Cuento corto
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El bosque era tan oscuro que correr no servía de nada. Pero si se quedaba quieto,podía sentir cómo el gélido aliento del monstruo acariciaba su nuca,invocando promesas de sangre y muerte.

Como todo,había empezado con un sueño,una fantasía de ilusión y futuro,pero todo se había roto al sentir la primera puñalada atravesando su brazo,destrozando primero el músculo,y después,como mil cristales rotos, su corazón lleno de falsa esperanza.

Correr hasta el bosque desprendiendo diamantes de sangre sólo provocó que la persecución fuera,a los ojos del monstruo,más placentera. Y cuando la víctima se giró para mirar a la muerte a los ojos, lo que vio fue la mirada desquiciada y llena de deseo de su pareja, que aún sostenía el puñal con fuerza.

La persecución llegaba a su fin.Los únicos testigos de la matanza, silenciosos árboles oscuros como la misma noche, ocultaban el cielo con sus ramas, como queriendo evitar que la luna iluminara semejante atrocidad.

Las lágrimas no detuvieron las risas del loco, ni la sangre de las entrañas de su amor le servieron de consuelo. Pero ese día comió, y al siguiente podría encontrar más carne fresca.

El cuerpo quedó abierto desde la garganta hasta el muslo, anclado a una rama y con los brazos en cruz. El monstruo sonrió a su obra cuando la luna iluminó el bosque. Podría abrazarle una última vez, protegidos en la intimidad del bosque.

3 de Noviembre de 2018 a las 15:18 0 Reporte Insertar 0
Fin

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