidad, a quienes trataba con igualdad. Era bella y decidida desde que fallecieron sus padres. Era resilente, era capaz de cualquier cosa por ayudar al más necesitado. Era una heroína en su pueblo.

Cada mañana, Sonia llevaba alimentos y medicinas al asilo del pueblo. Le encantaba estar en compañía de personas sabias y sinceras, aprendía a ser mejor persona junto a ellos. Para llegar hasta el asilo, Sonia cruzaba el desgastado puente de piedra y las laderas pobladas de pinos frondosos bajo el armónico cielo que se deslizaba en sus ojos azules.

Una tarde de primavera, Sonia regresó del asilo después de una larga charla con sus amigos. Volvió a casa por el mismo puente. Nunca se le ocurrió mirar del lado derecho bajo la frondosa vegetación un oculto camino que conducía a un lugar desconocido. Curiosa, Sonia bajó del puente para adentrarse por los misterios del sendero que parecía peligroso.

Sonia no se preocupó al adentrarse. Tuvo la sensación de que entraba a un mundo nuevo, impregnado por el color de las rocas iluminadas por incontables velas que permitían ver el detalle de un sitio colosal de cielo aún más denso que la noche terrenal. No se sorprendió con las velas más que con el palacio negro de ventanas de cristal.

Ella no estaba segura si seguir o volver al camino habitual. Sin embargo, su curiosidad la venció tan pronto como fue hechizada por los jardines verdes donde crecían hermosas flores rojas. Sonia llegó hasta el umbral del castillo de magníficas puertas decoradas con detalles dorados. Sonia deslizó sus manos sobre el tétrico portón que exigía su bienvenida a la par de abrirse ante ella

Débiles luces alrededor de las escaleras y las columnas del castillo de aromas delicados percibió mientras que los muebles carecían de señales de abandono. Alguien podría habitar en ese lugar. Por un momento, Sonia deseó retroceder. No lo hizo, siguió avanzando a la siguiente planta. Abrió una puerta tras otra como aquel que conoce por donde va. Una chimenea encendida iluminaba un salón con cuadros y paredes que apenas podía percibir. No temía, ella no era cobarde. Ella quería conocer aquel sitio del que nadie hablaba ¿Por qué?

Una silueta se movió entre la oscuridad. Sonia comprendió que no estaba sola. A pesar de saber que se aventuró a un sitio al que nunca fue invitada, no logró incomodarse. El hombre avanzó hasta ella y encendió una vela. Por primera vez en su vida, Sonia tuvo un susto; no era un rostro normal, pálido que la miraba con una sonrisa genuina.

―Sonia, pasa, estás en casa―Sonia no supo que decir ante su voz que no parecía irritada por ella.

―Usted no me conoce―intentó hablar mientras él encendía más velas.

―Siempre supe que volverías. No quería que te marcharas.

―Me confunde. Yo sólo estaba de paso…

― ¿No eres Sonia Asto?

― ¿Cómo sabe mi nombre?―preguntó ella en tanto la luz de las velas mostraba su verdadera apariencia.

―Desde siempre lo sé―suspiró él.

― ¿Qué? Está loco, me voy de aquí.

―Toma el frasco. Ahora no te perderás.   

Sonia dudó por completo de él. Ella presintió que fue un error llegar hasta ese sitio.

―Tómalo―y le entregó un frasco color ámbar con tabletas blancas.

―Aún no me ha dicho el por qué me conoce. Tampoco sé que me ha traído hasta aquí. No lo sé. Y más importante aún, ¿Quién es usted? Nunca lo vio.

―Vmp es mi nombre, abreviado de Von Mark Pher Soinleid.

―No recuerdo a nadie con ese nombre.

―Tal vez no me recuerdes. En épocas lejanas, la guerra destruyó nuestro reino. Tú y yo reinábamos con gloria, pero…

Sonia, a pesar de ser cordial, con él fue distante. Era otro tipo de locura la fórmula de su conversación.

―No me queda claro nada.

―Lasoder era el reino que yo gobernaba. Todos en Lasoder eran felices. Sobre todo yo, porque la bella Sonia siempre estuvo a mi lado mientras ayudaba a los necesitados, como lo haces ahora, en esta vida. Sonia, tú, acudías a mí a escuchar mis tormentos. Eras mi confidente y resolvías los problemas que destruían mi corazón.

―Dudo mucho de su historia, Soinleid.

―Antes de casarme contigo, eras perseguida por un pretendiente; Barret, el más noble de todos los caballeros del reino enemigo. Tú lo rechazaste. Fuimos felices por poco tiempo hasta que Barret atacó nuestro reino con tropas que superaban nuestras expectativas. Él te quería sólo para él. No permití que eso sucediera. Barret invadió el castillo e intentó matarme pero tú me salvaste… con tu vida.

Von prosiguió. Sonia escuchó, quizás podría ser verdad un poco.

―Barret triunfó, pero los dos perdimos. Yo perdí aún más que el reino, te perdí para siempre. Me refugié en la única fortaleza sin saberlo Barret, este castillo. Entonces conocí a un Hechicero, cuyo nombre no puedo recordar. Él me enseñó la magia y las posibilidades; me dijo que la única forma que conocía para mí era convertirme en un vampiro hasta que tú lograras renacer a causa de otro hechizo. Yo le entregué el reino de Barret, que alguna vez fue mío. Asesiné a Barret para que el hechicero reinara Lasoder a cambio de que lograra tenerte de nuevo. Hoy es este día.

―Yo no recuerdo nada―volvió a decir ella, aunque algo dentro de ella le dictaba que debía seguirlo―. ¿Cómo sé que es cierto?

―Toma las pastillas―le dijo―, sólo así sabrás si es verdad.

Sonia recibió el frasco. Lo miró mientras pensaba sobre la absurda historia. Aunque ella no podía confiar en él por completo, la duda la venció. Si era verdad, si hizo todo eso por ella, aunque no lo conociera o recordara, entonces valía la pena. Y tomó una pastilla del frasco.

5 de Diciembre de 2018 a las 19:46 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

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