El mundo de las rarezas Seguir historia

karenstraight Karen Straight

“Después de la colisión, cuando el residuo se dirige al mundo de los fenómenos, no se percata de la rareza porque ya pertenece a ella.” -Desconocido


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

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El mundo de las rarezas


“Después de la colisión, cuando el residuo se dirige al mundo de los fenómenos, no se percata de la rareza porque ya pertenece a ella.”

-Desconocido

 

Este es el testimonio.

Llegué a trabajar a la oficina, donde se desarrollaba tecnología y diferentes productos digitales. Las ventanas de cristal detrás de las siguientes oficinas sugerían un ambiente idóneo para laborar. Todos coincidíamos con el agradable color de las paredes de un tenue azul.

Sobre un estante de madera barnizada, encontré varios libros nuevos con pastas verdes. Sin duda, era una enciclopedia completa de diseño. No solo llamaron mi atención, sino también la de una joven que laboraba en la misma oficina. Por descontado sabíamos quién era el propietario de esa valiosa colección envuelta aún en plástico; era de… quien era el diseñador principal de la empresa. Más allá de su cabello ondulado y lentes, él albergaría miles de conocimientos en su cerebro, y sin duda, la enciclopedia incrementaría su erudición. Tomó asiento detrás de su computadora y abrió, quizás, algún programa de vectores. No se inmutó por el desastre en su escritorio, ni por los lápices y hojas sueltas. Pues, a él le interesaba seguir en sus diseños.

Un segundo joven llegó a laborar mientras la otra chica le pidió al diseñador fuera tan amable de prestarnos sus libros, y él cedió sin problema. Las dos nos emocionamos porque nos fascinaba el diseño, si bien, ninguna de las dos contaba con estudios de ello. Leímos mientras no teníamos qué hacer, y en la hora del descanso, yo revisaba mi bandeja de entrada en mi móvil blanco, de pantalla táctil. La otra chica navegaba en redes sociales y en tanto, los dos chicos, el diseñador y su amigo tomaban “selfies” usando la pantalla verde, simulando estar en la playa. Después, el otro joven tuvo la idea de quitarse la camisa y eligió un fondo de ducha. Ellos se divertían así.

Fue entonces cuando me percaté que los libros de diseño fueron escritos en el año 2001. La chica seguía escribiendo en su perfil. La enciclopedia, aún podría ser útil para mí.

Más tarde, el chico y la chica, junto a mí, descendimos a la planta subterránea, donde la colosal pulverizadora de basura recibía los desechos de los botes de las oficinas; desde plásticos hasta manzanas rojas o verdes en perfecto estado en la metálica habitación. El eje central de dos a tres metros giraba a gran velocidad para demoler, detrás de la redonda abertura, todo lo que caía en su interior.

Más tarde, las montañas cubiertas de árboles y naturaleza rodeaban nuestro centro de trabajo. El cielo seguía azul sobre un laboratorio, donde un joven científico con bata blanca, lentes y cabello ondulado, probaba fórmulas en un matraz y en los tubos de ensaye. Hirvió el compuesto, para en seguida, derramarlo sobre el hielo, y en el área donde caía, se tornaba roja. Fue entonces cuando el laboratorio y el centro de trabajo, nuestro edificio desapareció, y ello no implicó ningún problema para nosotros, porque el césped verde y amarillento, en conjunto con el atardecer al este se volvía un amable camino para los tres.

El chico alto caminó a mi izquierda y la chica, a la derecha. Decidimos tomar el camino hacia otra comunidad por intuición. Entonces supe que yo era el enlace blanco de tres ranuras (o cuatro) de un rectángulo 3D oblongo blanco, en el vacío que unía a las otras dos partículas completas; ellos dos. Un componente a poca distancia de ellos: ya era un gluon (o cumplía la función). No solo eran partículas elementales sin sentido, eran mis amigos. Ellos eran casi inseparables de mí por alguna conexión no corporal ni mental, ni por la cercanía emocional que se creó en un instante. Tampoco ellos eran necesarios para mi subsistencia, solo que, era probable que los tres hubiéramos sido parte de ‹‹un todo›› y nos volviéramos otra clase de ‹‹un todo››. No era ningún concepto que aplicara para los seres humanos en cualquiera de sus facetas.

Fue ahí donde me surgió la duda, por la frase inicial, la ley para todos los átomos y partículas elementales.

Recorrimos entre los arbustos rumbo a un camino que, lentamente, se volvía más oscuro. El sendero de tierra conducía a una carretera, donde la oscuridad ya no era absoluta, puesto que relámpagos de luz de neón atravesaban el tiempo a la velocidad superior de un fotón. Resplandecía el azul oscuro en las zonas estáticas, y los cuadros de alguna indeterminada pared se perdían también entre la oscuridad. Faroles de un boulevard resplandecían, indeterminados en los rayos conduciendo hacia un impreciso destino.

Cuando estuvimos al borde de la autopista, donde circulaban otras partículas a toda velocidad, en un ilimitado recorrer, observamos a alguien quien alguna vez fue como nosotros, cuando estábamos en la oficina de una empresa en un indeterminado planeta Tierra. Era un automóvil-partícula viviente, color negro, que recorría la autopista en una forma incomprensible; la transitaba sin fin, y su trance fue visible solo para nosotros en un momento, pero, sin duda, llevaba mucho tiempo circulando en ella. No contenía otras partículas a su alrededor. Él tenía consciencia, pero tampoco se podría decir que recordaba las tareas habituales para una persona común, aquella que aún habita en los planos terrestres y se somete a las leyes de la mecánica clásica ¿o a la cuántica? Las dudas no se despejan como las ecuaciones insostenibles. ¿En realidad fue humano? Sí lo fue. No era el mismo tipo de partícula-conjunto que nosotros. Sentí algo tan inefable y profundo, porque el conjunto de emociones solo me indicaban una cosa: Somos parte del mundo de las rarezas.

Perdimos nuestra humanidad y nuestro papel dentro de otro plano para, llegar a interactuar con otros bosones y hadrones. Pero, tampoco puedo decir, si en realidad siempre fuimos humanos: Los individuos están compuestos de átomos y partículas elementales. Pero, el mundo de las rarezas era otra cosa: Era algo difícil de entender en la penumbra, donde las luces se incorporaban a la calzada.

El chico nos dijo que él se percató que ya estábamos en el mundo de las rarezas cuando íbamos juntos por el camino, donde los árboles recibían el crepúsculo. Los tres siempre fuimos parte de una partícula que se desintegró en algún momento de transición de escenas. Lo confirmé antes de entrar. No sentía miedo. Al contrario, era, quizás, más libre que antes. Me sentía feliz por mí. Y los dos compartían mi opinión. Iba cumplir una función.

Nuestro siguiente paso era incorporarnos a la autopista, porque ya éramos parte del mundo de las rarezas y nunca dejaríamos de serlo.

5 de Diciembre de 2018 a las 18:27 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

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