El hombre de la jaula Seguir historia

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Danovis Palacin


Es media noche y los espectadores de un circo esperan el acto final: "EL HOMBRE DE LA JAULA". Sin embargo, ellos desconocen de qué trata y no se imaginan las terribles consecuencias que este conlleva. ¿Quieres saber de qué trata?


Horror Literatura de monstruos Todo público.

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El hombre de la jaula

Era casi media noche y los asistentes a un insólito circo gitano habían esperado el acto final que, según advertían los cirqueros, estaba a punto de empezar. El acto, al que anunciaban como el hombre de la jaula, no era más que un hombre pálido de rostro impaciente y temeroso, encerrado en una jaula metálica como si se aislara a una bestia temible.

Una vez empezado el acto, las antorchas fueron apagadas y el lugar quedó bajo el dominio de la oscuridad y del aberrante, exagerado e incómodo calor de aquella noche de verano. Todos miraban al hombre y el hombre miraba a todos, creando una sensación de desesperación en el ambiente.

El sudor que caía por la frente del sujeto, evidenciaba el incómodo momento por el que pasaba al intentar huir de lo que era. Se limpiaba la frente de una manera tan brusca y continua, que quienes se encontraban en ese lugar, se contagiaron del nerviosismo opresor que recorría el cuerpo del individuo, que no dejaba de mirarlos y se movía de un lado a otro en su morada; aparentaba estar fuera de su conciencia. Cada uno de los espectadores murmuraba e intentaba adivinar lo que ocurriría, o más bien lo que le ocurriría al hombre encerrado en la jaula; ese hombre que los miraba con miedo, pero no miedo hacia ellos, sino miedo a sí mismo; ese hombre que de un momento a otro cayó al suelo y se revolcaba con movimientos epilépticos.

El calor del lugar, la tensión y las condiciones de la noche no ayudaban, en lo más mínimo, al deseo de controlarse y dominar ese instinto bravío que lo hacía perder su humanidad. Ahí, tirado en el suelo, conservando el ultimo hilo de cordura e incapaz de controlar los movimientos de su cuerpo, el pobre hombre sufría y temía por lo que venía después. Anhelaba evitar el dolor de la metamorfosis.

El calor se fue atenuando, y la brisa venidera llegó con una tranquilidad efímera y abrumante, que fecundó el terror envolvente en los presentes de aquel mal llamado espectáculo. En la distancia, las aves nocturnas y portadoras de malos augurios, se escandalizaban y con sus cantos tétricos le daban a esa escena un toque espeluznante. Ellas sabían lo que sucedería aunque estuvieran distantes; ellas anunciaban y prevenían; ellas también sentían terror.

Cuando la oscuridad de la noche fue menguada por la luz de las antorchas, que recién encendían los gitanos cirqueros, se fueron dispersando hasta que no quedó ninguno. De esta manera solo quedaron los infelices espectadores.

A la llegada de la luz, un vacío de silencio invadió la reunión, e inmediatamente fue interrumpido por un estallido de gritos de asombro y pavor. Aquel hombre maldito se encontraba de pie dentro de su afligida prisión, justo al frente de los presentes; pero ya no era el mismo hombre.

El sujeto miraba al aire, a ningún punto fijo como si mirara fantasmas; sin embargo, eso no era lo más alarmante. Su aspecto era diferente, era otro ser, que solo con mirarlo congelaba el alma de cualquiera y causaba nauseas, porque la estampida de emociones lóbregas y sombrías que despertaban solo con verlo, revolvían el estómago de quien estuviera presenciando tan infernal criatura.

Su piel brillaba y ardía como una braza, sus ojos se oscurecieron totalmente llenándose de vacío, sus uñas y dientes habían crecido y una cornamenta aún seguía creciendo en su frente.

A este punto varios espectadores empezaron a caer. Uno a uno e incapaces de seguir viendo aquello, fueron abandonados por su consciencia y entraron en un desmayo profundo. Solo unos cuantos se encontraban aun mirando, perplejos e inmóviles, a la entidad que también los veía.

Cuando los cuernos dejaron de crecer, el individuo empezó a caminar y sin mayor esfuerzo, abrió la puerta de la jaula, entonces salió de ella. Inexplicablemente, quienes estaban alrededor  quedaron paralizados, mientras el hombre rojizo, de aspecto diabólico, caminaba entre ellos sonriendo, como si se alimentara del terror que sentían los presentes.

Luego de unos pasos, se detuvo junto a uno de los caídos al que alzó fácilmente. Estando el ente de pie y sujetando al desdichado con una mano, lo alzó hasta tenerlo a la altura de su rostro, abrió la boca e inhalando profundamente, extrajo y tragó el alma de su víctima. Quienes seguían de pie, congelados y lejos de moverse, entendieron que tendrían la misma suerte y que esto era una trampa o un rito, con el único fin de alimentar al hombre de la jaula.

FIN...

30 de Noviembre de 2018 a las 01:42 0 Reporte Insertar 1
Fin

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