Joyas y Muerte: Oscuros Secretos #1 Seguir historia

cafeconleche5 Rose V.

No todo es un misterio; pero con un estado mental frágil, Melinda Sommer no sabe en quien confiar. A pesar de su desdicha, la llegada de Daniell Collingwood todo parece ponerse de cabeza. Desde su tan terrorífico encuentro hasta sus secretos ocultos y la inevitable atracción que siente hacia él. Ella no sabe si confiar en él, que ha cometido el error de enamorarse de ella y creerle todo lo que le contará sobre las historias bíblicas de los ángeles caídos, nephilim, y una antigua lucha entre los Vigilantes y Caídos o simplemente cerrar sus ojos y oídos pensando que esto solo es un sueño más. Sin embargo, Melinda sabe algo que había olvidado, pero con la llegada de los ángeles a su vida, todo parece volver a su mente y descubrirá que habían sido guardadas por su propio bien.


Ficción adolescente Todo público.

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Prologo

Joyas y Muerte


Seis años atrás.

 

Era pasada la media noche y el aire corría frío, nunca solía serlo. En una de las abandonadas calles a las orillas de un embarcadero deambulaba un hombre de unos cuarenta y tantos años; era alto y delgado. Tenía el cabello negro como la noche que envolvía a la ciudad, de asombrosos ojos verdes como la de una pantera, justo como se estaba portando él, tan cauteloso para cazar a su presa. Tenía las manos metidas dentro del bolsillo de su cazadora. Y pensaba, pensaba en muchas cosas; tenía algo que hacer pero por las constantes discusiones que tenía con su esposa no podía aclarar las cosas que rondaban por su obnubilada mente, y quería volver, estar con ella siempre. Pero tenía una misión que cumplir. Algo sumamente valioso para la vida humana.

Más que su propia vida.

El viento sopló hacia el norte, y cada vez se volvía más intenso; aunque él no veía signos de alguna tormenta cercana puesto que el mar que se hallaba a lo lejos, estaba en calma. La neblina se intensificaba por esa zona debido al mar.

Se oyó el sonido de unos botes de basura caerse en una de las esquinas; aquel hombre pensó que se trataba de un gato buscando comida y no le puso la mayor importancia, siguió su camino nuevamente, pero el mismo ruido se hizo presente al otro lado.

Alguien lo seguía. De eso estaba seguro.

Se detuvo y con aquella voz melodiosa preguntó con seguridad y sin temor:

— ¿Quién anda ahí?

Era el silencio y nada más. Aquel silencio no le gusto.

Volvió a caminar; esta vez con más cautela y en cuanto oyó nuevamente aquel molesto sonido y el de unos pasos acercarse— ¿Quién anda ahí? —Repitió, y de nuevo nadie le respondió—. ¡Respondan! —Agregó y justo al darse la vuelta una sombra lo embistió; llevándose consigo aquel hombre.

Cuando fue soltado se dio cuenta de que su atacante tenía un aspecto fantasmal, le tomó nuevamente del cuello sin darle tregua a recuperar el aliento. Pudo darse cuenta de que era un simple espectro, como si todo eso consistiera en una fina capa de tinta negra en 3D, tan fina que podía ver a través de él, sus ojos eran solo unos cuencos vacíos, su boca era un oscuro abismo. No tenía forma ni mucho menos un rostro completo. El pobre hombre se sintió repentinamente débil e infeliz, con un frio incontenible que le invadía el corazón, y se le helaba la sangre al sentir al espectro respirar.

—Nos volvemos a ver, Kariath —susurró aquella sombra que flotaba, sus palabras denotaban cierta felicidad, ironía y complacencia consigo mismo que Kariath llegó a pensar con sarcasmo que el espectro tenía sentimientos.

Le soltó, pero Kariath no mostró haber necesitado respirar con desesperación.

—Fue desde el cincuenta y ocho que nos vimos por última vez, sino me equivoco —respondió él con cautela.

—Desde aquella noche en que decidiste robar mi cuerpo —espetó aquel espectro que al pronunciar cada palabra era como si se abriera el congelador—. Dejándome solo en esto. Oh, pero no es por eso que te he buscado, querido amigo. Tengo un nuevo amo, Kariath, y me dijo que tienes algo que le pertenece y yo lo quiero.

El hombre, sin dar un paso atrás, llevaba algo en los bolsillos de su cazadora.

— ¿A quién? ¿Ahora le sirves a él? ¿Crees que con buscar la piedra te ayudará a recuperar tu anterior aspecto? Confieso que te ves mejor así.

El espectro sonrió.

— ¿Y tú, Kariath, sigues siendo un Vigilante traidor? ¿Has logrado crear un bastardo nephilim? Que yo sepa has dejado ese cargo. Puedo descuartizarte con este aspecto si no me entregas la Piedra del Punarvasu y el verdadero libro de Enoc. Sabemos que tú lo tienes.

Ahora le toco a él sonreír.

—No tienes como probarlo —se rio, pero estaba seguro de aunque lo negara o lo reconociera, moriría de todas formas. Así lo tenía el destino.

—Ya no posees una brillante espada con la que te puedas defender. Tus verdaderos enemigos vendrán dentro de un momento, ellos vienen a por ti —decía arrastrando las palabras, tan cerca de Kariath que le dio nauseas por aquel olor tan fétido que se cargaba.

—Si ellos vienen es porque no sirves ni para un mandado, reconócelo, Xamiel —le espetó, el espectro rugió cuando oyó su nombre.

