¿Quién cree en fantasmas? Seguir historia

khbaker K.H Baker

¿Crees en fantasmas? ¿En las historias de los pueblos, folklore, leyendas urbanas...? 'El otro lado' es un enigma, un mundo lleno de secretos inimaginablemente terribles, y es muy real.


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#sangre #ocultismo #245 #trauma
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¿Quién cree en fantasmas?

Me enseñaron un juego. Decían que era divertido y aterrador a la vez, que merecía la pena probarlo por el simple hecho de sentir una excitación que resultaba imposible de explicar. Me burlé de ellos, les dije que buscaran entretenimientos normales; yo, que encontraba vacío el significado de 'normalidad', que consideraba lo normal como vulgar. Me burlé de ellos, sí... Sin embargo escuché expectante las palabras cargadas de energía que emergían de sus labios, con cada pausa llena de suspense mi intriga crecía cada vez más. Apretaba el bolígrafo en mi mano mientras fingía que garabateaba cosas sin sentido, me estaba poniendo nerviosa y ni siquiera sabía el por qué, yo no creía en historias de fantasmas.

Desvié la mirada hacia ellos en una de las pausas, fruncí mi ceño, me concentré en aquel silencio que no decía nada, pero que lo decía todo al mismo tiempo. Podía sentir los latidos acelerados de mi corazón palpitando en mis sienes, y contuve la respiración sin quererlo.

Alex se dio cuenta de mi interés y sonrió antes de decir las típicas palabras que suelen anunciar un programa de televisión, de esos que se centran en golpes y bromas absurdas y que acaban con algún que otro herido “No intentéis esto en casa…”, pero él quiso aportar algo más que eso, por lo que a aquella frase añadió “… si estáis totalmente solos”.

La última parte de la advertencia iba directamente dirigida a mí, estaba segura.

Desde el momento en el que empezó su relato supo que yo también iba a intentarlo, no por sentir esa excitación, no porque sus incesantes historias de fantasmas me hubieran hecho creer en ellos, sino para poder demostrarles a todos que nada de eso existía. Aparté la mirada de ellos y me centré en los garabatos que había dejado olvidados, pero mi mente funcionaba en un segundo plano donde tenía almacenadas todas y cada unas de las palabras de Alex.

Cuando llegué a casa no había nadie, mis padres no llegarían del trabajo hasta pasadas las ocho de la tarde. Me entretuve como pude en hacer las tareas rutinarias que solía hacer, debía aplazar el juego hasta que el sol comenzara a ponerse. Las horas parecían transcurrir más lentas que de costumbre, pero por fin el sol comenzó a caer.

Tan solo había tres reglas:

-Comenzar el juego cuando el sol se pusiera.

-No interactuar con los espíritus.

Y como aportación propia de Alex:

-Por nada del mundo jugar completamente solo.

Cerré la puerta del salón, bajé las persianas, corrí las cortinas y me senté en el suelo cruzada de piernas, tenía el móvil al lado por si llegaba a necesitarlo, aunque no creía en aquellas chorradas, siempre había que dejar un margen para entrar en situación.

Encendí la vela que había comprado de camino a casa, la encendí y puse las manos sobre la llama a una distancia prudente, debía sentir el calor pero sin llegar a sufrir quemaduras.

Dijeron que había que concentrarse y así lo hice. Estuve en aquella posición hasta que me cansé de aquella postura. Sabía que las historias de Alex no eran más que eso, historias.

Apagué la vela y me levanté, y en ese mismo momento oí como llamaban a la puerta del salón. Como primera reacción me quedé quieta, agudicé el oído pero no escuché nada más, supuse que había sido fruto de la imaginación o algún vecino, los tabiques eran muy finos en todo el edificio, pero volví a escucharlo.

Me acerqué a la puerta para poner el oído sobre ella, pero no había indicios de que hubiera alguien más en casa. La puerta retumbó con unos nuevos golpes y me aparté sobresaltada, corrí hacia el móvil y llamé a Alex, quería desahogarme, por su culpa ahora mi mente me jugaba malas pasadas.

