El día en que murió el amor Seguir historia

gaby_rodrz Gabriel Rodriguez

Un joven pierde la cabeza tras sufrir varias desilusiones en el amor y la amistad.


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El día en que murió y nació el amor

Y que ocurrirá con el,

                                             Cuando el pierda la fe,

Que ocurrirá con ese,

Que acaba de perder,

A ese más querido ser.


                                                    Pobre del nene,

Quien tiene,

El corazón partido,

¿Quién podrá salvarlo?

¿Quién lo rescatará de la muerte?


                                                 Qué triste por el

¡Cuán solitario es el!

El busca salvación

De la inminente destrucción,

¿Quién podrá salvarlo?



Tiempo atrás, un adolescente se enamoró de su mejor amiga. Él le confesó sus sentimientos y ella le correspondió prometiéndole que nunca lo abandonaría. Faltando un mes para cumplir su primer año como pareja, ella decidió romper la relación. "Encontré a alguien más" le dijo mientras le daba la espalda. A pesar de esta traición y las muchas promesas sin cumplir de parte de su ex amor, se resignó a seguir con su vida. Fue tan sorprendente como el joven siguió su vida como si nada hubiese pasado que hasta los poquitos verdaderos amigos que tenía le preguntaban:


"¿Cómo puedes estar como si na' hubiese pasado cuando apenas han pasado dos semanas?"


Pasaron los meses y en una gira al reino de Loíza, conocido como "el reino de la tradición" conoció a una joven que le decía las exactas palabras que él deseaba escuchar. Le acariciaba el rostro, le limpiaba las lágrimas de su rostro cuando se acordaba de su pasado, y todos los días lo levantaba con un mensaje de "Buenos días" a través de la aplicación de mensajes WhatsApp. ¿Qué lindo verdad?

Este mundo de ensueños duró 2 meses y una semana. Un domingo común y corriente, la joven se transformó en una persona completamente diferente a la que él conoció. (¡Sorpresa!) Ya no le regalaba besitos al amanecer, no había cariño, ni esmero, ni pasión, nada de esas cosas bonitas y cursis de amores juveniles. Así como llegó, desapareció. ¡El "amor" se fue pal' carajo! ¡Otro golpe más para su alma y corazón! Su corazón quedó hecho trizas, sus ilusiones (si le quedaba alguna) desvanecieron, su espíritu quedo rotó, vacío, despedazado.


"No puedo aguantar más... no me puedo aguantar más" repetía el joven de rodillas entre medio de la lluvia, con la cabeza abajo y agarrándosela con las manos. Lloró, lloró, y lloró por varias horas hasta que se dio cuenta que con llorar no lograría nada. Sus lágrimas no le devolverían el amor y todos los sentimientos bonitos que una vez tuvo. Sacó un lápiz que tenía guardado en su bolsillo y comenzó a apuñalarse en el brazo izquierdo. Mientras se seguía apuñalando y desangrándose en aquella solitaria calle del Condado de Metrópolis en el reino de Toa Baja, una mujer vestida completamente de negro, tez blanca y que la mitad de su rostro era cubierto por un sombrero color negro, se le acercó a él y le ofreció una mejor solución que la muerte.


"No te mates, desquítate." – le decía la mujer mientras le levantaba su quijada con su mano izquierda.


El joven seguía llorando y apuñalándose en las venas de su brazo izquierdo. Repetía que estaba cansado de la vida y quería olvidar todo. La mujer, le quito el lápiz y con su mano derecha lo hizo desaparecer. De su bolsillo derecho saco una esfera de color gris y con su mano izquierda tomo parte de la sangre de el en sus dedos y la frotó por la esfera. La misma comenzó a brillar de forma potente iluminando todo aquel camino solitario. Parecía una estrella que iluminaba una noche en el campo. Ella le explicó que en la esfera tenía la solución para todos sus problemas. Solo debía tomarla, apretarla, y canalizar en ella todas sus frustraciones, tristezas, y dolor. Encontrará la razón para vivir y para que esto no le vuelva suceder a él ni a nadie más. Tronó y en un relámpago ella desapareció así de rápido como llegó. Él ya tenía la esfera en su mano derecha. Colocó ambas manos en la esfera, suspiró, y siguió las instrucciones de aquella misteriosa mujer comenzando su transformación. su cabello ahora era tan blanco como la nieve y largo como las ramas de un flamboyán, sus ojos se cambiaron de marrón a rojo como el fuego, alas color negro como la noche crecieron en su espalda, tan grandes como las de un ángel. Obtuvo poder más allá de su imaginación y los únicos sentimientos que quedaban en su corazón eran venganza, odio, rencor, y destrucción. El amor, la fortaleza y la ilusiones que una vez existieron en el eran cosa del pasado y se encargaría de que todo el país lo supiera. Se levantó lentamente del suelo, y dio un salto hacia el cielo para iniciar su desquite contra todo lo que encontrara en el camino. En todos los reinos cundía el pánico y el caos. Había sangre en todos lados. Los reyes mandaron a sus más valientes soldados para detenerlo pero todos terminaron adornando con su sangre las alas negras del joven. 


