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alberto-suarez-villamizar3721 Alberto Suarez Villamizar

EN LA VIDA COMETEMOS ERRORES QUE MUCHAS VECES NO LOGRAMOS CORREGIR


Romance Todo público.

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¡OTRA VEZ SERÁ!

AUTOR: Alberto Suárez Villamizar


Lentamente consumía la taza de café, consultaba su reloj y sonreía, con la mirada recorría el rostro de los pasajeros, que apresuradamente se bajaban del tranvía que con intervalos de diez minutos llegaban a aquella vetusta estación.  Aunque la hora fijada era a las 7:00 pm, había arribado con suficiente anticipación temiendo quizás el incumplir aquella cita. Los recuerdos venían a su mente, y ahora mismo pensaba si estaba obrando bien.  Ciertamente la duda lo embargaba, y encontrándose tan cerca de cumplir con aquel reencuentro no dejaba de sentirse nervioso. En más de una ocasión sintió que su voluntad flaqueaba, pero se quedó a enfrentar aquel retorno al pasado.


Pero, ¿por qué estaba allí? ¿Qué le mantenía tan ansioso?


Todo había empezado aquella vez en que al recordar la fecha de su cumpleaños examinó la guía telefónica encontró su nombre y su número, decidió llamarla; espero que llegaran las horas de la noche para felicitarla.


- Buenas noches –saludó nerviosamente a su interlocutora – por favor la señora Carol

- Mi madre, no se encuentra en el momento. Puede dejarle su mensaje – había recibido por respuesta de una voz de una joven mujer.

- Gracias – dudó un instante- … sé que está cumpliendo años y quise saludarla, dijo finalmente.

- No creo que demore en llegar, podría llamarla más tarde. Quizás en unos treinta minutos ya se encuentre acá.

- Bueno, la volveré a llamar, respondió.


Fueron los minutos más largos de su vida, y las dudas y temores trataron de apoderarse de él.

¿Y si no lo recordaba?, se preguntó una y otra vez. Valdría la pena repetir la llamada o ¿sería mejor dejar todo así?  Habían pasado tantos años, ella ya tendría resuelta su situación sentimental, prueba de ella es que quien contestó su llamada se identificó como su hija. ¿Por qué ahora de pronto revivir las llamas de un viejo amor, si precisamente él había sido el causante de la ruptura de aquellas relaciones? Sus pensamientos viajaron a aquellos últimos años del colegio…


- Mi amor estuve hablando con mi padre sobre nuestro futuro y él está de acuerdo con que los dos definamos nuestra situación y formemos un hogar, incluso está dispuesto a prestarnos su ayuda.;Fueron las palabras con que ella lo recibió aquella noche al visitarla como era costumbre.


Para él, ella había ido demasiado lejos, pues a pesar del inmenso amor que sentía, consideraba que aún no estaba preparado para dar ese paso tan decisivo en sus vidas, los dos estaban bastante jóvenes y necesitaban vivir sus vidas y por lo menos terminar sus estudios de secundaria.


- De acuerdo, respondió. Aunque sin mucha convicción.


Una vez solo pensó largamente en las palabras de la joven. Le pareció imposible comprometerse a tan temprana edad, cuando aún no había definido su vida profesional. La situación económica no sería ningún problema ya que contaban con el apoyo del padre de Carol, quien era un prestante hacendado de la región y quien tenía a su hija como su máximo tesoro, por ser la menor de sus hijas y además ser la única que se encontraba viviendo con él. Sería la manera de asegurarle un futuro a su hija - según creía él - se casaría y también continuaría sus estudios


Pero, ¿Qué será de mi vida? Se preguntaba una y otra vez. No voy a disfrutar de mi juventud. Definitivamente esto no puede ser, yo no estoy preparado para afrontar esta situación, lo mejor será eludir dicho compromiso fue su decisión. Desde ese momento empezó a alejarse disculpándose en la intensidad de sus estudios, los cuales no le daban mucho tiempo libre, cosa que la joven empezó notar, ya que las visitas dejaron de ser tan frecuentes.


Fue entonces cuando vino aquella llamada que lo llevaría a decidir poner punto final a dicha relación:


- Richard, el próximo; sábado estaremos celebrando en casa mi cumpleaños, espero contar con tu compañía, te espero en horas de la tarde – dijo la muchacha a su pretendiente.


- Allí estaré-respondió sin mucha emoción.


No puede ser - se había dicho así mismo una vez respondió la llamada -. En esa reunión ella anunciará nuestro compromiso ante sus amigos y familiares y ya no tendré cómo eludir la situación. Lo mejor es no asistir a esa reunión y evitar con esto mayores molestias.


Y llegó el día sábado y efectivamente Richard no asistió a la reunión.


Días después recibió aquella llamada:


- Hola, ¿cómo has estado? Veo que muy ocupado. Pero quiero decirte que si tu decisión es que terminemos espero que me lo digas frente a frente. Espero que así como empezamos todo esto, así mismo seas capaz de terminarlo-le había dicho ella.


- Así será- fue su respuesta- en estos días te visitaré y hablamos.


Esto facilitaba las cosas pensaba en su interior, por lo visto ella estaba preparada para dar por terminada la relación. Por ahora pensaba que a pesar de quererla tanto era mejor continuar disfrutando de su libertad y no atarse a nadie a esa edad, cuando consideraba que aún no había vivido lo suficiente. Así que la visitaría y daría por finalizado aquel romance.


Y así fue. Se decidió aquella tarde enfrentar la situación. Pero, antes de hacerlo se dirigió a un almacén musical y comprar un disco cuya letra hacía mención al momento que estaba viviendo, luego de lo cual se dirigió a su casa con aire resuelto. Llegó hasta la puerta y llamó con decisión.


