Duotonos Seguir historia

diego-paredes Diego Paredes

Las calles de Guayaquil esconden historias en conjunto al solaz sabatino. Algunas de ellas desatan su clímax luego del ocaso, cuando la luminiscencia nos ciega y nos pone a prueba con la percepción adquirida. Todos, queriendo o no, son afectados por elementos socio-políticos o religiosos. Guido ya se había acostumbrado a la "luz" que lo amparaba. ¿Qué puede pasar si él llegase a descubrir otra después de muchos años? Su negligencia a creer en seres divinos hará que se pierda, cada vez más, en las fauces urbanas.


No-ficción No para niños menores de 13.

#childhood #infancia #memorias #duotono #memories
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Acto 1 - Resplandor; Calidez

"A veces, la amistad significa dominar el arte del tiempo.
Tiempo de callar. Tiempo para dejar ir a las personas y que enfrenten su propio destino. Y tiempo para empezar a recoger los fragmentos cuando todo acabó." Octavia Butler



Sábado. Septiembre, 1992


Diez para las nueve de la noche

No hay sonido alguno en estas calles.

Un viento que cada vez me congelaba era partícipe de mi búsqueda nocturna. Los postes de dicha zona solo reflejaban duotonos, haciéndose notar un sepia incandescente producto de las luces. Era yo contra el mundo. En mi sueño hacia el confort, a través de una ciudad tan alterada y compleja.



Nueve y ocho de la mañana

—Manuel, ¿puedo ir a tu casa para la otra tanda de juegos pendientes?—pregunté ansioso ante una promesa que me hizo hace algunas semanas.


—Dale. ¿Te acuerdas cómo llegar verdad?—Alzó una de sus cejas, gruesas y oscuras como me hubieran gustado tener.


—A ver...Por ese callejón, cerca del parque, ¿verdad?—Mi cabeza estaba confusa debido a que esa zona no la conocía muy bien; de inmediato, venían ligeros recuerdos.—Me parece que vendían colchones en una esquina, ¿cierto?—Reí de los nervios a equivocarme.


—Ay...pues si. Oye loco, pilas nos vemos.—Respondió presuroso, alejándose del pequeño espacio que disponíamos para conversar.


Lo vi cruzar la calle Portete, desvaneciéndose entre otros chicos de nuestra edad, dejándome cerca de un árbol aledaño a una picantería.


—Listo...No hay problema—Mascullé con cabeza gacha; preguntándome si estaba hastiado de que siempre me toque a mí pagar la cuenta o si me hartaba que se exprese con frases coloquiales propias del guayaco.



Del bolsillo de mi pantalón, saqué unas cuantas monedas y le pagué a la señora. Agradecí, como de costumbre, cuán bien había sazonado el pescado y lo particular que me resultaba degustar la salsa de cebolla que cocinaba. Los fines de semana me encantaba venir aquí a desayunar. Debido a que en casa se despiertan tarde, no había oportunidad que mi madre cocine las primeras horas del día. Luego de ver por ambos lados, me acomodé la semi holgada camiseta que portaba, me levanté de la rojiza silla en que me hallaba y partí de aquella picantería rumbo a mi hogar. Después de todo, haber venido a un lugar como este me ha llenado de provecho, tanto físico como emocional.



Sabía que este sábado no sería como aquellos de semanas, meses o inclusive años atrás. Manuel no era de aquellos que hablaba fácilmente con alguien, al igual que yo; debía existir algún factor externo en común que nos incite establecer conexiones con los demás. En nuestro caso, se trataba de una fría máquina de videojuegos popular en ese entonces. Hace tres o cuatro años que la habían sacado al mercado, pero fue cuestión de tiempo y de algunos méritos personales para que pueda tenerla en mis manos. Lo que es más, este artefacto abrió la brecha entre mi inseguridad social y la atención que de alguna forma buscaba.



<<¿Tratas de buscar compañía a través de algo material? ¿Estás tan desesperado?>>, era el eco de mi conciencia que lentamente tumbaba mis pensamientos. Analizando las pequeñas circunstancias en las que me encontraba, obviaba lo aparente, dejándome llevar por la ocasión de todo chico contemporáneo a mi. Quién sabe si un día pueda necesitar su ayuda en otro plano distinto a los videojuegos. No se si llegase a compartir parte de su vida conmigo. Lo único que puedo determinar es que dentro de poco me llegarán algunas copias de videojuegos a mi casa. Es lo de menos quién o cómo me las traiga. Una tarde donde dejo de ser yo mismo por unas cuantas horas era todo lo que pedía realmente.






Medio día.

—¡Guido! ¿Me estás prestando atención?—Preguntaba eufórica mi madre debido a que me distraje por unos segundos de su monótona charla, sus mil y un peripecias para conseguir las cosas en la casa. 