Una de las pocas personas que siempre estuvo ahí para él, Lorimar Marie, quien también era su mejor amiga de la escuela, le rogaba que se detuviera. El no hizo caso y disparó una descarga de energía oscura al lado de ella. Le advirtió que no fuera "presenta' " o lloverá la sangre sobre ella.


"¡Tiene que haber alguna forma de detenerlo!" exclamó Lorimar entre lágrimas mirando al cielo.


Comenzó a llover y en medio de truenos y relámpagos, una mujer alta, delgada, vestida con un uniforme de piloto color blanco, y un casco de piloto del mismo color que le cubría todo el rostro, se le acercó, le colocó una esfera de color blanco en sus manos.


"Su vara y su cayado te infundirán aliento..." -Susurró la piloto.


"¿Quién tu eres?"


La piloto señaló con el dedo de la mano derecha a la esfera y declaró:


"El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias..."


Lorimar observaba la esfera que le colocaron en las manos y no entienda lo que la misteriosa mujer le estaba diciendo y que debía hacer con este objeto. Le iba a preguntar a la piloto cuando en ese instante volvió a tronar y relampaguear. Al levantar la mirada la piloto había desaparecido.  ¿Qué hace o hará con ella? Tantas preguntas y tan poco tiempo. Decidió frotar la esfera y la misma comenzó a brillar color blanco. En cuestión de segundos, al igual que su mejor amigo, fue transformada. Su cabello era largo color rosa al igual que las alas que le crecieron en la espalda. Dio un enorme salto hacia el cielo con una seguridad como si tuviese estos conocimientos toda su vida. Se detuvo en frente al ángel y le advirtió que ya era suficiente.


"¿Suficiente? ¡NO! ¡NO ES SUFICIENTE! ¡QUIERO QUE TODOS SIENTAN MI DOLOR! ¡NUNCA SERÁ SUFICIENTE!"


"Tú te has vuelto loco y yo debo ponerle fin a la buena o a la mala."- Le dijo mientras una espada aparecía en sus manos. "Perdóname, chico, de verdad no quiero hacer esto."


"¿Ponerme fin? ¡Tú no puedes contra mí, Lorimar!".


"Eso crees tú."


"¿Por qué te preocupas tanto por los demás? ¿A caso ellas y los demás hipócritas que llamé mis amigos pensaron en mí antes de lastimarme?" – le preguntó a Lorimar. ¡NO! Yo voy a crear una sociedad nueva, sin falsas ilusiones, sin promesas rotas, y lo más importante: sin falsos amores."


"¡Ya no tienes remedio!"


La batalla comenzó y se extendió por varios meses a través de distintos puntos de la isla. Ambos cansados del empate, decidieron ponerle un fin a este destructivo conflicto.


¡EXPLOSIÓN DE OSCURIDAD!


¡EXPLOSIÓN DE LUZ!


Ambos lanzaron enormes descargas de energías al mismo tiempo contra uno a los otros. El choque de ambas descargas los lanzó y arrastraron por la carretera. Ambos con sus vestidos y alas desgarradas apenas podían levantarse.

Al final, Lorimar, cayó al suelo y el joven se acercó a ella. La miraba con lastima mientras una navaja larga color violeta aparecía en sus manos. Lorimar, con un último suspiro, lo miro a los ojos y le dijo:


"Dejaste que tu dolor te transformara en algo que no eres, en algo que nunca fuiste..."


Lorimar murió y su cadáver se desvaneció. Las esferas que ambos cargaban estallaron en pedazos. El Ángel convertido en odio, dejó caer su navaja, lanzó un grito tan fuerte que se escuchó a través de toda la isla. El día se volvió noche, y la lluvia comenzó a caer al igual que aquella vez en que vendió su alma al diablo.


"¡ES MUY TARDE PARA LA SALVACIÓN!" gritó entre lágrimas mientras miraba al cielo.


De un salto se elevó a los cielos desapareciendo entre las nubes.


Pobre angelito...


18 de Noviembre de 2018 a las 22:28 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Gabriel Rodriguez Fotógrafo y escritor de 33 años de edad. Resido en Puerto Rico.

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