Él dijo que debía llamar a mis padres, que les avisara de que no volvieran a casa hasta que volviera a llamarles y que por nada del mundo abriera la puerta o respondiera a aquellos golpes. Dijo que aquello no eran alucinaciones de mi mente, que todo era muy real. Había un ente en mi casa, y si nadie le respondía, acabaría por irse.

Llamé a mis padres tal y como me había dicho Alex pero ninguno de los dos respondió mis llamadas, lo intenté demasiadas veces, el móvil me temblaba en las manos. Susurraba en el punto más alejado de la puerta para que, quien fuera que estuviera allí, no me escuchara…

Entonces oí la puerta, no la del salón sino la de la entrada… Mis padres habían vuelto.

Quise salir del salón, gritarles que se fueran, pero el miedo lo impedía.

Parecía mentira que una chica como yo, tan escéptica ante tales sucesos e historias, estuviese sollozando mientras escondía la cabeza entre sus piernas.

Se oyeron gritos agónicos durante lo que fueron los segundos más largos de mi vida, después me rodeó un silencio espeluznante, y la sensación de que algo maligno había allí, desapareció.

Me armé de valor, me sequé las lágrimas y abrí la puerta para contemplar la escena que me marcaría de por vida: los cuerpos de mis padres tendidos en el suelo, rodeados por un charco de sangre y con una mueca en sus rostros que jamás podré borrar de mi mente.

Llamé a la policía y les esperé en la puerta de casa, no quería volver a entrar. Me temblaba todo el cuerpo, los vecinos habían acudido al escuchar los gritos pero logré que se fueran gritando de rabia. No quería chismosos cerca, no podía dejar que vieran lo que yo había visto.

Cuando llegó la policía comenzaron las preguntas, lo conté todo pero me miraban como si no me creyeran, y de hecho no me creyeron, supongo que ese fue el primer motivo para que me llevaran a hablar con un psiquiatra. El segundo motivo fue para averiguar por qué una chica de dieciséis años había matado a sus padres.

Supongo que querían averiguar el móvil, que me empujó a ello y sobre todo, averiguar dónde estaba el arma, pero ¿cómo iba a saber dónde estaba? Yo no había hecho nada.

El doctor alzó la mirada de su bloc de notas y nuestras miradas se encontraron. Por su forma de mirarme juraría que intentaba adentrarse en mi mente a través de mis ojos. Se levantó de su silla y salió de la sala. No podía verle, pero sabía que me observaban. Bajé la mirada hacia las esposas que tintineaban cada vez que intentaba mover las manos.

Volvió en menos tiempo del que me esperaba, tenía la absurda esperanza de que él si me hubiese creído pero cuando un agente se acercó a mí y me pidió que le acompañara, supe que iba a pasar encerrada mucho tiempo. Aquello que les había contado tan solo había servido para echarme piedras sobre mi propio tejado, para confirmarles que mi mente no estaba bien amueblada, que había algo en mí que no funcionaba de la manera correcta llegando al punto de hacerme creer mi propia mentira… Al fin y al cabo, ¿quién cree en fantasmas?

22 de Octubre de 2018 a las 09:47 2 Reporte Insertar 6
Fin

Conoce al autor

K.H Baker Escritora, melómana, amante del terror y de los retos en general. Hago lo que esté en mi mano para cumplir mis objetivos y si es con una buena historia y un buen café, mucho mejor ^^ Instagram: @kh.ankathi

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Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Me encantó! Un relato excelente y que va acorde con este ambiente tenebroso!
23 de Octubre de 2018 a las 15:50
Fausto Contero Fausto Contero
Me ha gustado mucho tu estilo narrativo, que mantiene el suspenso y la intriga en toda la narración. La historia es simplemente escalofriante!
22 de Octubre de 2018 a las 20:40
~