- Hola- fue su saludo- sigue, dijo ella.

- Mira, te he traído esto, dijo – entregando el acetato.


Entraron e inmediatamente en la sala ella se dirigió al equipo de sonido y colocó el disco en el reproductor. El tema hacía alusión a los recuerdos que quedaban en una pareja que daba por terminada una relación amorosa, el cual conmovió de tal manera a la chica que rompió en profundo llanto a medida que transcurría el tema en el tornamesa.


Fueron instantes difíciles.


Ella lloraba con dolor por la decisión que estaban enfrentando, el hizo grandes esfuerzos para mantener la compostura, había ido para terminar aquel noviazgo y no podía –según él – retroceder en su decisión, aunque en su interior deseaba consolarla y pedirle perdón, pero debía mantenerse firme y no ceder ante su llanto.

Ella una vez terminada la reproducción retiró el acetato  y haciéndolo añicos con sus manos temblorosas le acercó los restos diciéndole:


- ¡Márchese con su música a otra parte!


Esa fue su despedida.


Años más tarde cuando se encontraba esperando la salida del tranvía que lo conduciría a su lugar de trabajo tuvo un encuentro con un condiscípulo de los últimos años de colegio.


- Hola Richard  ¿Como te va?

- Bien Jair. -Respondió con alegría ante el encuentro con aquel ex compañero de colegio.

- Richard, ¿fuiste novio de Carol? - preguntó Jair

- Sí, ¿Por qué?

- De lo que se salvó. Yo contraje matrimonio con ella y me fue mal, me abandonó y se llevó  la hija que tuvimos. Se marchó y no volví a saber de ella.


Se despidió de su amigo al salir el tranvía. Hizo su viaje lleno de interrogantes: ¿Carol… se casó con Jair y lo abandonó? ¿Habría ocurrido lo mismo con él? ¿Por qué? Eran tantas cosas que le era difícil encontrar una explicación. Quizás la suerte lo acompañó cuando tomó la decisión de alejarse y eludir el compromiso, sin embargo no era quien para juzgar lo sucedido.


Pasó cierto tiempo y un día mientras recorría un centro comercial de la ciudad se encontró con una amiga que había sido compañera de grupo de Carol  su novia de antaño en el colegio.


- Hola Richard que suerte encontrarlo, ¿qué ha sido de su vida?– Le saludó 

- Bien. Gracias a Dios todo anda bien. – Respondió

- Que bueno, pero Ud. fue una desgracia en la vida de Carol, nunca debió atravesarse en su camino.- dijo ella con cierto tono irónico.

- ¿Por qué una desgracia? No lo entiendo.- Preguntó algo azorado.

- Si una desgracia, así como lo oye. Ud. Terminó con ella y le ocasionó una gran desilusión y ella llena de despecho entabló relaciones con un excompañero suyo con quien meses más tarde contrajo matrimonio a escondidas de su padre, razón por la cual él le retiró todo su apoyo, ya que ni siquiera fue tenido en cuenta por su hija para tomar esa decisión.


Entonces ¿era él el responsable de aquella desgracia?


Durante mucho tiempo vivió con ese sentimiento de culpabilidad, pues todo indicaba que el dolor causado en la vida de aquella mujer había tenido consecuencias trágicas. Deseó volverla a ver y pedirle perdón por el daño causado.


Cierta ocasión se encontró con una antigua amiga de Carol, con quien compartió un buen rato, y se pudo enterar de otros aspectos de su vida: 


Si, era cierto, ella había abandonado a Jair y se había marchado con una hija de pocos meses de edad pero consiguió un empleo con el cual logró sostenerse e iniciar los estudios universitarios que no pudo continuar años atrás, y que con gran esfuerzo había concluido convirtiéndose en una profesional de la medicina. También le hizo saber que con el tiempo formalizó un nuevo hogar con un profesional de la ciudad y vivía feliz.


Finalmente repitió la llamada y esta vez logró escuchar al otro lado de la línea a aquella quien fuera su novia de estudiante

- Hola como has estado, - saludó nerviosamente.

- Muy bien Richard, me alegra oírte, - fue su respuesta. Me gustaría saber de ti, verte de nuevo.

-Si tú lo quieres así será – se apresuró a decir- ¿Qué te parece si nos vemos el viernes en la estación #11 del tranvía, a las 7:00 pm ¿Puedes? – propuso Richard.

- Está bien. Nos veremos en ese lugar. Allí estaré -respondió ella en tono emocionado.


Ahora, antes de salir a cumplir la cita pactada se miró en el espejo contemplando en la imagen la huella de los años en su rostro, y la escasez de sus cabellos plateados por el tiempo. Pensaba con nostalgia: ¿Sería posible que lo reconociera? Iba a cumplir una cita con el pasado. Había transcurrido tanto tiempo desde aquel adiós….


Llegó a la estación y tomó asiento en una banca junto a la puerta de salida y trató de entretenerse leyendo el periódico y tomando una taza de café. Observó la llegada y salida de varios tranvías…..pasaron las 7.00 p.m. y pacientemente esperó.


Más tarde miró nuevamente el viejo reloj que colgaba en la pared de la estación: 9.00 pm.  El servicio de tranvía había terminado, y debía abandonar aquel lugar pues se disponían a cerrar. Abandonó su asiento y luego de cancelar el consumo salió del lugar, no sin antes volver la vista atrás.


El  años atrás también había fallado a la cita……..



FIN


27 de Noviembre de 2018 a las 02:57 0 Reporte Insertar 0
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