—Tu padre se ha olvidado de ti, Kariath —siguió diciendo con el mismo tono. Esperando a que el hombre atacara, pero no lo hacía.

—Mi padre… —dijo con una sonrisa en sus labios, poniéndose las manos detrás de su espalda y agregó—, te envía saludos.

Su padre jamás se había olvidado de él. Por más que su hijo, su creación, su mensajero de paz y de guerra haya cometido varios errores en el pasado, había mezclado su sangre pura, pero ¿Cómo castigarlo si EL era la encarnación del amor?

Kariath había sacado una botella de cristal que brillaba más que un diamante puesta al sol. Tenía una luz celestial que casi podía oír el cantar de voces angelicales, esas voces que una vez oyó de cerca. Sabía que si usaba esa luz, él moriría, toda su razón de ser se iría con él, pero llegaría el momento para regresar; habría un tiempo para que alguien lo rescatara del vacío a donde iba o simplemente encontraría la paz y el perdón. No podía esperar a que sus verdaderos enemigos llegaran porque ellos no lo matarían, harían cualquier cosa para cumplir su cometido. Así que se esfumó al igual que Xamiel, dejando su cuerpo inerte en aquella calle desierta en una noche de verano friolenta.

Una hora después, un hombre de la misma edad que el otro caminaba sin rumbo, estaba por volver a casa para pedirle perdón a su esposa por sus faltas. Entonces, aparecieron unos pálidos hombres frente a él, con tatuajes y grabados de letras inentendibles en el cráneo, vestían todo de negro, gabardinas (que al bajar de sus horrendas bestias que parecían enormes leones sin pelaje, cubiertos de fierro como si se tratase de escudos espinudos y afilados) rosaban el suelo, sus altas botas tenían espinas y en vez de narices poseían ranuras como vil serpientes. Los monstruos tenían aspectos espectrales, desde las escamas y largas pezuñas afiladas con filo de navajas recién afiladas hasta los ojos rojos y esos sobresalientes colmillos con pedazo de carne colgándoles.

Aquellos, si se le podían llamar hombres, se pasearon con gesto burlón delante el cadáver que estaba a unos metros de él, sin darse cuenta del hombre que estaba con los ojos como platos y cuando lo hicieron solo bastó que uno de los monstruos le mirara para que le succionaran la vida de aquel hombre teniendo en mente a su esposa e hijos.

A Kariath, le saquearon los bolsillos, no encontraron nada que les importase, buscaban la Piedra del Punarvasu y aquel libro tan vigilado y en uno de los bolsillos no podía caber. Maldijeron al hombre que yacía tendido y se rieron del otro. Posteriormente el suelo se partió formando grietas por toda la calle y se adentraron por una abertura donde salía fuego y humo, los monstruos rugieron y desaparecieron debajo del abismo.

Unos instantes después, del cielo descendió y aterrizó sobre la tierra en cuclillas un hombre joven con enormes alas blancas que podía cubrir todo su cuerpo; era mucho más joven de lo que parecía su postura al erguirse, su cabello ondeó por el viento que esta vez corrió hacia el sur; él vestía también de negro, con una espada en la mano derecha, en su muñeca tenía una especie de brazalete de oro que se abrió que al caer al suelo que se transformó en un anillo, el joven ángel lo contempló y luego plegó sus alas tras él.

Un ángel había descendido para cumplir una misión.

Unos instantes más, aparecieron otros dos ángeles ¿Quién diría que los ángeles aun existieran de verdad?

—Kariath ha muerto. —Dictaminó la mujer ángel mientras plegaba sus alas de color hueso hasta convertirse en una fina capa al igual que el otro que estaba a su lado.

Ellos eran ángeles guardianes, el primero no era como ellos.

—No fue al infierno —informó éste.

— ¿Entonces, Akibeel lo tiene? —Inquirió el otro, todos; altos y bellos, eran hermosos. De una hermosura inhumana, puesto que eran ángeles, mensajeros de paz y de guerra y habían tomado forma. El primero, que había llegado antes, se paseaba buscando pistas entre lo que había sido el abismo donde los monstruos habían descendido para ir al Infierno, mientras aquellos dos se miraban de reojo.

—No hay rastros de pelea ni que él haya convocado a las Fuerzas Espirituales, todo es ceniza y humo demoniaco.

— ¿Huyó?

—No. Abrió un portal.

—Pero, así ¿Cómo sabremos si se llevó el libro con él? —Inquirió la chica que estaba tratando de revivir el cuerpo que había sido el hombre que quería salvar la vida de muchos inocentes y otro que había tenido la mala suerte de estar en ese lugar.

—No llevó el libro, pero tampoco dejó pistas para saber que está en este plano —dijo inclinándose para hurgar el bolsillo del hombre que había desaparecido por una luz.

— ¿Cómo conseguiremos dar con la familia de Kariath?

—Nosotros somos su familia.

—Hablo por la familia que él formó —recalcó la chica sintiéndose pequeña ante el tono de voz del primer ángel.

—Los Vigilantes se encargarán —dijo sin más.

— ¿Y qué pasará con ese pobre hombre? —Señaló el otro joven ángel al hombre que estaba también muerto.

—Lo encontrarán— respondió el primero tomando un objeto del bolsillo del hombre muerto, un dije de corazón que al abrirlo reveló la fotografía, no hizo nada más que alzarse al vuelo y sus Guardianes lo siguieron, desapareciendo en el cielo nocturno.

 

 

29 de Noviembre de 2018 a las 22:11 0 Reporte Insertar 0
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