Cierra los ojos y piensa algo bonito Seguir historia

maru-freiheit Maru Freiheit

Desde aquella noche, «cierra los ojos y piensa algo bonito» es la tétrica frase que persigue todos mis sueños y pesadillas. #microinfarto


Horror Todo público.

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Cierra los ojos y piensa algo bonito

–Hija, despierta –sentí cómo mi sueño se agitaba–, debemos escondernos –abrí los párpados y me integré a la realidad. Entre aquella oscuridad, divisé el rostro de mi madre despertándome con murmullos. Me incorporé a lo que pasaba y seguí sus pasos, mientras ella me guiaba hacia el armario de mi habitación. Nos ocultamos ambas adentro y mamá cerró la puerta del clóset.

Yo aún no sabía qué sucedía, sólo confié en mi progenitora y obedecí fielmente las indicaciones que me daba. Fue hasta que estuvimos adentro del mueble cuando entendí lo que ocurría: afuera, en el interior de la casa, circulaban extraños fragores de golpeteos y vidrios rotos.

Mi madre me agazapó en la esquina izquierda del ropero y colocó su dedo índice sobre mi boca, indicándome con ello que no hiciera el menor son, mientras las resonancias de la noche se acercaban cada vez más.

–Carmen, Carmen –oí decir a una voz que me pareció familiar–, ¿dónde estás, Carmen? –de pronto, lo reconocí. Era aquel sujeto a quien mamá tanto temía, que llegaba a veces en las tardes a atizarla, y que ella podía sacar sólo con ayuda de vecinos o de la policía: era la voz de quien alguna vez fue mi padrastro–. Carmen, ven conmigo, no voy a hacerte ningún daño –yo la abracé hasta quedar casi pegada a ella, y, entre las hendijas del clóset y con la poca luz que entraba, divisé la figura de aquel hombre ingresando a la estancia, sosteniendo en su mano un arma de fuego–. Carmen, ¿estás aquí? –el individuo recorrió la habitación de lado a lado, pasando sus ojos a través de ella y, luego de haber examinado todo el lugar, fijó su vista en el armario, aquel en el que estábamos resguardas mi madre y yo.

Me encubrí en el pecho de mi madre, temiendo que iba a morir. Ella me apartó dulcemente y me besó la mejilla.

–Te amo mucho, querida. Quédate quieta. Cierra los ojos y piensa algo bonito –susurró de la forma más dócil posible. Luego colocó una sábana sobre mi cuerpo y salió abriendo la puerta derecha del clóset, dejándome escondida en el otro extremo.

–Carmen, ¡ahí estabas! –percibí una acalorada discusión, luego forcejeos y un fuerte estruendo. Alguien cayó al suelo, y después un trueno: era el ensordecedor sonido de la escopeta–. ¡No!, Carmen, ¡mira lo que me obligaste a hacer! –luego otro estallido, el último antes del silencio absoluto.


Los policías me encontraron a la mañana siguiente. Al salir del guardarropa, vi solamente dos vastas charcas de sangre sobre la alfombra: ya habían retirado los dos cadáveres. En adelante, este orfanato se convertiría en mi hogar, en el cual llevo ya seis años viviendo, aunque debo decir que en cada nocturno escucho los ecos de aquella querella noctívaga y la percusión de las balas detonándose casi frente a mí. «Cierra los ojos y piensa algo bonito», musita mi madre en cada uno de mis sueños.

6 de Noviembre de 2018 a las 23:12 3 Reporte Insertar 3
Continuará…

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Fausto Contero Fausto Contero
Otro relato muy bueno y escalofriante fruto de tu talento. Es interesante cómo tus relatos presentados para microinfarto giran alrededor de una temática similar, pero los expresas cada uno de una manera especial. Por cierto, me has obligado a buscar en el diccionario algunas palabras que usas, eso me demuestra la riqueza del lenguaje que manejas.
26 de Noviembre de 2018 a las 19:19
Marcela Valderrama Marcela Valderrama
Muy bueno y triste realmente. Una acotación: El espacio entre la raya del diálogo y la primera letra de este, no debe ir.
6 de Noviembre de 2018 a las 18:08

  • Maru Freiheit Maru Freiheit
    Muchísimas gracias. Eres muy observadora. Voy a corregir eso. 6 de Noviembre de 2018 a las 21:03
~