—Si.—Suspiré, mientras sostenía mi barbilla con el anverso de la mano derecha, con mi vista desesperada por hallar un punto de distracción.


—Cuidado—Advertía con mirada desafiante mientras estiraba una de los tirantes que presionaba su hombro.—A ti hay que repetirte las cosas una y otra vez. El hecho de que hayas tenido buenas calificaciones no significa que puedas darte el gusto de juntarte con gente extraña. ¿Acaso tengo que estar como policía en cada momento?—Su voz empezaba a tornarse molesta, como siempre.—No me salgas con ninguna sorpresa, eso nomas te digo. Estas bien advertido.—Enfatizando ese "bien" como si le hubiesen dado una patada al abdomen.


—Ok, ya no te preocupes mucho.—Respondí tranquilo, mientras trataba de introducir otro tema a la conversación.— ¿Por qué no vino la tía Laura a comer con nosotros?


—Al parecer tuvo que comprarse esa medicina de la diabetes—El comportamiento de mi madre cambió notablemente, en su cara podría hallarse algo de serenidad.—¿Tenías que hablar algo con ella?


—Pues si, me tenía que entregar unos juegos.


—Claro, cuando no con tus juegos bobos.


—No salgo casi a ningún lado—protesté—al menos tengo derecho ¿no crees?—Al decir esto último, me estremecí. Necio como siempre, ya sabía lo que me iba a decir.


—¿Qué te crees hablándome así? ¡Pedazo de insolente! ¡Pen...


Sin previo aviso, el ambiente se llenó de un chillido espantoso; el preámbulo de la tragedia o del gozo conmensurado. Sacaba de mi mente riñas del pasado que deseaban ser vengadas, el posible llamado a un internado colegial,misterios que eran descubiertos por personas inesperadas o las típicas formas de promocionar un elemento del mercado comercial. Me levanto de la mesa. Sea cual sea el resultado, tenía que ser yo el que contestara el teléfono.


—¿Aló?—Frío y sin titubear, saludé a quién sea que esté del otro lado.
Solo se escuchaba un alboroto del otro lado. Al parecer, se trataba de un televisor o algún otro aparato que transmitiera una novela mexicana. Luego de unos segundos, mi interlocutor se dio a conocer:


—Aló, ¿Guido?—Era la tía Laura, mis temores bajaron drásticamente.


—Buenas tardes, estaba almorzando—No sabía que más decirle, así que comencé por cosas que estaba haciendo, exceptuando la actitud casi colérica de mi madre.


—Ah esta bien mijito. Le quería avisar que más tardecito le llevo los juegos que me pidió como premio a sus buenas notas.—Recitaba todas estas oraciones como si fuera una canción, lo decía con tanto ritmo y dulzura que me hacía dudar de mis propia ascendencia.—¿No saldrá en la tarde verdad?


—Ah...para nada. Bueno, pensaba ir donde... un amigo... para jugar al Super Nintendo.—Me era raro decir todo esto, en especial a un familiar.


—Tenga cuidado hijito —Afloraba entonces su lengua con gentiles consejos de experiencias remotas—No descuide sus estudios.
Tras una ligera pausa, respondí nervioso.


—¡Eso no se preocupe! Ya verá que me superaré a mi mismo en el siguiente trimestre.
Luego de una serie de por menores que le conté acerca de las cosas en casa, finiquité de estruendo:


— Acá ya quieren usar el teléfono. Entonces, nos vemos aquí ya mismo.


—Listo. Chao hijito, cuidese.

<<Demasiado bueno para ser verdad.>>Me inquietaba que todo haya ido tan bien ese día. El gesto de mi tía al apoyarme en mi escaso lado social, al cual trato de rescatar, es algo que no haría muchos familiares por mi...en especial en mi situación. Y, más que nada, la manera en que aceptó Manuel para ir a su casa a jugar me sorprendió mucho. Él era uno de los chicos más populares en mi clase, no tenía buenas notas pero compartíamos ese "amor" por los video juegos. Intuí que podíamos empezar desde ese aspecto para desarrollar una amistad...pues...posiblemente duradera. El hecho que me haya tomado en cuenta ha significado un gran paso para mi.
Este ímpetu por querer que llegue la noche, esa energía que tengo almacenada para jugar, esta calidez emocional que llena mi corazón, ¿acaso he sido iluminado por un ángel?


Por supuesto que no...ellos no existen.

Tan solo suspiré, y con seudo letargo caí sobre un mueble de la sala. Mirando el techo agujerado, contando las horas para que llegue mi tía.


18 de Septiembre de 2015 a las 21:32 0 Reporte Insertar 2
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